Robar naturaleza

Por Gustavo García


Las iniciativas ciudadanas continúan siendo unas de las experiencias más reconfortantes que se pueden observar desde fuera y también desde dentro cuando las protagonizamos nosotros mismos. Nos referimos de nuevo a ese proyecto que ya lleva en marcha unos años en la ciudad de Guadalajara: El Bosque Urbano de Aguas Vivas. Cada día son más los vecinos que se suman a la idea de mantener una zona con especies diferentes de árboles, para lo que, incomprensiblemente, tienen que lidiar con múltiples obstáculos. Sí, es paradójico. En lugar de encontrar el mayor apoyo de todos, los inconvenientes superan a las ayudas externas. Con el Ayuntamiento, al que le facilitan la tarea de contar con una parte tan sana a la orilla de la población, no acaban de centrarse y coordinar esfuerzos. Mientras, que también llegan los gamberros o listillos de turno para llevarse lo que no es suyo, sino de la naturaleza y del esfuerzo de un grupo de entusiastas ciudadanos.

Durante el pasado mes de febrero los robos de árboles fueron, lamentablemente, una constante en esta zona situada junto a la Ciudad de la Raqueta. Los vecinos que comenzaron este bello ejemplo de comportamiento urbano llevan contabilizados este año cinco especies y, al menos, otras tres, las han deteriorado los incívicos. Algo que no es nuevo porque ya en 2020 los cacos se apoderaron de otros cuatro árboles. En el último mes y, tras las correspondientes denuncias, parece que estas lamentables prácticas han ido amainando. En época de guerra pocas cosas nos parecen incongruentes, descerebradas o autodestructivas, pero, atentar contra la naturaleza para no se sabe bien qué tipo de intereses, es cuanto menos deleznable.

Si estas prácticas se emplean para apropiarse de un árbol y plantarlo luego en tu jardín, pues ¡vaya gracia! y que le aproveche al aprovechado listillo. Y, si quien ejecuta tan ‘generosa’ práctica lo hace simplemente por pura diversión, pues ¡qué nivel más bajo demuestra!. Ambos hechos son, en todo caso, una falta de respeto a los 28 vecinos implicados en el proyecto, que con tanto esfuerzo lleva un tiempo trabajando para que exista un pulmón de aire limpio en la ciudad con una gran diversidad en la vegetación. En la actualidad hay plantados en torno a 250 árboles y, “lo cierto es que se han llevado los más llamativos: Fresnos, arces, álamos blancos, tejos, piceas, pinsapo, castaño y roble”, comentan con frustración algunos de estos altruistas ciudadanos.

Y, no queda ahí la sucesión de hechos poco éticos y casi inexplicables porque a esto hay que sumar que hace un par de años “el técnico de Jardinería del Ayuntamiento arrancó de cuajo 29 árboles de los primeros plantados en las praderas, después de habernos autorizado, que justificaron aludiendo que era para facilitar el trabajo de la máquina cortacésped. “No sabemos si parará o seguirá”. De hecho, no son los únicos daños producidos (en este caso, por los no identificados incívicos), sino que también han arrancado varias protecciones de las plantas que los vecinos han tenido que poner de nuevo. Con lo cual, las dudas continúan, pues “no sabemos qué pasará. Sin las protecciones, se las comen directamente los conejos”. Al menos estos lo que buscan es su comida y la supervivencia; no lo hacen a sabiendas de que dañan a ajenos.
Paradójico es igualmente que si la colaboración del Consistorio capitalino debiera ser algo fuera de toda duda para mantener un bosque urbano que en otras ciudades es exclusivamente competencia y responsabilidad municipal, en este caso, muchas veces parece que la Administración local –o alguno de sus miembros– no favorece en nada el apoyo a los vecinos que se vienen involucrando desinteresadamente en el proyecto. Más bien, al contrario. Las actuaciones a veces parecen que llevan otros derroteros, como indican los promotores: “El Ayuntamiento sigue haciendo promesas de colocar más bocas de riego y no sólo dos, con las llevamos todo el tiempo, que es claramente insuficiente para mantener toda la zona, que no cumple sistemáticamente”. El riego por goteo es preciso para poder abarcar todo el terreno plantado y dicen que se les prometió hace año y medio, pero no llega. “Seguimos esperando”, apuntan con tristeza en ‘Aguas Vivas’.

Precisamente, los problemas más graves suponen los constantes roces y falta de acuerdo con algún técnico municipal en la materia. Las objeciones a cómo trabajan los vecinos suelen ser habituales, tal y como denuncian, y no pueden ampliar la zona de plantación, cuando consideran que “queda mucho espacio de secano en esta zona y el Ayuntamiento no quiere cambiar nada. Además, está el barranco, donde habría cabida para al menos 2.500 árboles, pero si no nos ponen agua, nada podemos hacer. Nos limitan a lo que hay hecho y ya está”. Por eso, piden una mayor sensibilidad y apoyo: “A algunos no les parece bien lo que estamos haciendo. No quieren que sigamos avanzando y nada de lo que hacemos les convence, pero tampoco hacen nada ellos. No dan pautas para saber qué es lo que quieren”.

Por desgracia, el proyecto y la ilusión inicial de estos incansables aventureros se están viendo mermados últimamente. No en vano, “este año todavía no hemos quedado el grupo de vecinos porque si no nos dejan hacer más de lo que hay, sólo nos queda la posibilidad de reemplazar los árboles que se han llevado o roto y cambiar algunos de los pocos que se han secado. Es una pena ya que si también acaban secándose, de nada hubiera servido todo el esfuerzo realizado”.

Cabe esperar de la sensibilidad, la colaboración y el trabajo de unos y de otros. No hay otro camino que el entendimiento, dejando a un lado las diferencias que vayan surgiendo y comprendiendo unos la tarea de los otros con el respeto que merecen mutuamente. En juego está la supervivencia de una zona verde que nació con un espíritu ciudadano encomiable, que fue apoyada en principio desde el Ayuntamiento y que es un bien de futuro innegable para la ciudad. El agradecimiento a esta tarea ya lo tienen todos. Ahora falta que se sigan sumando personas en apoyo a labores como ésta u otras que se puedan ir desarrollando por esta Guadalajara tan peculiar, o quizás no tanto.



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