La mierda que parece

Edificio del Centro Cívico de Guadalajara. // Foto: pueblos-españa.org

Edificio del Centro Cívico de Guadalajara. // Foto: pueblos-españa.org

Por Yago López

Si una persona cualquiera, que no conozca previamente la ciudad, da una vuelta por el centro de Guadalajara, a poco que sea algo observador, reparará en un gran edificio oscuro en mitad de lo que pretende ser el casco histórico de la capital alcarreña. Una mole de hormigón y cristal que choca frontalmente con la estética de las viviendas que lo rodean.

Si además, nuestro intrépido visitante decide adentrarse en el inmueble pensará probablemente que ha entrado en un solar abandonado donde en cualquier momento tendrá que esquivar una jeringuilla. Sin embargo, el lugar donde se encontraría nuestro protagonista no es otro que el centro neurálgico de la cultura de Guadalajara. Ni más ni menos que la morada de su tejido asociativo.

El Centro Cívico da cabida a las principales asociaciones culturales de la capital, 24 nada menos. Se trasladaron allí como medida temporal y ya llevan una década malviviendo en un lugar que deja mucho que desear. Hacinados en despachos pequeños y con mobiliario del siglo pasado distribuidos en un tercer y un cuarto piso sin ascensor -desconectado en una alarde de respeto a la gente mayor y a los discapacitados-.

Pero la cosa no queda ahí. Al desastroso estado de este edificio, abandonado hace años a su suerte, hay que sumar un problema de seguridad que ha quedado patente recientemente con el robo en la sede de Cinefilia de material por valor, según cifra la organización, de 6.000 euros, además de continuos actos de vandalismo en su interior.

Con este panorama, como es lógico, las asociaciones que deben lidiar con esta problemática no permanecen calladas, y han pedido por activa y por pasiva a los responsables municipales un espacio digno donde desarrollar su actividad. Una petición que no ha terminado de calar entre los dirigentes competentes, ya que el propio alcalde y presidente del Patronato Municipal de Cultura, Antonio Román, les ha emplazado a la próxima legislatura, comentando en una reunión celebrada esta misma semana que tendrá que ser su sucesor el que deba resolver este asunto porque ya no le da tiempo a él.

Lo que vino a decir Román es que para lo que le queda en el convento… Y no ha sido él, espero, pero alguien debió pensar algo parecido y defecó hace unos días en el interior del edificio. Una metáfora según algunas asociaciones de lo que está haciendo el Ayuntamiento con el Centro Cívico y con las asociaciones que desarrollan su trabajo en el interior.

El consistorio, todo hay que decirlo, no ha permanecido impasible al vandalismo y ha decidido poner una verja que según el propio alcalde ya se ha encargado. Eso sí, de reformar el edificio ni hablamos. No quiero ni pensar de que plazo están manejando para dar una solución a esta problemática si ya avisan que va para largo, teniendo en cuenta que la apertura del Teatro Moderno era inminente y lleva dos años cerrado a cal y canto, y lo que es peor, el supuesto acuerdo entre la Junta y el Ayuntamiento para su puesta en marcha parece que no avanza.

Resulta, por tanto, que las asociaciones culturales de la ciudad deberán esperar a que se les caiga literalmente el edificio encima si lo que quieren es desarrollar su labor con dignidad. O también pueden dedicarse a generar actividades con rentabilidad económica y dejarse de chorradas como el cine, el ecologismo, los sellos, la cooperación internacional, el patrimonio histórico y etnográfico y demás sandeces, que no está el patio como para andar gastando los duros con tanto circo.

Un grito desesperado

Imagen de la columna noroeste de las Marcha por la Dignidad a su paso por Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Imagen de la columna nordeste de las Marcha por la Dignidad a su paso por Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Por Yago López

La dignidad debe ser un valor inherente a todo ser humano y debe preservarse en todo momento y ante cualquier circunstancia -incluida la crisis por supuesto- . Supongo que en esto estamos todos de acuerdo. El problema viene, como casi siempre, cuando se pasa de la semántica a la práctica. Ahí ya no es tan sencillo delimitar el asunto, y determinar sin titubear que es o no digno.

