Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva

Por Gloria Magro.

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Foto: Campocyl.es

«Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva. Los pajaritos cantan, las nubes se levantan. Que sí, que no, que caiga un chaparrón con azúcar y turrón…«

En la siguiente estrofa de la canción infantil los pajaritos corren y la pradera florece con la primavera pero si miramos al cielo en estos primeros días de febrero, lo único cierto es que luce un sol espléndido y hace semanas, muchas semanas, que no cae una gota de lluvia. De continuar así, será difícil que la primavera florezca, los campos espiguen y la caza prospere. El invierno va pasando sin que haya nubes en el horizonte y los agricultores empiezan a pensar en encomendarse a la Virgen de la Cueva o más bien a las ayudas de la PAC 2022, cuyo plazo oficial de presentación acaba de comenzar.

La previsión meteorológica a quince días vista no da lluvia en el centro de la península y dado el aluvión de satélites sobre nosotros que cruzan sus datos no hay razón para pensar que se equivocan. De momento disfrutamos de un calorcito anticipado bastante agradable, sobre todo en las horas centrales del día, y si viniéramos de un mes de enero lluvioso la situación resultaría aparentemente idílica.

Los datos que recoge la Estación Meteorológica de la AEMET en Guadalajara capital -hay ocho en la provincia- reflejan que solo llovió dos días en lo que va de año, el 4 y el 5 de enero, pero apenas se recogió agua. Como suele decirse, cayeron cuatro gotas (6.8 mm o litros por metro cuadrado), diez veces menos que en el mes de enero del año anterior (61.6 mm.), aunque el efecto Filomena de 2020 y toda la nieve acumulada aquellos días altera los datos y la estadística. Si retrocedemos a diciembre, la Estación registró una medición de 22 mm. lo que supone que el último mes del año tampoco fue especialmente húmedo y lluvioso.

Con esta situación, los pantanos de la provincia están en compás de espera, sin variaciones significativas. El agua embalsada a 25 de enero era de 897 hectómetros. cúbicos, un treinta por ciento de su capacidad. En enero se aprobó el trasvase de 27 hectómetros desde la cabecera del Tajo hacia Levante, correspondiente al nivel 2 de su capacidad, los nuevos parámetros establecidos por el Gobierno y que rebajan el agua a trasvasar. En cualquier caso, se trata de un trasvase en diferido que aún no se ha llevado a cabo debido a las obras en la cabecera, explica el vicepresidente de la Asociación de Municipios Ribereños y alcalde de Alcocer, Borja Castro, lo que supone que «tenemos el agua hipotecada». La próxima reunión de la Comisión Central del Trasvase Tajo Segura aprobará el trasvase de otros 27 hectómetros más en febrero que de momento no saldrán de Entrepeñas y Buendía pero que más tarde o temprano acabarán haciéndolo. No es problema de sequía, «es problema de saqueo», denunciaba la presidenta de los Ribereños, María de los Ángeles Sierra, el pasado septiembre, aunque a estas alturas del año hidrológico ya se juntan ambas cosas.

La Mancomunidad de Aguas del Sorbe establece la línea de prealerta en los 20 hectómetros de agua embalsada en Beleña y a día de hoy hay unos veintinueve, según datos de la MAS. No es que ese embalse registre cotas mucho más altas de agua, por seguridad se deja siempre en torno a un 69% de su capacidad, pero lo establecido para asegurar el abastecimiento de la ciudad de Guadalajara, Alcalá de Henares y los municipios del corredor a partir de Humanes y Tórtola, es de 25 hectómetros llegados al mes de marzo. De no alcanzar esa cifra se entraría en prealerta, lo que en la práctica supondría una campaña de concienciación ciudadana sobre el uso responsable del agua, así como el aviso a los distintos ayuntamientos sobre el riego en parques y jardines, primeras víctimas de la cautela en el suministro. Otra medida a tomar sería la regulación del caudal ecológico desde la Confederación Hidrográfica del Tajo, pero de momento algo así no está sobre la mesa, la lógica lleva a pensar que lloverá de aquí a marzo. O que nevará. Aún estamos en invierno, no es tarde y de hecho, la nieve que cayó a finales del año pasado y su deshielo paulatino es lo que ha ido alimentando la cabecera de los pantanos de la provincia situados bajo la Sierra Norte.

