Turismo y solidaridad

El castillo de Zorita de los Canes, ahora se puede conocer con visitas teatralizadas. // Foto: Turespaña.

El castillo de Zorita de los Canes, ahora se puede conocer con visitas teatralizadas. // Foto: Turespaña.

Por Abraham Sanz

Atraer a más público a enclaves de la provincia no es fácil. Más aún en época estival donde los destinos preferidos de la población se encuentran lejos de los límites provinciales. No obstante, hay muchos que prefieren estas vacaciones para perderse en alguno de los pequeños pueblos de la provincia, por lo que, para variar del habitual paisaje de su pueblo, siempre es más que positivo ver como lugares de interés como la ciudad visigoda de Recópolis, quiere ofrecer una alternativa más al turista en fin de semana.

Recópolis es un punto turístico de sobra conocido en la región, pero no por ello hemos de dejar de lado su promoción dado que estas excavaciones nos descubren una antiguo enclave que nos muestra un poco más de la historia de nuestra provincia a lo largo de los siglos. Pero, muchas veces, el atractivo de este lugar hay que dotarle de algún aliciente más que permita no sólo conocerlo más a fondo; sino conseguir que se extienda este conocimiento sobre toda la comarca alcarreña aledaña y sus preciosos rincones. De ahí, que desde este parque arqueológico, se haya puesto en marcha una novedosa iniciativa que nos adentra aún más en el castillo de Zorita –desde Recópolis la vista de este es espectacular-. Se trata de una serie de visitas teatralizadas que, de un modo divertido, quieren trasladar al espectador, las peculiaridades de esta construcción y su entorno, retrotrayéndonos casi 900 años.

Una bonita iniciativa que no sólo permite conocer mejor nuestra historia y nuestros pueblos, sino que se convierte en una interesante propuesta para un fin de semana en el que poder disfrutar de la Alcarria Sur, degustando a sorbitos la belleza de estos pueblos y adentrándonos más en su interesante pasado. Pueblos como el propio Zorita, Almonacid, Anguix y, como remate, Pastrana, crean tras de sí una singular ruta por nuestra historia y por las raíces de la provincia alcarreña.

Aunque no todo es turismo en la provincia durante el verano. También abundan diferentes propuestas solidarias que, además, sirven para poner a alguno de los pueblos más pequeñitos de actualidad ya sea por una medida novedosa, ya sea por la continuidad que esta tiene en el tiempo. En esta ocasión, me gustaría destacar el empeño que desde hace un buen puñado de años, desde la pedanía de Huetos (Cifuentes), en sacar su lado más solidario y seguir recabando fondos que permitan apoyar a los habitantes de una pequeña población de Mali con el ‘Proyecto Karangasso’. Con un pequeño mercado artesana y con las donaciones de los que a este pequeño pueblo se desplazan un fin de semana de agosto, se logra mantener este proyecto que, gracias a la bondad y generosidad de los vecinos de la zona, se viene sufragando.

Como el innovar en este tipo de acciones solidarias goza siempre de un positivo respaldo, al habitual mercado que organiza la Asociación Cultural de este pueblo, se ha unido una pequeña marcha solidaria que proponía una ruta hasta el antiguo lavadero del pueblo. La venta de dorsales –al precio de un euro- mejoró las expectativas e, incluso la participación fue más que notable en los cuatro kilómetros de recorrido, dando muestras que, aunque sea verano, nuestro corazón hacia los más necesitados sigue latiendo y estando vivo. Con todo, han sido cerca de 9.000 euros los recaudados para este fin solidario.

En definitiva, ya sea por amenizar el fin de semana ya sea por lograr un fin solidario, la provincia cuando quiere se mueve y lo hace de una forma más que notable.

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Cultura contra el calor

Citas, como las jornadas medievales de Almonacid, son un buen ejemplo de como dotar de vida a un pueblo.

Citas, como las jornadas medievales de Almonacid celebradas este fin de semana, son un buen ejemplo de como dotar de vida a un pueblo.

