Visitar Guadalajara

Por Gustavo García

En Guadalajara sabemos de las bondades de nuestro entorno natural y patrimonial cuando recorremos la provincia. Sin embargo, no tenemos tan claro que en otras regiones nos sigan considerando una zona conocida. ¿Cómo nos ven desde lejos? El hecho de tratarse de una parte de España con poco volumen de población –salvo lo ocurrido en las décadas más recientes en el Corredor del Henares–, hace que suene siempre más por estar al lado de la capital nacional, incluso más bien a su sombra, que por su idiosincrasia en sí. También influye en ello el que la ciudad de Guadalajara tenga los atractivos justos para el gran público si hablamos de la parte monumental y, todavía menos, de la vida del casco antiguo, que en ‘casa’ ya nos parece detenida.

De ahí que se hace extraño, a primera vista –y no por no ser merecido el reconocimiento–, encontrarnos de repente con ofertas en agencias de viajes de otras comunidades autónomas a esta provincia. Potencial en toda la misma, sí que existe, claro. Si incluso en plena Gran Vía madrileña nos podemos encontrar con un folleto del ‘Viaje a La Alcarria’, fomentando un trayecto, por los pueblos y campos de la obra literaria –y destacando ahora los de lavanda–, para culminar en Zorita de los Canes, tras llegar por el Tajo, lo raro es ver para nosotros alguna planificación de estancias por unos días aquí.

La lavanda se ha convertido en uno de los mayores reclamos de la provincia.

Sin ir más lejos, así ocurre con una empresa, con sede en Andalucía, que planea para los primeros días del verano un diverso programa desde Cádiz y Sevilla en tren. Se trata de un viaje “que hemos organizado para conocer Guadalajara, sus alrededores y los famosos campos de lavanda, que sólo se pueden visitar a primeros de julio, en los pocos días que permanecen florecidos”, indican en su presentación.

Un ejemplo de ruta
Hasta Guadalajara “vamos en tren, sino es un poco paliza. Al final son casi las mismas horas que en autocar, pero es mucho más cómodo”, dicen los andaluces. Se llega a un conocido y veterano hotel de la capital alcarreña, tras una conexión con Madrid, a las 18 horas. Al día siguiente se visitan los campos de lavanda de la zona de Brihuega, “antes de que el calor apriete, para poder pasear por ellos y admirar el maravilloso entorno malva que crean”. Después, en esa propia localidad darán a conocer una destilería de lavanda –planta aromática que, en sus flores y en sus hojas, produce un aceite esencial de propiedades cosméticas y Medicinales–. Visita a las cuevas árabes, construidas entre los siglos X y XI, y que “son un laberinto de galerías y túneles que recorren todo el subsuelo de la ciudad, con una longitud aproximada de ocho kilómetros. Utilizadas en épocas de asedio, como vía de escape al exterior de las murallas. Cuenta con una temperatura constante de 12ºC durante todo el año, de ahí que se utilizaran como almacén de víveres y alimentos en épocas pasadas”. No se olvida pasar por el Castillo de Brihuega, como una de las fortificaciones más complejas de la provincia.”, antes de adentrarse ya por la tarde en Torija. “Visitaremos el Castillo, “de singular arquitectura, presenta una belleza poco frecuente en estas fortalezas militares. El magnífico estado de conservación nos permite conocer a fondo una fortaleza medieval anterior al uso de la artillería y recorrerla por su interior.” Se explica la instancia del Centro de Interpretación Turística de la Provincia de Guadalajara el museo del libro Viaje a la Alcarria, de Cela. En la presentación del circuito la agencia explica que se abrió en 1995 y “pasa por ser probablemente el único museo del mundo dedicado exclusivamente a un libro”.

Pastrana y Budia son la ruta en la siguiente jornada, destacando la fundación de la primera bajo la Orden de Calatrava, en tiempos de la repoblación cristiana de la comarca de la Alcarria. Parada obligada en el Palacio Ducal, famoso por la princesa de Éboli, que “sigue un claro trazado renacentista español… En el interior, se conservan unos maravillosos artesonados diseñados por Alonso de Covarrubias, de estilo plateresco. Asimismo, destacan los zócalos de azulejería toledana de estilo mudéjar, los muebles chinos del siglo XIX decoran la parte baja del edifico y los tapices del artista licero Luis Cienfuegos adornan sus paredes”. Visita ala Colegiata e Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, edificada sobre una antigua iglesia gótica del los siglos XIII-XIV por el primer duque de Pastrana. Y, en Budia se destaca que cuenta con el honor de pertenecer al libro de Cela, en la cual “admiraremos la Iglesia de San Pedro y la Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento, de estilo renacentista. Completa el conjunto urbano la visita a la Picota o rollo en la que sobresalen cuatro cabezas de animales y el Convento de Los Carmelitas, fundado en 1688, en él se guardan las cartas manuscritas de Ana de San Bartolomé y Santa Teresa de Jesús”. 