En caso de necesidad se haría uso de la tubería que conecta el pantano de Alcorlo y el agua del río Bornova con el embalse de Beleña, un colchón de 4 hectómetros extraordinarios de agua para abastecimiento humano, algo que no gustaría mucho a la Comunidad de Regantes de los Riegos del Bornova, cuyos usuarios -185 agricultores de San Andrés del Congosto, La Toba, Membrillera, Jadraque, Casas de San Galindo, Carrascosa de Henares y Espinosa de Henares- dependen de ese agua durante el verano para sus 2.143 hectáreas de cultivos de regadío altamente productivos.

Beber agua del Sorbe o del río Bornova según los expertos no supone ninguna diferencia. Tal vez en la factoría de Mahou en Azuqueca de Henares no piensen lo mismo, siempre se ha dicho que la calidad de su cerveza viene dada por el sabor que le confiere el agua que recogen del canal de Henares, aunque al parecer no sería la primera vez que cambian de suministrador por necesidad sin que los clientes protesten porque los tercios y las cañas tengan regusto a cerveza Damm o peor aún, a CruzCampo.

Un poco mas arriba, en Alovera, deberían de estar algo más preocupados. La lámina de agua sobre la que se proyecta cimentar una nueva gran urbanización en esta localidad no supone según han manifestado reiteradamente sus promotores un gran consumo de agua real en cifras, pero si resulta poco estético, por aquello de que planificar playas artificiales en mitad del secarral alcarreño es poco defendible ante nuestras conciencias cada vez más ecológicas. Y más si no llueve. En cualquier caso, la lámina de agua al igual que la urbanización, tantas veces anunciada y publicitada, es a día de hoy poco más que un espejismo en el horizonte.

Esta semana daba comienzo oficialmente la campaña de ayudas directas de la Política Agraria Común, la PAC. Alrededor de cuatro mil productores agrícolas y ganaderos de la provincia de Guadalajara podrán presentar sus solicitudes. La UE invierte en España solo en esta partida, 4.856 millones de euros, que se podrán abonar en forma de anticipos a partir del 16 de octubre, y completar el saldo a partir del 1 de diciembre. Se trata de unas ayudas muy bien recibidas por los agricultores y ganaderos y más cuando en estos días miran al cielo con preocupación. Este es el último año de la PAC tal y como la conocen, en 2023 se iniciará un periodo de transición hacia una nueva política agraria común comunitaria, un desafío para todo el sector, también en Guadalajara.

La novedad de este año en las ayudas PAC es la monitorización de los cultivos vía satélite que permitirá fiscalizar los datos aportados sobre cada explotación y verificarlos. A día de hoy las imágenes por satélite de Guadalajara mostrarían cultivos nacidos de trigo y cereal, resiembras, en las zonas altas y frías donde el subsuelo mantiene la humead y alimenta las raíces, y un ligero atraso en, por ejemplo, el Corredor del Henares, de recolección más temprana y que estos días acusa más la falta de lluvia. «Aún no es catastrófico -explica María José Ramiro, secretaria general de la Unión de Pequeños Agricultores en Guadalajara, UPA pero el campo empieza a sentir la falta de lluvia. Aún no hay percepción de pérdidas, pero vendría bien el agua aunque estamos a tiempo».

Cualquiera que pasee por la Ronda Norte los verá a pares, por doquier. Los conejos campan a sus anchas en los solares, ajenos al tráfico y los runners. Dicen que en el Corredor del Henares son una plaga incontrolada, sobre todo en algunos municipios donde se benefician de su ubicación estratégica entre las vías del tren y las edificaciones, allí donde los cazadores tienen vedado perseguirlos. No parece que de momento a la caza le afecte la falta de lluvias. Lo confirman los cazadores, como Carlos Ruiz, que pertenece al coto de Hornas, pedanía de Sigüenza. «En teoría afecta, pero no realmente. Las querencias de los animales cambian y a lo mejor estos días que hay mucho hielo y poca agua se van moviendo. Realmente la caza menor con la escarcha y el rocío de la mañana tienen para sobrevivir. Los corzos lo mismo, y los jabalíes se mueven mas hacia zonas donde haya humedad o agua», explica. Si acaso, dice este cazador que acostumbra a salir con una amplia rehala cuando es temporada, de coto en coto, tal vez lo que se vea afectado es el crecimiento de las cornamentas de los corzos, algo menor en comparación con lo que a su juicio sufre el campo. «en primavera se notará la falta de agua, sobre todo los manantiales», dice. Y en eso estamos todos de acuerdo.

«Que llueva, que llueva, La Virgen de la Cueva…»

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