Duralex, memorias de la fábrica

Por Gloria Magro.

En 1945 una empresa francesa llamada Duralex inventó el proceso de templado del vidrio y desde entonces su nombre se asocia a las míticas vajillas de colores. En Guadalajara, su nombre está también ligado a una época y un contexto determinado. La fábrica de Duralex en Azuqueca de Henares significó para muchos jóvenes recién llegados del pueblo un puesto de trabajo fijo y una estabilidad económica con la que formar una familia. El cierre temporal de las únicas instalaciones donde se seguía fabricando Duralex, a las afueras de Orleans, debido al elevado coste de la energía ha resucitado un sinfín de recuerdos en los miles de guadalajareños que a lo largo de las últimas seis décadas han trabajado en La fábrica, como se la conocía.

Duralex, perteneciente al grupo industrial francés Saint-Gobain, se estableció en Azuqueca de Henares bajo el amparo de Vidriería de Castilla, S.A., VICASA, (constituida en 1959) y fue la única factoría fuera de Francia en tener licencia para producir vidrio templado bajo su marca registrada. La empresa llegó a tener 1500 trabajadores en su momento más álgido. Mencionar Duralex es retroceder en el tiempo. En la España de la Transición no había mesa en la que no se comiera en los famosos platos con el ribete de pétalos de margarita, aquellos platos transparentes prácticamente irrompibles.

Los vasos, abombados y con una línea grabada en relieve, también llevaban el sello de Duralex en la base. La vajilla podía ser verde y lisa, sin ribete, aunque los del comedor del colegio Santa Ana en aquella época eran ámbar. En la factoría de Azuqueca de Henares se producían además recipientes para cocinar en vidrio templado, así como tarros y envases para marcas de cosmética como Avon, otro clásico de la época.

En los años 60 los ojeadores de Vicasa recorrían los pueblos buscando jóvenes con aptitudes. A lo largo de las siguientes décadas, miles de guadalajareños trabajaron en sus instalaciones junto a la entonces N-II. El devenir empresarial de la compañía no es fácil de rastrear. El nombre comercial fue vendido por la matriz francesa, Saint-Gobain, en 1997 a un grupo italiano que a su vez en 2005 de desharía del negocio en favor de un inversor turco. En septiembre de 2020, en plena pandemia, la firma entró en suspensión de pagos, pero Cookware International la compró poco después por 3,5 millones de euros. Ahora, apenas dos años después, y en un momento en el que el vidrio de colores vuelve a estar de moda y las cifras de negocio apuntaban al alza, se ha anunciado su cierre temporal hasta 2023 debido al alto coste de la energía en Francia.

Al margen de decisiones empresariales, la antigua, Vicasa, después, Crivisa y ahora Rocco Bormioli, con sus altas chimeneas siempre humeantes está unida a los inicios del Corredor del Henares y sus grandes fábricas, casi todas ellas ya desaparecidas: Tudor, Colgate, Danone, Paulino Moreno o Lovable, entre otras. Si hay una empresa que puede encarnar de forma lineal los cambios socio económicos en la provincia es ésta. Miles de familias se formaron en torno a puestos de trabajo estables y duraderos, donde lo normal era empezar y acabar la vida laboral, amparados primero por el sindicato vertical, y después por las organizaciones sindicales de clase.

Ligadas a La fábrica discurrieron vidas, acontecimientos políticos e incluso huelgas, en aquellos años en los que todo suceso se veía con el prisma de la factoría y sus circunstancias. La pertenencia a la clase obrera era una realidad diaria que determinaba el mundo que rodeaba a sus trabajadores, donde se distinguía a los empleados -en las oficinas- de los operarios de los talleres. Aquellas vajillas de Duralex primero, de Harmonía muchos años después -vidrio decorado-, eran algo más que sílice fundido a altas temperaturas, eran un modo de vida, una clase social de la que se tenía plena conciencia.