¿Es digno un sueldo de mileurista con las pagas prorrateadas y con un contrato por obra y servicio? Hace algún tiempo hubiéramos coincidido todos en que no, pero con el panorama actual algo que en principio atentaba contra la dignidad del trabajador ha pasado a convertirse en un sueño para millones de personas. Por tanto, es el contexto social el que marca en cierta forma la línea roja que flanquea la dignidad.

Esta semana la columna nordeste de la Marcha por la Dignidad ha cruzado Guadalajara camino de Madrid, donde se juntará con otras cinco marchas reivindicativas procedentes de los distintos puntos cardinales de España. Son miles de personas andando cientos de kilómetros para reclamar justicia social ante lo que consideran un ataque directo del Gobierno a la dignidad de los ciudadanos.

Apenas han tenido repercusión en los medios a pesar de llevar semanas atravesando el territorio español de cabo a rabo. Y no será porque lo que reclaman sea descabellado y fuera de la realidad. Quitando la parafernalia de las banderas republicanas (más allá del simbolismo no creo yo que el objetivo de esta marcha sea acabar con la monarquía, por mucho que gran parte de sus miembros no crean en ella), lo que reclaman los participantes en estas marchas es tan básico y lógico pero a la vez tan abstracto que corre el riesgo de quedarse en nada.

No hay nadie en su sano juicio que se oponga, al menos teóricamente, a acabar con la corrupción política, a garantizar la sanidad y la educación de la población y a velar por el derecho a un trabajo y a una vivienda digna. Estas son a grandes rasgos las proclamas de estas marchas y cierto es que muchas de las medidas políticas que se están llevando a cabo van diametralmente en contra, pero eliminar directamente por ello el Parlamento se antoja una misión imposible.

Como la dignidad es tan moldeable y tan abstracta reclamarla sin concretar medidas acaba por convertirse en un brindis al sol. Ocupar Madrid y reclamar que se acabe de una vez de maltratar al pueblo es un grito de desesperación con pocos visos de lograr algo en la práctica. No digo con esto que no se deba realizar y apoyo cada una de sus reivindicaciones y, por supuesto, discrepo de la parida del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, de comparar estas marchas con el movimiento neonazi de Grecia Amanecer Dorado. Sin embargo, tengo la sensación de que sin un plan de actuación real proclamar la desobediencia civil no va a llevar a ningún lado, por más que se tenga más razón que un santo.

Ojalá me equivoque y estas marchas supongan un punto de partida para una reflexión global de la ciudadanía, que anime al resto de la población a tomar el control de las instituciones, ejerciendo por fin la soberanía que le corresponde. Aún si no es así, los que han participado en estas marchas merecen el mayor de mis respetos puesto que habrán luchado, haya sido o no en vano, por un futuro digno para cada uno de nosotros.

Me consta que a su paso por los distintos pueblos, de España en general y de Guadalajara en particular, han despertado el espíritu reivindicativo y solidario de muchos de sus vecinos. Solo por eso, y pase lo que pase mañana en Madrid, las Marchas por la Dignidad han merecido ya la pena.

La zona recaudatoria

Nuevas zonas verdes de Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Nuevas zonas verdes de Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Por Yago López

Uno de los principales males de la política actual es que los dirigentes que la conforman desarrollan, como si fuera una característica inherente al cargo que ostentan, una especie de paternalismo enfermizo sustentado en un complejo de superioridad que convierten de golpe y porrazo cada órgano democrático en un cortijo. Como el pueblo es tonto por definición no se le puede hablar claro porque no lo entiende, así que es preferible adornar el discurso con lugares comunes y tomar las mejores decisiones para los ignorantes ciudadanos, eso sí, a sus espaldas.

Con este argumento, nos hemos acostumbrado a que apenas se cuente qué se hace, o mejor dicho por qué se hace, y el hecho de rendir cuentas es una utopía a la que ya prácticamente nadie aspira. De hecho, tanto es así, que la última moda pasa porque sea la justicia quien determine la viabilidad de una actuación política, como si el vecino de a pie no tuviera nada que decir al respecto.

