Incluseros contra ‘esnobes’

Por Gustavo García

Fichero de hilo de la RAE, el mejor léxico.

Lo siento mucho, pero no puedo con el llamado “lenguaje inclusivo”. Cuando analizamos en profundidad ciertos comportamientos y maneras de expresarnos, sólo por poner un ejemplo, acabamos pensando que ¿dónde demonios está la cordura y la sensatez en este siglo XXI? Resulta que tenemos una Academia de la Lengua, que es Real, y que tiene una función muy concreta. Siempre se la ha respetado, al menos, la inmensa mayoría de los que nos dedicamos de una manera u otra a oficios relacionados con las letras. Sus decisiones sentaban jurisprudencia, como se dice en el argot del Derecho. Sin embargo, de un tiempo a esta parte parece que lo más esnobe –ahora se dice in–, es llevarle la contraria a la RAE. ¡¡Quizás para dejarnos notar, para hacernos más importantes o para qué narices!!

Estas modas sin sentido, ¿a qué vienen?¿de dónde proceden? Lamentablemente, parece que es cierta clase política y sindical la que se ha apropiado de estas acepciones particulares. Claro, que no son los únicos. Y es que, el asunto del esnobismo no es nada que se haya inventado en este siglo tan especial en el que vivimos. Aquí lo importante es destacar, aunque sea haciendo el ridículo. Ya decía aquel que lo principal es que hablen de uno, sea como sea.

Son explicaciones que buscamos a esta manera de hablar ahora de muchos in, como se les puede denominar con lenguaje más actual. Pero, en aquellos tiempos de la universidad, a los periodistas nos enseñaban que era fundamental todo lo que dijésemos hacia nuestros oyentes, lectores o espectadores. La responsabilidad del comunicador es evidente y es el primero que tiene que ser pulcro con el lenguaje para dar ejemplo. Hay que evolucionar, por su puesto. Sin embargo, muchos de los colegas se cuelgan de ese esnobismo que parece que les hace estar a la última cuando usan terminaciones en femenino, en masculino y a veces en neutro, incluso inventando palabras que no existen. Si el género para los plurales es uno y la RAE no lo ha cambiado ni aceptado en ambas acepciones por economía del lenguaje, ¿qué hacemos nosotros ahora metiendo mano donde no debemos? Además, en el caso de los informadores de los medios de comunicación, que ya no hablamos del fenómeno de las redes sociales, siempre nos enseñaron que claridad, concreción y concisión son sinónimos de buenos profesionales.

Ahora nos da por poner masculino y femenino a todo, todas y ‘todes’–ejemplo de engrendro inventado con sarcasmo–. Pero, bueno, ¿qué simpleza es ésta? El tema está debatido, lo que pasa es que cuanto más tiempo pasa y se insiste, más se quiere instrumentalizar y quienes lo emplean lo quieren imponer al resto como algo natural. Pues, no oiga, no. A mí, al menos, no. Mientras la Real Academia Española de la Lengua no lo indique, yo seguiré haciendo caso a los masculinos o femeninos que ella crea oportuno emplear en un correcto castellano. Y, por su puesto, que no es cuestión de machismos o feminismos. Hasta ahora se utiliza el masculino plural para ambos géneros, pero si fuese al contrario, nos adaptaríamos y punto. Lo que no se puede hacer es ampliar y ampliar. Resulta que en todo intentamos economizar letras y palabras, con abreviaturas, en las que las redes sociales son expertas, y en el lado opuesto, lo que hacemos es aumentarlas innecesariamente.

De verdad que nos tenemos que creer que toda esta parafernalia se realiza para que consigamos una igualdad plena entre géneros. ¿De qué estamos hablando? No soy el primero que dice que si la RAE, manteniendo ese criterio de ahorro en el lenguaje, cambia el género para designar los plurales, pues bienvenido sea y lo asumimos, pero todos. No solamente los que en la actualidad son unos cuantos esnobes, que hacen más daño al lenguaje que beneficios por sus supuestas normas de inclusividad.

Haciendo un juego de palabras, esta tendencia al lenguaje inclusivo recuerda más bien a otra que nada tiene que ver con ella: inclusero. Se llamaba así a los niños huérfanos que recalaban en la inclusa. Al ritmo de tontería que vamos puede que todos, todas y ‘todes’ acabemos siendo incluseros del lenguaje que nos pretenden imponer estos esnobes, más que inclusivos de nuestra rica, clara y concisa lengua castellana.

Renovación, sí. Modernización, también. Cambios oportunos, por su puesto. Por contra, muchos no vamos a pasar por el aro de los esnobes del siglo XXI, aunque se tiñan de equitativos, igualitarios, demócratas o inclusivos. Va a ser que no.

Por cierto, la RAE define el esnobismo o el snobismo como “el modo en que una persona se encuentra superior que la otra, o que ignora, o que desprecia a alguien, y arremete a las personas…”. Como dijo ayer un locutor de radio: “No hay más preguntas, señoría”.

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