(Des)amor. La Tribu de los Corazones Rotos

Por Marta P. Mahaux (*)

Según su definición, en la Real Academia de la Lengua Española tiene tres acepciones:
“Desamor
1. m. Falta de amor o amistad.
2. m. Falta del sentimiento y afecto que inspiran por lo general ciertas cosas.
3. m. Enemistad, aborrecimiento.”
Pero, ¿cuántos tipos de desamor hay? 
Yo diría que tantos como personas, pero, vamos a resumir un poco.


La palabra desamor siempre nos evoca amor romántico, ¿verdad? Como si solo hubiese ese amor también. Bueno, no es así, hay amores románticos, claro, pero también fraternos, filiales, platónicos, a animales, a cosas, a ciudades… ¿Qué pasa si mi sentimiento de desamor no es porque mi pareja me dejó si no porque mi mejor amigo ya no me habla? ¿O si es porque mi perro se perdió? ¿O porque he discutido con mi hermano? ¿O porque mis padres nunca me demostraron amor? Como ves, hay muchas situaciones diferentes en las que sentirnos así. Pero, ¿sabes otra cosa? Todos hemos pasado por alguna de ellas y todos hemos salido más o menos victoriosos, más fuertes y más sabios.
¿No me crees? Pues escucha (o lee): la capacidad de aprender de la adversidad y crecer, sacando lo bueno de ella, se llama resiliencia y está dentro de cada uno de nosotros, solo necesitas aprender a usarla.
«¡Qué lista!», estarás pensando, como si fuese así de fácil. No, no lo es, lo sé. Pero, se puede practicar con paciencia y empeño. Verás, un ejemplo tonto:
Cuando eras un crío de unos ocho años discutiste con tu mejor amigo y no os hablasteis durante dos días enteros. ¡Dos días con ocho años es el equivalente a una eternidad! Cuando decidiste acercarte otra vez y, tímidamente y sin mediar palabra, empezaste a jugar con él como si tal cosa, no pasó nada. Él te sonrió y ya está, asunto zanjado. ¿Qué aprendiste? Que estar enfadado con tu mejor amigo y lejos de él es absurdo porque le quieres y te diviertes a su lado, la próxima vez te acercarás antes de que pasen dos días enteros para solucionarlo y disfrutaras de vuestra amistad. 
Si esto nos pasa ya de adultos, lo normal es que hablemos antes de hacer las paces, cuando ya estemos calmados. Y lo hacemos porque, en su día, aprendimos aquella lección, sacamos de aquel desamor lo bueno, nos sirvió para saber manejar mejor nuestros sentimientos.
Ahora estás pensando que «¡hombre, un niño de ocho años discute por la pelota o por el equipo de fútbol que es el mejor. Un adulto discute por otras cosas!» Resulta que es que mi pareja y yo hemos discutido porque me ha engañado.
Bien, es verdad, la vida adulta es mucho más difícil. ¿Puedes aprender algo de esa situación? Seguramente sí. Bueno, seguramente no, seguro que sí. Si decidís romper, habrás aprendido que tu dignidad te importa más que nada. Si decidís continuar, habrás aprendido que, a veces, el acto de amor más grande es el perdón. Pero, también que no volverás a dejarte pisotear de nuevo. Has sufrido, por supuesto, y un montón además. Sin embargo, en lugar de regodearte en lo malo, en la tristeza, en el dolor has decidido crecer, aprovechar y sacar lo bueno de la situación. 
Otro ejemplo no tan tonto:
Mi abuelo de noventa años ha muerto. Estoy muy triste y siento que él ya nunca podrá demostrarme su afecto. En el velatorio está toda la familia: los hijos, los nietos, los amigos de toda la vida, todo el pueblo. Se dan las condolencias y se habla de lo que el abuelo fue, las cosas buenas que hizo, los recuerdos que todos tenemos de él se ponen en común. Unos nos consolamos a otros, cuidamos de la abuela que se ha quedado viuda, pero no sola y sin querer, terminamos sonriendo, incluso felices de estar juntos y de sentirnos amados por los demás. Poco a poco entendemos que el abuelo está en todos nosotros y que ese desamor no es tan grande. Hemos sacado lo bueno de algo tan triste como la muerte. La familia unida, las muestras de cercanía de los amigos y vecinos, el orgullo en los ojos de la abuela al oír a la gente hablar maravillas de su marido. ¿No estamos tristes? Sí, mucho, por supuesto. Pero, hemos conseguido encontrar resiliencia ahí.
Espero que estas pequeñas aportaciones te hagan recapacitar y quieras encontrar la resiliencia que hay en tí. Para ello, te invito a unirte a nuestra Tribu de los Corazones Rotos, porque juntos somos más fuertes.
Los miembros de la Tribu hemos escrito un libro con quince relatos autobiográficos, en los que te hablamos de nuestros desamores y de cómo nosotros los superamos. Un libro honesto, lleno de sentimiento y dolor, pero también de esperanza. La manera en la que ha tomado forma este proyecto es de las cosas más bonitas que nos han pasado nunca. Todo comenzó en un curso literario, donde nos apuntamos muchas personas. Empezaron a surgir ideas de todo tipo sobre diferentes libros colectivos y, una de nosotras creó un grupo de whatsapp y propuso hablar del desamor. De una forma u otra, esa idea nos resonó a todos, y en seguida fuimos uniéndonos y empezando a compartir nuestras vivencias. En muy poco tiempo, este grupo de desconocidos, 14 mujeres y un hombre, que vienen de partes tan distantes como Jerusalén, Londres o Madrid, se hicieron amigos. ¡Qué digo amigos! Se hicieron tribu. Compartir éxitos une, pero compartir el dolor, une mucho más. Nos sentimos arropados y entendidos dentro de nuestra Tribu y creamos lazos muy bellos. Y, después de mucho trabajo, nació nuestro libro.


Nos encantaría que nos acompañases en su presentación el próximo 2 de octubre, a las 18.00 horas, en Café Libertad, de Madrid capital. Allí nos encontrarás a los 15, nos conocerás y sabrás de qué trata cada uno de nuestros capítulos. Podremos tomar un café mientras charlamos del desamor, o de lo que tú quieras.

(*)Marta P. Mahaux. Madrid. 1980. Educadora Infantil, madre de cuatro. Su pasión por la escritura nació muy pronto, aunque aprendió tarde a leer y a escribir por su dislexia. Ha publicado “Des(amor) La Tribu de Los Corazones Rotos”, un proyecto colectivo con la editorial Libros Indie.

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