Españoles todos

Por Gloria Magro.

La dependienta indica con su suave y dulce acento caribeño que la costura quedará bien. La modista de la tienda se encargará de ello, así que guarda el pantalón y dice lo que va a costar el arreglo. La mercería lleva varios años abierta donde antes estuvo un almacén de fruta y es un negocio familiar que funciona. Una tienda de barrio de las de antes, maná caído del cielo en una zona de la ciudad donde las clientas aprecian el surtido de botones, cremalleras, arreglos y toda clase de pequeñas frusilerías tan difíciles ya de encontrar. Por eso llama la atención la razón de ser del gran cartel que ocupa toda la puerta del establecimiento. Escrito sobre los colores de la bandera de España se lee «Comprar en comercios españoles, productos españoles, es la mejor solución contra el paro «.

Mientras me cobra, no resisto la tentación de transmitirle mi sorpresa ante tal declaración de principios. Y de nuevo, con su suave acento extranjero, me asegura vehemente que todos los productos que allí venden son españoles. Y yo no puedo dejar de mirarla a ver si ella misma cae en la incongruencia de base de la conversación. Parece que no. Cuando vuelva a por el arreglo, en unos días, intentaré retomar el tema, a ver si entonces obtengo alguna explicación que a buen seguro seguirá desafiando la lógica elemental de su discurso, entre político o económico, sino ambas cosas.

Junto a la mercería hay un local manicuras que llevan dos chicas peruanas, enfrente una tienda de arreglo de móviles a los que a falta de alguna certeza sobre su nacionalidad, en casa nos referimos como los albanokosovares, y a los que recurrimos reiteradamente cada vez que un teléfono va al suelo. Un poco más allá, una barbería marroquí y en la esquina un bazar. Podríamos también decir que la tienda de decoración que hay al otro lado de la manzana no tiene un solo objeto a la venta de procedencia nacional si damos por sentado que todo lo que compramos viene en contenedores desde China. El bar de la esquina lo llevaba hasta esta misma semana en que ha cerrado definitivamente sus puertas, un extranjero y la frutería de enfrente también. Esto en el mismo corazón de Guadalajara, las calles más tradicionales de la ciudad donde la orientación de voto es bien conocida así como la composición socioeconómica de la zona. ¿Pondrán también próximamente estos establecimientos carteles en sus puertas manifestando su españolidad? ¿Tal vez la carta de nacionalización del propietario en la pared, junto a la licencia de apertura? Puestos a declararse muy y mucho españoles como reclamo para una clientela a la que de momento no parece importarle su procedencia, tal vez sería más útil en todo caso la declaración de la renta, para que así quede claro que pagan sus impuestos y que con su esfuerzo y dedicación contribuyen a la economía local. Nada es más cierto que esto último y nada debería de ser más importante.

¿Cuántas empresas de Guadalajara son españolas al cien por cien? Seguramente muy pocas. Las más grandes, las que se instalan a lo largo y ancho del Corredor del Henares desde Torija hasta más allá de Azuqueca de Henares suelen formar parte de multinacionales con tentáculos e intereses en muchos países. En un mundo tan globalizado donde el tamaño lo es todo, no podría ser de otra manera. Pero bajando de los grandes números hasta pie de calle, en los pequeños negocios en la ciudad y en los polígonos industriales, al nivel del autoempleo, se cuenta un panorama diferente: el de los emigrantes que como autónomos buscan salir adelante con su propio esfuerzo personal. Y sin embargo, en la gala anual de la CEOE del pasado mes de noviembre, donde cada año se dan cita las grandes y pequeñas empresas de la provincia, desde la peluquera de barrio al CEO de la última logística en aterrizar, no les veía por ningún lado, invisibles tal vez más allá de las horas de apertura de sus comercios.

El concejal Fernando Parlorio, hablando hace algunas semanas sobre comercio local y las campañas municipales para incentivarlo, explicaba que todos los comercios suman, independientemente de si sus dueños son marroquíes o asiáticos, aunque el edil reconocía que hay nacionalidades que son reticentes a unirse a la iniciativas del Ayuntamiento y apuntaba a que esa es una de sus asignaturas pendientes. También parecen ser reacios a asociarse, seguramente por desconocimiento o desconfianza. Y sin embargo asombraría ver las cifras que manejan algunos comercios minoristas de la capital pese a que sus dueños sean completamente anónimos.

Escucho estos días que la globalización ha muerto, enterrada por el conflicto comercial declarado entre China y Estados Unidos. Y también que la pandemia obliga a cerrar no solo fronteras físicas sino también mentales. El aviso de que pronto llegará un desabastecimiento generalizado encendía nuestras alarmas el pasado mes de diciembre aunque de momento no se haya concretado en nada más que en inflación. Cuesta ver el peligro. Las logísticas avanzan en la provincia y de hecho ya han cruzado la A-2, esa línea roja imaginaria, y un nuevo polígono se acerca peligrosamente al río Henares cerca ya de Guadalajara. ¿Empezaremos a ver fábricas de nuevo en estos lares? Como las que había antes de la deslocalización de los años 1980: fábricas de pasta de dientes, de maletas, de ropa interior… fábricas con producción propia para abastecimiento al menos nacional. De momento lo que tenemos son ciudades del transporte en Marchamalo y naves donde se fabrican más naves en Torija. Guadalajara es un puerto seco industrial y nunca un nombre fue tan adecuado. Las mercancías van y vienen y no parece importarnos su procedencia con tal de que las tengamos cuanto antes en la puerta de casa, un mensajero probablemente extranjero se encarga de ello.

Los puestos de trabajo más bajos, los horarios más largos, las condiciones más precarias suelen ser una oportunidad laboral donde la nacionalidad es lo último que importa. Y siempre habrá alguien recién llegado dispuesto a aceptarlo, españoles todos mientras no se diga lo contrario. Lo extraño es que haya que decirlo en voz alta o poner un cartel con la bandera.

1 comentario en “Españoles todos

  1. SOY ESPAÑOLA Y MUY ORGULOSA DE SERLO!!!
    «Hay un dicho español que dice, que la ignorancia es muy atrevida.»
    Este país me acogió hace 25 años, me dió trabajo, me dió una familia y por supuesto me dió la nacionalidad Española. Me siento muy agradecida a este país y orgullosa de ser Española.
    No entiendo como hay Españoles que reniegan de este país, esconden su bandera e incluso silban a su himno nacional.
    No me hace falta tener una carta de nacionalización en mi escaparate, para poder invertir en productos Españoles que son de primera calidad y en base a esto dar el mejor servicio a mis clientes.
    Soy Paola Gómez dueña de la Merceria y arreglos de ropa LA PUNTADA, invertí y pago fielmente mis impuestos; y sí, atendemos y tratamos educadamente a la gente con nuestro acento; que desde luego no sabes ni de donde es, pero da igual, con gente como tu, que no valoran el trabajo arduo que realizamos en nuestra tienda, mejor no entrar en polémica, solo decirte que el equipo de trabajo ha puesto el alma y corazón en la tienda, y en mi querida GUADALAJARA.
    Por lo visto no tienes ni idea del sacrificio que representa ser autónomo, y gestionar un pequeño comercio.
    Un saludo.

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