Desastre a la vista

Por Gustavo García

Ayer se celebraba el Día Mundial del Suelo 2022. En esta ocasión bajo el lema “Los suelos, origen de los alimentos”, que tiene como objetivo concienciar sobre la importancia de la tierra para una producción alimentaria, una nutrición y unas dietas óptimas, a la vez que se reivindica un manejo sostenible que garantice la salud de nuestros suelos. Esta conmemoración se celebra anualmente cada 5 de diciembre desde 2014, año en el que la ONU designó esta fecha a propuesta de la FAO. El día coincidía con el cumpleaños del Rey de Tailandia Bhumibol Adulyadej, un apreciado monarca, que falleciera hace seis años y que fue uno de los grandes promotores de esta idea. Sin embargo, los orígenes de la efemérides se remontan a 2002, debido al impulso de la Unión Internacional de Ciencias del Suelo (IUSS), la cual propuso este evento en el marco de la Alianza Mundial por el Suelo, un foro colaborativo surgido ante la necesidad de compartir experiencias sostenibles para recuperarlo, cuando se creía que éste era un recurso infinito.

Con el paso del tiempo hemos comprobado que nada más lejos de la realidad. De hecho, los datos son claros actualmente:

– El 95 por ciento de nuestros alimentos provienen del suelo.

– De los 18 elementos químicos esenciales para las plantas, 15 proceden del suelo.

– La producción agrícola deberá aumentar un 60 por ciento para satisfacer la demanda mundial de alimentos en 2050.

– Un 33 por ciento de los suelos del planeta están degradados.

– Si los suelos se gestionan de manera sostenible, la producción de alimentos podría aumentar hasta en un 58 por ciento.

Ya, ya. Y, aquí llega la madre del cordero. Pero, ¿qué se está haciendo para proteger la tierra y, más aún, a quienes la cultivan para que produzca alimentos para toda la comunidad? Pues, nada. Más aún, ponerles trabas burocráticas, a poder ser las máximas posibles, y complicarles su tarea con normativas que solo entienden los  que las implantan desde sus cómodas poltronas, sin bajar a pie de campo, que es donde se ve lo que hace falta y lo que no. Y, así nos va. Claro, que luego llega la no menos importante cuestión de la rentabilidad, de la que no nos habíamos olvidado, y que es más decisiva todavía para el devenir de las explotaciones agrícolas y ganaderas. Esas que nos dan de comer. La falta de tacto y de políticas que de verdad apoyen al sector está derivando en un abandono –más constante aún en los últimos años– del campo por quienes se dedican a producir esos alimentos. Y, la ecuación es tan sencilla que no hace falta ni siquiera un planteamiento con sofismas alfanuméricos: Los gastos son acordes con el siglo XXI, pero los ingresos siguen estancados en su mayor parte en los propios de la segunda mitad del XIX, o en su caso, sometidos a fluctuaciones insoportables. ¿Qué hacen los que tienen que velar por cuidar a los productores? Pues, leyes de cara a la galería como la de la Cadena Alimentaria, que son una quimera. Como casi todo lo que tiene que ver con las normas que dictan los de la corbata, nada realistas y, por lo tanto, de nula efectividad.

Las cifras de abandono son lógicas y, a la vez, preocupantes. Así, la organización  Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos, de acuerdo con los datos obtenidos de la Agencia Tributaria, resalta que la mala situación en el sector era ya una realidad fehaciente en 2019. Según esos datos disponibles, relativos al número de declaraciones de IRPF con actividad agraria y su peso en los ingresos totales, se revela que la situación en esa anualidad empeora respecto a los años anteriores. Se reducen en un 3,14 por ciento las declaraciones con actividades agrícolas con respecto a 2018, porcentaje que llega hasta casi al 13 si se compara con 2014 y que por primera vez es inferior al millón (984.610 declaraciones).

Esta evolución negativa es de temer que se mantengan cuando se publiquen los datos de 2020 y 2021 y afecta fundamentalmente a los agricultores profesionales, pues se observa una reducción de las declaraciones con más peso en la renta agraria sobre los ingresos totales, mientras que aumentan las que dependen en menor medida de los ingresos agrarios, en un 25 por ciento o menos. Por comunidades autónomas, Castilla-La Mancha se coloca en tercer lugar de este negativo ranking. Una tierra en la que abundan las explotaciones agrícolas y ganaderas. La renta agraria en general sería solo en torno a un 46,4 por ciento de la renta media de los autónomos de España en 2019.

