El tsunami que no vimos venir

Por Sonia Jodra

El 2 de septiembre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitaba Guadalajara para cerrar el centro de vacunación del Polideportivo San José. Quería saludar a la primera persona vacunada en España, Araceli Hidalgo, y celebrar la exitosa campaña de vacunación masiva que ponía a nuestro país muy por delante de otras potencias europeas. Nadie imaginaba entonces que el próximo 10 de enero el Polideportivo San José de nuevo iba a cambiar las canastas por camillas, las porterías por puestos de vacunación.

Y es que la sexta ola no la hemos visto venir. Esa ola que es ya un tsunami nos pilló con la guardia baja, convencidos de que esta Navidad íbamos a disfrutar el doble porque la Navidad pasada nos fue arrebata por el virus. El Gobierno de Castilla-La Mancha, a través de la Dirección General de Salud Pública, confirmaba ayer 2.452 nuevos casos por infección de coronavirus en las últimas 24 horas en la región. Por provincias, Albacete ha registrado 691 casos, Ciudad Real 671, Toledo 588, Guadalajara 265 y Cuenca 237. Con estas cifras Guadalajara multiplicaba por dos el número de positivos en las últimas 24 horas. La presión hospitalaria sigue en niveles aceptables. El número de hospitalizados en cama convencional por COVID-19 en la región es 129. Por provincias, Toledo tiene 41 (31 en el Hospital de Toledo y 10 en el Hospital de Talavera de la Reina), los mismos que Albacete (36 en el Hospital de Albacete, 5 en el Hospital de Almansa). Ciudad Real tiene 22 (7 en el Hospital Mancha Centro, 5 en el Hospital de Puertollano, 4 en el Hospital de Ciudad Real, 3 en el Hospital de Valdepeñas, 2 en el Hospital de Manzanares y 1 en el Hospital de Tomelloso), Cuenca 15 y Guadalajara 10, 9 en UCI. En las últimas 24 horas se habían registrado tres fallecimientos por COVID-19 en Castilla-La Mancha, dos en la provincia de Albacete y uno en Ciudad Real.

Que las vacunas han frenado la virulencia de los efectos del virus resulta obvio, pero la situación hoy, día de Nochebuena, es radicalmente diferente a la que llevábamos imaginando desde hace meses para este día. Cancelaciones en restaurantes, personas que esta noche cenarán solas por estar confinadas, familias que nos podrán juntarse y el miedo que vuelve a sobrevolar ese ambiente navideño que a medida que pasan las horas se ha ido diluyendo como un azucarillo en un vaso de agua.

Con el toque de queda en Cataluña avalado ya por la Justicia, la declaración de Alemania como territorio de alto riesgo para todo nuestro país y una incidencia de 719 casos por cada 100.000 habitantes, se avecinan días difíciles.

Y después de un año y nueve meses de pandemia, la vacunación, la mascarilla, la distancia social y el aislamiento en caso de positivos siguen siendo las únicas armas con las que luchar contra esta pandemia que dura ya más de lo que algunos consideran soportable. Porque este retorno a la pesadilla, esta Navidad “interruptus”, deja secuelas físicas, pero sobre todo psíquicas, más si cabe entre aquellos que por su situación anímica necesitan ver el horizonte despejado de una vez por todas.

Ojalá este tsunami de la sexta ola sirva para abrir los ojos a lo que prefieren que se abran bares, aunque se cierren centros de salud. Que los políticos empiecen a hacer política de la buena, de la que refuerza el sistema de salud pública, ese que nos hace a todos iguales al margen del color de nuestra tarjeta de crédito.

Con el permiso de ómicron, ¡Feliz Navidad, Guadalajara!

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