El Ayuntamiento de Guadalajara ha decidido implantar la zona verde de aparcamiento en un par de espacios de la ciudad, pero como tiene mala prensa decir que lo ha hecho para recaudar asegura que su objetivo es regular mejor el estacionamiento y dar respuesta a aquellos que necesitan aparcar, sin tener que renovar el ticket, durante más tiempo del que permite la zona azul.

Ante esta respuesta los periodistas, que son igual de tontos que los ciudadanos pero de vez en cuando salen respondones, consultaron al edil Jaime Carnicero lo que se ganaba con la medida si en los dos lugares donde se ha implantado la zona verde ya se aparcaba de manera libre. Una cuestión que el concejal popular despachó señalando que dando esta nueva posibilidad por el módico precio de 2 euros los usuarios de estas plazas van a poder encontrar aparcamiento, al tiempo que destacó que hasta el momento la regulación de ambos espacios no era muy clara aunque la gente aparcase.

Ante este ejercicio de cinismo uno acaba por desesperarse un poco. Si uno grava con una cuota el uso de un espacio público que hasta el momento era libre y no logra con ello ningún otro propósito que el de recaudar dinero, se trata, se mire por donde se mire, y se ponga el señor Carnicero como se ponga, de una medida recaudatoria.

La regulación por zonas se hizo para disuadir a los usuarios de aparcar durante demasiado tiempo en la ciudad fomentando la movilidad y agilizando así el aparcamiento en zonas muy congestionadas de tráfico, especialmente en los centros de las ciudades. Si se quita el componente tiempo de estacionamiento de la ecuación y echando una moneda se permite aparcar durante todo el día, desaparece la movilidad y las posibilidades de estacionar y lo único que queda son dos euros multiplicado por el número de plazas en cuestión.

A lo que hay que sumar, claro está, la cuota anual de residentes que tendrán que pagar aquellos vecinos de la ciudad que hasta el momento aparcaban en estas zonas de forma completamente libre, y a los que ahora no les quedará ahora más remedio que sacar el dichoso distintivo.

Por tanto, el debate no es si esta medida es o no recaudatoria, que por supuesto que lo es, sino si la cantidad que irá a parar por este concepto a las arcas municipales –se habla de unos 100.000 euros anuales- compensa el perjuicio ocasionado entre los vecinos. Claro que para eso habría que explicar en qué se va a invertir el dinero recaudado, e igual eso son ya demasiadas explicaciones.

Las medias verdades

e863d58a-5e18-4e44-b5f9-410ff3ebc6a2_12-copiaPor Yago López

Como los datos lo aguantan todo, estos días pasado hemos vuelto a asistir perplejos a valoraciones opuestas relativas a los datos del paro de la provincia de Guadalajara, por parte de los dirigentes de los distintos partidos, según el interés que estos tengan en que parezca que la cosa mejora o, por el contrario, que cada vez nos hundimos más en el abismo.

Así, hemos visto a Cospedal, optimista como nadie desde que Gobierna, asegurando que los datos del paro son magníficos porque en términos anuales hoy por hoy la provincia alcarreña cuenta con millar y medio de desempleados menos respecto a 2013. Parece, por tant,o que la economía reflota y el mercado laboral comienza a mostrar por fin sus siempre latentes brotes verdes.

Claro que, por el contrario, y sin embargo sobre idénticos datos, los socialistas consideran que la debacle es absoluta. Cuando el resto del país da síntomas de una pequeña mejoría, Castilla-La Mancha ha sido la Comunidad en la que más ha subido el paro en porcentaje y la segunda en la que más afiliados a la Seguridad Social se han perdido.

Cabe destacar que en Guadalajara hay en la actualidad 24.699 parados, con una subida de un 0,54% respecto al mes de enero. Por tanto, según se manejen las cifras el mercado laboral mejora o empeora a gusto del opinador. Basta con estirar un poco la estadística y enseguida aparece el dato conveniente para reforzar el discurso.

