Nuevo reto para Nipace: la mesa Myro, para trabajar la psicomotricidad fina

Por Eva Grueso

Nipace, una desgracia necesitarte, pero una suerte tenerte. Siempre he pensado en el valor de las fundaciones de cara a la sociedad, pero no fue hasta que puse un pie por primera vez dentro de Nipace, cuando aún estaba ubicada en la calle Clavel, que me di cuenta de lo necesarias que son. Ver a un niño con parálisis cerebral por primera vez impacta, pero hablar con su fisioterapeuta y conocer todo el trabajo y esfuerzo que ese pequeño realiza por conseguir el máximo de autonomía posible, pone los pelos de punta. Porque está muy bien aportar dinero para ciertas causas, pero está mejor conocer la causa, el motor al que ese dinero va a parar, sin más intermediarios. Un bizum (02483), una donación, una subvención van directos al día a día de Nipace. Fundación, además, que destaca por no dejar de investigar y averiguar nuevas formas de trabajo para ayudar más aún a los niños con parálisis cerebral.

Esta es la mesa interactiva Myro que Nipace quiere conseguir. R.R.

Y para este 2022 ya tienen un nuevo objetivo marcado en el horizonte: crear una sala multisensorial. Aprovechando la ampliación del despacho de disfagia y alimentación que abrieron el año pasado, van a crear en la sala de encima un nuevo espacio cuyo principal objetivo es mejorar la motricidad fina de los niños con parálisis cerebral. Lo primero es comprar una mesa que cuesta unos 26.000 euros. Imagínense lo que puede hacer una mesa de ese precio: maravillas. Gracias a las diversas utilidades de las que dispone, un niño con parálisis cerebral podría conseguir, por ejemplo, coger él solo su taza del desayuno. Y eso es un gran logro que con terapia y esfuerzo se puede conseguir gracias a la mesa Myro.

Ramón Rebollo, el presidente de Nipace, habla de ella con la misma ilusión con la que habla siempre de cada nuevo objetivo que se marca la Fundación. «Nuestro equipo no deja de buscar la mayor productividad posible», señala haciendo alusión a que el trabajo de los terapeutas de Nipace no se queda dentro, sino que siempre indagan hasta dar con aquello que demandan las familias. «La sala multisensorial ofrece muchos sistemas de trabajo y va a ser un gran beneficio en el día a día de esos niños; es algo que llevan demandando tiempo las familias porque ayuda en la psicomotricidad fina, que siempre se queda en un segundo plano porque lo fundamental es la rehabilitación de los niños», detalla Rebollo.

Myro es una mesa interactiva, que puede estar colocada en posición horizontal o vertical, según necesidades, y que permite trabajar la destreza del paciente de tal forma que sus músculos se desarrollen y «aprendan» a moverse de forma coordinada y específica. El objetivo fundamental es trabajar las extremidades superiores aportándoles movimiento de forma muy definida en cada movimiento, aprovechando también el estímulo que todo cerebro necesita para reaccionar bien a una terapia. Para ello, contarán con un terapeuta ocupacional que se dedicará a conseguir que estos niños realicen pequeños movimientos por sí solos.

En unos meses, Nipace añadirá un eslabón más en esta cadena, de la que todos formamos parte. Y para eso siguen necesitando la solidaridad de todos, desde las instituciones, de las que el propio Rebollo reconoce su ayuda constante, hasta cualquier vecino. «Los padres aportamos una cantidad por el tratamiento de los niños, pero no es suficiente, ni de lejos, para pagar los gastos del día a día de Nipace», recuerda Rebollo apelando a mantener esa solidaridad de la que Guadalajara siempre ha hecho gala.

Son muchos quienes ayudan de forma desinteresada a Nipace. Bien conocidas son las rutas moteras, este sábado se celebró una en Sacedón y los Ángeles Moteros harán rugir sus motos el próximo 24 de septiembre desde la Concordia para hacer un recorrido por la provincia que lleve el nombre de Nipace por cada pueblo. Además, hace un año apareció en sus vidas Nacho Redondo quien de la mano de Paula Taberné se puso en contacto con Ramón Rebollo para contarle su propuesta: brazadas por Nipace. Aquella carrera de fondo y a oscuras en las aguas de la piscina Fuente de la Niña, fue todo un éxito, y tan solo seis meses después, Nacho y Paula ya están listos para sus «Zancadas por Nipace»: una carrera desde Molina de Aragón hasta Trillo que comenzará este viernes y acabará el sábado. Sin descanso. Todo por dar visibilidad al enorme trabajo que realizan desde la Fundación. Ahora que la pandemia parece que da tregua, se podrán llevar a cabo eventos realmente importantes para recaudar fondos como es el vermú solidario de Ferias, en el que podían recaudar en dos días hasta 25.000 euros.

De cara al futuro, la Fundación Nipace quiere seguir creciendo, siempre tienen una lista de espera de más de 30 familias a las que les gustaría dar cita, pero aunque crearon la nueva sede de la calle Francisco Aritio con el objetivo de quedarse allí de por vida, parece que se les queda ya pequeño. Y es que cada vez son más las familias europeas y también sudamericanas que contactan con ellos buscando un hueco que hoy por hoy no tienen. Quizá si en un futuro no muy lejano Nipace pueda crear una nueva sede, más grande, más completa y con más tecnología, desde los cimientos, para ser, si no lo es ya, un auténtico centro de terapia para niños con parálisis cerebral de referencia internacional.

Zancadas por Nipace

El reto solidario del próximo fin de semana de Nacho Redondo y Paula Taberné bien merece una mención a parte. Se trata de recorrer los más de 100 kilómetros que separan Molina de Aragón de Trillo en modo «non stop». Una alegoría a que las familias con hijos con parálisis cerebral no paran, cada día es una batalla que deben seguir librando, sin interrupción y, además, sin haber estado previamente preparados para lo que se les venía encima. Por lo tanto, el principal objetivo de esta carrera no solo es recaudar fondos para Nipace, sino también visibilizar el esfuerzo que supone vivir con una persona con esta patología. Además, tanto Nacho como Paula son muy conscientes, como todos, del sufrimiento que la guerra en Ucrania está produciendo y de que en aquel país también hay niños con parálisis cerebral, cuyas familias se enfrentan ahora a un largo camino que no saben dónde acabará. De ahí, la necesidad de realizar un esfuerzo por parte de dos personas que no son deportistas profesionales. «No estamos entrenando para correr 100 kilómetros», explica Nacho Redondo, «nosotros salimos a hacer ejercicio de forma individual a diario, pero cada uno por su parte, y un día puedes correr cuatro kilómetros y otro siete. El objetivo es ponerse en la piel de estas familias».

Más de 100km recorrerán Nacho Redondo y Paula Taberné non stop.

Y no sé a ustedes, pero a mí se me ponen la piel de gallina cuando pienso en el extraordinario esfuerzo que van a realizar. Serán algo más de 24 horas sin descansos por caminos marcados por un GPS pero que no conocen y en tramos donde seguramente, no tendrán ni cobertura. Saldrán desde Molina sobre las once de la mañana del viernes y llegarán a Trillo el sábado por la tarde. Allí les esperarán Ramón Rebollo y su gente para agradecer, una vez más, la visibilidad que les dan.

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