Un lugar para la memoria entre chaparras (I)

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Por Gloria Magro.

La memoria es caprichosa, veleta a veces. Sobre todo cuando de enterrar esos recuerdos depende la misma supervivencia. Dicen los investigadores que buscan fosas comunes de la Guerra Civil que siempre se niega su existencia hasta que aparece el primer cuerpo. Es entonces cuando se despiertan los recuerdos y a borbotones, no dejan de fluir, imparables. En Jadraque ha sucedido esto mismo sin que medien de momento apenas unas latas y unas estructuras enterradas entre chaparras impenetrables hace más de ochenta y cinco años. A una semana del inicio de las excavaciones que los arqueólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas llevan a cabo en lo que se tiene constancia fue un campamento del Ejército Nacional y un campo de concentración de prisioneros republicanos a partir de 1937, en pleno monte, los recuerdos ya han empezado a aflorar.

Más de doscientas personas, entre vecinos de los pueblos de alrededor –Jadraque, Villanueva de Argecilla, Las Casas, Miralrío, Bujalaro, Pinilla…- e interesados en el llamado turismo de trincheras, acudieron el pasado fin de semana a la jornada de puertas abiertas que el grupo de arqueólogos liderado por Alfredo González Ruibal y el Ayuntamiento de Jadraque organizaron en el paraje de la llamada Casa del Guarda, en pleno Monte de El Chaparral, sobre la alcarria. Se trataba de una visita guiada a los barracones de la Guerra Civil que aún permanecen en pie, visibles y a la excavación que en apenas unos días ha sacado a la luz los alojamientos precarios y prácticamente subterráneos de los prisioneros que construyeron aquel recinto.

Los investigadores del CSIC tienen documentado que acabada la guerra, cerca de cinco mil soldados republicanos pasaron por aquel lugar, habilitado en abril de 1939 como improvisado campo de concentración, aunque se tiene constancia de que ya había soldados trabajando como forzados desde 1937. Las pruebas físicas encontradas estos días así lo corroboran. Y la memoria de muchas de las personas que se acercaron a hablar con los responsables de los trabajos tanto por la mañana a pie de campo, como tras la conferencia de por la tarde en el Casino de Jadraque, también. En desvanes por toda la comarca se atesoran diarios, cartas de la época, cachivaches… Y recuerdos, muchos recuerdos que hasta ahora permanecían ocultos, enterrados en la memoria al igual que las estructuras que ha dejado al descubierto el equipo del CSIC.

A la cita acudieron vecinos de los pueblos de alrededor con mucha información que compartir pero a los que hasta ahora nadie preguntó nunca nada. Y también aquellos interesados en informar de que la abuela centenaria puede y quiere hablar, al fin, en 2022. Los arqueólogos atienden, escuchan y prometen visitar a esa abuela antes de que sea demasiado tarde.

El Monte del Chaparral pertenece al término municipal de Jadraque, pero geográficamente se encuentra mucho más arriba, en plena alcarria, pasado Villanueva de Argecilla. Tal vez sea debido a la distancia, a lo recóndito del paraje hasta que recientemente se mejoraron los caminos, pero lo cierto es que nadie recordaba la existencia de ese lugar, más allá de datar las estructuras de los barracones como pertenecientes a la Guerra Civil. Tampoco se recuerda el paso de prisioneros de guerra, y de hecho solo queda constancia y memoria gráfica de los requetés acantonados y de la pequeña Virgen que dejaron en el altar de la iglesia de Villanueva.

Ocultas entre la vegetación, las estructuras que los arqueólogos ven con avezados ojos de experto, están envueltas en una nebulosa histórica. Una vez perdida la memoria de lo sucedido allí entre 1937 y el inicio de los años 1940, un manto de silencio cayó sobre esos parajes. En los años 1980 los nuevos caminos de concentración hicieron visibles los barracones del Ejército pero el recuerdo de todo aquello parecía haberse desvanecido y el lugar apenas era transitado por cazadores y pastores, cuando no por curiosos que se preguntaban de donde procedían esos edificios dispersos e inconexos para los profanos. Y también las latas y objetos que se encontraban fácilmente, a simple vista entre las piedras calizas del suelo.

