Los feminismos

Por Sonsoles Fernández Day

Hace unos cuantos años, bastantes porque llevaba a mi hijo en una sillita de paseo y la criatura tiene ya veintisiete, me paró un reportero en la plaza de Santo Domingo, en el centro de Guadalajara, y mientras otro grababa con una cámara me preguntó si estaba de acuerdo con que hubiera un Día Internacional de la Mujer. ‘¡Claro que sí!’, le contesté sin dudar, aunque me puse tan nerviosa que lo dije bajito, como sin voz. –‘¿Cree que sirve para algo?’, me preguntó después. Me aclaré la garganta y le dije: – ‘Sí, porque cuando no se habla de algo o no se reconoce que hay que cambiar algo es cuando no se conseguirá nada’. – ‘Gracias’, dijo él sin más. Y así acabaron mis segundos de gloria que nunca vi en la televisión local.

Mis palabras habían salido a borbotones, sin preparar, torpes y mal ordenadas. No serían exactamente esas, no tengo tan buena memoria, pero algo parecido. Lo que yo quería decirle es que había cosas que debían cambiar y que era importante que se reconociera. Que el día de algo es un símbolo, no se lucha por las mujeres o contra el cáncer una sola vez al año, pero es una forma de insistir y recordar el valor que tiene. Que es la manera de hacerse oír, de cambiar las leyes, de abrir las mentes. Que me parecía bien y que lo merecemos.

El 8 de marzo, que inicialmente se llamaba Día de la Mujer Trabajadora, se celebra en honor y en recuerdo de las mujeres que, poniendo en riesgo su propia vida, lucharon por la igualdad y por nuestros derechos sociales y laborales. Una lucha justa que, aunque de otra manera, todavía sigue haciendo falta.  A lo largo de los años las reivindicaciones han ido aumentando y, en algunos casos, se han ido de madre, convirtiendo las manifestaciones en un espectáculo que muchas mujeres consideramos innecesario y que en absoluto nos representa. Enseñar las tetas en una marcha no hace a la mujer más libre, gritar lo que te aprieta la talla 38 no te abre puertas y empeñarse en odiar y machacar al hombre solo lleva a ser iguales que los misóginos y los machistas de los que nos queremos librar.

Puede que, porque era martes, tal vez porque aún hay mucha gente que le tiene respeto a las multitudes, o, como han destacado la mayoría de los periodistas al informar de la noticia, por las diferencias de opinión, al parecer insalvables, que existen entre las feministas llamadas clásicas, y las seguidoras de Irene Montero, miembras de Unidas Podemos, este año ha habido menos afluencia que otros anteriores a las manifestaciones del 8M. Además, en muchas ciudades de España y especialmente en Madrid, se convocaron y llevaron a cabo dos manifestaciones separadas.

El Movimiento Feminista de Madrid se negó a marchar ‘tras unas pancartas que no representan la agenda feminista’ sino todo lo contrario, refiriéndose a la marcha convocada por el Ministerio de Igualdad. Eligieron el lema ‘El feminismo es abolicionista’ ya que ésta es su principal reivindicación, la abolición de la prostitución y de la pornografía. También exigen la retirada de la llamada Ley Trans y la prohibición de la gestación subrogada, los vientres de alquiler. Defienden ‘volver a los orígenes’ y están en contra de lo que han llamado ‘el borrado de las mujeres’. ¿Qué pasa con todo lo logrado y qué se va a reivindicar si no reconocemos al sexo femenino?

Es obra de la ministra Irene Montero sustituir la categoría sexo por la identidad de género. Tremendo sinsentido por el que las mujeres dejamos de existir. También los hombres, y eso lo convierte en un sinsentido peligroso. Otro absurdo invento más como ‘la diplomacia de precisión’ para acabar con la invasión de Ucrania, su última perla.  Claro que Isabel Rodríguez, portavoz del Gobierno, se ocupó en una rueda de prensa conjunta de que se estuviera calladita ‘La ministra estará dispuesta a responderles en otro momento’. Eso y los 20.000 millones de euros que le ha prometido el presidente Pedro Sánchez, ya la mantienen callada. Euros que no tiene, por cierto, a ver de dónde los saca.

Volviendo al 8M y a Guadalajara, unas 2.000 personas, menos que otros años, se manifestaban por nuestras calles convocadas por la Plataforma Feminista de Guadalajara. ‘Si nosotras paramos, se para el mundo’, era el lema de la pancarta de cabecera. Desde luego tienen razón, especialmente en algunas culturas en las que las mujeres trabajan mientras los hombres se tocan las pelotas. Aunque no sé si van por ahí los tiros.

Nueva Alcarria publica una crónica audiovisual y una amplia galería de imágenes, de la que he extraído mi foto de portada. ‘El estado opresor es un macho violador’ dice la pancarta. Esta frase es de una canción creada en noviembre de 2019 por un grupo de mujeres chilenas, Lastesis, titulada ‘El violador eres tú’. Es una canción de lucha contra los abusos del Estado chileno. Me pregunto qué significado puede tener en Guadalajara, Castilla-La Mancha, y qué opinaba al respecto el alcalde Alberto Rojo que se encontraba entre los manifestantes.

Tampoco veo a Irene Montero detrás de esa pancarta, inmersa ya en su casta, callada para no dimitir.

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