En otra jornada se apuesta por Atienza, donde las “ruinas de un imponente castillo dominan un casco histórico medieval con gruesas murallas y tortuosas calles con casas blasonadas, iglesias románicas y plazas con soportales. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1962. Visitaremos Iglesia de la Santísima Trinidad-Museo, construida en el siglo XVI. De sus orígenes románicos queda el ábside. En su interior podemos ver un retablo barroco, el Cristo de los Cuatro Clavos del siglo XIV y un Cristo del Perdón…Recorremos el casco histórico y descubrimos las edificaciones y las plazas de Atienza. Varias son las plazas interesantes que ver” , resaltando las de España y la plaza del Trigo, separadas entre sí por el arco de Arrebatacapas o de San Juan. La tarde es para la ‘Ciudad del Doncel’. “Visitar Sigüenza es visitar la historia en cada uno de los pliegues del tiempo. Tras los vestigios de antiguos pobladores: celtíberos, romanos, visigodos y árabes, se impone una Sigüenza medieval. En 1965 fue declarada Conjunto Histórico Artístico, valorándose, no solo sus más de dos mil años de existencia como ciudad, sino también las huellas que esos siglos de historia habían dejado en ella desde el punto de vista del patrimonio arquitectónico: una catedral, un castillo, dos templos románicos, más de una centena de casas medievales, varias casonas y diversos edificios municipales. Y además, una decena de iglesias, ermitas y conventos renacentistas, barrocos y neoclásicos, varios hospitales, un hospicio y una universidad”. Se habla de la Catedral como de “imprescindible” en la visita, así como de lo que se es “un bello ejemplar del cisterciense o primer gótico y en ella merecen especial interés las capillas de los Arces, de San Pedro, de la Anunciación, o de San Marcos, la estatua del Doncel y rosetones góticos de los siglos XII-XVI”. Igualmente, aseguran que “conviene no perderse la parte renacentista y barroca que se imprime en las calles y plazas, que se refleja en palacios y casas, que se percibe en conventos y ermitas”. La Plaza Mayor o el Barrio Humanista, la casa Plateresca o el Palacio Episcopal, el Convento de San Francisco o Nuestra Señora de los Huertos son los puntos más destacados.

El último día es para la capital alcarreña, “lugar de encuentro de culturas, estilos y tiempos; aúna la comodidad de lo funcional y moderno con las raíces históricas que pueblan sus calles y su origen. Visitaremos el Palacio del Infantado, construido por el arquitecto Juan Guas y el tallista Egas Coeman a instancias del II Duque del Infantado hacia 1480. Es una mezcla entre palacio y fortaleza. Está calificado como ‘único en su género’, señalándolo como una peculiar muestra del arte universal. La espectacular fachada está labrada en caliza traída especialmente de Tamajón. Sus puntas de diamante, la galería superior y la puerta principal son sólo un adelanto de las tallas en piedra que caracterizan al edificio y que veremos reproducirse en todo su esplendor en el patio. En el interior, el patio de los Leones se resuelve bajo esquemas góticos, creando un programa en el que la ornamentación domina sobre los valores arquitectónicos y en el que el efecto de conjunto prima sobre la calidad del detalle…”. Se hace hincapié en que el Museo de Guadalajara ocupa la totalidad del edificio y se detalla la decoración de pintura mural del siglo XVI, así como “el linaje que lo ordenó construir: la poderosa familia Mendoza”. Sigue la marcha hacia el Panteón de la Duquesa de Sevillano, “uno de los mejores conjuntos arquitectónicos de finales del siglo XIX, encargado por María Diega Desmaissières y Sevillano, condesa de la Vega del Pozo y duquesa de Sevillano, para rendir honor a sus familiares fallecidos. En el panteón se mezclan estilos, una conjunción perfectamente visible al contrastar el románico-lombardo de sus fachadas, los mosaicos bizantinos de su interior, y la decoración mudéjar de sus capiteles internos. El panteón está cubierto por una cúpula de cerámica vidriada y decorado con bellas ornamentaciones”. La última parada es en el Palacio de la Cotilla, en cuya construcción se habla de la influencia del modelo trazado por Lorenzo Vázquez en 1500. “A finales del siglo XIX, los marqueses de Villamejor dieron a su palacio un toque oriental siguiendo las modas decorativas que imperaban entonces en Europa. Después del paso del tiempo y de la alternancia del gusto, se mantiene impecable la decoración mural en papel de arroz del llamado Salón Chino, su rareza en España le otorga un valor excepcional”.

Es una mirada desde el exterior que nos puede servir para valorar más nuestros vestigios. Y, una curiosidad a la que es difícil resistirse. Se recalca que “a la hora de apuntarse a la excursión, hay que facilitar el nombre como viene en el DNI, no el mote, diminutivo, ni apelativos cariñosos, y el número del mismo, ya que es necesario para contratar el seguro”.

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