Otra cosa ya es el trabajo. Ese aparece poco y malo. Por no hablar de la percepción social del mismo, que algo tendrá que decir la sociedad al respecto. Lo chungo de los porcentajes es que no cuentan con la familia y los amigos de uno, que se empeñan en recoger tragedias laborales a paladas para servirlas cada día a la mesa.

Ya puede decir Cospedal o Page lo que quieran, uno se sienta a charlar con los que le rodean y la basura empieza a aflorar por los rincones. Poco o nada importa que baje el paro si es a costa de trabajar 15 horas al día para no llegar a ser mileurista, o lo que es peor, que solo te dejen trabajar 4 horas y a lo que no llegues sea a fin de mes.

Esas cosas salen poco en las estadísticas. Bueno miento, hay un dato incuestionable: el trabajo a tiempo parcial se ha disparado en este país. Lo complicado es que con medio sueldo de los de ciudadanos sin sobres no da ni para acercarse a pagar el alquiler. Y así nos va: todos de vuelta a casa de los progenitores con nietos incluidos, o a servir a Europa, como el que iba a la capital en los años 60.

Por no hablar de los autónomos, cada vez más numerosos y cada vez con más penurias. Ahora la última moda consiste en obligarte a darte de alta por cuenta propia sin asegurarte un mínimo de ingresos ni ofrecerte un solo derecho. Eso sí, sales de las dichosas estadísticas y aportas a la caja del Estado. Y si ganas menos de lo que ingresas, el problema lo tienes tú, y vaya si lo tienes.

La verdad es que en el empleo soy tremendamente pesimista. La flexibilización que considero tan necesaria está siendo utilizada como siempre para beneficiar al usurero y exprimir al trabajador, que ahora se deja porque no le queda más remedio. Mientras los dirigentes cuentan altas y bajas y los grandes empresarios dividendos, el obrero se ahoga y pasa su jornada, en el mejor de los casos, sobreviviendo.

Fisahara, una experiencia inolvidable

Sahara.JPGA pesar de su vinculación con nuestro país y del importante papel que jugó y juega nuestro Gobierno en su actual situación, la problemática del Sahara Occidental es una absoluta desconocida entre la mayor parte de los ciudadanos. Si uno de una vuelta por Guadalajara, o por cualquier otro punto de España, y pregunta al azar sobre esta cuestión, en un 90% de los casos lo más que podrá sacar -siendo muy generosos- es que era una provincia española y se la abandonó. Un tópico que encierra mucha verdad pero que sabe a poco.

Dejando a un lado generalizaciones en Guadalajara sí existe un colectivo que sabe muy bien de la problemática a la que se enfrenta a diario el pueblo saharaui, que sobrevive desde hace décadas refugiado en un desierto inhóspito cedido por Argelia mientras Marruecos ordena y manda en su territorio. Se trata de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui que lleva desde el 98 llevando a cabo iniciativas de ayuda a la causa.

Entre ellas, la más significativa -o al menos la más mediática- es el programa de Vacaciones en Paz, que cada verano trae a la provincia a un centenar de jóvenes saharauis, acogidos por familias voluntarias.

Sahara-4.JPGAún es pronto para poner sobre la mesa este programa solidario. Pienso hacerlo más adelante así que no me detendré en él en esta ocasión. De lo que sí quiero hablar hoy es de otra iniciativa vinculada a la ayuda al pueblo saharahui y que puede suponer una alternativa vacacional para los vecinos de Guadalajara. Me refiero al Festival Internacional del Cine del Sáhara (Fisahara). Una auténtica maravilla que merece la pena disfrutar al menos una vez en la vida.

Siempre mantengo que lo que hace Luis Moreno para sacar adelante el Festival de Cine Solidario de Guadalajara (FESCIGU) es un auténtico milagro, teniendo en cuenta el presupuesto y la cantidad de trabas con las que se encuentra. Pues en el caso del Fisahara el trabajo que realiza la organización es digno de una película de ciencia ficción. Poder hacer realidad desde hace más de diez años este evento en mitad del desierto, en plenos campamentos de refugiados, es un sueño que a quién lo vive se le queda grabado en la retina para siempre.