Si hubo un momento de ruptura, al margen de los cambios en la propiedad, ese fue el traslado de la sección de gobeletería -frasquería- a la fábrica de VICASA en La Granja de San Ildefonso, Segovia, a principios de los años 80. Decenas de trabajadores se vieron obligados a macharse y la incertidumbre de aquellos meses en que no se sabía quienes eran los elegidos trastocó la vida de muchas de aquellas familias. También las de quienes se quedaron, al desaparecer los antiguos talleres e iniciarse nuevas líneas de producción. Años después, la incorporación de mujeres a un medio hasta el momento completamente masculino, supuso otra pequeña revolución. Y también la llegada de toda una nueva generación de jóvenes con formación profesional específica, ya en el nuevo siglo, tras la retirada progresiva de los primeros trabajadores.

La vida a turnos, las cooperativas del recién estrenado Polígono de El Balconcillo donde se instalaron las familias que optaron por no vivir en Azuqueca de Henares, las rutas del autobús que hacía paradas por toda la ciudad; aquellas proyecciones navideñas multitudinarias para los hijos de La fábrica en el cine Coliseo Luengo o las generosas becas de estudios para los hijos marcaron una época hoy desaparecida.

Los míticos platos y vasos de vidrio de colores hace muchos años que dejaron de fabricarse en Azuqueca. Hace décadas que las vajillas que salen de allí tienen la firma del grupo italiano Rocco Bormioli y aunque parecidas, no son iguales al viejo Duralex. El complejo se dividió en varias empresas distintas a finales de los años 90. Sólo ISOVER, filial española del grupo francés Saint-Gobain, que ofrece soluciones de aislamiento térmico y acústico y protección contra el fuego, ha permanecido inalterable a lo largo de las últimas cuatro décadas, con su nombre bien visible desde la carretera e importantes innovaciones e inversiones en los últimos años.

En la actualidad, los platos y vasos de colores de Duralex viven una segunda juventud, un revival vintage que les hace omnipresentes en webs de segunda mano como Wallapop, donde aún se pueden encontrar vajillas completas sin estrenar. Pese al cierre, la empresa ha explicado que seguirá comercializando sus productos mientras tenga existencias en almacén. En El Corte Inglés se pueden adquirir aún, aunque con nombres muy franceses que resultan un tanto ajenos.

El modelo Le Pycardie es el plato transparente con ondas de los años 70, aunque ahora también se encuentra en versión vaso. La web de la marca resalta que se trata del «vaso original francés», lo que quiera que eso signifique, y lo describe como «funcional a la par que elegante, además resulta cómodo al tacto. Los vasos templados son adecuados tanto para bebidas frías como calientes y se pueden apilar de forma práctica. Son aptos para microondas, congelador y lavavajillas, así mismo son resistentes a los golpes y las grietas, tienen el peso perfecto».  Las vajillas de colores ahora se llaman Lis, y se fabrican en azul y ámbar. Los míticos vasos de café redondeados con el saliente son el modelo Cigogne, y cuentan una versión mas actual, el vaso Prisma. Los precios, a partir de 1.30€ la unidad.

El proceso de templado es lo que hace que el vidrio Duralex sea tan resistente. El vidrio se calienta a unos 650 °C y se enfría repentinamente mediante una ventilación de aire frío. Este tratamiento crea una tensión controlada que mejora la mayoría de las cualidades físicas del vidrio: resistencia a la tensión mecánica y a las diferencias de temperatura. El vidrio Duralex es al menos 2,5 veces más resistente que los productos de vidrio no templado, según se puede leer en la web de la marca. Soporta un choque térmico mínimo de 130°C. y es el mismo vidrio templado que se utiliza para fabricar lunas que, en caso de impacto o accidente, se rompen en miles de trozos no cortantes. De hecho, la línea de lunas estuvo presente en Azuqueca durante décadas y llegó a contar con tienda propia en el Polígono del Henares.

Solidez, durabilidad, resistencia… son adjetivos que se pueden aplicar a un plato o a una fuente de hornear, pero también a muchos guadalajareños que una vez fueron jóvenes y a partir de los años 60 encontraron en una fábrica de Azuqueca de Henares un presente y un futuro con el que soñar para ellos y para sus hijos. Duralex ha dejado de fabricar sus productos pero muchos de los que fuimos hijos de La fábrica tenemos aún la memoria llena de vidrio intangible, irrompible y a prueba de golpes.

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