Viejas costumbres

Las protestas de los trabajadores en la empresa Quilosa. // Foto: lacronica.net

Las protestas de los trabajadores en la empresa Quilosa. // Foto: lacronica.net

Por Abraham Sanz

Leyendo la prensa, un hábito muy recomendable que todos deberíamos hacer diariamente –aunque sea leer los titulares para entender la necesidad de la existencia de medios más o menos independientes en la provincia y tratar de sostenerlos-, me ha llamado la atención una noticia no por novedosa, ni espectacular ni morbosa, quizá, porque parecía algo ya olvidado en el actual panorama laboral desbordado por la crisis y por la búsqueda de empleo sin mirar todo lo que conlleva el nuevo puesto de trabajo alrededor. Se trata de una huelga en una empresa de Quer –Quilosa-. Pero no una convocatoria frente a un ERE masivo; o despedidos injustificados o causas similares; sino por una causa que, viendo las otras, cualquiera diría que es menor pero, que en la piel de cualquiera de los obreros de esta firma, seguro que es un asunto mayor.

Y digo que me llama la atención porque es de las escasas movilizaciones obreras que buscan mejorar las condiciones laborales en su empresa. Condiciones que, por otra parte, ya se fueron rebajando durante todos estos años de recesión con diferentes actuaciones que han repercutido siempre en el detrimento del bienestar de sus trabajadores como son despedidos, diferentes ERE así como la congelación de los salarios. Ahora la propuesta es reducirlo, un 10%. Casi nada con la que está cayendo y los trabajadores, dejando el miedo a un lado,  han decidido echarse a la calle y protestar para decir: ¡basta ya de tanta tropelía contra los mismos! Los damnificados de toda gestión, no acaban siendo otros que el recurso humano, aquel que tiempo atrás cualquier empresa ponía como el más importante de todos sus medios de producción, hoy es siempre el elemento sobrante que estorba para cuadrar el balance del semestre.

Raro es que no escuchemos diariamente a algún político volvernos a insistir que el final de la recesión ha llegado, que la luz al final del túnel cada vez está más cerca o que, incluso, ya hemos salido de la misma. Lo cierto es que cierta mejoría sí que se percibe, pero es tan leve como una brisa fresca en verano: sienta bien cuando aparece, pero se diluye en segundos. La recuperación aún no se nota en la calle, pero movimientos como el de los trabajadores de esta empresa sí que pueden ser el caldo de cultivo para demostrar que los ‘curritos’ aún seguimos vivos y que la crisis no ha engullido nuestro espíritu de lucha. Que aunque durante estos años hemos sufrido y nos hemos dejado robar muchos de nuestros derechos en aras de la recuperación, nuestros cuerpos ya no tiemblan tanto para rebelarse contra el empresario. Aunque temblar, tiemblan debido a las inseguridades que ha traído hacia el obrero las diferentes reformas laborales tanto del último Gobierno de Zapatero como del actual de Mariano Rajoy. Inseguridades que se han plasmado en mínimas reducciones de las cifras del paro y una máxima precarización del mercado de trabajo, con prácticas tan abusivas ahora que eran, sin duda, impensable apenas una década detrás.

Esa precarización y la ausencia de un horizonte de posibilidades, es la que atenaza al trabajador y le impide, en muchas ocasiones protestar, contra el abuso del empresario. Y es que ya se sabe, el que alza la voz, encuentra rápido la puerta. Y con esta constante amenaza, es difícil poder reivindicar aquello que se nos está arrebatando porque sí. De ahí, mi aplauso y todo mi apoyo para todos los trabajadores de esta compañía que, han decidido plantar cara a la crisis y a los dirigentes de la misma; mostrar el hartazgo de tantos años de recortes y detrimento de sus condiciones, y recoger uno de los valores que, perdimos en la época de bonanza y que, gracias al enemigo común de la crisis y el abuso, hemos vuelto a recuperar para ya no olvidar jamás, la unidad y el compañerismo. Si estamos todos unidos, la fuerza es mayor para lograr objetivos que, para la clase obrera, sólo pasa por recobrar la dignidad a la hora de trabajar. Y tras tantos retrocesos, estos pequeños gestos son el aliento para muchos que aún creen en el ser humano. La crisis nos ha obligado a acordarnos de nuestros iguales, de nuestros compañeros. Nos ha vuelto a humanizar a todos y eso nos debe acompañar a nosotros y a futuras generaciones. El exceso de individualismo genera victorias momentáneas y grandes ocasos. Como la actual crisis.