Sahara-3.JPGYo tuve el privilegio de poder participar en la última edición y no exagero cuando digo que ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida. El viaje es tedioso porque llegar a los campamentos de Tinduf (Argelia) no es precisamente fácil, pero una vez allí la hospitalidad del pueblo saharaui te atrapa y te desarma.

Desde la organización del Festival dan la opción de asistir a todo aquel que lo desee previo pago de 700 euros. Un dinero que cubre absolutamente todos los gastos y que supone una inyección económica para  un pueblo que, desgraciadamente, depende de la ayuda humanitaria para sobrevivir. No es barato, eso es cierto, pero no conozco a una sola persona, y he hablado con muchas al respecto, que se arrepienta de haber hecho el viaje. Es más, el problema del Sahara es que es adictivo, y una vez se conoce al pueblo se desarrolla con él un vínculo muy fuerte.

Sahara-2.JPGDurante una semana los participantes se integran en la vida cotidiana de una familia saharaui. Duermen en sus jaimas, comen sus platos tradicionales (tienen una cocina muy similar a la española quitando el cerdo -son musulmanes- y añadiendo el camello) y conversan durante horas mientras degustan un té espectacular. Y eso es precisamente lo más atractivo del viaje: conocer la cultura y la forma de ser de los saharauis.

Ver películas y documentales de una gran calidad técnica y un importante contenido social proyectadas en una pantalla gigante en mitad del desierto bajo un manto de estrellas único en el mundo es una pasada, pero no es nada comparado con amanecer en una jaima y disfrutar del primer té de la mañana sintiendo el calor de los mejores anfitriones que he conocido nunca. Aquí les dejo unas imágenes del año pasado y les animo a participar en la nueva edición que tendrá lugar esta primavera. Les garantizo que no se arrepentirán.

Distintas formas de matar

Carta firmada por los médicos del Servicio de Urgencias del Hospital de Toledo. // Fuente: Cadena Ser

Carta firmada por los médicos del Servicio de Urgencias del Hospital de Toledo. // Fuente: Cadena Ser

Por Yago López

Reconozco la cruda violencia del titular teniendo en cuanta que mi intención es hablar del sistema sanitario de Castilla La Mancha, pero la situación en que se encuentra exige esa crudeza, porque efectivamente, por omisión, en esta región se está matando a los pacientes. Era de esperar que tanto recorte pasara factura y que ésta la acabaran pagando los enfermos con menos recursos. Ahora lo que queda es saber cuánta gente ha de morir para que se ponga remedio al desaguisado.

En lo que va de año han sido varios los enfermos que han fallecido en los pasillos de urgencias donde, según han reconocido los profesionales sanitarios, no se puede prestar a los pacientes la vigilancia y el cuidado que exige su hospitalización. Por un lado, porque las estancias que se habilitan de forma improvisada para su atención no cumplen con las prestaciones necesarias, y por otro, porque no hay tampoco personal suficiente para atenderles. No lo digo yo, ya hay varios casos denunciados públicamente por los propios médicos.

Con este panorama, uno puede preguntarse cómo se ha llegado a esta situación y lo más grave es que la respuesta es evidente y sus consecuencias vienen siendo vaticinadas por especialistas en la materia desde hace meses. Si a un sistema sanitario, por muy insostenible económicamente que fuera, le recortas espacio físico en sus hospitales y despides, o dejas de renovar, a miles de sus empleados, el resultado no puede ser otro.

Yo no sé si alguien creyó -yo desde luego no- al Consejero del ramo, José Ignacio Echániz, cuando al inicio de los recortes sanitarios -medidas de ajuste prefirieron llamarlas- aseguró que las actuaciones acometidas por la Junta en esta materia equilibrarían un sistema sanitario desorganizado haciéndole más eficiente y mejor, en otras palabras, que iban a hacer más con menos, y por supuesto de forma más económica.