Por Abraham Sanz

Cuando el sol aprieta en agosto, la huida de la ciudad parece la mejor opción. De ahí que sea tan habitual ver las calles de Guadalajara vacías, sin apenas tráfico ni viandantes y muy lejos del ritmo estresante en el que se sume nuestra ciudad cuándo se encuentra a pleno rendimiento durante el año. En este mes, la ciudad vive en calma y son los pueblos, esos pequeños lugares que durante el invierno apenas moran unos cientos de valientes; los que ahora asumen esa viveza y dinamismo que poseen las ciudades durante el resto del año.

Y más ahora que, desde que la situación económica entró en barrena, la salida al pueblo se ha convertido en una salida veraniega que ya nadie descarta tanto porque sirve para desconectar del día a día, como porque se trata de una opción más económica que buscar otro destino turístico por España. Aunque, lo cierto es que a pesar de que todas las pequeñas poblaciones se han acostumbrado durante este tiempo a acoger estos incrementos poblacionales en la época estival, cierto es que no todas logran dotar de contenido a los días para que sus nuevos pobladores, puedan no sólo disfrutar, sino volver a retomar ese apego al pueblo que tiempo atrás tuvieron sus padres.

La salida a la piscina, al bar de turno con los amigos y una ruta por el campo suelen ser las opciones en las que se sostiene un verano rural que, si bien, para unos días está bien; pero para aquellos que deciden prolongar durante más tiempo esas vacaciones, puede que al final terminen teniendo morriña de su ciudad. Es por esta razón, que cualquier cita cultural –alejada de las tradicionales fiestas municipales-, resulta de lo más agradecida en estos entornos donde, escasean. Si bien, hay un camino que trata de suplir estas carencias y logra aunar artesanía, diversión y teatro. No son otras que las manidas ferias medievales. Y aunque manidas, lo cierto, es que crean un más que notable impacto en las ciudades donde tienen lugar. No sólo a nivel económico, sino a nivel turístico e incluso cultural, puesto que son días en los que ese retroceso en el tiempo, nos inspira a conocer más partes de nuestra historia o a recordar viejas costumbres.

No digo que se deba poblar la provincia de este tipo de citas; sino que es preciso afianzar las que ya existen para que,  año tras año, logren incrementar sus niveles de calidad y puedan convertirse en focos de turismo que, a la par vayan aparejadas con citas culturales que permitan ver a todos que además de música y toros; se puede disfrutar con cultura y naturaleza. Caminar en este sentido nos hará  que la filosofía de centro comercial y McDonald’s; no se traslade al ámbito rural a la de bar y más bar.

Que ir al bar, no está mal; pero no puede ser casi la única opción de ocio en los pequeños pueblos, por lo que, asociaciones, ayuntamientos y gente que aún mantiene amor a sus pueblos, han de promover citas o eventos en los que se cuente con la implicación de los propios vecinos. Que sean ellos quienes organicen y a su vez, sean partícipes de un calendario de actos que permitan ir dotando de vida y ‘vidilla’ a los pueblos, aprovechando ese pequeño resurgir que han vivido con la crisis.

Y en la ciudad, más de lo mismo. Es evidente que la ciudad se vacía, pero hay muchas familias para las que el verano se ciñe a Guadalajara donde, la falta de animación es tal que lo más interesante, es contemplar el avance de las múltiples obras que hay abiertas y en marcha por la ciudad. Cierto es que, durante el mes de julio, fueron diversas las actividades promovidas para los más pequeños junto con el campamento urbano; pero en agosto el calendario se vuelve árido ya sólo pensando en las próximas Ferias. Una pizquita para agosto no estaría de más para lograr que, entre todos, el mes más largo del año para los que no tienen vacaciones, se haga más llevadero.

Hartos de las esperas

hospital guadalajara

Por Abraham Sanz

Los defensores de la sanidad pública estamos de capa caída. Más aun cuándo día a día el funcionamiento de la misma nos deja en evidencia tantas veces que hay veces que es sólo la propia fe en que lo público ha de mantenerse y sostenerse como uno de los pilares básicos de nuestro Estado del Bienestar, la que nos hace valorar positivamente este servicio que, de unos años a esta parte, está sufriendo un más que notable deterioro. Y es una pena, porque el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha era una de las instituciones con mejor valoración a nivel estatal y, aún con los recortes, las propias encuestas de la Administración nos siguen diciendo que la ciudadanía está satisfecha. Sin embargo, ahora la gran pregunta es, ¿a quién preguntan en estas encuestas?

