La cultura del tortazo

Por David Sierra

1555324831_782580_1555324969_noticia_normal_recorte1El tendido estaba a rebosar. También todo el pasillo del anillo que rodeaba el coso. La expectación máxima. Chavales, algunos veinteañeros, otros expertos, esperaban apoyados con los brazos cruzados sobre las tablas. En los burladeros sobresalía algún capote. Tampoco hay huecos. Y cuando se aproxima la hora señalada la impaciencia se hace más evidente. Los cohetes, lanzados en trío de uno en uno, entronizan el cielo armando un revuelo. La puerta de toriles se abre con rapidez. Tira el torilero de cerrojos, ese que se asigna el cargo por afición, y con varias palmadas sobre la superficie de chapa, llama la atención de animal que brota desde la oscuridad, emergiendo con los pitones en alto.

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Cosa de dos

Por David Sierra

administracion_electronicaUna vez a la semana. Tan sólo un día entre siete se ven. Como esa pareja de recién enamorados que guardan aún las distancias en el tiempo y el espacio. Podrían ser suficientes. Con otros medios. Con algo de ayuda, aunque fuera ocasional. En los momentos del apretón, como es la preparación para una cita electoral. Ya no digamos dos. O cuando los domingueros invaden las calles aprovechando el bochorno de la época estival. Y se acuerdan de esa parcela que ni saben dónde está. De reclamar el recibo de tal o de Pascual. De exigir, lo que sea para que el pueblo se parezca al máximo a su ciudad. Pero un día a la semana no basta para tanto albardán.

Secretarios y alcaldes de municipios que no llegan al centenar de habitantes luchan en precariedad. Lo hacen sin la compasión de la administración. Con las exigencias de la legislación. Esa que no atiende a las circunstancias para garantizar la igualdad, pese a que en el mundo rural esa sea una utopía general. Les atoran a charlas y cursos sobre la incorporación de la herramienta digital para funcionar en el mundo global. Les invocan para ofrecerles las bondades de ayudas y subvenciones imposibles de alcanzar sin jugarse por instantes su propio bien patrimonial.

Un día a la semana. Y a rezar. Para que sea ese en el que la firma electrónica pueda funcionar. Que no se caiga la red por un temporal. Que los equipos informáticos respondan a pesar de los años. Pues de lo contrario, el expediente de turno irá con retraso. Un retraso que para la administración no cuenta en los plazos. Esos que si se agotan, dejan en ideas lo que pudieron ser arreglos.

Expedientes que se amontonan. Un día en semana se alivian. Pero la pila nunca se acaba. Los boletines oficiales marchan como un reloj. Publican líneas y líneas de ayudas en las que exigen todo tipo de requisitos y documentaciones sin nada que garantizar. ¡Que lo paguen! vienen a decir, que luego verán si la concesión se da. Ponen la miel en los labios ante lo que permitiría una buena gestión municipal. Ordenan proyectos, memorias y todo tipo de documentos técnicos sin reparar en que estos Consistorios no los pueden costear. Desamparados, ceden, abandonan. Otra vez será. El remanente de todo eso, en otras manos con más medios quedará.

Son los pueblos del olvido. Del secretario a turnos que siempre va, pero nunca está. Que reniegan de esas leyes impostoras que piden un proyecto y exigen una licitación para que alguien cambien una bombilla. Son los pueblos donde cualquier concurso público debería llevar el carácter de urgencia para no alterar el día a día. Para equiparar en derechos a sus ciudadanos. Para impedir el vaciado de sus calles y plazas, de sus casas.

Y a pesar de las trabas, de los reveses, de las luchas por ser escuchados, de recibir siempre las mismas promesas incumplidas, sobreviven gracias a ellos. A los dos, cuando interactúan y alzan la voz. Se revelan ante los grandes y protestan mientras ponen toda su dedicación. Consiguen algún éxito, ganan alguna batalla. Rompen las reglas que les relegan a las migajas. Saltan las barreras de las imposiciones, por cuenta y riesgo. Alteran el orden establecido, ponen a caldo al responsable de turno y retuercen sus planes. Y eso, sabe a gloria.

El estigma del San José

Por David Sierra

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Aforo completo en el salón de actos del Centro San José para presenciar la presentación de Alberto Rojo como candidato del PSOE como alcalde de Guadalajara. / Foto: Nueva Alcarria

Cuentan las crónicas, esas que se repiten de un medio de comunicación a otro en el plano de lo local, que el auditorio estaba abarrotado. Que no cabía un alfiler y que la expectación era máxima. Hasta el punto que muchos se quedaron fuera, sin butaca. Cuentan las crónicas de a pie que el Centro San José de Guadalajara recuperaba su entidad como espacio de cobijo de las esperanzas del socialismo alcarreño. Como base de mandos para iniciar la andadura a la reconquista del poder en una ciudad maldecida bajo el paraguas del deporte durante una docena de años. Como sucediera en otras tantas ocasiones –ya demasiadas-, el PSOE se resguardaba de la ciudadanía para presentar a su alcaldable para la capital alcarreña.

