La dinamización que nunca llega

Por Sonsoles Fernández Day

Dinamización es la palabra elegida por los sucesivos gobiernos de la ciudad de Guadalajara para los también sucesivos prometedores proyectos con los que el centro, el casco antiguo o el casco histórico, cada uno lo define a su gusto, resplandecería como se merece.  Y como los planes son a largo plazo, van pasando los años, cambian los responsables y el ‘centrocasco’ se va haciendo más viejo, se siguen cerrando comercios y caen más edificios. La tarea de dinamizarlo resulta cada vez más complicada y las promesas de resucitación y esplendor, pura fantasía.

En el 2015, el Ayuntamiento de Guadalajara gobernado por el Partido Popular proponía una Estrategia Integral para la Dinamización del Casco Antiguo, que consistía en una serie de medidas con la intención de, dijeron, ‘revitalizar y reciclar’ esta zona. En el texto ya reconocían que ‘la degradación física del Casco Histórico es alarmante’. Entre otros motivos destacaban que, debido al envejecimiento de la población y su incapacidad de afrontar las reparaciones de las viviendas, los dueños prefieren declararlas en ruina y provocar su demolición. También que, al ser un área principalmente de oficinas y debido al auge de los centros comerciales y las grandes superficies, el centro deja de ser una zona de compras y las tiendas van desapareciendo.

Esa es la triste realidad y es el mal que siete años después, lejos de haber mejorado, es aún mayor. El proyecto planteaba medidas para hacer frente al deterioro del centro de Guadalajara, como incentivar la edificación en los solares y la ocupación de locales vacíos. Ofrece beneficios fiscales para construir y rehabilitar edificios en el casco antiguo, así como ayudas a los comerciantes que quieran abrir un negocio. Se dice que crearán un registro municipal de solares sin edificar, así como un catálogo de locales vacíos, información que puede ser útil para aquellos interesados en invertir en ellos. También proponía la posibilidad de reconvertir los solares en zonas verdes o de ocio.

Los que en esos años criticaban las acciones o la falta de soluciones del Ayuntamiento son los que están ahora al mando. El Gobierno del PSOE es el que tiene en sus manos la posibilidad, incluso el deber, de devolver la vida al Casco Histórico, que es como a ellos les gusta llamarlo, y para el que hasta crearon una concejalía.

En noviembre de 2020, el alcalde Alberto Rojo anunciaba que presentarían un ‘ambicioso proyecto’ para remodelar el Casco Histórico de la ciudad. Eso sí, con ‘horizonte a más de un mandato’. Cambios urbanísticos, medidas fiscales, obras y ‘programas de dinamización‘ para conseguir ‘cambios notables en todo el Casco’.

En febrero de 2021, el concejal de Urbanismo, Rafael Pérez Borda aseguraba que el Ayuntamiento de Guadalajara daba ‘un paso más en la estrategia de dinamización del casco histórico’ por la creación de un mapa web de solares del casco histórico sin edificar. Este mapa, según el concejal ‘es un gran ejercicio de transparencia’ que ‘ahorrará tiempo y tramitación burocrática a los posibles inversores’.

En abril de 2021 la concejala delegada del Casco Histórico, Sara Simón, daba otra pista sobre el ‘ambicioso’ plan que el equipo de Gobierno tiene preparado para el centro de Guadalajara. Convertir esta zona de la ciudad en ‘una isla medioambiental’. Simón avisaba de que es un plan de ‘miras largas’ para varias legislaturas.

Sí que es un proyecto de miras largas y lejanas, porque estamos en abril de 2022 y de momento, lo único que va a cambiar la imagen del casco viejo es la retirada, después de 16 años, del andamio del llamado edificio del Maragato. Aunque se mantenía la fachada del edificio por considerarlo de interés cultural, histórico-artístico y arquitectónico, finalmente unos descubrimientos arqueológicos en el sótano, que parecen tener más valor, obligan a derribarla y además, dicen ahora, que presenta un importante deterioro. A nadie le sorprende. El constructor deberá conservar y restaurar el sótano, así como reproducir fielmente la fachada anterior.

Vivimos en un país que necesita dieciséis años para tirar una pared. Manda narices. Será por una excesiva burocracia y la sucesión de gobiernos que todo lo complica. Demuestra poco sentido común o poca inteligencia, según nos juzguen.

A riesgo de convertirme en la pesada oficial que se queja del estado de abandono que presenta el centro de la ciudad, hasta aquí por hoy y seguiré otro jueves. Porque aún queda tema por comentar. Queda la valla verde que rodea los restos de la muralla medieval que encontraron debajo de la casa de los Solano, a ver los años que tenemos eso a la entrada de la Calle Mayor. Queda hablar de las tiendas vacías, de los locales en venta y de los palacios en venta. ¿Por qué nadie quiere invertir en el viejo casco? Y eso que tienen ventajas fiscales…

¿Querrán invertir en una isla medioambiental?

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