Mientras, en lugar de intentar dar soluciones lógicas a la grave crisis por la que continúa atravesando el sector, los burócratas de Bruselas y de Madrid se afanan en ‘modernizar’ las explotaciones. La nueva PAC que debe regir las ayudas al campo desde el próximo año, no hay por dónde cogerla. Se trocea en los llamados eco-regímenes para poder acceder a las subvenciones. Se tienen que planificar cultivos y todo es todavía un borrador, que no nada definitivo. Pero, claro, los agricultores han tenido que sembrar ya, el campo no espera a fechas, reuniones o fiestas; cuando llega la época, llega. Y si se pasa, no hay prórroga. Vamos de chapuza en chapuza. Y, si no que se lo digan también a los ganaderos, a quienes se les ‘facilita’ la tarea ahora obligándoles a anotar todos los movimientos diarios de vacas, cabras u ovejas.

Eso viene como consecuencia de algo que tampoco es nuevo, aunque así se está vendiendo por no se sabe quién. Se trata de la implantación del cuaderno digital de explotación agraria (CUE), que ya la acaban de retrasar hasta el 1 de septiembre de 2023, ocho meses después de lo previsto, un tiempo que ganan los agricultores para hacerse con esta tecnología que será de obligado uso y en el que los técnicos están llamados a tener un papel protagonista para ayudarles. Lo que pasa es que, en realidad, es algo que ya existía hace años y, si no, que se lo pregunten a los agricultores que han tenido alguna inspección. Empezó como control para los productos fitosanitarios, pero en el cuaderno se anota a diario toda la tarea que se lleva a cabo en el campo, parcela por parcela, con dosis, semillas empleadas, sus características, fechas, etc. Al respecto, ahora falta concretar una nueva reglamentación, que debe estar aprobada antes de que acabe el año o a principios de 2023.

El sector está que trina. ASAJA, otra de las organizaciones más activas, habla de que “es complicado encontrar una época en la que el campo haya recibido un ataque más continuado. La nueva PAC fomenta, ahora, la discriminación motivada por la brecha digital. Va a excluir de las ayudas a las personas con menores capacidades digitales”, denuncian. Y, lo consideran como “el enésimo golpe al campo. Y es que los criterios establecidos por el Gobierno para asignar las ayuda a los agricultores exigirán amplios conocimientos informáticos y tecnológicos. Y el que no sepa moverse en ese entorno tendrá un serio problema para cobrar o un serio coste por tener que contratar asesores”. Además, la medida se compara con lo ocurrido con los bancos y nuestros mayores: “Mientras se leen diariamente noticias en España y Europa sobre supuestas medidas que deben adoptar las empresas y entidades financieras para no discriminar a los clientes mayores de edad o sin conocimientos informáticos, el Gobierno ha decidido repartir el dinero de la PAC justo de la forma contraria”.

Es evidente también que la brecha digital es más acentuada en el medio rural, donde, muchas veces, no hay ni siquiera acceso a Internet. No en vano, según un estudio del propio Ministerio de Agricultura, el 91 por ciento de los agricultores y ganaderos de España tiene más de 40 años, en concreto, el 53 por ciento van de 40 a 65 años y el 38 por ciento del total sobrepasan los 65.

Y, finalmente, nos encontramos con el conflicto de los usos del suelo fértil. En la provincia de Guadalajara su destino para parques fotovoltaicos se está imponiendo porque los propietarios salen altamente beneficiados con la instalación de placas solares, muy por encima de los destinos agrícolas tradicionales. Sostenible, sí, pero a qué precio humanitario. A este paso comeremos energía en el futuro. Todo es incongruente. ¿Hacia dónde vamos?

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1 comentario en “Desastre a la vista

  1. Buen asunto.
    No parece que seamos muy coherentes en esta provincia en la que el mejor suelo y además de regadío nuestros insignes gobernantes lo han entregado al proceso urbanizador. Que será, supongo que dicen las memorias e informes, por el bienestar de unos hoy. Pero seguro que será una notable contribución al desastre futuro .

    El suelo afecto al Canal del Henares , siendo la misma infraestructura de riego «de interés general», no tiene sentido que se edifique. Y además, ahora de modo intensivo con los proyectos de instalaciones fotovoltaicas que se habrían autorizado.

    Y para terminar, suelo como el de la Ciudad del Transporte está protegido por el PGOU, pero se ve que le importa un bledo a los Alcaldes y a los funcionarios de la Junta de Comunidades. Como dijo el anterior Alcalde de Guadalajara en Pleno, aquello se había cocido en los despachos de Toledo, insinuando una puerta trasera, lo cual no le impidió votar a favor de que se urbanizara el suelo protegido, precisamente por su extraordinaria capacidad productiva.

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