Biodiversidad urbana: cuidar la naturaleza que nos cuida

Por Angel Vela (*).

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Papamoscas cerrojillo. Foto, http://avesguadalajara.blogspot.com/2012/

Durante el casi olvidado confinamiento de la primavera de 2020 fueron virales las noticias de animales deambulaban tranquilamente por los cascos urbanos de pueblos y ciudades. También eran frecuentes los comentarios sobre la cantidad de aves que se escuchaban cantando cuando salíamos a nuestros cortos desplazamientos a tirar la basura o comprar el pan; todo ello suscitaba muchas preguntas y atrevidas teorías…¿De dónde han salido estos jabalíes, zorros, ciervos e incluso osos que deambulan por rotondas, parques y huertos?¿Tan rápidamente detectan la aves el repliegue humano que enseguida se lanzan a patrullar avenidas y a posarse en las farolas? ¿Están los animales reconquistando la ciudad desde los campos cercanos?

La respuesta es simple: ya estaban allí, mucho más cerca de lo que imaginábamos; no los oíamos ni veíamos porque no se escuchaba ni se observaba detenidamente. Y es que la naturaleza urbana, esos animales y plantas que ocupan los “huecos” que les hemos dejado en nuestros pueblos y ciudades y su entorno inmediato, el hábitat urbano, son tan cotidianos como discretos.

La ciudad de Guadalajara es un buen ejemplo de ello.  A las poblaciones de aves urbanas como cigüeñas, vencejos e incluso halcones que habitaban nuestros tejados, azoteas, campanarios, parques y jardines, se han unido otras muchas. Éstas, cuyo hábitat se ha quedado aislado en “islas de naturaleza” han quedado englobadas dentro del casco urbano en el mosaico de parques periurbanos y solares sin construir. La expansión urbanística de las últimas dos décadas ha dejado dentro de la ciudad arboledas viejas, matorrales esteparios, olivares libres de tratamientos químicos, carrizales y bosques de ribera con una elevada  naturalidad en la mayoría de ellos. Estos espacios han quedado  a su vez incluidos en parques y jardines.

Por todo ello, a la ya de por sí variada comunidad faunística típica de  entornos urbanos, se ha añadido aquella típica de los hábitat naturales y que permanecen más o menos así tras ser engullidos por la expansión de la ciudad. Como ejemplo de dicha diversidad existen en nuestra ciudad sirva este ejemplo: en la Plataforma de Censo Global de Aves eBird, se han citado más de ciento veinte especies que utilizan la ciudad de Guadalajara para su reproducción, la alimentación, la invernada o el paso migratorio. A las cigüeñas, vencejos y golondrinas, conocidas por la mayoría, se unen garzas, cormoranes, ánades, halcones, milanos, aguiluchos, currucas, búhos y perdices entre otras muchas…. Además de mamíferos como varias especies de murciélagos, conejos, corzos, zorros por  no hablar de otro grupos como reptiles, anfibios, invertebrados…

Toda esta esta riqueza natural urbana tiene varias dimensiones: patrimonial, educativa y de servicios ecosistémicos a los ciudadanos, que, como sociedad, estamos obligados a contemplar, conocer y conservar.

En el ámbito del patrimonio histórico-artístico las representaciones de distintos estilos arquitectónicos se inventarían, catalogan, protegen y se ponen en valor. De igual modo el patrimonio natural que supone la diversidad urbana debería tratarse, al igual que en la ordenación y conservación de Espacios Naturales Protegidos, mediante la catalogación de las zonas de nuestra ciudad con mayor interés natural, evaluar su grado de amenaza e integrar en la ordenación y gestión de la ciudad los requerimientos para su correcta conservación, siempre con la premisa del adecuado funcionamiento de la ciudad y de la seguridad y salubridad de sus habitantes. Muchos de estos espacios urbanos de interés natural son evidentes, pero otros no tanto. Se pueden clasificar en distintas categorías en función de su origen: natural, como aquellos enclaves de vegetación autóctona que han quedado dentro del casco urbano integrados en parques urbanos y periurbanos. Por otro lado tendríamos aquellos hábitat de origen artificial: por un lado tendríamos los parques, jardines y como arboledas; por otro edificios que sustentan nidos o colonias de aves escasas, incluso con cierto grado de amenaza.  A continuación vamos a “recorrer” algunos de ellos. 

Las riberas del Henares a su paso por Guadalajara, está, integradas dentro del casco urbano debiendo, de hecho quedar protegidas adecuadamente en la siguiente revisión del Plan de ordenación urbana. El hecho de ser un tramo “urbano” no resta a este bosque de ribera de álamo blanco y sauce un ápice de naturalidad con presencia de grandes ejemplares e interesantes, y valiosa estructura de madurez forestal, con presencia de ejemplares muertos en pie y en el suelo que junto con el resto de vegetación acompañante, aligustres, espinos, saucos y carrizales, son refugio de numerosos especies de aves reproductoras y migratorias. Gavilanes, martinetes, garzas reales, azulones, gallinetas, rascones y un gran número de pajarillos comparten el hábitat con erizos, conejos, incluso alguna nutria… esta representación de casi 4 kilómetros de ecosistema de bosque de ribera se trata de un patrimonio natural de primer orden, especialmente para una capital de provincia de más de ochenta mil habitantes.

