La viuda del Nobel

Por Gloria Magro.

El periódico digital El Confidencial en su sección rosa y de estilo de vida, Vanitatis, publicaba esta semana una carta en la que Marina Castaño (64), viuda del escritor Camilo José Cela (1916-2002), narraba a modo de crónica los veinte años transcurridos desde la muerte del último premio Nobel de Literatura español. Y no se dejaba nada en el tintero. Lo que podía haber sido una actualización literaria del autor en castellano más influyente de la segunda mitad del s.XX se convertía por puño y letra de la periodista gallega en un ajuste de cuentas sorprendente, entre político y social y en el que no han faltado referencias al círculo cercano de la pareja, por mas que algunos de los nombres citados solo resulten conocidos en Guadalajara.

 

thumbnail (2)

Francisco García Marquina, biógrafo de Cela, escribía desde la cercanía y la amistad con el Nobel.

«…Por lo demás, decirte que algunos de nuestros amigos nos traicionaron, lo cual no te extrañará. Suele ocurrir. Umbral, dos meses después de tu marcha, sacó una basura que tituló ‘Cela, un cadáver exquisito’. Deleznable. Se murió, por cierto. Marquina, que también acaba de morirse, sacó otras páginas repugnantes. Pero frente a estas anécdotas, del todo previsibles, los leales permanecen y eso debe enorgullecerte. Los Campoamor, Serafín Quero, Ascen, Trillo –nuestro padrino de boda-, Lula, Isabel y Jaime Carvajal -aunque los veo muy poco-, Nacho Vicens… y muchos más que no cabrían en esta página que me piden que te dedique«. Marina Castaño. Vanitatis, El Confidencial.

Todos los medios de comunicación se han hecho eco estos días de la carta abierta de la viuda de Cela y sus dardos al viento contra todo y contra todos en su relectura personal del devenir de España desde 2002, fecha del fallecimiento del escritor. Los periódicos y las redes sociales recogían las andanadas bien cargadas de pólvora de la que fuera columnista en ABC, así como tertuliana televisiva, y de la que poco se sabía desde entonces, más allá de las crónicas judiciales por la disputa familiar en torno a la herencia del escritor y las acusaciones de malversación de fondos en la fundación que lleva el nombre de su marido, pleito éste último del que fue absuelta en 2019.

Pero si algo ha llamado la atención en Guadalajara, donde el matrimonio Cela residió durante más de una década hasta su traslado a Puerta de Hierro en Madrid, es la referencia en el escrito a personas bien conocidas en la provincia tanto por su amistad con el Nobel como por méritos propios, como son la librera Ascensión de Blas, el recientemente fallecido Francisco García Marquina y el pintor Jesús Campoamor, pertenecientes todos en ese periodo a su círculo más íntimo. Así, mientras que para la propietaria de la mítica librería de la calle Miguel Fluiters de Guadalajara que acogió al joven Cela en su primer Viaje a la Alcarria, y para el artista que mejor ha retratado los colores de la provincia y su esposa tiene un reconocimiento expreso y amable, Castaño no se muerde la lengua al mencionar a García Marquina pese a lo reciente de su muerte. Parece ser que hay inquinas personales que no se olvidan ni perdonan, y que por más que la prudencia aconseje mantenerlas donde estaban, en el ámbito privado, la viuda de Cela ha preferido sacarlas a la luz a modo de ajuste de cuentas pese al tiempo transcurrido y a sabiendas de que en este caso es póstumo, lo que no deja de ser un insulto gratuito e inesperado para la familia del escritor y biógrafo de Cela que tan querido era en Guadalajara.