Una fiesta con poca ‘Historia’

La toma de la ciudad por Alvar Fáñez, la cita de este fin de semana en la capital. // Foto: R.M-www.culturaenguada.es

La toma de la ciudad por Alvar Fáñez, la cita de este fin de semana en la capital. // Foto: R.M-www.culturaenguada.es

Por Abraham Sanz

Guadalajara, aunque a veces nos empeñamos en menospreciarla quienes vivimos en esta ciudad, goza de mucha historia y mucha de ella parece que desconocida para el gran público, especialmente para quienes son oriundos de esta tierra. Gracias a dos recientes conmemoraciones, el 550 aniversario de la otorgación del título de ciudad a nuestra capital y, el 900 aniversario de la muerte de Alvar Fáñez –quien liberó  la ciudad del dominio musulmán en aquella noche estrellada que preside nuestro escudo-; se ha logrado acercar dos hitos históricos por los que Guadalajara pasó y que hizo que gozará de una notable relevancia tanto en la época musulmana como en la Edad Media.

Acercar la Historia de la localidad donde residimos es algo fundamental para conocer nuestras raíces y valorarlas así como para lograr una mayor y mejor identidad con el terruño que nos vio nacer. Cada vez, desde los centros educativos, se ejercita más este afán de dar a conocer nuestro pasado más próximo y con citas, como la que se celebró este fin de semana sobre Alvar Fáñez, se consigue despertar el interés y la curiosidad por quienes, un día, fueron quienes guiaron los designios de esta ciudad.

Si bien, file, se echó de menos una rama que no sólo se ciñera a lo lúdico, sino que también quisiera ahondar en este interés histórico que pudiera despertar esta efeméride. Alguna charla o conferencia de diferentes historiadores –que los tenemos y muy buenos- que hayan investigado sobre el personaje y su época, hubiera dado un mayor empaque a esta cita y un mayor valor social.

Hay quien me puede decir que para tal fin se optó por la recreación teatral de la toma de la ciudad, pero para poder entenderla, haber podido tener un conocimiento más en profundidad de la época, nos hubiera permitido conocer los porqués de la batalla, sus entresijos más singulares así como las formas de asedio que se utilizaban en el Medievo. Por otra parte, he de apuntar que la representación no pasó de un aprobado raspado ya no sólo porque faltaban actores que llenasen el escenario –la zona situada entre el torreón de Alvar Fáñez y el muro del Palacio Infantado, donde discurría la muralla de la ciudad en el año 1.100 y de la que hoy no queda ni rastro-; sino porque el sonido no invitaba a introducirse en situación y no dejó de ser más que un mero teatro que sí, estuvo animado, pero que no logró entusiasmar al público.

Una lástima desaprovechar la ocasión, cuando en Guadalajara gozamos de importantes referentes en este tipo de recreaciones y que ya gozan de un éxito más que notable como son el festival medieval de Hita o las jornadas medievales de Sigüenza. Espejos en los que hay que mirarse para lograr esa sintonía con el espectáculo, que no se logró el pasado sábado.

Y sí, fue una lástima, porque el resto de actividades, sin salirse del guión de lo que ofrecen este tipo citas que buscan que retrocedamos en el tiempo, funcionaron con buena asistencia de público y dio vida a una de las zonas más bellas de la ciudad, pero más deprimentes. No es otra que el entorno del Palacio del Infantado, que usarle como telón de fondo del habitual mercado, fue, es y sigue siendo la mejor opción no sólo para dotarle de ese aire añejo al mismo; sino porque es el mayor tesoro de la ciudad y debe ser explotado en mayor medida turísticamente.

Sin embargo, confío en que esta cita no sea un punto y final; sino que el cierre del mercado del domingo se haya convertido en un punto y seguido para que, poco a poco, esta conmemoración del aniversario de Alvar Fáñez, se convierta en una cita con estancia propia en el calendario que nos permita adentrarnos cada vez más en diferentes pasajes de la historia de la ciudad. Y ya no sólo aprovechar el entorno del Palacio del Infantado, es una buena oportunidad para dar a conocer todo el legado de los Mendoza que aún se conserva por el casco histórico de la ciudad y, por qué no, puede ser un acicate para que los proyectos entorno al Alcázar de Guadalajara vuelvan a ser desempolvados y replanteados de nuevo para poner en valor uno de los monumentos más añejos y de mayor importancia que aún se conserva en la ciudad.