Y sin embargo, en las noches de invierno, al calor de la fragua del herrero de Jadraque, los recuerdos afloraban. Muchas de esas historias se empiezan a contar estos días. Durante muchos años, acabada la guerra, el monte escupió toneladas de chatarra, latas que bajaban en mulas hasta Jadraque, dentro de serones, que las familias vendían o aprovechaban en un momento de necesidad absoluta. Los investigadores no se aventuran a perimetrar el terreno que abarcó en su día el campamento militar porque los cientos de metros de vallas metálicas que lo rodeaban hace décadas que fueron aprovechados hasta no dejar rastro. La miseria de la posguerra arrambló minuciosamente con todo lo que el ejército franquista no dejó enterrado tras su marcha.

Las primeras investigaciones sobre el terreno datan de 2018, realizadas por la Asociación Histórica Frente de Guadalajara, una organización sin ánimo de lucro que busca rescatar y poner en valor los lugares asociados a la Guerra Civil en la provincia. Los documentos encontrados por Alfonso López Beltrán y Julián Dueñas Méndez en el Archivo General Militar de Ávila y en el Instituto Geográfico Nacional permitieron ubicar la existencia de un puesto de mando, una central de transmisiones y un campo de concentración del que se tenía constancia de su existencia pero no de su ubicación.

Finalizada la Guerra Civil, más de un millón de soldados republicanos desmovilizados no volvieron a su casa, «porque no estalló la paz -como reza el conocido título del libro de José María Gironella- sino la represión», en palabras del arqueólogo del CSIC Xurxo Ayllán. El nuevo régimen decidió concentrar a los soldados como prisioneros en recintos improvisados por todo el territorio nacional al objeto de clasificarlos y depurarlos. Los soldados fueron ubicados temporalmente en conventos, fábricas, en todo tipo de recintos. Y según figura en la documentación de la Dirección General de Campos de Concentración, en el Monte del Chaparral, en un paraje cercano al conocido como La Casa del Guarda.

Los documentos precisan que allí fueron a parar durante al menos dos meses un total de 4.338 prisioneros, a un lugar que no contaba con estructuras para alojarlos. Allí permanecieron al aire libre en aquel frío y según los registros meteorológicos, lluvioso abril de 1939; al menos durante tres largas semanas. «El lunes cuando empezamos a excavar, estábamos a -5º», explican los investigadores para dar contexto a la situación. Sobre un afloramiento rocoso, los arqueólogos han sacado a la luz las zanjas excavadas por los prisioneros que construyeron el campamento militar en 1937 para dar cobijo a los 700 primeros trabajadores. Con una superficie estimada de 11 por 22 metros, cada una daba cabida a unas 25 personas, que dormían tumbadas unas junto a otras como si de sardinas en una lata se tratara, tal vez cubierta por algún tipo de techado efímero que no se conserva.

En 1939, con más de cinco mil personas allí hacinadas, -cinco veces más que en el vecino Jadraque-, las condiciones de vida que describen los arqueólogos eran miserables: un lodazal al raso para unos ex combatientes que ya llevaban a sus espaldas más de tres largos años de guerra y penurias. Se cree que para guarecerse, los cautivos cavaban agujeros en la tierra.

Se conservan relatos de aquellos soldados que hablan de las esperanzas frustradas al finalizar la contienda y de su paso por los campos de concentración, con la incertidumbre del futuro y el hambre del día a día. Una vez clasificados, eran enviados a otros lugares, cuando no víctimas de sacas falangistas y fusilados. Se tiene constancia de que los soldados partieron en tren desde Jadraque hasta Galicia, y se les puede seguir el rastro por cárceles franquistas gallegas. De lo que no se tiene constancia es de sacas en este recinto, tampoco de muertos, aunque hubo de haberlos dadas las condiciones de vida y los largos años que aquellas instalaciones albergaron soldados, de la cercanía del frente.

No es fácil localizar hoy aquellas tumbas y tampoco es prioritario para los investigadores del CSIC, centrados en devolver el recuerdo y la memoria de lo que sucedió en este campo de concentración para que no se pierda irremediablemente. Y también para que Jadraque y la vecina Villanueva puedan beneficiarse tal vez en un futuro de su legado histórico reciente, al igual que están intentando hacer otras localidades cercanas. Al otro lado del valle del Badiel, en Gajanejos, comienza su andadura un proyecto para que los lugares de la Batalla de Guadalajara se recuperen y repercutan económicamente en la comarca.

La próxima semana más información sobre este campo de concentración en El Hexágono de Guadalajara.

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