Por centrarnos en Guadalajara, no hace tanto que reclamábamos con vehemencia la ampliación del Hospital Universitario, dado que el centro sanitario de referencia en la provincia se había quedado pequeño respecto al volumen de población que debe atender. Hace ya unos años, cuando se puso la primera piedra de estas obras, el alcalde de la capital, Antonio Román, médico de carrera además, solicitaba públicamente al por entonces presidente de la Junta, José María Barreda, celeridad en unos trabajos de los que decía dependía la calidad de la asistencia sanitaria de los ciudadanos de Guadalajara.

Han pasado los años, y no es que no se haya concluido la ampliación, es que se ha cerrado una planta del viejo hospital y cientos de trabajadores se han ido a la calle. Mientras tanto, la imperiosa necesidad de la provincia de un nuevo y moderno espacio sanitario ha salido del discurso del alcalde por la puerta de atrás, no vaya a ser que incordie a su compañero de partido y amigo José Ignacio Echániz.

Me consta que muchos dirigentes populares justifican la situación actual como una respuesta sensata aunque dolorosa para sacar al sistema sanitario de la ruina absoluta en la que le dejó sumido el PSOE, o lo que es lo mismo, vuelven a recurrir al manido argumento de la herencia recibida. No les rebato que la gestión socialista de los recursos sanitarios fuera nefasta y las cuentas del Sescam hicieran aguas por todos lados, ahora bien, otra cosa es que la manera de racionalizar el gasto para cuadrar las cuentas que han puesto en marcha desde el PP no suponga de facto un atentado contra los derechos más fundamentales de los ciudadanos.

Vuelvo a insistir en que reducir el déficit a base de suprimir servicios públicos lo hace hasta un mono, lo que requiere una cierta habilidad política es priorizar el gasto de manera que se garanticen los derechos fundamentales de los ciudadanos y se equilibren a su vez las cuentas de la administración. Esto no es sencillo, por supuesto que no, pero su dificultad no justifica la inoperancia que está demostrando la Junta.

La presidenta no puede ingresar en tres años 400.000 euros de dinero público (su partido se financia en gran parte con los impuestos de los ciudadanos) y luego asegurar que no queda más remedio que reducir las partidas para infraestructuras y personal sanitario hasta el punto en que los enfermos de la región se mueren en los pasillos. No es demagogia señores, es una cuestión de humanidad.

Evidentemente suprimiendo el sueldo de Cospedal y de sus decenas de asesores o las dietas de los dirigentes que ya cobran su nómina por otro lado, entre otros muchos conceptos a mi entender prescindibles, aunque supondrían un gesto de decencia no solucionarían demasiado, porque es cierto que el gasto fundamental de la administración lo copan la sanidad, la educación y los servicios sociales. Pero por otro lado, lo lógico es que si no tienen la fórmula para garantizar esos servicios públicos bajo esta coyuntura económica, que al menos hablen claro de una vez.

Si con los números sobre la mesa los dirigentes regionales creen que no pueden mantener los servicios públicos fundamentales como la sanidad, la educación o la dependencia, que sean honestos y planteen un nuevo modelo de sistema o que se aparten del camino. Lo que no es de recibo es que se cuelguen medallas como magníficos gestores, presumiendo de garantizar los servicios básicos de la región al tiempo que ahorran, mientras el sistema educativo se descompone y los pacientes se mueren esperando en eternas listas de espera o directamente fallecen desatendidos en un pasillo de hospital.

Rumbo a una ciudad amable con los animales

DSC00084 (1)Por Yago López

Vaya por delante, antes de analizar con profundidad el asunto, mi más sincera enhorabuena a la concejala de Parques, Zonas Verdes y Zoo Municipal del Ayuntamiento de Guadalajara, Ana María Manzano, por haber logrado que se apruebe por unanimidad la nueva Ordenanza Reguladora de la Tenencia y Protección de Animales en la ciudad. Espero que el consenso que se ha producido en esta ocasión, y al que tan poco acostumbrados nos tienen en esta corporación, se deba al buen hacer de la edil y no al desinterés que pueda suscitar el asunto entre la oposición.

