Nuestra Guadalajara

Por Yñigo Miguez del Olmo (*)

Mucha gente me pregunta, ¨ ¿Cómo ha llegado un bilbaíno a Cogolludo? ¨ y yo siempre respondo que en coche…

La pregunta sin duda demuestra la sorpresa que causa el que haya gente que decidamos ir a vivir a estas zonas rurales, tan olvidadas en muchos aspectos, cuando a mi juicio, no debería ser así.

Hace un par de semanas estaba dando un paseo por los canales que atraviesan los campos de Espinosa de Henares con un amigo de Madrid que se ha instalado en Fuencemillán y me decía, con mucha razón, que, si éste fantástico entorno estuviera en Inglaterra, estaría plagado de gente que viviría a 10 km de la estación de Espinosa de Henares y trabajaría en Madrid en las más diversas profesiones liberales.

En cuanto a mi experiencia personal, es la de uno de tantos de mi generación, que tras acabar mi Licenciatura en Económicas en una ciudad como Bilbao en 1990 primero estuve trabajando en Barcelona hasta que vine a Madrid en 1994, y es que estas grandes ciudades son las grandes demandantes de muchos puestos y carreras que por desgracia no se pueden desarrollar en el resto de ciudades de España.

Toda emigración crea un desarraigo en mayor o menor medida. A mi lo que siempre más me ha atraído es la historia, sobre todo la medieval española, y el campo y la naturaleza. El resultado fue lógico, empecé enseguida a hacer excursiones por las provincias limítrofes a Madrid, algunas veces acompañado, pero las más de las veces solo, porque es como realmente conoces el territorio en un sentido amplio.

¡No es lo mismo visitar Toledo, su Catedral, el Alcázar y comer en un restaurante que el ir a ver los numerosos castillos de Guadalajara en ruinas en su mayor parte en sitios inhóspitos sin un bar a 20 km a la redonda… está claro que hay que llevarse la tartera de casa!!

Mis primeros escarceos con la provincia de Guadalajara se produjeron en su zona más lejana de Madrid, -el Señorío de Molina-, era una brutalidad ver esos paisajes con sus hoces, sus parameras, sus imponentes castillos y murallas a solo una hora y media de Madrid y no ver prácticamente nadie. No entendía como podía estar Segovia siempre colapsada de madrileños los fines de semana que acababan a la vuelta del fin de semana en la ratonera del túnel del Guadarrama y no haber nadie en las bellas tierras molinesas. Por desgracia, al cabo de 25 años esa diferencia es aún más atroz, yo por mi parte ya he entendido el fenómeno, pero para explicároslo sería del todo necesario que acudáis al sitio al que más adelante os referiré y a poder ser, compartir el momento con un vino del lugar.

Posteriormente recorrí de cabo a rabo las tierras de Sigüenza, fue una maravilla su lento descubrimiento y tuve la oportunidad de llevar a cabo proyectos muy interesantes ligados al territorio tanto en estas tierras como las del Señorío, pasé muy buenos momentos y sobre todo aprendí el camino que quería seguir.

Pero al final todo llega de una manera casual y por sorpresa, y así fue como en el año 2004 me enteré que se vendía el Convento de Cogolludo. Lo conocía por mis frecuentes excursiones por la zona. Estaba totalmente destrozado desde el año 1.812 en la invasión napoleónica y había estado durante 200 años usado como cantera artificial y vertedero al estar extramuros de la otrora muy importante villa ducal de Cogolludo.

Fue un flechazo a primera vista, a pesar de su lamentable estado arquitectónico conocía la importante bodega que había albergado donde los frailes carmelitas descalzos elaboraban un vino muy apreciado en total la comarca y en la Corte de Madrid. Yo ya llevaba años dedicándome a la producción de vinos en diferentes Denominaciones de Origen en España y su comercialización en mercados internacionales por lo que rápidamente cerré la compra del Convento, el tener un edificio histórico del siglo XVI con una bodega- que era a lo que me dedicaba y que además me gustaba- a una hora escasa de Madrid no era algo que ocurriera a menudo y no se podía dejar escapar.

Desde el primer momento sentí el apoyo de los míos, mi sabio padre nada más verlo me dijo: ¨hijo mío eres tonto, has comprado una cantera¨, comentario que hizo bueno a otros muchos…

El camino no fue fácil, pero nada fácil creo que merezca la pena. Tras varios años pude empezar las obras en septiembre de 2.014 y se prolongaron durante 5 años.

Para mi lo mejor del Convento es su conexión con la naturaleza, al faltarle las capillas laterales que daban al claustro se ve la sierra norte de Guadalajara desde la iglesia renacentista y eso lo hace único. Pude rehacer una pequeña vivienda dentro del Convento donde vivo y cada día que paso es un regalo en todos los aspectos. Tenemos un cielo estrellado de los más limpios de España, el aire mas puro de la Península lo tenemos en la cercana Campisábalos, los corzos se encaman en el Convento y el campo está bonito y diferente cada día del año, todos los días son bonitos por igual.

Pude recuperar la hundida bodega que tiene 500 años donde damos guarda a vinos que hacemos en diferentes zonas de la región y en el espacio de la iglesia conventual tenemos un museo de arqueología que la gente puede visitar y realizar posteriormente una cata de nuestros vinos los fines en el claustro, sobre la sierra de Guadalajara, tierra de paso durante siglos ente las dos mesetas y tierra donde quedarse, y esto y otras cosas será lo que os comentaré a los que os apetezca visitarnos.

También alquilamos el Convento para rodajes, reuniones de empresas y celebraciones, que las bodas en el campo, como todo, saben mejor.

(*) Yñigo Míguez del Olmo es bilbaíno, Licenciado en Económicas. Ha desarrollado su carrera profesional en grandes multinacionales de bebidas y desde hace 20 años se dedica a la producción de sus propios vinos y su comercialización internacional sobre todo en mercados asiáticos. En los últimos años ha rehabilitado varios edificios medievales -especialmente castillos-, siendo su última obra la rehabilitación del Convento de Cogolludo, donde vive. Lo tiene abierto al público para degustación de sus vinos, como museo y para eventos.

Bodegas Convento de Cogolludo, 629160145 miguezdelolmo@hotmail.com

Fotos con dron de Javier Castañón

2 comentarios en “Nuestra Guadalajara

  1. Conocí el convento cuando era «una cantera», a decir del señor padre de Don Yñigo. Qué agobio pensar en cómo empezar a recuperar aquella maravilla. Trabajé allí como arqueólogo en la rehabilitación. Superamos los contratiempos, y entre Jorge, el arquitecto, Yñigo, propietario e impulsor de la idea y el que suscribe, se produjo una amistad recompensada por el resultado que se ve en las fotografías. Desde entonces, no dejo de ir por allí cada vez que tengo ocasión para disfrutar de ese lugar incomparable y tomar unos vinos con Yñigo, al sol, contemplando la magnífica presencia del convento rehabilitado y los campos de Guadalajara ¿Se puede pedir más?
    Enhorabuena, Yñigo por esta gran idea y el tesón que pusiste para llevarla a cabo. Ahí tienes el premio. Que tú y los visitantes disfrutéis con ello.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.