No es solo fútbol

Por Mario del Amo

Bufanda al cuello y no en los ojos, con nervios y pasión, solo observando y disfrutando. Así es como se tiene que vivir el fútbol y, claro ejemplo de ello, es este hombre de avanzada edad y aficionado del CD Guadalajara, presente en las gradas en la victoria del equipo morado frente a la SD Ponferradina.

No es solo fútbol. No son solo «un grupo de once hombres dándole golpes a una pelota», tal y como mencionó la diputada Aina Vidal. Es mucho más que eso. El ánimo de los jugadores y el de los aficionados varía, en muchas ocasiones, en función del resultado. Hay personas que sienten la bufanda, la camiseta o cualquier prenda de su equipo. Pasión, identificación con unos valores, símbolos o colores, como queramos llamarlo.

Gente que vive el partido como si ellos mismos sudaran, corretearan por el campo, entraran con autoridad o estuvieran golpeando el cuero. Animan, gritan, se desviven, ahí está el encanto del deporte, lo que provoca en la población. Pan y circo, en la Edad Antigua. Pan y fútbol, en la actualidad. Pero, en muchas ocasiones, la redonda permite que cientos y cientos de futboleros se olviden, en mayor o menor medida, de lo que acontece (de lo bueno y, sobre todo, lo malo), en sus respectivas vidas.

Personas de diferentes edades, ciudadanías, pensamientos y tamaños que se unen por una cosa. El balón. No podría basar mis palabras de mejor forma que en la figura, actitud y pasión de este hombre. Este hombre de avanzada edad que porta la bufanda del CD Guadalajara.

Permanece de pie mientras observa el partido, entona a la perfección y, al unísono, el cántico de «Dépor». Aplaude, nervioso, entrelaza sus manos, arrugadas por el paso del tiempo, se coloca su anillo, se rasca la cabeza, se muerde el labio, grita, salta, da un paso atrás y vuelve a su posición inicial, tenso.

Esta es la esencia del fútbol, el aficionado. Al menos en los clubes humildes. El fútbol es de ellos, que sustentan a sus equipos con la adquisición de artículos, abonos y entradas pero, lo más importante, con su apoyo incondicional.

La relevancia la otorga el partido. Ellos, el contexto y el ambiente. Y, el sábado, era excepcional. El Pedro Escartín se vistió de gala para recibir a la SD Ponferradina. 3.500 espectadores acudieron al estadio y concedieron al equipo la fuerza necesaria para tumbar, vencer y derrotar a un Segunda División.

Una cifra que aumentará, seguro, en la siguiente ronda para que el CD Guadalajara continúe dando pasos de gigante, de gigante morado.

Sin techo, pero con los pies en el suelo

Nadie puede predecir ni adivinar dónde se encuentra el límite del equipo. La llave está bien guardada en los bolsillos de Gonzalo Ónega, el único que puede abrir la puerta para que el gigante morado salga de la oscura habitación en la que ha permanecido estos largos años.

El equipo no tiene techo y esta, la Copa del Rey, es el mejor escenario para demostrarlo. Pero los pies en el suelo, porque ni eran tan malos cuando empataron contra la SD Alcorcón ‘B’ ni son tan buenos ahora, como diría aquel. Tiempo y paciencia, porque equipos más potentes pueden rendirse en el Pedro Escartín ante su gente. Solo observar y disfrutar del espectáculo.

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