Lo ideal es que este tipo de eventos medievales, además de ser un buen lugar para el comercio artesanal y volver a revivir antiguos estilos de vida, se conviertan en una pequeña fiesta de la historia de Guadalajara en la que, se logre implicar más a la ciudadanía a participar, aprender y a recrear ese ambiente de la Edad Media a través de los más pequeños.

Donar sangre, donar vida

donantes de sangre

 

Por Abraham Sanz

Es una tarea sencilla, nada compleja y de lo más reconfortante. Sólo exige un pequeño desplazamiento, olvidarnos del temor a las agujas por un momento y dar un poco de lo que tenemos que, además nos sobra puesto que podemos regenerar más. No hablo de otra cosa que de donar sangre. Un pequeño gesto que simboliza un acto de solidaridad con todo aquel que nos rodea y que, permite, que nuestros médicos puedan introducirse en un quirófano con la certeza que contarán con suficiente líquido rojo para poder salvar la vida de aquel que se encuentre en sus manos. El pasado 14 de junio se celebró el Día Internacional del Donante de Sangre y pasó de puntillas por el calendario, cuándo es un gesto que precisa seguir aumentando la cifra de personas que se anima a pasar por la segunda planta del Hospital Universitario y donar un poco de vida.

Lo cierto es que las cifras son alentadoras pero, como en el ámbito de la donación de órganos o de médula, nunca son suficientes y cuanto más aportes existan, mayor nutridos estarán los bancos donde se guardan estos elementos, para los casos de necesidad. Más de 450 nuevos donantes se han registrado en Guadalajara a lo largo de 2013 y, ya se superan los 200 en lo que va de este año. Son, sin duda, buenos datos que ponen de manifiesto la existencia de una creciente conciencia social en este ámbito que, no obstante, debe seguir in crescendo debido a la demanda de este elemento vital cada vez es más precisado en los tratamientos asistenciales que se proporcionan a los pacientes.

Ya lo decía una campaña de sensibilización tiempo atrás que donar sangre era donar vida. Y razón no le falta ya que una transfusión puede ser vital para el devenir de una persona en una situación crítica, de ahí la importancia de contar con un banco de sangre repleto de todas las variedades existentes para su posterior uso médico.

Lo que sí es cierto es que los donantes, cuando ha surgido algún tipo de catástrofe o se ha hecho una demanda pública para atender un hecho puntual con un elevado pico de necesidad de sangre, han acudido de una forma altruista y en masa para poder ayudar a los afectados por el suceso. No obstante, entre todos, debemos mantener ese contacto anual con nuestra solidaridad. Son sólo tres veces al año en el caso de las mujeres y cuatro en el de los hombres, no supone esfuerzo alguno y el beneficio que reporta es inmenso. Los datos que manejan los propios médicos es que gracias a una donación se pueden salvar hasta tres vidas así como que cada día, unas 75 personas siguen viviendo gracias a una transfusión. Cifras que ponen de manifiesto la importancia de acercarnos al Hospital Universitario o algunos de los puntos de extracción móviles que aparecen en determinadas campañas, para seguir haciendo crecer la vida.

Fue curioso el llamamiento realizado el pasado mes de octubre por el presidente de la Hermandad de Donantes, Isidoro Marco, en el que incidía en la necesidad de que la población extranjera también se animase a hacerse donantes. En los últimos años, la población inmigrante en Guadalajara se ha elevado notablemente y su presencia en los diferentes grupos sociales es cada vez más presente. Tanto que al igual que pueden ser consumidores de sangre al ser tratados en alguna operación, se les pide que se involucren también en la causa dado que se ha detectado que no hay prácticamente extranjeros que sean donantes, fundamentalmente por el desconocimiento de cómo llevar a cabo esta práctica.