A mí no. Y tengo clara mi respuesta. Mi grado de satisfacción con esta prestación se ha ido devaluando en función de según ha ido avanzando la tijera en el patrón político del PP en la región. Probablemente, nuestra región contará con unas cifras que era mejor no contemplar cuándo llegaron al Gobierno, pero tras tres años de gestión, quienes ganaron porque tenían la pócima que resolvería todos nuestros males, no han mostrado ni un solo atisbo de ser capaces de acometer esta mejoría. Únicamente se han preocupado de entorpecer unos servicios como la Educación o la Sanidad que, si bien eran mejorables, contaban con unos status de calidad de un notable grado. Ahora bien, ese estatus se sigue gozando gracias a la presencia de un buen número de instalaciones por nuestro atomizado mundo rural, por los centros de salud ejecutados por los barrios de la ciudad –aunque del futuro de Los Valles ya ni se habla y ni siquiera se plantea-,… pero no dejan de ser ladrillos, edificios que antes contaban con una presencia médica mayor y que ahora, obliga a muchos vecinos de localidades vecinas a hacer cábalas para cuándo pueden ir al médico, atendiendo a su realidad personal, la realidad laboral y, además, las dificultades añadidas de no gozar de una presencia médica similar a la anterior.

Si bien, ante esta tesitura de crisis que hemos vivido, estos recortes, pueden ser entendidos, hasta aceptados. Pero lo que es inadmisible son las demoras para poder tener en tus manos unas pruebas que al profesional sanitario le permitan corroborar una enfermedad o la posibilidad o no de realizar un tratamiento; o peor aún, demoras de meses que para poder realizar alguna prueba diagnóstica necesaria para la evaluación de un paciente. ¡Por ahí sí que no! Y así lo ha denunciado el PSOE recientemente, con datos de pacientes reales, en los que se demuestran retrasos de siete meses para poder realizar una resonancia magnética; mientras que otros pacientes sufren ya demoras –de forma rutinaria- de entre tres y cuatro meses para realizar cualquier otra prueba que si bien no es de urgencia, si genera una intranquilidad e incertidumbre que no es de recibo. Más aún, el tiempo de espera que habría que sumar para que los resultados fueran vistos por un especialista…. ¡Acabáramos!

Es una lástima que un servicio como SESCAM esté en boca de todos, pero para realizar comparaciones peyorativas con otros entes que prestan una labor similar, pero de forma privada que, a la fuerza siguen ganando terreno con el beneplácito de nuestros políticos más interesados en reformar el sistema a su gusto, que tratar de reensamblar el endeudado sistema sanitario anterior. También es una lástima que una obra como la ampliación del Hospital de Guadalajara, que era de carácter prioritario en el año 2007 y por tal motivo, tanto PSOE como PP la llevaban en sus programas electorales; siete años más tarde esté empantanada. Primero porque los primeros no supieron gestionar tan notable infraestructura y tan notable gasto. Tanto que al final se tuvo que parar porque la empresa ya acumulaba demasiadas mensualidades sin recibir sus emolumentos. Y los segundos, porque no les ha importado ver esa obra inacabada y no tratar de buscar una salida útil para la ciudadanía y para el propio centro hospitalario. Tanto que ya ni siquiera se encuentra en el cajón de las prioridades y, según las últimas palabras de Cospedal, se terminará cuándo se pueda. Casi, indicando que se trata de una obra que nunca se debería haber puesto en marcha porque, ahora la prioridad está en Toledo donde escándalo tras escándalo, han caído en la cuenta de que aquellos polvos -tanto recorte- vienen estos lodos… En fin, cosas de la política que al final, pagamos los de siempre, los ciudadanos de a pie.