Marina Castaño no es un personaje simpático para el público en general. Hoy en día resulta si acaso desconocido para aquellos que no están familiarizados con Camilo José Cela, bien porque su estrella mediática se fue apagando una vez desaparecido el escritor o porque una vez perdido el monopolio sobre su herencia literaria tras los litigios con el hijo de su marido, al que se refiere como «ese pariente cercano» en el artículo de El Confidencial -el también escritor y catedrático Camilo José Cela Conde (76), que ganó en los tribunales el derecho a administrar los derechos de autor de su padre-, tenía poco margen de maniobra como valedora de la obra del premio Nobel. Lo cierto es que pese a la magnitud de la figura del escritor y su basta producción, cuyas obras universales son un referente indiscutible de la literatura española, Castaño no es a día de hoy una María Kodama, férrea y respetada guardiana de la memoria de Borges desde su fallecimiento, sino más bien una aspirante venida a menos a reina del baldosín en las páginas de ¡Hola! que tras su siguiente matrimonio con un médico perdió el marquesado de Iria Flavia.

Mientras que Camilo José Cela es una presencia constante en la provincia de Guadalajara, un reclamo turístico y literario que se renueva año tras año a iniciativa de las distintas administraciones locales y provinciales, su viuda dejó aquí poca huella. Pocos son los antiguos amigos que quieren hoy hablar de ella y menos hacer declaraciones públicas. Algunos demuestran su lealtad con su silencio, pese a que una vez que el Nobel dejó su casa de El Espinar, en la carretera de Fontanar, para partir rumbo a los oropeles y los cantos de sirena de la jet set madrileña que tanto encandilaban a la entonces marquesa, la relación dejó de ser tan fluida.

El círculo de Cela en Guadalajara fue la transición necesaria entre las dos vidas del Nobel una vez establecido como escritor y personaje público. La primera, en Mallorca durante los cuarenta y cinco años de matrimonio con su primera mujer, Rosario Conde, mecanógrafa y primera lectora de sus escritos, y después en Guadalajara, a mediados de los años 1980, en el Molino de Caspueñas, donde se refugió del escándalo del divorcio acompañado por una entonces desconocida joven periodista de la que se había enamorado, acogidos por el biólogo y escritor Francisco García Marquina. Esa casa y posteriormente la del matrimonio Campoamor albergaron los primeros tiempos de Cela y Marina Castaño como pareja. Las relaciones que allí se forjaron quedaron patentes aquel mítico día mil veces narrado en el que se le concedió el Premio Nobel de Literatura y los medios de comunicación internacionales sitiaron el chalet de la pareja en El Clavín, así como durante el posterior viaje a Estocolmo a recibir el galardón.

La crónica de aquellos años aparece pormenorizada en el libro Cela: masculino singular. Biografia íntima de C.J.C. (Editorial Plaza y Janés, 1991), escrito por su amigo y confidente Francisco García Marquina. Por sus páginas discurre el relato de su noviazgo con Marina Castaño, sus años alcarreños, la concesión del Nobel y un sinfín de anécdotas y episodios escritos desde el cariño y la cercanía de un testigo excepcional. El perfil que en él hace el autor de la última compañera del escritor es benévolo, comprensivo, ajustado al punto de vista del homenajeado, pues no deja de ser un homenaje declarado y público al laureado autor. No puede estar por tanto ahí la clave del desencuentro de la viuda con el biógrafo de su marido. Tal vez esté en alguno de los otros libros, posteriores, que Marquina dedicó a su admirado amigo, entre ellos su biografía definitiva. Los que les conocieron a ambos lo saben, conocedores de la animosidad de la viuda y sus motivos pero callan. Puede la discreción sobre la polémica pese a que nadie tenga una palabra amable para Marina Castaño, ni una opinión favorable.

Ella tampoco parece tenerlas, ni con ellos ni con nadie y las ha dejado bien patentes, además de hacerlas públicas. Cuanto mejor hubiera sido que se las hubiera ahorrado, tal vez así hubiera mejorado en algo la opinión que los que compartieron tanto con ambos en Guadalajara tienen de ella, aunque seguramente no le importe nada. Ni entonces, ni ahora.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.