De ahí, que desde las organizaciones sociales, se debería realizar un pequeño esfuerzo en que los nuevos moradores de la ciudad y de sus pueblos, conocieran como realizar este gesto solidario para que así, su cifra fuera elevándose poco a poco. Además, es evidente que la Hermandad de Donantes precisa seguir aumentando su número de socios con capacidad de donar, ya que a partir de los 65 ya no se permite realizar donación alguna. Por esta razón, aunque desde que nació esta agrupación, cuenta enGuadalajara con 30.000 socios, son alrededor de unos 2.000 los que efectúan una donación a lo largo del año. Esta organización, además, realiza una importante labor de recordatorio entre sus socios para advertirles de cuándo pueden volver a ir a extraerse sangre o cuándo surge alguna necesidad puntual. Una campaña de información que, quizá debería fomentarse con algún gesto más público y notorio para que la población tomase como un hábito, el acudir entre tres y cuatro veces al año a donar vida al Hospital.

Selectividad, sin solución al problema

Cerca de mil estudiantes se enfrentan desde hoy a la Prueba de Acceso a la Universidad.

Cerca de mil estudiantes se enfrentan desde hoy a la Prueba de Acceso a la Universidad.

Por Abraham Sanz

Llega el mes de junio. Temporada final de exámenes para todos los alumnos que sirven para poner nota a lo que será su verano y a su trabajo a lo largo del curso. Pero, si es un mes tan temido como deseado, ese es para los estudiantes de 2º de Bachillerato dado que se enfrentan a la temida Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), lo que todos conocemos como selectividad. Este examen que se implementó como un mecanismo corrector de las notas a lo largo del curso, donde evaluar la profundidad de conocimientos y la capacidad de sobreponerse  a unas jornadas de alta tensión y nervios, tienen sus horas contadas tras la aprobación en el último Consejo de Ministros de su desaparición del marco educativo en el horizonte de cuatro cursos. ¿Y ahora qué?

Lo que parece evidente que el formato de selectividad que actualmente conocemos va a desaparecer, salvo que las universidades de las diferentes autonomías, se pongan de acuerdo para establecer una prueba similar para regular el acceso a la Universidad. Y sinceramente –y que me perdonen todos aquellos que se enfrentan hoy a estos exámenes- me parece un error. No creo que la selectividad sea el mejor método para efectuar una criba que permita acceder a unas carreras u otras; pero sí que supone el primer gran obstáculo dentro de la vida de un estudiante. Todo examen siempre genera una serie de emociones que el joven ha de comenzar a controlar, a comenzar a adueñarse de sí mismo y a comprobar sus reacciones en situaciones de tensión o estrés. La PAU, sin duda, eleva todo ese amasijo de emociones al cubo dado que se pone en liza el poder estudiar, o no, la carrera universitaria deseada.

No obviando que tras la última reforma del anterior Ejecutivo nacional, se otorgó un mayor peso al trabajo realizado durante el curso; la función de estos exámenes globales sirven para corregir esa nota en función de distintas variables que a este Gobierno o bien se le pasan por alto o bien ha decidido no atender. Y es que es de sobra conocido, que hay centros –de carácter principalmente privado- que en aras de satisfacer unas más que notables estadísticas con las que poder captar nuevos alumnos, hay notas medias que llegan un tanto infladas a final de curso que, sin un examen realizado por un equipo externo, no permitiría corregir esas notas o bien respaldarlas en el caso de que se hayan obtenido de una forma justa. Lo cierto es que la selectividad dotaba de ese marco de igualdad a todos los estudiantes que se puede perder en los próximos años debido a que si la tendencia en los centros privados a engordar notas prosigue como ha proseguido desde que yo caminaba por los pasillos del Brianda de Mendoza; estaremos ante un atentando a la igualdad de acceso a los estudios ya que podrían coparse de alumnos no tan validos, pero con una mejor cuenta bancaria.

La pelota envenenada que ahora tienen las universidades no es nada fácil. Especialmente de la pública que debe ser garante de los derechos de todos los estudiantes y que, obviamente buscará establecer algún tipo de filtro al acceso a los estudios universitarios para no encontrarnos con demasiados abandonos tras el primer año de carrera. Pero, ¿qué filtro poner? ¿Cómo ha de ser éste? Y sobre todo y más importante, ¿debe ser igual para todas las autonomías y para todos los centros de estudio?

