Ucrania en el corazón

Por Gloria Magro.

La Pascua une a todos los ucranianos en torno a una identidad común, a muchos kilómetros de la patria añorada. También en Guadalajara. Foto: O.K.

Domingo por la mañana en la parte alta del parque de San Roque. El frío de enero no disuade a la comunidad ucraniana de Guadalajara; familias enteras acuden a la celebración religiosa en la recoleta ermita de San Roque, desacralizada para los católicos. El rito responde a la confesión griega ortodoxa o bizantina, que se confunde para los profanos con la ortodoxa rusa. En Ucrania el Patriarcado de Kiev de la Iglesia Ortodoxa tradicional se haya hoy en día escindido del de Moscú, pues hasta la fe se ha visto afectada por las actuales diferencias políticas entre dos países históricamente unidos. A miles de kilómetros de distancia, la ermita que lleva el nombre del patrón de peregrinos -protector histórico ante la peste que cíclicamente asolaba Europa-, es el lugar de reunión de los ucranianos, que estos días asisten impotentes a la escalada de tensión con sus vecinos rusos.

En Guadalajara capital hay empadronados algo más de dos centenares de ucranianos, así como 31 rusos, jóvenes en su mayoría llegados en las últimas décadas en busca de un futuro mejor y que con el tiempo han formado aquí una familia mientras mantienen viva su cultura e identidad para la siguiente generación. En la mente de todos ellos está la preocupación por una posible guerra.

Las noticias que llegan del este son alarmantes. El ministro ruso de Exteriores ruso considera que aún hay margen de negociación (El País), pero los civiles ucranianos se alistan en brigadas y hacen instrucción preparándose para una posible intervención militar en su país (Cadena SER), mientras que el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky mantiene la calma (The New York Times). La tensión entre Rusia y Estados Unidos a causa de la deriva occidental de la ex república soviética (41 millones de habitantes) bañada por el mar Negro mantiene en vilo al mundo y copa la actualidad internacional desde hace semanas.

La noticia de hoy jueves, 27 de enero es que la Unión Europea enviará a un grupo de observadores «para apoyar al pueblo ucraniano, amenazado por una posible intervención rusa» dice Carles Francino en La Ventana de la SER. Los medios de comunicación se muestran unánimes en su percepción de lo que ocurre en Ucrania. Y no solo aquí, también en Europa y Estados Unidos, basta con hojear la prensa internacional. Certifican concentraciones de tropas y la amenaza inminente de una intervención rusa en el país mientras Europa defiende el derecho de Ucrania a decidir si se acerca un poco más a las potencias occidentales, sobre todo en términos militares. El lenguaje recuerda a los años de la Guerra Fría; la OTAN vuelve a estar sobre la mesa y en España el envío de tropas por parte de un Gobierno socialista reabre la herida nunca cerrada de la incorporación española a la Alianza Atlántica, además de recordar nuestra última aventura militar alineados con Estados Unidos que tan nefastas consecuencias nos reportó.

Me siento a hablar de la situación con Olga B. (Kazajastán, 1983), ucraniana casada con un español y cuyas dos hijas de corta edad son alcarreñas. Le había pedido que nuestra tertulia fuera más numerosa pero sus amigas son cautas y declinan la invitación: la política separa no solo a las familias allí, en su patria, sino también aquí en Guadalajara. Olga está indignada con la percepción que tenemos del conflicto, así que lo que había de ser una conversación distendida sobre las costumbres y la cultura de su país, dado nuestro desconocimiento, acaba centrándose en el contexto político de Ucrania y sus relaciones históricas con Rusia.

Un repaso a la trayectoria vital de Olga basta para ilustrar el problema ucraniano y su postura personal ante el mismo. Ella nació y se crio en una ciudad militar soviética donde sus padres trabajaban para el ejército en la industria aeroespacial y aunque su madre es ucraniana la cultura predominante en su casa, así como el idioma era el ruso, nacionalidad de origen de su padre. Olga señala que en la actualidad el ruso está proscrito en la esfera pública de su país, así como la cultura rusa en la que se educó gran parte de su generación.

Una vez instalados en Járkov (1,5 millones de habitantes), la segunda mayor ciudad de Ucrania, recuerda una infancia feliz como niña soviética, en términos de igualitarismo y calidad de vida. En su memoria las cosas cambiaron a peor una vez cayó el muro de Berlín y se derrumbó la URSS, en 1989. Licenciada en inglés, vino a España por amor en 2010 y aunque visita periódicamente Ucrania, donde siguen residiendo sus padres y su hermano, los acontecimientos de las últimas semanas la entristecen y debilitan sus lazos sentimentales con su país de origen.

Olga admite no reconocer hoy la Ucrania en la que creció. Menciona como punto de inflexión «La Revolución», como se conoce a los hechos acaecidos en febrero de 2014, cuando la Plaza de la Independencia (Maidan Nezaleshnosti) de Kiev acogió una verdadera batalla campal. De hecho, se denomina EuroMaidan a la crisis inacabada que dio comienzo a raíz de aquellas propuestas populares, cuando el presidente ucraniano se negó a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea. El país perdió ese año la península de Crimea, anexionada a Rusia, aunque la comunidad internacional no lo reconozca, el Gobierno cayó y Ucrania realizó un viraje hacia Occidente que no fue acompañado de las mejoras económicas y sociales prometidas.