Eso sí, parece que ya por fin, cuando acudamos al Hospital de Guadalajara, podremos aparcar sobre asfalto y caminar sobre una vía pavimentada, cuando aparquemos nuestro coche en este lugar. La lamentable imagen de este invierno con la gente sorteando charcos y barros para poder acceder al centro, parece que ha hecho mella en nuestros dirigentes que si bien, primero quisieron negar lo innegable, ahora han tenido a bien, echar una pequeña capa de asfalto que dignifique esta instalación. Ya era hora.

Una oportunidad para la regeneración empresarial

El CEEI Guadalajara ya alberga a 43 empresas en su interior.

El CEEI Guadalajara ya alberga a 43 empresas en su interior.

Por Abraham Sanz

Ha transcurrido ya cerca de un lustro y parece que comienza a cobrar sentido ese edificio oxidado y de aspecto poco atrayente que se abrió en busca de todo lo contrario, el de atraer a jóvenes e incipientes empresas recién nacidas dentro del mercado para dotarlas de facilidades para lograr su supervivencia mientras lograban hacerse un hueco en éste. Su paso fue lento, quizá demasiado pero la situación económica no invitaba a muchos a la aventura de lanzar un nuevo proyecto bien por desilusión, falta de dinero o que los costes eran todavía muy elevados. El Centro Europeo de Empresas e Innovación buscaba atajar esta última vía y complementarlo con asesoramiento empresarial para así, conseguir canalizar esas buenas intenciones con las que nace toda empresa, en una idea rentable en el mercado.

La confianza, como en todo en general durante los años de aguda recesión económica, se resentía tanto en el sistema, en el Gobierno y, sobre todo, en el tejido empresarial que había abusado tanto ya de los trabajadores, que pocos resquicios quedaban al margen para seguir confiando en este sector. Quizá uno de los pocos pretendía ser este nuevo centro, ya que entre su objetivo buscaba ser esa plataforma necesaria que toda ‘start up’ que arranca precisa para tratar de ser competitiva. Y este CEEI ha logrado consolidarse, no tanto como trampolín, pero si en un lugar de apoyo que permita dotar de cierta estabilidad a las compañías que nacen.

No es tarea fácil y no todas generan un empleo estable, que a la postre, ha de ser uno de los objetivos de cualquiera de estas empresas que aquí se engendra: generar beneficio y generar empleo. Cerca del 66 % de las empresas ahora instaladas en este vivero de empresas se dedican a servicios a empresas y a comercio. Y no es que podamos pasear por este lugar y contemplar stands con productos que comprar; sino que ahí se aglutinan empresas que reclutan jóvenes comerciales bajo la palabra de que podrán ganar mucho dinero en poco tiempo, eso sí, con un contrato mercantil y encomendando tu destino a tu suerte y fortuna. Loable es sacar pecho al ver unos números fríos, pero al adentrarte en ellos, quizá sea necesario replantearnos como todo este viraje y contraviraje que está sufriendo nuestra economía, no hace más que dar tumbos a los trabajadores en busca de una estabilidad. Lo mismo ocurre con las propias empresas, donde la obsesión radica en abaratar costes, sin apenas esfuerzo en conseguir dotarse de una mano de obra cualificada y bien formada que le permita mejorar.

No obstante, no son todos estos casos y nuevas firmas siguen llegando a este punto. Son ya 43 y cada vez este inmueble, que al principio se hacía grande por todos los lados, ha logrado que poco a poco se vaya generando actividad empresarial. Además, nos ha permitido ir cambiando el concepto que teníamos de una empresa. Antes, a ésta la ubicábamos en un inmueble con un gran letrero y un imponente escaparate o una gran sala de con mesas; ahora sólo con una mesa y un ordenador ya contamos con una nueva compañía. Las oportunidades de internet son otra puerta que busca explotarse desde el CEEI y las posibilidades del co-working -que varias empresas compartan sala y establezcan relaciones que puedan culminar en acuerdos empresariales-. Fórmulas que también se ofrecen en otros lugares cuya visión de la economía difiere, pero cuyo objetivo es el mismo, apoyar al que comienza tratar de abaratar los costes con herramientas que permitan compartir estos entre varios.

