(Último) compás de espera para el Hospital de Guadalajara

Por Gloria Magro.

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El proyecto de la remodelación del hospital se adjudicó a la UTE Vías y Construcciones SA – Isolux Corsán Corviam SA por 124 millones de euros y comenzó a ejecutarse el 6 de noviembre de 2009. Se puso como plazo de finalización de la obra la primera mitad del año 2013. Hasta el momento de la paralización, según fuentes del PSOE, de los 124 millones de euros del presupuesto de adjudicación se habían certificado actuaciones por valor de 20 millones de euros, quedando pendientes 104 millones hasta 2013, el plazo previsto para el final de las obras.

El nuevo Hospital Universitario de Guadalajara está terminado y listo para empezar a funcionar. Esta semana tendría que haber comenzado lo que en términos técnicos se denomina migración de servicios, el traslado de los recursos hospitalarios desde las antiguas instalaciones a las nuevas, conectadas a través de las actuales Urgencias. Y, sin embargo, todo se encuentra en compás de espera. Para el PP se trata de una demora en lo que denomina con sorna «las obras del Escorial», obviando que fue su Gobierno quien paralizó las obras durante cuatro años. Para los ciudadanos no deja de ser un recordatorio constante y doloroso de las consecuencias que tiene a largo plazo supeditar la gestión autonómica a criterios empresariales por encima de los servicios asistenciales como fin último y válido en sí mismo. El Campus Universitario de Guadalajara, aún en construcción, sería el otro gran ejemplo que aún remite a la infausta legislatura de 2011 cuyas derivadas parecen no terminar nunca.

La fecha estaba fijada en el calendario el pasado 23 de abril y los medios de comunicación daban por hecho y anunciaban que ese fin de semana se había puesto en marcha el esperadísimo traslado de los servicios médicos a las nuevas instalaciones, iniciándose así la cuenta atrás para que el Hospital entrara en funcionamiento paulatinamente, según los últimos plazos establecidos. La Gerencia del Área Integrada de Guadalajara( GAI) se había comprometido a dar cuenta públicamente de un proceso que iba a resultar complejo pero que estaba perfectamente calculado. En su lugar, su gerente, Antonio Sanz Villaverde, se reunía estos días con miembros de la Junta de Personal y de la Junta Técnico Asistencia para comunicarles una adaptación de última hora de este cronograma tan esperado debido a «condicionantes externos».

Al parecer, la crisis de abastecimiento global de determinados materiales habría dilatado los plazos de entrega de los equipos necesarios para hacer las pruebas previas de funcionamiento. A esto habría que sumarle la circunstancia añadida y según parece hasta ahora no prevista, de que los concursos públicos para dotar el nuevo Hospital no estarían aún resueltos, lo que ha supuesto en la práctica una paralización del proceso de adjudicación y que una vez más no se cumplan los plazos.

Sin embargo, desde el reinicio de las obras en mayo de 2016, con el Gobierno de Emiliano García Page, la previsión según el Consejero de Sanidad, Jesús Fernández, era que tras la ejecución de la obra civil se tardarían después «entre 25 y 30 meses para tener el aparataje, calibración y montaje listo para el funcionamiento completo del nuevo complejo hospitalario», y así se hacía público en su momento. El Servicio de Salud de Castilla-La Mancha recepcionó la obra el pasado verano de manos de la UTE constructora, así que la realidad es que los tiempos no se están demorando sobre lo previsto en este apartado, sino más bien acortando. Una vez resuelta la equipación, para la que no se han dado nuevas fechas, quedaría el traslado ahora pospuesto y la posterior demolición de las actuales Urgencias y quirófanos, donde se va a ubicar la conexión entre la parte nueva y la vieja. 

Pese a todo, según la Gerencia de Guadalajara, esto no significa en la práctica la paralización del proceso de apertura, ya que se continúa trabajando en áreas internas como la contratación de personal además de en la limpieza integral de la obra y en lo que se denomina pulimentación, mientras se ultiman los trabajos en el área informática y electrónica.

Aún así, cada demora anunciada, cada paso dilatado hacia la entrada en funcionamiento del nuevo Hospital es percibido por los guadalajareños como una piedra más en el tortuoso camino de renovar unas instalaciones que cumplen ahora cuatro décadas y que son una necesidad imperiosa en una provincia que ha cuadruplicado su población en estos últimos cuarenta años.

Mientras, para el Partido Popular se trataría más bien de retrasos convenientes y con claras motivaciones políticas que acerquen de algún modo la fecha de inauguración de las nuevas instalaciones a las próximas elecciones municipales y autonómicas, a celebrar dentro de un año, en palabras de su portavoz provincial, María Patricio. Los sindicatos, por su parte, ponen el foco en la estabilidad en el empleo sanitario, a la espera de que el traslado sea una realidad. En este sentido, UGT ha pedido que se consolide en forma de plazas estructurales todo el empleo flotante del Hospital, que ellos cifran en 655 profesionales.