Sinceramente, dejar ahora tanta manga ancha para volver a dar una vuelta a este tema, me parece ridículo cuándo se ha comprobado que es un sistema que ha funcionado durante los últimos años; y con los últimos reajustes otorgando un 60 % al trabajo del año y un 40% a la selectividad, creo que se hace más justicia con los alumnos; se decida apartar del itinerario educativo de los jóvenes. Sí compartiría una nueva vuelta de tuerca en estos exámenes buscando potenciar una faceta que a muchos se les nubla a la hora de estudiar que es la de pensar. Es necesario reflexionar, leer, imaginar, relacionar, comprender lo que se está aprendiendo y examinar esos niveles de comprensión. Pero no como un ejercicio memorístico, sino como parte de un ejercicio más práctico que nos permita y, sobre todo, que permita ver a los chavales los usos que tiene todo aquello que se aprenden. Muchas veces sólo memorizan los contenidos, los sueltan en un examen y al día siguiente, se pierden en el jardín del olvido; de ahí que si hemos de reformar la selectividad, pensemos primero en que estudiantes queremos para nuestra universidad y, eso es fácil: alumnos que se atrevan a pensar.

De ahí que el Bachillerato se debería enfocar no sólo a alcanzar ya conocimientos más elevados, sino a elevar su capacidad de raciocinio, de comprensión y sobre todo, de interpretación de los contenidos. Es necesario lograr que se abandone ese estudio memorístico y encaminarlo hacia uno donde la práctica cuente con mayor protagonismo y así enganchar más alumnado que, al final, llegaría con una mente más abierta y menos obtusa a la Universidad. Tanto  la selectividad como el Bachillerato precisan de una reforma, pero, sin duda, no es la que Wert nos ofrece.

 

P.D.- Desde aquí, desear suerte a los cerca de mil estudiantes de Guadalajara que se enfrentan hoy a estos temidos exámenes de selectividad.

 

Aparcar sin pagar, un bien cada vez más escaso

El estado de la plaza de Dávalos es lamentable. // Foto: A.S.

La remodelación de Dávalos reducirá los aparcamientos y remozará la imagen de esta plaza que precisa de una reforma urgente. // Foto: A.S.

Por Abraham Sanz

Que el aparcamiento en Guadalajara –así como en muchas ciudades- es un bien escaso es de sobra conocida; y que poner orden y concierto en este ámbito es uno de los principales quebraderos de cabeza para cualquier Ayuntamiento; también lo es. Sin embargo, nuestra capital carece de un planteamiento global que busque atajar este problema, especialmente en el casco histórico donde, con buen ojo, se está apostando por otorgar mayor protagonismo al peatón frente a los coches sin, atender las necesidades de establecer nuevos espacios de estacionamiento gratuito para aquellos que no pueden permitirse alquilar o gozar de una plaza de aparcamiento en propiedad.

Ante tal situación, las malas prácticas a la hora de estacionar están a la orden del día: unas veces por comodidad del conductor amparada en la permisividad de la Policía Local; otras debido a que la falta de plazas obliga a inventarse lugares donde aparcar donde anteriormente ni siquiera se hubiera planteado; mientras que existen otros barrios que ya comienzan a contemplar con preocupación cómo el problema para aparcar sus vehículos se cernirá sobre sus calles cuando finalice la remodelación de las mismas. Éste último es el caso de los vecinos de la plaza de Dávalos y de la calle San Juan de Dios, dos de las zonas del casco histórico de la ciudad cuyo desgaste es más que evidente y cuya reforma es, sin duda, más que una necesidad, ya una obligación para el Consistorio capitalino. Ésta ya está proyectada y presupuestada, sólo falta recoger las demandas vecinales que pasan, evidentemente porque además de que goce de una nueva estética más acorde a una plaza próxima a la plaza Mayor, contigua al palacio de Dávalos que hoy acoge la Biblioteca Pública; también resulte útil tanto al peatón como para aquellos vecinos que viven en esta zona y precisan de un espacio para estacionar su vehículo.

Son pocos los espacios reservados para los utilitarios en el centro de la ciudad y, de sobra conocido es que los pocos que hay, están teñidos de los colores rojo y azul con los que el Consistorio aprovecha para hacer caja bien de las contribuciones de los vecinos bien con las multas de quienes no pagan bien por olvido o bien por considerar injusto y abusivo tener que pagar por estacionar en la calle. Es evidente que está política ya se encuentra instaurada, pero debería combinarse con la provisión de nuevos espacios –a precios reducidos- en los párking privados para aquellos vecinos que vivan en este entorno, ofreciendo así una solución para este problema junto con la creación de espacios públicos gratuitos destinados a este fin. Y no sólo eso, sino que permitiría incrementar el uso que estos emplazamientos poseen hasta el momento donde tanto el de El Carmen como el de la plaza Mayor no alcanzan cotas de ocupación a las de otros como el de Santo Domingo o el gratuito situado bajo el parque de Adoratrices.

