Orgullo patrio

Por Gustavo García.

La tranquilidad y el respeto no están reñidos con la ilusión. La afición fue un ejemplo en las calles.

No es habitual entre nosotros, por desgracia, y sí lo contrario. Lo cierto es que casi siempre estamos marcados en Guadalajara por todo lo que tiene que ver con Madrid. Admiramos y veneramos muchas veces las bondades de la capital nacional y nos consideramos, afortunados por estar tan cerca para lo que nos haga falta, pero olvidamos con demasiada frecuencia que somos una capital de provincia con lo que ello supone y tenemos además una gran riqueza en zonas rurales, con patrimonio artístico y natural muy a considerar. Por eso, cuando alguien de nosotros consigue algo importante por su cuenta se nos despega ese poso de inferioridad que generalmente llevamos como lastre. Cuesta, sí. En cambio, sabemos de nuestro potencial y de lo que podemos ser capaces si nos lo proponemos y nos quitamos ese estigma.


En el fútbol lo normal es ir a remolque de los grandes equipos madrileños. Hay más socios del Madrid y del Atlético en Guadalajara que del propio club local. Luego, cuando nos dicen por ahí como ocurría esta pasada Semana Santa en un restaurante andaluz que la gente de aquí les comenta que somos un barrio de Madrid, pues no extraña en absoluto. Preferimos sentirnos en muchos casos cola de león que cabeza de ratón. Y, ¡cuántas vueltas hemos dado a eso de poder habernos colado como hermanos pequeños de Madrid en lugar de ser una más de las cinco provincias castellano-manchegas cuando se estableció el actual sistema de comunidades autónomas! Pero, no es lo único. Bien sabido es que los jóvenes estudian en las universidades madrileñas en masa, realizamos más compras para vestirnos en la vecina gran urbe que en el comercio local, el ocio se busca ahí al lado por su gran oferta y así todo.
Lo del pasado sábado en Tarancón podría marcar un antes y un después a alguno de estos comportamientos que van pasando de generación en generación. Al margen del éxito del Club Deportivo Guadalajara, que está firmando una campaña extraordinaria, parece que en lo social algo puede cambiar desde ahora. Las nuevas generaciones tienen la última palabra y, a juzgar por la gente que se desplazó a la vecina localidad conquense y quienes aguardaban con ansia en la plaza de Bejanque para celebrar a lo grande el ascenso del Depor a Segunda RFEF, se atisban brotes verdes. A ver si no se quedan marchitos antes de cuajar, como ha ocurrido en otros casos conocidos de sobra por todos en otras facetas. El desplazamiento masivo de los seguidores deportivistas a Tarancón para apoyar al equipo de su ciudad va a entrar en la historia de ambos C.D. Guadalajara y la propia capital alcarreña. El que viajen a otra provincia, aunque sea limítrofe, más de un millar de arriacenses con toda la ilusión del mundo, no se había visto nunca por Guadalajara y, según afirman los expertos, es difícil que ocurra, incluso en equipos de Segunda División y hasta de Primera.
Mejor aún que la cantidad fue la calidad. Los aficionados morados dieron ejemplo de educación, deportividad, de apoyo incondicional en todo momento a sus jugadores y de espectáculo, para dejar absortos a los escasos taranconenses que se dieron cita este histórico 23 de abril en el Municipal de la localidad conquense. Fue muy emocionante. De hecho, el aplauso general que los locales brindaron al Deportivo Guadalajara nada más proclamarse campeón de liga del Grupo XVIII de Tercera RFEF al escuchar el pitido final del árbitro que dirigió el encuentro, se intuía que no era sólo por el éxito deportivo a los artífices del logro. Esa ovación iba también dirigida a toda la afición morada, que desde por la mañana llenó de alegría las calles de Tarancón. Dulzainas, tambores, cánticos… Ingredientes que, con respeto por los vecinos de la localidad, no fallaron para animarles. Sólo hay que ver los videos que van llegando de esa jornada en los bares taranconenses y las caras de la gente. La fiesta fue total desde el principio hasta el final.
Porque en el campo los alcarreños del norte sobrepasaron todas las expectativas. Llevaron en volandas a los suyos al triunfo y al consiguiente ascenso de categoría después de seis años en los infiernos de Tercera. Antes, la ciudad ya había sentido el estar en lo más alto y el desconcierto por el traumático descenso administrativo primero, y el deportivo, después por orden sucesivo. Esas dos temporadas en Segunda fueron mágicas. Poco a poco empezábamos a sacar pecho fuera de Guadalajara y el equipo paseaba el nombre de la ciudad y la provincia por muchos de los principales campos españoles. Un equipo en el fútbol profesional farda mucho para su localidad. Da caché. En lo deportivo, enganchó, si bien, no tanto en la masa social. Esa generación ha ido pasando, aunque sigue ahí, pero llegan nuevas ilusiones tras una década perdida, en la que el Club ha estado al borde del abismo y a punto de desaparecer. La sí aparición del argentino Néstor Ruiz como máximo accionista del C.D. Guadalajara y su equipo cambió el rumbo.
Ahora, la afición se siente orgullosa del equipo por los resultados y por el fútbol que realiza. Se respetan los símbolos del Club, como el propio himno. La masa social va creciendo, tras el buen hacer de la Directiva, que trabaja cada día por mejorar el Club; primero, con precios populares para los abonados, y después, con actividades, promociones y novedades adaptadas a cada momento para que la afición crezca. Sin olvidar los grandes proyectos deportivos y de infraestructuras. Sí, es fácil subirse en este momento al caballo ganador. Y, ¿por qué no? Basta ya de esa cantinela de los habituales de siempre que se quejan amargamente de que la gente no apoya al equipo salvo cuando vienen bien dadas. Y, ¿qué? Bueno, los incondicionales tienen mucho más mérito. Eso es indudable. Pero, hay que aprovechar las épocas de bonanza para unir a la causa a más personas.
Lo del sábado fue un ejemplo. ¡Ójala sea el inicio de una costumbre y que el apoyo al Depor se mantenga y se incremente! La primera piedra está puesta. Ilusión hay. Potencial también. Y, jóvenes deseosos de sentir orgullo por su ciudad en todos los aspectos igualmente existen. Es verdad, todavía estamos muy lejos de lo más alto a nivel deportivo. Y, aún siguen los de siempre menospreciando el mérito de esta temporada porque quedan categorías por escalar para estar a la altura de lo que la ciudad y la provincia se merece. Lo que pasa es que se están poniendo los pilares para ser grandes y, no es cuestión de que sean sólo los inversores quienes carguen con toda la responsabilidad. Aficionados, ciudadanos en general, empresas e instituciones también tienen su cuota. Hay que hacer equipo. Es cuestión de todos. Y, de paso, sintámonos con ganas de ser importantes en más aspectos como sociedad, que tenemos motivos para ello. Empecemos por el fútbol.

Guadalajara vivió un día mágico en Tarancón.
Emocionante la toma del estadio por los morados.
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