Estos pequeños datos son los que deben alimentar nuestro ánimo de que, con mucho esfuerzo, la calamitosa situación económica puede comenzar a revertirse, pero a un ritmo tan lento… Sin embargo, si se consigue que el modelo de empresa asesorada, bien diseñada y con unos objetivos claros desde el principio que se persigue desde el CEEI, combinándola con un buen trato hacia la mejor materia prima de cualquier mercantil que es su mano de obra, podremos regenerar el tejido productivo de una provincia cuya herida del paro sigue siendo todavía demasiado honda. Pero si se consigue que los pilares de su reconstrucción se afiancen en el trabajo, el esfuerzo y no en la economía del ‘pelotazo’, la labor de estos viveros de empresas que existen tanto en Guadalajara como en otras ciudades de la provincia, habrá merecido la pena.

¡Vaya ruina!

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca 'Pi', que se quiere derribar. // Foto: Rubén Madrid (www.culturaenguada.es)

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca ‘Pi’, que se quiere derribar. // Foto: R.M. (www.culturaenguada.es)

Por Abraham Sanz

Que Guadalajara está en ruinas, es un hecho. Que pasear por el centro de la ciudad es ir caminando por calles salpicadas de grandes huecos donde, tiempo atrás se levantaban edificios que representaban la arquitectura alcarreña, y hoy no son más que objeto de recuerdo de aquellas fotos que tan a bien tienen de colgarnos en las redes sociales algunos de nuestros paisanos para recordarnos que, en esta materia sin duda, el pasado siempre fue mejor. La capital alcarreña siempre gozó de una arquitectura rica y propia de un lugar que fue residencia de buena parte de la nobleza, pero que no supimos conservar cuando el declive llegó por el traslado definitivo de la Corte a Madrid. Madrid, siempre Madrid y su sombra alargada sobre Guadalajara. Sin embargo, no todo es culpa de la capital vecina. Es más, sabemos valorar tan poco lo que todavía poseemos que, en aras del “progreso” y de remozar la estética de nuestra ciudad, hemos olvidado que en esta operación de cirugía, es mejor buscar las raíces que solaparlas bajo el adoquín. Y que ya puestos a abrir alguna de las arterias principales, ¿por qué no dejar que emerjan esos vestigios históricos que no solo atraiga la curiosidad del visitante, sino que nos permita conocer más nuestra propia historia? Es cierto que son elevadas las inversiones que se realizan en este tipo de obra y que, la cuestión arqueológica supone demorarlo todo en el tiempo; pero ¿no merecería la pena? Otras veces la decisión es todavía más fácil y se cierne sobre la difícil cuestión de conservar o derribar un edificio con un pasado a recordar. Vemos como la plaza Mayor sigue abierta por uno de sus costados desde hace más de cinco años donde, al menos, se decidió conservar la fachada del inmueble como recuerdo del mismo y de su inconfundible ‘Pescadería Maragato’. Tampoco se encuentra muy lejano en el tiempo el derribo del palacio de los Vizcondes de Palazuelos –en la plaza San Esteban, donde se instalaba el bar ‘El boquerón’, para un fin poco rentable ya que sólo se procedió a la destrucción de esta edificación del siglo XVI, para dejar herida de muerte una plaza que guarda grandes tesoros arquitectónicos, ahora cerrados a cal y canto como la antigua sede del Gobierno regional que, confiemos en que el desuso o que su venta no traiga un desenlace fatal para un lugar que ya vio como otro añejo edificio del siglo XVI, era hecho añicos para levantar en este punto edificio de los juzgados. El atentado arquitectónico que se cierne ahora, quizá no tiene la misma magnitud patrimonial, que también, sino que tiene más que ver con el recuerdo de lo que fue una calle como Bardales, como hervidero de gentes y verdadero corazón del sentir festivo de una ciudad como Guadalajara. El inmueble que durante mucho tiempo albergó la discoteca ‘Pi’, uno de los locales clásicos de la noche alcarreña, no sólo por su ambiente y música; sino por su propia concepción arquitectónica de lo más peculiar, corre peligro. Así lo alertaba días atrás el concejal de Izquierda Unida, José Luis Maximiliano, advirtiendo que incluso había fecha para el derribo del mismo –ayer mismo-. Afortunadamente, las máquinas no hicieron trizas este singular local que se adentraba en la tierra a modo de galería o bodega que, además parecen entroncar con los restos de otras añejas edificaciones que nos pueden retrotraer hasta la Edad Media, dado que su parte final, puede estar vinculada a los restos de un antiguo patio del siglo XV de una finca colindante. Sería una torpeza y, una gran tristeza, que finalmente volaran no sólo los recuerdos de un bar que fue emblema de esa calle Bardales que ahora, con empeño y esfuerzo sus hosteleros quieren recuperar, para dejar un nuevo agujero –y ya van unos cuantos- en pleno casco histórico; sino también parte de aquellas raíces sobre las que se asienta la capital alcarreña y que, con acciones como esta –de culminarse- parece que nos quieren extirpar. Quizá no sea mucho lo conservado, pero apostemos por ello; apostemos por mostrarlo, por valorarlo y no por cubrirlo con piedras o esconderlo a los ojos de la ciudadanía. Es más, apostemos mostrar por todo aquello que está más oculto, tratar de sacarlo cada vez más a la luz y no poner cortapisas con tarifas arbitrarias que sólo ponen cortapisas al acceso a nuestra riqueza cultural. apostemos por conservar y rehabilitar lo que tenemos porque si no, el casco histórico, no saldará de la ruina actual.