No obstante, esta problemática no se encuentra sólo en esta zona; en el manido eje cultural sí es cierto que se han ampliado las plazas de aparcamiento, pero a costa de crear nuevas zonas de pago como ha sido la extensión de la zona azul por una nueva vía de la ciudad así como la creación de la zona verde cuyo coste es de 2 euros al día quien desee aparcar en este punto, cuándo durante meses, hemos estado sufriendo las incomodidades de un aparcamiento improvisado en esta misma zona. Eso sí, por aquel entonces era gratuito. Ahora que es arreglado y podría gozar de una alta ocupación, se decide incluirle una tasa con la que seguir gravando más a los vecinos sólo por el mero hecho de poder aparcar cerca del centro de la ciudad.

El caos a la hora de aparcar, una norma en algunas calles de Aguas Vivas. // Foto: A.S.

El caos a la hora de aparcar, una norma en algunas calles de Aguas Vivas. // Foto: A.S.

Además, pronto veremos –o si no al tiempo que el año que viene son elecciones y no es plan de seguir cabreando a los votantes- como poco a poco se sigue ampliando la zona azul. De momento quedaron en un cajón los proyectos que se estaban fraguando para espacios como la calle Sigüenza o el propio bulevar de Entrepeñas –lo que sería el primer paso de llevar el pago por aparcar a los nuevos barrios de la ciudad-. Son espacios concurridos, con gran tránsito de vehículos y con amplias necesidades de aparcamiento más aún, cuándo en el primero de los casos se ha reducido en la calle que deriva en el nuevo puente sobre la A-2 cuya fecha de apertura sigue siendo la mayor de las incógnitas. En el segundo caso, la flota de vehículos de la zona ha crecido ostensiblemente y las cifras de negocios abiertos así como de nuevos centros públicos, ha gozado de un incremento paulatino durante la última década que podría sugerir la incorporación del tono azul sobre la calzada. Y es que, y a pesar de que son barrios nuevos; las plazas de aparcamiento se van quedando cada vez más cortas y es muy común ver cómo, las pequeñas calles transversales de las grandes vías de este barrio, se ven inundadas de coches aparcados sobre aceras, en plenas curvas o en sitios, a veces, impensables; dificultando el tránsito tanto de peatones como de vehículos que han de circular por estas vías.

Y aunque es cierto que el aparcamiento es un bien escaso, en otras ocasiones es la búsqueda del lugar más próximo a nuestro destino el que nos hace aparcar donde nos apetece sin atender la posible extorsión que puedas realizar a la movilidad del resto de vehículos. Hemos de lograr racionalizar el uso del vehículo; apostar por la utilización de métodos de transporte menos contaminante; todo ello combinado con una política de movilidad que busque facilitar al ciudadano lugares donde dejar su vehículo y no sólo lugares donde cobrarle por aparcar

Abiertos al cambio, cerrados a la intolerancia

Imagen de la última campaña contra el racismo lanzada por la UEFA. // Foto: UEFA.

Imagen de la última campaña contra el racismo lanzada por la UEFA. // Foto: UEFA.

Por Abraham Sanz

La resaca electoral de los comicios europeos me invitaría hoy a escribir sobre estos. A elevar algún que otro juicio de valor de los que hoy se escuchan que comienzan a sacar conclusiones demasiado apresuradas en cuánto a proyecciones de voto de cara a las futuras citas con las urnas que los ciudadanos tenemos el año próximo. Y no lo hago porque no me atrevo. Me parece pronto para evaluar y, sobre todo, estas elecciones son un foco demasiado difuso como para extrapolar estos datos a las fechas del año próximo. Lo que sí es cierto, es que, con un poco de suerte el bipartidismo en España puede tocar a su fin. Los grandes partidos salen muy tocados de estas elecciones contemplando imponentes descensos en sus haberes de votos –a pesar de la notable abstención-; mientras que formaciones añejas otrora casi olvidadas como IU; y otras novedosas como UPyD y, sobre todo, Podemos, emergen como posibles alternativas para gozar de un mayor peso en 2015.

