La generación muda

Por Gustavo García

Chanel ya está empezando a amortizar su tremendo esfuerzo previo a Eurovisión.

Seguramente que nos ha pasado a todos. Observamos a la gente que no sobrepasa los 30 años y nos detenemos a pensar que cuando usan los móviles, en realidad, ¿cuánto es el porcentaje de llamadas que realizan? La respuesta la acabamos de conocer. Sí, hay un estudio estadounidense que lo corrobora, pero no nos hace falta mirar sus datos. Ya lo sabíamos. Estamos continuamente viendo a los jóvenes actuar con sus teléfonos y es cierto, no los emplean como nosotros. Se comunican mayoritariamente por mensajes, en lugar de llamar, para lo que originariamente fueron diseñados. Incluso, los expertos apuntan ahora que a aquéllos les crea cierta ansiedad en el momento en que, a veces, se ven obligados a utilizarlos para hablar y justo antes de hacer la llamada. Se han acostumbrado a otra manera de interconectar con los demás, que no es ni mejor ni peor, simplemente es un cambio de hábitos.

Esa generación, que según los años de que se trate se vienen denominando Milenians o, bien, Z,  ya tiene también su apodo: “Muda”. Son diferentes costumbres a lo que nosotros hemos llevado a cabo toda la vida, aunque en los últimos tiempos también vamos optando más por esa forma basada en la mensajería, bien escrita, bien como notas de voz, que por hacer las otrora habituales llamadas telefónicas. Mientras la comunicación sea fluida, no habrá mayor problema. Cada una tiene sus características, pero todo el mundo conoce las reglas y las peculiaridades de cada una. Por ejemplo, que no quieres continuar una conversación, pues, con no enviar otro mensaje, se da por zanjado el asunto y se enfría el tema. Ya sabemos que la llamada de teléfono tiene otras connotaciones y tienes al otro lado a alguien con quien interactúas al momento, incluso si se quiere viéndole el rostro. Curiosamente, al analizarlo así nos damos cuenta de que hace unos años esto es lo que hubiésemos estado deseando de disfrutar con los avances tecnológicos. Y no. Ahora, por contra, se tiende a una comunicación más indirecta, que, como vemos, tiene sus ventajas.

Pero, ¿y en el trabajo?¿Cómo se comporta esta nueva generación de jóvenes, que ya empieza a despuntar en diferentes ámbitos? Pues, igual que ocurre en casi todo, depende de la personalidad de cada cual. No en vano, continuando con los ejemplos, acabamos de tener dos casos, que no son comparables, pero que explican muy bien quién es cada uno y por dónde nos movemos ya desde esas edades en que empezamos a tocar el cielo.

Trabajar a tope

Por una parte, la mayoría –yo diría de ciudadanos europeos– quedamos anonadados el pasado sábado con la irrupción de Chanel en Eurovisión. Aunque, ya se veía venir desde que la eligieron en Benidorm –pese a otras polémicas interesadas que surgieron en esos momentos–, estaba claro que iba a despuntar con su puesta en escena. Pero, llegada la hora de la verdad, en el escenario su actuación fue sublime. En voz, coreografía y esa propia puesta en escena arrasó, aunque no se llevara, por otras circunstancias, ni el primer ni el segundo premio. Ya sabemos cómo es esto de los jurados, en general, y los eurovisivos, en particular. España se sintió orgullosa de su representante en el festival, lo que no ocurría con tanta unanimidad desde hace años. Y los datos de audiencia fueron espectaculares; acorde con lo que la artista y su grupo de baile pusieron en el escenario.

Pero, ¿a qué viene todo esto en relación a lo anterior? Pues, a que, ni más menos, al margen de la suerte, de estar en el momento oportuno en el sitio idóneo y otras circunstancias que puedan influir, la verdad es que es preciso reconocer el esfuerzo y el sacrificio que lleva detrás el llegar a deslumbrar a todos de una manera como ésta. Los premios y los reconocimientos no vienen porque sí. No. En medio hay un duro trabajo que, en algunas ocasiones tampoco tiene su recompensa, pero no es lo normal. Lo lógico es siempre que quien siembra, luego recoge sus frutos. El ‘Chanelazo’ –que también tiene ya su propio nombre– es un fenómeno que no va a parar aquí. Se avista un futuro relevante a corto plazo para esta diva, como ya la llaman incluso cantantes famosos de este país. Da gusto. ¡Qué maravilloso es todo cuando las cosas se hacen bien! ¡Increíble, pero cierto!