Gracias al Periodismo

Un periodismo libre, cada vez es más necesario. // Foto: APMadrid

Un periodismo libre, cada vez es más necesario. // Foto: APMadrid

Por Abraham Sanz

Hay veces que la profesión de periodista, tan ingrata como increíble, te redescubre nuevos motivos de porque es necesaria para que una sociedad avance y persiga el progreso. A veces es necesario sólo escuchar el acorde de una serie de palabras bien trabajadas, bien entrelazadas con un significado tan claro como sencillo de comprender, que pueden servir no sólo para dibujar una realidad sino para despertar emociones ocultas en el fondo de nuestra memoria e incitarnos a luchar por lograr un mundo cada vez mejor.

Hay veces que esas cosas pasan. Quizá por inspiración del periodista en dar con las palabras acertadas; quizá porque esas palabras tocaron las emociones de quienes lo leyeron; pero siempre pudo producirse porque esas líneas tuvieron un soporte  donde propagarse ya sea digital, impreso o radiofónico. Cada vez éstos son menos y los que hay, carecen de esa independencia que precisa la ciudadanía para que pueda sentirse informada y no envuelta en una amalgama de propagandas contrarias que logran crear tal lio en la mente de la ciudadanía que lo único que logran es que se generalice con el: todos mienten y punto final.

Hay veces que la desazón al contemplar el presente y, sobre todo, el futuro del periodismo te carcome. Tirar la toalla y abandonar se convierte en la mejor opción, pero de repente, sin quererlo te hacen creer en esta profesión y en su necesidad. Y voy a hablar de un caso más que personal y que me acaba de ocurrir hace apenas unas horas, cuando se aproximaba a expirar el lunes. Un comentario llegaba al blog y me dejaba ojiplático. Un artículo que escribí semanas atrás en el que trataba de hacer una reflexión sobre la complejidad que vive la clase obrera para hacer valer sus derechos en plena crisis, se había convertido en aliento para unos trabajadores en plena batalla. Y eso buscaba, avivar esa sangre caliente que tenemos todos, pero que hemos dejado enfriar por miedo, ante las injusticias y ante los desmanes de la clase empresarial que siempre acabamos pagando los ‘curritos’.