Plaza de la Independiencia, Kiev, febrero de 2014. Foto: Nessa Gnatoush, Wikipedia

Me cuenta como el desmantelamiento del sistema soviético sumió a Ucrania en una crisis que se arrastra desde entonces pese a las décadas transcurridas. El desembarco de intereses extranjeros a su juicio no ha hecho más que empeorar las perspectivas de futuro sin traer de momento beneficios asociados visibles. De hecho, la prensa europea recoge la compra de grandes extensiones de tierra por parte de todopoderosas multinacionales americanas, como si de una reedición de la influencia de estas empresas en Centroamérica durante el pasado siglo XX se tratara, solo que en otro contexto y un siglo después.

Olga habla en ruso con sus hijas y evita discutir de política con sus amigas ucranianas para no tener conflictos. Le preocupa especialmente la situación económica; sus padres, ya jubilados, complementan su pensión con otros trabajos para poder sobrevivir, el suelo medio en Ucrania no llega a doscientos euro al mes, cuenta. A Olga le gusta la vida en España, una vez superada la añoranza de los primeros años, las dificultades de la inmersión en una cultura tan distinta. Se percibe que es una persona resilente, que se adapta a las circunstancias y que sigue llevando a su país natal en el corazón.

Es difícil no sentir añoranza por tu patria cuando estás tan lejos aunque el paso del tiempo lo cura todo. O al menos lo suaviza. Natalia M. (Ternópil, 1976) llegó a Guadalajara en 2000, tras constatar que la caída del bloque soviético había desmantelado la industria de su pequeña ciudad natal en el oeste de Ucrania y que tanto el presente como el futuro se presentaban inciertos. Su marido ya había trabajado para empresas internacionales y conocía Guadalajara. Sin embargo, lo que se planteó como una aventura a corto plazo con billete de vuelta se ha tornado con el tiempo en una nueva vida de la que se muestra satisfecha y feliz, no en vano ha vivido ya más aquí que en su lugar de origen. Los dos hijos de Natalia son alcarreños y junto a ellos forman una familia guadalajareña más, aunque su belleza imponente delate su procedencia.

El idioma materno de Natalia es el ucraniano, sus recuerdos de infancia son felices, al amparo del Gran Hermano Ruso, pero cree que las relaciones entre ambas naciones no eran igualitarias en aquella época. Como economista, está al día de lo que sucede en su país aunque no lo visita tanto como quisiera: los niños crecen y la playa siempre es una opción más apetecible y cercana en verano. No obstante, sus hijos también hablan ucraniano y esta cultura se mantiene en su casa, en una localidad cercana a Guadalajara.

Son tiempos difíciles para Ucrania, aunque realmente hace mucho que no son buenos. Los ucranianos aguardan y esperan que la tensión se rebaje mientras se preparan para un posible conflicto, según cuentan los medios de comunicación. Natalia cree que una cercanía a Europa llevaría a su país un modelo democrático y de funcionamiento de las instituciones muy beneficioso. Otros compatriotas suyos mientras, lamentan que se pierda la influencia del poderoso vecino del norte que creen está ligado a las épocas de bonanza del país.

Natalia afirma que el presidente actual, Volodymyr Zelensky, es un populista y muestra escasa confianza en sus políticas y también en sus votantes. Olga, por su parte, coincide en esta apreciación y achaca al marketing político su llegada al poder, aunque los analistas internacionales coinciden en que las redes sociales fueron determinantes en su ascenso. «Es un cómico -explica-. Protagonizó una película donde hacía de presidente y llevaba a cabo medidas populares como reducir el sueldo a los políticos y esas cosas. La gente confundió a la persona con el personaje y le votaron». Y lo hicieron en masa, habría que añadir. En 2019 Zelensky consiguió más del setenta por ciento de los votos y desde entonces gobierna un país donde cada vez hay más presencia norteamericana al tiempo que se diluye la cultura rusa y la crisis económica y social se profundiza.

La política divide pero la identidad, las costumbres y los recuerdos de una pasado común unen, sobre todo cuando se está lejos de casa. Dentro de algunas semanas, después de un invierno de incertidumbre, es de prever que llegue la primavera apaciguadora y con ella la Pascua Ortodoxa -que este año será el domingo 24 de abril, una semana después del Domingo de Resurrección católico- . Por unas horas todas las diferencias quedarán zanjadas en torno a los maravillosos huevos de Pascua primorosamente decorados que los ucranianos pintan en familia y regalan a sus allegados con sus mejores deseos. Huevos y dulces de delicada factura como vínculo con la tradición pese a a distancia. Es de desear que para entonces todo este conflicto haya quedado atrás y que las oraciones se eleven en la Ermita de San Roque por la paz y la concordia.

Anuncio publicitario

1 comentario en “Ucrania en el corazón

  1. Putin no invadirá Ucrania tiene el gallinero revuelto con los disidentes Uzbekos,Chechenos y otros que se animarían a abrirle un nuevo frente en el este en cuanto vieran la mínima resistencia en Ucrania.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.