A nadie se le escapa que el Hospital de Guadalajara debería de llevar ya una década funcionando y que seguramente en estos últimos dos años la realidad de la pandemia hubiera sido otra en la provincia de haber contado con las prestaciones de unas instalaciones asistenciales de nueva generación, sin carencias de espacio y de camas y con una cartera de servicios ampliada y mayores facilidades para los profesionales y los usuarios no solo en el día a día, sino especialmente en situaciones tan difíciles como las suscitadas por la Covid.

No ha sido así y lo que inició en 2008 el Gobierno socialista como un proyecto de alcance -anunciado por el presidente José María Barreda con una inversión de 130 millones de euros que pronto ascendió a 150 millones y que pretendía dar relevo a unas instalaciones necesarias de ampliación y mejora en el plazo de cuatro años-, fue abruptamente paralizado con la llegada al Gobierno regional del Partido Popular en 2011, cuando más del veinte por ciento de los trabajos ya estaban ejecutados y de hecho la estructura de los edificios se había levantado y era perfectamente visible.

La decisión de la entonces presidenta María Dolores de Cospedal de paralizar sine die las obras en aras de una gestión eficaz de los recursos con los que contaba la región cayó como un verdadero jarro de agua en Guadalajara y fue noticia de alcance nacional. Además del Hospital, también quedó en suspenso la construcción del nuevo Campus Universitario. De este modo, la sanidad y la educación pública sufrieron un recorte radical que contó con el apoyo o al menos con la no oposición pública de los responsables populares en Guadalajara, en un momento en el que gobernaban además el Ayuntamiento y la Diputación Provincial y podían haber defendido los intereses de los guadalajareños desde una posición de fuerza incuestionable. Sin embargo, los cargos populares de Guadalajara optaron por el silencio y el apoyo a su entonces líder regional.

Las causa eximida por Cospedal fue que «hay otro tipo de cuestiones que tienen prioridad, según recogía en aquel momento el diario El País. La presidenta se escudaba en la prioridad de ajustar la deuda de Castilla-La Mancha por encima de la prestación de los servicios asistenciales sanitarios y educativos que tan imprescindibles son en provincias como la de Guadalajara, como bien se vio una vez fueron suprimidos. Durante su legislatura las obras no solo no se retomaron, sino que irónicamente, pese a los recortes, calificados de indiscriminados y radicales, la deuda pública batió un récord en Castilla-La Mancha. Se estima que Cospedal generó más deuda en los tres años y nueve meses que duró su legislatura, que en los 28 años de gobierno socialista anteriores. Y aún así, la ex presidenta popular y ex ministra, sigue defendiendo su gestión al frente del Gobierno regional sin asomo de autocrítica. El actual secretario regional del PP, Vicente Tirado, la sigue considerando un referente y un modelo a seguir en caso de que en las próximas elecciones acceda al Palacio de Fuensalida, si bien es cierto que tanto él como los responsables del PP en Guadalajara, una vez fuera de todas las administraciones, se desgañitan sobre el papel en defensa de la sanidad pública regional.

El nuevo Hospital de Guadalajara, «el capricho innecesario del Gobierno socialista del presidente Barreda», según la entonces oposición popular –en palabras del secretario provincial del PSOE en Guadalajara, Pablo Bellido– pasará de tener 50.000 a 125.000 m2., y de 400 camas convencionales de hospitalización a 770, así como al doble de capacidad de la UCI. Se espera que se doble o incluso triplique el espacio para la reanimación postquirúrgica o la zona de diálisis, entre otras muchas mejoras. En palabras del gerente de la GAI, las nuevas instalaciones también permitirán aumentar la capacidad docente en “un hospital universitario al que cada año se incorporan casi 70 nuevos residentes” y donde también se forman alumnos de Medicina, Enfermería y otras enseñanza».

Comparativamente y para poner en perspectiva lo que va a suponer el nuevo complejo en la provincia (258.000 hab.), a poco mas de media hora de Guadalajara se encuentra el Hospital Infanta Leonor, “uno de los principales hospitales de Madrid, con una superficie de aproximada de 85.000 m2 y más de 200 camas, brindando servicios a una población de más de 300.000 pacientes”, según se puede leer en su página web. Se trata de un centro de gestión mixta pública y privada, el llamado modelo colaborativo que propugnan las políticas liberales de la Comunidad de Madrid, propiedad desde 2019 de un fondo de inversión holandés que también tiene la participación mayoritaria en el Hospital Puerta de Hierro.

El SESCAM ha anunciado que irá informando puntualmente del traslado de cada una de las unidades en la ampliación, tanto a los representantes de los trabajadores del hospital, como a la ciudadanía a través de las vías oficiales. De momento ya se ha iniciado la formación a los profesionales de urgencias en relación a los nuevos equipos y sistema informático; también ha comenzado la formación en emergencias.

La cuenta atrás para que el nuevo Hospital abra sus puertas ya ha comenzado, sin más posibilidades de dilación. Los plazos de la Ley Electoral son claros y con unas elecciones municipales y autonómicas en el horizonte, el tiempo se acaba. Después darán comienzo las obras de rehabilitación de las antiguas instalaciones, con otros plazos y otros tiempos, pero esa es ya otra historia.

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