Hay veces que ser periodista, merece la pena. Y es por razones como ésta, en la que tu reflexión sobre como contemplas la realidad, entronca con los sentimientos y emociones de los lectores, para lograr que no se rindan en su lucha. Ser esa bocanada de aire fresco también es función del periodista como lo es la de informar con rigor a la verdad, de todo aquello que ocurre a su alrededor. Pero no olvidemos, como algunos más por desconocimiento que por otra causa, que el Periodismo está compuesto por diferentes y diversos géneros, y uno de ellos es el de la opinión. El de una opinión forjada en una sólida comprensión de la realidad que desde este blog tratamos de cultivar, tratando de expresar con libertad y sin corsés nuestro análisis o nuestra posición. Y esa libertad es, en el fondo, la que logra estas conexiones.

Hay veces que se confunde el Periodismo con otras cosas a las que nada se asemeja; e incluso se les esconde bajo el disfraz de medios de comunicación pero, ya lo dice el refrán, que “aunque la mona se vista de seda…, mona se queda”. Y la gente no es tonta. Por mucho que inundemos la calle, con noticias traducidas al inglés, e incluso cada 30 días; lo cierto es que el hedor propagandístico nace desde la portada. No digo que los medios de hace unos años gozaran de una independencia plena y que la carga publicitaria condicionara ciertos desvíos, pero lo cierto y triste es que, si antes existía un filtro periodístico que buscaba enmascarar estos desmanes; hoy en día se prescinde de estos filtros y, todavía, hay quien quiere llamarlo periodismo. Llámenlo publicidad, información oficial o propaganda. Llámenlo por su nombre y no se escondan, pero no traten de confundir ni digan verdades a medias que, como decía un político con el que disto mucho ideológicamente, pero al que guardo gran cariño y simpatía, “una verdad a medias, es la peor de las mentiras”.

Hay veces que son esos mensajes los que te hacen continuar a ti mismo. Son muchas las ocasiones en las que por desánimo o desilusión ha pensado en abandonar estas líneas y desvincularme del todo del Periodismo. Dejarlo todo y dedicarme en pleno a atravesar otras puertas que se me han ido abriendo durante este tiempo. Pero, saber que un humilde artículo de opinión de un pequeño blog, ha logrado alimentar una lucha por los derechos de los trabajadores en una empresa,  me obliga a tener fe en esta profesión. Una profesión cuyos trabajadores, como han hecho estos obreros, han de tomar el toro por los cuernos y luchar por recobrar una mayor visibilidad e independencia. Y las instituciones, además, promover ese periodismo cada vez más libre porque cuanto más libertad haya para ejercerlo, mayor protección tendrá nuestro sistema democrático, tanto a nivel local como nacional.

Hay veces que los políticos deben dejar airear las críticas, para trabajar en acallarlas; si sólo escuchan parabienes, ¿cómo van a pensar que actúan de forma equivocada? Romper las corrientes del pensamiento único y lograr que de la confrontación de pareceres, obtener una posición común es tarea de todos y el mejor lugar donde plasmar esas opiniones y consensos, además de en las instituciones, es en unos medios de comunicación independientes. Ahora más que nunca son necesarios en Guadalajara donde sobran panfletos y falta apoyo para medios que buscan subsistir dentro de unos márgenes de libertad cuyos límites son –y no es poco- la ética periodística.

Defendamos un periodismo libre, porque obtendremos una sociedad mejor.

P.D.- Desde aquí seguir mostrando todo mi apoyo a esos trabajadores de Quilosa en Quer, cuya lucha por lograr no sufrir nuevos recortes salariales, sigue en pie. Ayer lunes tuvieron una nueva jornada de lucha en la fábrica y su ejemplo debe ser esa bocanada de aire fresco para la clase obrera de Guadalajara y, desde la unidad luchar por el bien común y por poner coto a los desmanes empresariales a los que la crisis ha dado rienda suelta. ¡Ánimo compañeros!