La expansión urbanística de las tres últimas décadas absorbió, olivares, barrancos de yesos y arboledas. El mejor ejemplo de ello es el Barranco de las Monjas que transcurre desde la ciudad de la raqueta hasta el río Henares. Este barranco excavado en las margas yesiféreas sobre las que se asienta gran parte de nuestra ciudad, ha quedado englobado en parques urbanos del barrio de aguas vivas.  La zona superior de este barranco la ocupan olivares. Estos, son un un ejemplo, un laboratorio vivo, de cómo se comportan estos ecosistemas si no se trata con productos fitosanitarios y se deja una cubierta de vegetación natural anual o “malas hierbas” que se siegan cada verano: una comunidad de aves de espacios abiertos y conejos difícil de encontrar en otros olivares cultivados de la provincia: cogujadas, collalbas, verderones, verdecillos, jilgueros, entre otros son abundantes durante todo el año.

La cabecera del del barranco, o nacedero está ocupada por una vieja chopera natural de álamos blancos y negros con parches de carrizal. Esta vetusta chopera es refugio de las cuatro especies de pájaros carpinteros que podemos encontrar en la provincia de Guadalajara: el pito real ibérico, pico picapinos, pico menor y torcecuello, además de carboneros, herrerillos, las cuatro especies de gorriones ibéricos: común, molinero, chillón y moruno…una mala gestión de esta chopera podría acabar con los 3.000m2 más diversos de la ciudad. El barranco continúa bajo dos viaductos, donde nidifica la escasa golondrina dáurica, buscando el río Henares en los “puentes de los tubos” que frecuentan corredores, ciclistas y paseantes. Recorremos el barranco desconocedores de que aves de matorral como currucas de varias especies, zarceros, perdices y cogujadas encuentran refugio en los matorrales de retama y salsola. La presencia de conejos y ratones de campo mantiene a raya el arbolado y la densificación del matorral y por tanto el riesgo de incendios, además de ser presa de búhos reales, mochuelos y autillos que vigilan la vida nocturna del barranco.

Los parques de la ciudad, construidos por nuestros conciudadanos hace decenas de años, son también hábitat de numerosas aves como herrerillo, carboneros garrapinos, piquituertos y sus depredadores, los gavilanes que aprovechan las primeras horas del día para alimentarse evitando así nuestra presencia. Pero es el Parque del Zoo donde esta riqueza es mayor; por encima y alrededor de los recintos de con animales de exhibición, viven gran variedad de aves, pero además martines pescadores entran a alimentarse a las charcas, se ha establecido un dormidero de garcillas bueyeras, martinetes y varios nidos de cigüeña blanca. Las podas, tratamientos, siegas y otras actividades típicas de jardinería, pueden afectar gravemente a toda esta diversidad si no se realiza con técnica y en épocas adecuadas.

No podríamos acabar este recorrido por el patrimonio natural de nuestra ciudad sin citar a la importante comunidad de aves que utiliza los edificios de Guadadalajara, especialmente aquellos que por su antigüedad y tipo de construcción, proporcionan un ideal hábitat de nidificación como las iglesias, conventos, el Alcázar…en ellos nidifican y obtienen refugio cigüeñas blancas, aviones comunes, golondrinas, vencejos comunes, lechuzas, grajillas, cernícalos y algún que otro halcón peregrino…todas estas aves a demás del patrimonial que añaden al histórico artístico de los edificios, proporcionan servicios ambientales como el control de la población de palomas y estorninos, ratones e insectos. Cada uno de los cientos de vencejos que vienen desde África ecuatorial a criar a Guadalajara consume entorno a medio kilo de insectos cada temporada…a los servicios ecosistémicos y el patrimonio natural que suponen estas aves, no debemos dejar de lado la responsabilidad que supone su conservación: más de la mitad de la población mundial de vencejos, cría en ciudades como la nuestra con ecosistemas urbanos que, de momento, dejan un especio a la naturaleza.

Me parece, por tanto irrenunciable la tarea de inventariar, clasificar y proteger integrando en la gestión y la normativa municipal la conservación de este patrimonio natural. En esencia se trataría de crear una red de micro reservas urbanas que asegurase la conservación de estas áreas valiosas y por tanto de su diversidad asociada y sus servicios ecosistémicos.

Además, estas zonas deberían ser el escenario de un ambicioso programa de educación ambiental donde nuestros vecinos, grandes y pequeños, valorasen el patrimonio natural de Guadalajara. Asimismo la ciencia ciudadana debería tener un importante protagonismo en el seguimiento y aumento del conocimiento de las mismas. Esta experiencia, de materializarse con éxito, podría generar, no solo la protección del patrimonio natural y sus servicios sino un nuevo nicho de empleo y ocio para una sociedad que necesita disfrutar de  espacios abiertos y saludables que dignifiquen la vida las ciudades, nuestro hábitat.

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(*) Ángel Vela (Guadalajara, 1974) es Ingeniero Forestal e Ingeniero Técnico Agrícola, trabaja en la gestión y planificación de recursos naturales protegidos y especies amenazadas para la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Naturalista aficionado y apasionado de la Ornitología, ha profundizado en la avifauna local, además de ejercer de guía de esta actividad tanto dentro como fuera de España. En la actualidad es director del Parque Natural del Alto Tajo, cargo que con anterioridad ya desempeñó hasta 2011.

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