La aparición de estos partidos se encontrará diluido dentro del amplio arco parlamentario europeo, lo cierto es que puede ser una pequeña vara de medir, sobre todo para Podemos de cara a consolidarse como partido político a nivel nacional de cara a los comicios regionales y locales. Sus positivos resultados les abren nuevas expectativas, pero que deben ser abordadas sin perder el norte, con mesura y sobre todo, para tratar de capitalizar ese voto descontento de izquierda aportando soluciones o medidas que, al parecer, la sociedad no encuentra en otros partidos como IU que, no obstante, también ha experimentado un notable ascenso. De todos modos, si hay un enemigo, además de la abstención, frente al que lucharán los pequeños partidos, es la ley D’hont –especialmente en las elecciones generales de 2015- y su injusto reparto de votos que hace que un notable volumen de estos, que son recibido por pequeños partidos no gocen del valor y del peso que sería deseable para configurar un parlamento nacional más plural.

Sin embargo, como ya dije anteriormente, las valoraciones post-electorales hemos de dejarlas aparcadas hasta el año próximo, cuando hayamos contemplado la evolución de los nuevos partidos en esta nueva legislatura europea. El movimiento se demuestra andando y es un buen termómetro para contemplar si su actividad se corresponde con la ilusión de muchos votos depositada en derrocar el actual sistema bipartidista.

Una denuncia relevante

No quería dejar de aprovechar estas líneas para hacerme eco de un hecho que, sin duda, me parece cuanto menos alarmante y es sobre el que quería centrar hoy mi foco de atención. No porque suceda, sino porque existan mentalidades así. Tiene que ver con el segundo acontecimiento del pasado fin de semana: la final de Champions y su celebración. Dice Andrés Calamaro en una entrevista en El País este domingo que el fútbol es de las cosas que no importa, la que más. No le falta razón porque tanto el partido como todo lo que aconteció después, ensombreció y de qué manera, toda la jornada electoral. Pero si hay un hecho que ha resultado sorprendente es la denuncia que realizaron los agentes de la Policía Local por racismo a dos personas en el marco de las celebraciones por el título que tuvieron lugar en Guadalajara. Y no me llama la atención que se hayan denunciado, que sin duda habría alguna persona más que se haya librado de la sanción, sino que a día de hoy se sigan produciendo ese tipo de actitudes retrógradas y xenófobas dentro del marco de una sociedad avanzada. ¿Qué nos impide aceptar una sociedad multirracial?

Aún no alcanzo a comprender por qué existen estas actitudes racistas y xenófobas en una sociedad en la que este tipo de situaciones deberían haberse extinguido. Me avergüenza ver como aún en partidos de fútbol aparecen cánticos racistas y que aún se tengan que realizar campañas televisivas para frenar el racismo, puesto que debería ser algo ya totalmente superado donde la convivencia y la aceptación de las diferentes razas humanas fuera la realidad social, y quizá, el choque de culturas fuera el gran problema a abordar dentro de un clima social donde conviven cada vez más culturas de diversa procedencia debido a la inmigración. Inmigración que no sólo aparece en las ciudades de la provincia y del resto de España; inmigración que también se produce en el otro sentido. Somos cada vez más españoles –entre ellos muchos alcarreños-, los que se deciden a probar suerte lejos de nuestras fronteras y, a pesar de nuestras diferencias culturales, también queremos ser aceptados allá donde vamos.

A veces se nos olvida que España fue un país de emigrantes tiempo atrás y que en los últimos años, aunque las tornas hayan cambiado, hemos de abrir de una vez por todas, nuestra mente y prepararnos para los grandes cambios sociales que se avecinan en próximas fechas. La igualdad debe ser la máxima que nos guíe en este ámbito y aprender a aceptar que la existencia de diferencias raciales no son un problema, sino una forma de enriquecer una sociedad en la que todos somos iguales y todos contamos de la misma manera. Las diferencias de pensar, de raza, de orientación sexual o de cultura son sólo matices que enriquecen nuestra sociedad y que nos deben permitir avanzar hacia un pensamiento cuyo eje mayúsculo sea la tolerancia hacia los demás.

Hemos de borrar el racismo, la xenofobia, la homofobia y el antisemitismo de nuestro vocabulario si queremos, ser de una vez, una sociedad avanzada y plural donde nuestra máxima sea: tolerancia cero a cualquier discriminación. Sólo así, seremos más libres.

