El mapa de mi pueblo

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Por Juan Ramón Muñoz García (*)

Mi padre me enseñó el primer nombre de un lugar de Robledo de Corpes, nuestro pueblo. Quizá fuese la Peña de la Campana, el Alto de Cabeza Negrilla o la Fuente del Tejadal. Desde el principio quedé fascinado. Cada lugar, fuente, casilla para el ganado, pasaje, arroyos, peñascos, colinas o montañas tenia un bonito y evocador nombre, que todo el mundo del pueblo conocía y eran exclusivos de este. Mas tarde descubrí que se llamaban topónimos.

Cada historia, cada anécdota del pasado había ocurrido en un lugar con un nombre
propio encantador: La Cruz de los Pajarones, el Alto del Castillar, los Henos, las
Ventanas, la Casa Quemada, el Tartazo
… Todos esos nombres no estaban recogidos en ningún sitio, formaban parte de una tradición oral que se transmitía de generación en generación. Formaban, por tanto, parte de la memoria colectiva de aquellos que poblaron y habitaron este lugar; en el que pusieron nombre hasta el último rincón del término municipal.

Un día comprendí que todo ello no iba a continuar transmitiéndose; el relevo generacional estaba roto, como sabemos, por el brutal éxodo rural de los años 50 y 60 del s. XX y que poco a poco caería en el olvido hasta desaparecer. “Pero, todo esto se va a perder, ¿no?”, le dije un día a mi padre. A lo que él contestó, “¡Perdido está ya!”. Esas palabras cayeron sobre mi como una losa, que iba a sepultar toda esa tradición oral. No podía permitirlo; había que preservar como fuese toda esa información, todo ese tesoro. En nuestras habituales salidas fui llevando papel y lápiz e iba anotando todos los nombres que él me decía, que yo le preguntaba con avidez. Fui coleccionando un sinfín de papeles, listados de nombres, croquis de lugares plagados de topónimos. Como piezas de un enorme puzle del que carecía de la imagen de referencia. Reconstruirlo podía ser un proceso muy largo.

Empecé a aficionarme a los mapas, extraídos del Instituto Geográfico Nacional y mapas militares del Servicio Geográfico del Ejercito. En ellos figuraban algunos topónimos, pero a menudo con muchos errores de grafía, de situación, etc. Hacia ampliaciones de los mapas sobre los que basaba mis croquis así que estos cada vez eran más precisos. Las piezas del puzle iban ganando en exactitud.

Un día mi padre nos dejó, pero había que continuar la tarea con más fuerza. Todo lo
que me transmitió vivía ahora en mí, era el siguiente poseedor de una información
valiosísima, toda una documentación recopilada en años, listados de nombres, mapas, …
Tenia que continuar. A partir de ahí preguntaba a otras personas del pueblo. Todos me ayudaron con entusiasmo, venciendo a veces la falta de memoria, rescatando del olvido tan preciosa información: El Halda, La Galiana, La Dehesa de la Lanzada, Alto de Valdelacasa, Los Borrachos, El callado de Majalasvacas…

El trabajo se hizo cada vez más sistemático. Visitaba a mis informantes, separábamos una y otra vez los listados, los mapas, contrastando la información recibida, a veces contradictoria. A menudo, los límites entre los parajes eran difusos y nada exactos. También visitamos cada rincón del término municipal y en tan valiosa compañía la lista seguía ampliándose. Eran ya varios cientos de nombres recopilados y parecía no tener fin. Cada vez había más piezas de ese puzle, casi estaban todas.

Otra fuente de información que se sumó fue el estudio del Catrasto. De hecho, con todos sus errores y limitaciones constituye la fuente escrita más importante de topónimos y, por lo tanto, había que tenerlo en cuenta. Sus limitaciones eran lógicas a la propiedad de tierras exclusivamente agrícolas. También investigue en el Archivo Histórico de Guadalajara donde se conservan algunos antiguos catastros y amillaramientos. Así, descubrí, por ejemplo que La Amén de Sacramento pertenecía, entre otras varias tierras a la “Cofradía del Santísimo Sacramento” de esta parroquia, en la cual se nombra “…otra [tierra] zercada (sic) de piedra en la Vezeda”. Y que El Hospital -cómo puede llamarse esto El Hospital, aquí, en mitad del campo, me preguntaba de pequeño- debía el nombre a que pertenecía a la Casa Hospital de la ciudad de Sigüenza, como también la llamada De San Mateo, porque mediante su arrendamiento se podía mantener la actividad del hospital «en hospedar y hacer bien a pobre mendicantes”.