 

El intento de Bardales

En la imagen, un momento de la reinauguración de la calle Bardales este sábado. // Foto: www.guadaque.com

En la imagen, un momento de la reinauguración de la calle Bardales este sábado. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Abraham Sanz

Han sido muchas noches, muchas. Y, no hacía mucho, paseando una noche de sábado por la céntrica calle Bardales la estampa era inimaginable: falta de bullicio, de ambiente en las puertas de los bares e incluso, un silencio horrible para una zona donde el ruido del ir y venir de gente era su razón de ser. Tal ha sido el declive de esta zona que lo que anteriormente era un cambio de nombres en los bares o de filosofía pero, habitualmente, no de clientela; en los últimos años estos cambios obedecían a vanos intentos de revivir aquellos años en los que el fin de semana tanto esta vía como la plaza del Concejo y Horno de San Gil eran un auténtico hervidero de gente ávida de diversión nocturna.

Yo no me considero muy viejo y aún sigo prodigándome –ya sólo de cuando en cuando- por la noche alcarreña; pero si he tomado la suficiente distancia para comprobar que en el salto de generación, se quebró la ligazón existente o el imán de Bardales para la juventud. Poco a poco sus bares carecían de esa hora punta en la que aguardábamos largas filas por vivir el ambiente del garito de moda –aunque este estuviera a años luz de lo que podíamos encontrar a apenas 50 kilómetros de distancia-; y pasaban a estar la mayoría en punto muerto. Sólo algunos, como aquella aldea gala de Asterix y Obelix, insistían en plantar cara al tedio en que se estaba sumiendo esta mítica zona de la ciudad.

Y aún siguen haciéndolo y con ideas de lo más creativo que, al menos, en su arranque se puede decir que le dio un pequeño repunte a la zona. I love Bardales no surge como la panacea del sector hostelero, pero si se trata de un intento de renovar la imagen de esta zona. No es un intento individual, sino que parte del conjunto de establecimientos que se aglutinan en este espacio del casco histórico que quiere recuperar esa esencia de Guadalajara que nunca debimos dejar caer en el ostracismo. Su planteamiento nace de lo artístico, de lo sentimental y, sobre todo, de lo nuestro. De recuperar ese pedacito de la ciudad que hemos de exportar. No digo que creemos una calle Laurel como en Logroño o imitemos el casco histórico de Salamanca y su tapeo; sino que simplemente recuperemos el alma de la calle Bardales y su ambiente festivo.

Señas de identidad que, aunque sólo se encuentren en una placa, ya dicen mucho de esta nueva iniciativa a su favor. ¿Quién no recuerda, al hablar de Bardales, a su famoso loro y su divertido canto? Son esos pequeños detalles, que ahora recogidos en una placa, hace que nos volvamos a identificar con nuestra calle en la que tanto nos divertimos, alguna vez bebimos de más o robamos algún que otro beso. Son recuerdos de nuestra vida que van ligados a nosotros y que sólo nosotros, los vecinos de la capital, somos los que debemos recuperar ese sentimiento. Lo cierto, es que en plena crisis, esta zona ha vuelto a vivir reaperturas de bares ya no tanto orientados a la fiesta; pero si hacia el tapeo y sus terrazas.

Es este elemento al que se quiere agarrar el ‘I Love Bardales’, lograr que ese ‘terraceo’ que tanto nos gusta cuando llega el verano, tenga su punto de referencia, otra vez en esta zona del centro de la ciudad. Y poco a poco, conseguir que la juventud regrese de nuevo a esta zona donde grandes clásicos como el Cherno y el Sube siguen abiertos; El Figón sigue ofreciendo su tradicional cocina mientras que, La Criolla y la Volvoreta siguen esperando a sus fieles seguidores como si el tiempo no pasara por sus paredes. El Perdigacho y su oferta de vinos; el ‘Primavera’ y su look más desenfadado y, para los más atrevidos, el Aurum Gastrobar. En apenas cuatro líneas, una rica oferta sin desmerecer a lo que ofrece el resto en Guadalajara, pero que importante es que el corazón de una ciudad lata. Y ese latido siempre lo da el pulso de sus habitantes y hacia donde dirigen sus pasos  en su centro histórico, puesto que su alma se extiende por el resto de la ciudad.

Recuperar Bardales sí, tiene algo de nostálgico para todos los que nos encontramos en la década de la treintena o de la cuarentena; pero también es una buena oportunidad para que el centro deje de ser tan aburrido, al menos los fines de semana. I Love Bardales.