Hoy es Ucrania

Por Alejandro Moreno Yagüe (*).

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Foto: NTN24

Lo poco que tenemos seguro cuando escribimos este artículo es que Rusia, con su presidente a la cabeza, ha invadido Ucrania, provocando que muchas personas se hayan visto obligadas a salir de su país. Otra cosa también tenemos clara es que una persona refugiada está viviendo, en el momento en el que huye, el peor momento de su vida.

Nos consterna lo ocurrido en Ucrania, pero no es nada nuevo. Ya lo dice el título del artículo, hoy es Ucrania, pero no es el único país que ha sido invadido. Cerquita de Ucrania, y en el otro lado de nuestro Mediterráneo, se encuentra Palestina ocupada por Israel. Mirando un poco más lejos, Yemen ha sido apoderado por Arabia Saudí, y más cerca, mucho más cerca, Marruecos tiene invadido el Sahara Occidental.

El miércoles por la noche los datos decían que ya habían salido 2 millones de personas refugiadas fuera de las fronteras ucranianas. Un millón de personas por Polonia, medio millón por Rumanía, y en menor medida por Hungría, Moldavia o Eslovaquia. Confundiendo a la ciudadanía ucraniana, se han habilitado corredores humanitarios que llevan a territorio bielorruso o incluso ruso propiamente. A fecha de hoy, se estima que serán 5 millones las personas que saldrán de su país como personas refugiadas. Y serán 15 millones los ucranianos que necesitarán ayuda humanitaria cuando el conflicto acabe. No seamos demasiado optimistas, es muy probable que estas cifras se incrementen.

En la actualidad tenemos 35 conflictos armados reconocidos por las Naciones Unidas. Estos conflictos no son los únicos; existen otros que, sin ser reconocidos internacionalmente, generan dolor, huidas, sufrimiento, y por tanto, necesidad de acogida y refugio. Es fácil encontrarlos, buscando un poco más allá de las noticias del aquí y del ahora.

Habrá quien se nos ofenda entre las personas que nos lean, como se nos ofendieron en una de las charlas que organizamos esta semana. Abriendo Fronteras Guadalajara ha desarrollado dos charlas para explicar lo que sabemos, y lo que hemos vivido en estos años de acogida y acompañamiento a las personas, colectivos, asociaciones, entidades y administraciones que nos lo han pedido.

AFG se creó con la demanda de exigir al gobierno español, por aquel entonces gobernado por Mariano Rajoy, la acción de cumplir con las cuotas de acogida de personas reasentadas y reubicadas que se comprometió con Europa. Nuestro estado se comprometió en la acogida de 17.337 personas, y no se llegó a la acogida de 3.000 personas, ni siquiera el 20% de la promesa. Nos hemos quedado muy lejos de lo prometido.

Quienes ponemos caras a las personas que han vivido y han huido de otros conflictos, como Siria, que tenemos tan reciente, nos genera dolor la comparación. Nos gusta que la gente haya apoyado, se haya volcado para ayudar a personas, se hayan organizado viajes, autobuses, camiones repletos de solidaridad. Nos gusta como la Unión Europea, y por ende, el Estado español se ha planteado la forma de poder agilizar el proceso de protección internacional, lo que conocíamos hace años como el asilo, que hayan desempolvado la exigua protección temporal (para quien no la conozca es una normativa que se creo para las personas que huían de la guerra de los Balcanes, ¡de los Balcanes!, en los primeros años 2000) para dar prioridad y rapidez a estas personas ucranianas, garantizando protección vinculada al asilo (con todos los recursos que esto permite) y acceso al mercado laboral de forma automática, con una duración de un año, con posibilidad de renovación cuando este termine.

Y la comparación, por tanto, nos sale sola. No entendemos como este procedimiento no se puso en marcha cuando la llegada de la población de Siria asomaba y desafiaba a Europa. Se crearon plataformas de apoyo ciudadanas, se colgaron carteles en nuestras ciudades “Refugee Welcome”, pero la Unión Europea no estuvo a la altura. Sin otras posibilidades, se les impidió avanzar a países como Alemania, Francia, Holanda, y también a España. Muchos países endurecieron sus leyes, y sus puestos fronterizos, y condenaron, y siguen condenando a estas personas a campos de refugiados en las islas griegas, en territorio turco o libanes, o a vivir en los bajos de las estaciones de tren o en los bosques de los países de Serbia, Bosnia o Croacia. Nos duele, pero no nos sorprende sabiendo quien gobierna en Hungría (para quién no se acuerde en este momento, lo hace el ultraderechista primer ministro Viktor Orban), que tantos quebraderos de cabeza da al Partido Popular Europeo, por sus reformas legislativas nacionales que entre otras medidas impide y castiga a las personas que ayudan a las personas refugiadas que viven dentro de sus fronteras.