Mal asesoramiento

Fátima Diame en ‘La Resisitencia’. Foto: Movistar

Por otro lado, si Chanel anda ya por esa madurez que le conceden sus todavía 30 añitos, en Guadalajara hemos vivido casi una semana intensa con la entrevista televisiva que otra joven –en este caso, con 25– concedió a David Broncano en ‘La Resistencia’ de Movistar. Fátima Diame, una valenciana, de origen senegalés, que ya acumula, entre otros, títulos nacionales de triple salto y longitud, además de haber llegado a los pasados Juegos Olímpicos de Tokio, ha revolucionado las redes sociales con sus palabras en el programa. Dejó claro que llevaba pocos meses en Guadalajara, aunque, no por ello, se cortó un pelo y, con la espontaneidad de la edad, dijo que “ no hay nada, sólo personas mayores”.

Seguro que también se esfuerza por lograr marcas en su deporte, el atletismo, y es entendible lo que quiere decir a su edad. Muchos hubiésemos dicho lo mismo hace unos años, incluso ahora, porque ya hemos comentado muchas veces el complejo de ciudad pequeña que tenemos con la capital del país al lado, ahí pegadita. Sin embargo, también hemos comentado que sentimos orgullo, primero por ser una provincia aparte y luego, por contar con una capital de la misma –que no todas las poblaciones de por ahí la tienen, aunque nos sintamos pequeñitos la mayoría de las veces–. Y, en ese punto han saltado las alarmas. Las redes echan humo. Lo más lindo –salvo quienes opinan lo mismo que ella, sin más– que dicen a la joven es que se vaya por donde ha venido o que qué hace en Guadalajara si no le gusta. Para quien no lo sepa, esta ciudad tradicionalmente acoge a atletas de élite, por su tranquilidad, proximidad al aeropuerto de Barajas para irse a los mítines por todo el  mundo y unas buenas instalaciones para practicar un deporte tan exigente. Fruto de las largas instancias de los Sotomayor, Pedroso o Mélliz, por nombrar sólo a tres de los cubanos que han hecho de Guadalajara su segunda casa, hay algunos, como es el caso del plusmarquista mundial de salto de longitud, Iván Pedroso, que fijaron en la capital alcarreña su lugar de residencia y echaron raíces.

Por eso, ahora muchos atletas, sobre todo los de salto, se preparan en esta ciudad con él y con el también exsaltador y campeón cubano, Luis Felipe Mélliz. Su actual faceta de entrenadores encumbra a muchos jóvenes a lo más alto en esta especialidad. Que Guadalajara es demasiado tranquila para una joven de 25 años, seguramente que sí; que tiene pocos atractivos para ella, pues seguramente también. Eso sí, un atleta de élite quizás no deba de estar pensando tanto en la marcha –no la atlética, sino la nocturna– como en la tranquilidad y el sosiego que precisa su deporte. Y, curiosamente, la capital alcarreña esto sí que se lo ofrece. Además, de miel de denominación de origen, conocida en todas partes, o bizcochos borrachos, que se pueden considerar los productos más típicos por estos lares. Fátima no los conocía, según evidenció la entrevista. Como tampoco el embalse de Entrepeñas, al que acabó llamando “lago”, cuando Broncano le intentó echar un cable para quedar bien con los alcarreños. No hacía falta. Con que hubiese dicho que todavía no conocía bien esta tierra, habría quedado de maravilla. Sin embargo, el concejal de Turismo y la propia teniente de alcalde tuvieron que salir públicamente estos días a invitar a la atleta a visitar el patrimonio arquitectónico, cultural o gastronómico de la ciudad y de la provincia. ¡Cuántas campañas de promoción turística se ha cargado en un momento con esas palabras!, pensarían desde el Ayuntamiento de Guadalajara y desde la propia Diputación Provincial. ¡Tanto dinero invertido en ferias, spots y otros menesteres tirados por tierra en un momento! La chica no tiene la culpa en sí. Por eso, los políticos y los personajes públicos están rodeados de asesores y expertos en comunicación. Por eso. Ellos sí que saben. Y, cuando no lo saben se callan. Es decir, mudos también.

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