De feria en feria

Por Sonsoles Fernández Day

El Ayuntamiento de Guadalajara ha programado para los próximos fines de semana de abril y mayo un ciclo de ferias temáticas que se celebrarán en el Parque de la Concordia y que, según dicen, van a ayudar a convertir en un ‘hervidero de propuestas culturales y de ocio’ las calles de nuestra ciudad. El programa se llama ‘Guadalajara, de feria’ y empezaba el pasado 3 de abril con la Feria de la Economía Circular, del Trueque y la Segunda Mano. Distintas asociaciones de Guadalajara dedicadas al reciclaje y a los objetos de segunda mano ocupaban las casetas de madera de la Concordia. Más que hervir hacía un frío que pelaba y también sabemos que, más que circular la economía, merodearon los curiosos.

Hace años que compramos y vendemos online y lo hacemos generalmente, seamos realistas, por deshacernos de algo o por ahorrarnos un dinero más que por la ecología, pero el Ayuntamiento quiere dar ejemplo y lecciones de eso que ahora llaman sostenibilidad. Describía el alcalde Alberto Rojo el evento como ‘una apuesta de este Gobierno municipal por informar y concienciar a nuestros vecinos y vecinas de la importancia del reciclaje, la reutilización y la reducción de residuos para garantizar un mundo mejor a las generaciones venideras’. La idea es buena, gran frase señor Rojo, aunque podía haberse ahorrado palabras, pero hay que reconocer que el objetivo es excesivamente ambicioso para unas horas de un domingo en un parque.

Ahí queda la muestra por el bien del planeta. Desde que el Ayuntamiento de Guadalajara se llevó el ‘Premio Atila’ otorgado por el grupo Ecologistas en Acción por la peor conducta medioambiental del 2021 parece haberse empeñado en dar una imagen renovada y, hace unas semanas, presentaban una serie de ‘políticas municipales sostenibles’ que más o menos van a dejar Guadalajara irreconocible. ‘Guadalajara sostenible’ es un plan que según el alcalde Alberto Rojo, ‘va a devolver al entorno natural todo lo que se le ha quitado’. No especifica quién o qué se le quitó, pero las medidas primeras serán plantar 200 árboles, sustituir la flota de coches de la Policía Local por coches eléctricos y crear una zona de bajas emisiones en el casco histórico. Esto suena a hacer todo el centro peatonal, pero queda más fino y sostenible dicho de esa manera.

Por si no se habían enterado, el Ministerio de Transportes del Gobierno de España ha concedido una subvención de cuatro millones de euros al Ayuntamiento de Guadalajara para convertir el casco histórico de la ciudad en zona de bajas emisiones. Empezarán las obras para septiembre u octubre y además se va a preparar un parking en el área entre el cementerio y el IES Brianda de Mendoza que el alcalde ha llamado ‘un gran aparcamiento disuasorio’. Entre ustedes y yo, lo que parece es que llegar al centro en coche se va a poner complicado. Y aparcar junto al cementerio es aún más disuasorio. Por la distancia, me refiero. Podemos hacer un chiste con el precio de la gasolina, y agradecer al consistorio el favor que nos hacen dejando el coche quieto. O también podemos recordar que la feria del Deporte en la Concordia se celebra el fin de semana del 22 al 24 de abril, por si se quieren equipar para las caminatas que les esperan. Precio normal, ya no es segunda mano ni ecológico. Bici de momento no compren, nada se dice del carril bici, aunque está en el proyecto sostenible de esa Guadalajara que no vamos a reconocer en unos meses.

Ojalá no fuera así, pero volviendo al realismo y dejando de lado las frases grandilocuentes, el centro de Guadalajara, porque casco histórico es una definición que le queda grande, está medio muerto, plagado de locales vacíos o abandonados, salpicado de solares que no se ocupan y rematado por un andamio que lleva ahí dieciocho años. Claro que necesita una inversión de cuatro millones de euros, probablemente muchos más, pero la sostenibilidad no es su mayor problema, a no ser que la suciedad y el abandono se consideren como un ataque al ecosistema. Necesita que se abran negocios permanentes no ferias pasajeras.

Es posible que estén pensando en un centro peatonal para poder instalar ahí las Ferias de septiembre, ya conocemos el empeño de la concejala de Festejos en meterlo todo en el centro de la ciudad, pero para este año ya van tarde. Habría que cuestionar la sostenibilidad y el grado de emisiones de unas ferias con sus cacharritos, sus puestos de comida y sus verbenas en cada rincón. Me van a disculpar, pero Atila sigue asomando, por más de verde que se quieran vestir.

Mientras tanto, a seguir gastando dinero. El dinero de los vecinos y las vecinas.

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