Y seguimos perdiendo oportunidades. El Gobierno de Pedro Sánchez, que ya ha anunciado la regularización de la población ucraniana que señalábamos antes, se ha olvidado de otras personas que se encuentran en situación administrativa irregular en España.

Rabia y dolor. Impotencia no. Esto nos sigue motivando para seguir haciendo cosas. No queremos parar. No vamos a parar.  

Según los datos de la Fundación por Causa, en su informe “Extranjeros, sin papeles e imprescindibles: Una fotografía de la inmigración irregular en España”(1), estimaba que finales del año 2019, el número de personas inmigrantes que residían de manera irregular en España era de entre 390.000 y 470.000 personas. Esta horquilla supone entre el 11% y el 13% de inmigrantes extra-comunitarios y alrededor del 0,8% de la población total que reside en España. Estos datos siempre manejan un margen de error porque son personas que están desaparecidas más allá del Padrón Municipal, y en el mejor de los casos, de la asistencia sanitaria. Para seguir profundizando, por si interesa a quien nos lee, esta población es fundamentalmente de origen latinoamericano, estimándose que es casi el 80% del total de estas personas. De todas ellas, una tercera parte se considera que serían menores de edad.

Ha quedado demostrado. La ley 04/2000 no facilita que las personas puedan regularizar su situación, y está condenando a muchas personas a vivir en situación de grave precariedad, provocando vulnerabilidad y desprotección y que impacta en la sociedad de una manera global.

Si nos mueve únicamente un criterio económico, obviando lo humano, tal y como estima el investigador Gonzalo Fanjul, facilitaría la entrada 1.500 millones de euros en las arcas publicas del estado, a razón de 3.250 por persona al año como una media de las aportaciones.

¿Esto es nuevo? No, no es nuevo. Dos regularizaciones se hicieron en tiempos de Felipe González, tres en las legislaturas de José María Aznar, y la más importante, una única de José Luis Rodríguez Zapatero. En nuestros países vecinos, Portugal e Italia lo hicieron a mitad de la pandemia que actualmente padecemos.

Si lo que nos mueve es un criterio político, permanecer fuera del sistema de las instituciones y de la planificación de los servicios públicos, supone un déficit en la gobernanza pública que se necesita corregir. Y al no contar con una realidad fidedigna, esto queda imposibilitado.

Y si tu razón es meramente humanitaria, en los meses de pandemia, las personas en situación irregular han sido realmente protagonistas en los sectores del cuidado de personas dependientes, en el reparto a domicilio o en la recogida de fruta y verdura. Solo es necesario que tires un poco de tu memoria.

Nos importa. Por ello os informamos de la Iniciativa Legislativa Popular sobre la Proposición de Ley para una regularización extraordinaria para personas extranjeras en España. Una iniciativa que está desarrollándose por todo el territorio nacional, y que en Guadalajara se está moviendo a través del Centro Social Octubre, ubicado en la calle Chorrón de la capital, a través de una recogida de firmas. La información de la iniciativa está en www.esenciales.info

No nos gusta hablar de las fronteras. Han quedado demostrado que no funcionan. Que se construyen únicamente para generar dolor y sufrimiento, que no tienen otro fin, y que supone un negocio y no es garantía de un mayor control migratorio. Tenemos claro que son necesarias las vías seguras para el viaje a países donde estén garantizados los derechos humanos más básicos. Y todavía no lo es. Sigue muriendo mucha gente que huye en un camino y en una ruta cada vez más peligroso.

Quitémonos los complejos de que España es un país racista y xenófobo. No lo somos. No queramos serlo. Obviemos sus discursos vacíos construidos solamente con argumentos falaces, son clasistas y ridículos. Facilitemos, con esta medida de la regularización para la ciudadanía en situación irregular, el respeto a los contratos laborales, a los derechos, a la justicia, a poder ir por la calle sin miedo a que te pare la policía para pedirte los papeles. Hagamos algo, por una vez desde hace años, que sea ilusionante e inspirador. Algo que realmente genere justicia social. Nos jugamos mucho futuro.

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(*) Alejandro Moreno es miembro de Abriendo Fronteras Guadalajara. Educador social, trabaja desde hace casi dos décadas en una ONG que ayuda a personas refugiadas e inmigrantes y echa una mano a cualquiera que lo necesite.

https://porcausa.org/wp-content/uploads/2020/07/RetratodelairregularidadporCausa.pdf

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