A partir de 2015 un inestimable proyecto de la Junta de Castilla- La Mancha se puso en marcha recuperando miles de topónimos en toda la región, que se pueden consultar en “Recuperación de Nombres geográficos de Castilla la Mancha”. Los datos recogidos se actualizan constantemente, por ese motivo no puede considerarse toponimia oficial; habrá que esperar a que finalice el proyecto. Sin duda un gran y necesario proyecto.

Un vecino del pueblo, Eugenio Parra, aficionado a la fotografía, me enseñó un
proyecto de mapa en el que recogía algunos nombres. Era la línea a seguir. La información reunida por mi en tantos años era enorme, llenaba varias carpetas, pero no era capaz de concretarla. Primero, tenia que saber que tamaño de mapa seria necesario para poner semejante cantidad de topónimos. Tampoco sabia dibujar, ni pintar, ni mucho menos rotular, pero todo eso fue cuestión de práctica.

En 2018, conseguí reunir las piezas, los croquis y mapas parciales en uno solo y así realicé el primer prototipo de mapa. Reunía todos los nombres, pero le faltaba algo, ya que era simple y sin encanto. Paralelamente, en una lámina de una fotografía aérea de los alrededores del pueblo puse etiquetas con los topónimos de cada lugar. En ella se recogían nada menos que 120, pues es donde más concentración de topónimos hay. Lo titulé: “Toponimia Menor de los Alrededores de Robledo de Corpes”

Por fin, y con la ayuda de mi hija, Carmen Muñoz Esteban, de 12 años, aficionada a
la pintura y al dibujo, en el verano de 2020 salió a la luz el tan deseado y definitivo mapa: «Toponimia menor del termino municipal de Robledo de Corpes, provincia de Guadalajara». La escala aproximada era de 1:12500 y sus dimensiones 82 cm × 68 cm.

La fecha, cercana al 12 de julio, día del nacimiento de mi padre en 1935. Por supuesto, iba dedicado a mis padres. En él figuraba este texto:

“Mi agradecimiento a los verdaderos autores de esta obra, los hijos e hijas de
este lugar, nuestro querido pueblo, que tanto han ayudado y contribuido a recuperar
del olvido los nombres de los lugares. Un tesoro que no se podía perder. Al
redescubrirlos, recordaremos tantas historias cantadas por ellos, quizá el color de la
lumbre, que forman parte de nuestra memoria”


La acogida en el pueblo fue sensacional. Todos aquellos evocadores nombres que
tanto habíamos escuchado de nuestros mayores estaban recogido y ya preservado. Todas las casas del pueblo tenían su mapa, incluido el Ayuntamiento. La cosa no se detuvo aquí. Al enseñarlo fuera del ámbito del pueblo, la gente con pueblo enseguida captaba la importancia de la obra. Todos querían algo así en su pueblo así que empecé a colaborar, haciendo mapas mudos para aquellos lugares interesados en hacer un proyecto parecido.

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Mi padre me enseñó el primer nombre de un lugar.

El mapa mudo, mezcla de topográfico y de fotografía aérea, estaba enormemente simplificado para recibir los nombres de los lugares, los verdaderos protagonistas de un mapa de toponimia menor. El mapa mudo constituía la imagen de aquel puzle que comencé a hacer de niño. Si hubiera tenido un mapa mudo el trabajo se hubiera hecho mucho más eficazmente.

Es un trabajo apasionante. Invito a los posibles indecisos a dar el paso y ponerse manos a la obra. Recordad que es una carrera contrarreloj; el tiempo se acaba, el tiempo de todas aquellas personas poseedoras de esa tradición oral, esa tradición que ya no se transmitirá como ha venido sucediendo durante siglos. Que no caiga en el olvido, que no se pierda, que no tengamos que decir aquellas palabras: “¡Perdido esta ya!” La Cañada de Valdequirica, La Dehesa de Guímara, Las Majadas, La Alberguería, Los Quemaos, El Alto de Cosaa Gorda, La Vaera Ancha y Peña Corva… os esperan.

thumbnail (11)(*) Juan Ramón Muñoz García (Madrid, 1971) lleva toda la vida trabajando en el sector forestal, a pie de monte, como motosierrista y podador en altura. Desde 1994 está ligado a las brigadas contra incendios forestales, donde ha realizado campañas tanto en Guadalajara como en Cuenca y Madrid. En la actualidad realiza mapas mudos de términos municipales donde hay interés en no los topónimos, un patrimonio de todos.

3 comentarios en “El mapa de mi pueblo

  1. Entrañable obra y apasionado trabajo de investigación. Un aplauso a tal fantástica y necesaria aportación. Un ejemplo para todos las gentes de esos pueblos de las tierras que casi se abandonaron.

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