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Batalla por la despoblación

Por David Sierra

Aparecen sentados. Alberto se ha despojado del traje que suele acompañarle en sus intervenciones de cara al público en las grandes urbes. Camisa por dentro y chaquetilla de punto con botas camperas le sustituye. Las sillas, similares a las que tenía mi abuela, de respaldo recto y un aspecto recio y consistente se asientan sobre el terreno sembrado cuyos brotes luchan por salir hacia arriba a pesar de la escasez de agua. Ella, María Ángeles, domina el entorno. No en vano, es donde dedica junto a su marido buena parte de su tiempo y que les permite ganarse las habichuelas.

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El penúltimo cartucho de San Andrés

Por David Sierra

Hace unos días, la Diputación Provincial de Guadalajara daba cuenta a través de los medios de comunicación de la finalización de uno de los proyectos con más amplio recorrido en el tiempo y en inversión de esta administración. Se trataba del conocido Plan de Carreteras cuyo periplo en su ejecución ha dado para innumerables debates en las sesiones plenarias de la Institución provincial desde su inicio allá en 2007, cuando la Casa Consistorial estaba presidida por la socialista María Antonia Pérez León.

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Sumisa igualdad

Por David Sierra

Se acerca el 8 de marzo. Una fecha señalada en el calendario. Las calles se tiñen de protesta. De reivindicación. De proclamas en favor de la igualdad. En defensa de los derechos para que sean efectivos sin distinción de géneros. Para reclamar el fin de las discriminaciones, de las violencias en todas sus formas. Para hacer entender a quienes desde las aceras miran y callan incrédulos, anclados en la tradición, porque aún no comprenden el cambio al que de manera ineludible el movimiento feminista conduce a la sociedad.

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Manifestación por el Día de la Mujer. / Fuente: Ser Guadalajara.

 

En la cola del ‘super’ la proporción, a simple vista, refleja que los avances que poco a poco se van sucediendo son lentos. Ellas siguen insistiendo en demostrar que son todoterreno. Y de eso, otros, los otros, se aprovechan. Vuelan con la compra de un lado a otro por los pasillos de la tienda, mientras atienden al pequeño chiquillo encaprichado con unos chocolates de la caja. Con el portafolio del trabajo bajo el brazo. Multiplican esfuerzos y alzan la cabeza altivas. Mujeres del nuevo siglo. Capaces de todo. Convencidas de haber superado el listón sostenido de manera y bajo unas reglas que no preveían su presencia en la línea de salida.

Otras utilizan el teléfono móvil como una prolongación de la oficina, mientras sus ojos desvelan propuestas para la cena. Preguntan con descaro a la dependienta donde está eso o aquello, marcando el territorio a través del establecimiento de esa diferenciación de clase que otorga el poder económico, ese que incide en las mayores desigualdades y cuya lucha para frenarlas ha quedado relegada al ostracismo bajo el temor de la desaceleración. Vestidos y perfumes se enfrentan al uniforme aromatizado de la panificadora. Los planes de igualdad inciden sobre las mujeres que ya están empoderadas y relegan a las débiles a la sumisión social de las rutinas que marcan el día a día. Son soluciones que se alejan de la otra mitad, de su educación, de su involucración, de recibir y decodificar el mensaje correctamente y de dotarle de las herramientas y conocimientos necesarios para eludir la desinformación y evitar caer en el adoctrinamiento que rezuma de las tradiciones.

Aparecen amas de casa que extrañan a sus hijos cuarentones, aún dependientes de la economía familiar, incapaces de adquirir una barra de pan sin equivocarse. Siguen cumpliendo con aquello que heredaron de sus madres, defienden en libertad vigilada los valores que les instan a permanecer enjauladas entre los barrotes invisibles del costumbrismo machista. Y lo defienden con uñas y dientes. Y, cuando a veces se revelan, es una rebelión ficticia que acaba de nuevo en el redil; sin consecuencias, a no ser que enviudar antes de tiempo suponga esa llave liberalizadora.

Sintomáticamente, el 8 de marzo se ha convertido en una cita de contraposición de pareceres entre las propias mujeres. De conceptos, de modelos. Una confrontación dentro del propio género femenino con respuestas, actuaciones y manifestaciones públicas dispares. Una lucha necesaria en la que, quizá por primera vez, la masculinidad se pone al servicio de la femineidad o bien queda al margen como un mero espectador expectante por el resultado final. Llegar hasta este punto pone de manifiesto que el movimiento feminista ha dado pasos de gigante hacia ese reto utópico que consiste en conquistar la igualdad.

Y sin embargo, la igualdad aún queda lejos porque sigue siendo sumisa. Está sometida. Carente de la distancia necesaria para evitar la imposición de un género sobre el otro. Es una igualdad que continua abriéndose paso para sobresalir entre las acentuaciones constantes de las diferencias entre hombres y mujeres en vez de focalizarse en aquellos aspectos que pueden generar más empatía. Que no es otra cosa que la propia humanidad, entendida como tal.

Pedaladas sin cadena

Por David Sierra

Sin duda alguna, la bicicleta es el medio de transporte urbano más rápido y ecológico, aparte de una de las maneras más baratas de movilidad dentro de las ciudades. Por ello, la apuesta para que los centros urbanos sean cada vez más amigables con este medio de locomoción es cada vez mayor. Sin embargo, la iniciativa requiere la puesta en marcha de planes integrales de movilidad de manera que puedan integrarse los espacios destinados a los distintos tipos de transporte rodado y a los peatones con las máximas medidas de seguridad para todos.

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‘Acera bici’ a su paso por el colegio del Ocejón. / Foto: La Crónica

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