No aprendemos

Los accidentes de tráficos causados por exceso de alcohol siguen siendo protagonistas. // Foto: www.netpol.es

Los accidentes de tráficos causados por exceso de alcohol siguen siendo protagonistas. // Foto: http://www.netpol.es

Por Abraham Sanz

Si hay un animal que tropieza dos o más veces sobre la misma piedra ese es el hombre. Son muchos los motivos que le hacen repetir sus errores, pero hay uno que se repite en demasía. Ya pueden realizarse diferentes campañas de sensibilización, elevarse el número de multas que semana tras semana siempre comprobamos que existe algún tipo de noticia relacionada con alguna infracción o accidente vinculada con consumo de alcohol y el manejo del automóvil. No aprendemos.

Y no es por falta de información, ni porque se desconozcan las consecuencias de esta actuación temeraria no sólo para nuestra salud, sino para la de quienes nos rodean, lo que motiva la desaparición de este tipo de actitudes con el volante. No es por falta de esfuerzo desde las instituciones que trabajan, desde edades tempranas, en evitar que se combinen alcohol y volante enseñándonos las trágicas consecuencias que esto puede tener; sin embargo, nos negamos en muchas ocasiones a comprender una realidad alterada por esta droga, admitida socialmente, pero que cada fin de semana causa algún que otro llamativo titular que hace que si ya de por sí, conducir sea una tarea arriesgada; de este modo la complica un poco más.

Porque además, no son situaciones aisladas las que pueden hacer saltar las alarmas con respecto a este tipo de actitudes, sino que son una constante en la que, muchos de los conductores son reincidentes a pesar de que la legislación se ha endurecido –y de que manera-, puesto que parece que la única forma en la que se aprende es creando el temor a una sanción más que elevada. Y a veces, ni por esas porque sólo hay que repasar las últimas noticias del fin de semana para darse cuenta que aún existen descerebrados que eligen las calles de nuestra ciudad como su particular circuito de pruebas en el que comprobar su ‘habilidad’ con el volante con unas copas de más.

Y así ocurre, que son cazados realizando algunas maniobras que son de órdago como circular en sentido contrario por una concurrida vía o colisionar con vehículos ya estacionados en pleno centro de la capital, incluso llegando a chocar con los vehículos que tiene la Benemérita aparcados en la avenida de Castilla. De juzgado de guardia. Y lo peor es que, estos conductores no arrojan tasas de alcohol en aire leves, ni mucho menos, ya que doblan e incluso, en otras ocasiones, triplican la tasa permitida por lo que en este tipo de situaciones, parece que las consecuencias son pocas para los riesgos que muchos conductores asumen.

Es cierto que, hasta hace unos años, se tenía una especie de sensación de pseudo-tranquilidad a la hora de circular por la ciudad en la madrugada de los fines de semana, dado que se tenía la percepción de que no existían efectivos suficientes de la Policía Local como para atender el conjunto de calles de la capital provincial en los momentos en que mayor consumo de alcohol se produce y en que mayor riesgo se puede producir en que se alíe este elemento con el coche. Esta percepción, sigue produciéndose, pero cada vez más, existe un mayor temor dado que los controles en ciudad han aumentado, además de los habituales que tienen lugar en las principales entradas a la misma, que está visto que cumplen una función fundamental para desalentar este tipo de prácticas.

Aunque la función disuasoria y sancionadora está visto que es clave, instituciones, organismos sociales y demás organizaciones, han de seguir trabajando desde los más jóvenes hasta con las personas de más edad, en diferentes programas que nos hagan ver la realidad con otros ojos. El “yo controlo” o “tengo mucho aguante al alcohol” deben ser frases desterradas cuando nos ponemos enfrente de un vehículo, porque su combinación puede ser letal o puede traer consecuencias que no deseamos en lo que se refiere al ámbito de la seguridad vial de Guadalajara. La educación debe ser la clave gracias a la que consigamos erradicar este tipo de actuaciones por lo que además, los grupos sociales en los que se mueven los diferentes conductores, deben concienciarse de la importancia de evitar la ingesta de alcohol si luego deben conducir y buscar alternativas que tengan que ver con sus seguridad y de quienes les rodean.

Además, una correcta revisión del sistema de transporte público para que ofrezca un servicio nocturno que se adecue a las necesidades de los ciudadanos o, una revisión de tarifas en el servicio de taxis que haga que estos sean más accesibles para el bolsillo ciudadanos; podrían incidir en una mentalización que haga, de una vez por todas, que la reducción de estos hábitos al volante sea cada vez más notable porque, está visto que, no aprendemos.