Al parecer, y afortunadamente, todo apunta a que ha sido por la primera causa, puesto que desde los dos partidos de la oposición han felicitado a Manzano por su carácter dialogante y por haber tenido en cuenta sus aportaciones a la hora de elaborar el texto de la nueva ordenanza. Un marco normativo con el se renueva el hasta ahora vigente, que databa del año 2000, y  que pretende dar respuesta a la nueva realidad en materia de animales domésticos de la ciudad.

No obstante, el censo de perros y gatos se ha incrementado exponencialmente en los últimos 14 años. Mientras que los primeros han pasado de menos de 2.000 a 4.471 en la actualidad, el número de gatos ha aumentado también de 565 a 86. Un repunte significativo al que hay que sumar a los animales domésticos que no han sido inscritos por sus propietarios en el censo municipal, a pesar de ser éste un requisito obligatorio.

La nueva ordenanza cuenta con doce capítulos donde se recogen diversos aspectos, que van desde las normas que deben seguir los propietarios de mascotas tanto en sus viviendas como en la vía pública hasta la normativa sanitaria al respecto, pasando por la regulación de los centros de animales y del resto de establecimientos en relación a la presencia de animales en sus instalaciones, así como, obviamente, las sanciones por incumplimiento de las obligaciones recogidas en el texto.

Entre las nuevas aportaciones, cabe destacar la inclusión del control de las perturbaciones por los ruidos ocasionados por los animales, de modo que estarán prohibidos de 24 a 8 horas. Por otra parte, los animales no podrán permanecer durante más de dos días solos en los domicilios. Además, y aunque ya se incluía la recomendación en la anterior ordenanza, los establecimientos de la ciudad deberán indicar de manera clara si admiten o no la entrada de animales, para lo que tienen absoluta libertad de elección, excepto, evidentemente, en el caso de los perros lazarillo, cuyo acceso debe ser permitido de manera obligatoria, salvo contadas excepciones.

Pero si hay algún elemento realmente novedoso en la nueva ordenanza éste es, sin lugar a dudas, el punto que recoge la posibilidad de que los perros no peligrosos puedan soltarse de once a ocho y media en verano y de ocho de la tarde a ocho y media de la mañana en invierno. Sin embargo, este punto es algo ambiguo y según el Ayuntamiento debe concretarse más adelante.

Aunque toda normativa aperturista siempre es bienvenida, y ésta a pesar de que en mi opinión personal, como propietario de perro y amante de los animales, sigue siendo excesivamente restrictiva, lo verdaderamente importante en la concienciación social al respecto. Por muchas multas que se pongan el problema de los excrementos caninos no se solucionará sino es con educación. Y en este sentido, la labor educativa debe dirigirse en los dos sentidos. Es necesario desarrollar entre los ciudadanos el sentimiento de empatía entre los propietarios de los perros y aquellos a los que no les gustan para establecer unos marcos justos de convivencia.

Es cierto que esta nueva ordenanza, en bastante mayor medida que su predecesora, vela por preservar los derechos del animal, pero, sobre todo, está dirigida a evitar que se moleste a quien decide no tener mascota. Considero que no se trata tanto de separar a uno y otro colectivo sino de buscar espacios de respeto y convivencia sanos. No estoy diciendo que alguien a quien le den miedo los perros deba verse obligado a subir con uno en un ascensor pero no por que existan personas con miedo a los perros se debe impedir que estos puedan ir sueltos en algunos puntos concretos si están bien adiestrados.

Particularmente tengo muchas dificultades para llevar a cabo actividades de ocio con mi perra porque cada vez son menos los lugares donde se permite su presencia. En este punto, estamos a años luz de la mayoría de países europeos, aunque, bien es cierto, que a través de iniciativas puntuales se van poniendo en marcha proyectos que nos dejan un espacio interesante a aquellos que no queremos limitarnos a sacar un par de veces al perro a hacer sus necesidades, sino que queremos disfrutar junto a nuestro amigo. Aquí os dejo una web que si tenéis perro os puede ayudar mucho a disfrutar de él, aunque en Guadalajara, por el momento, no encontraréis muchas opciones.

Gran culpa de esta falta de empatía del resto de la ciudadanía la tienen en algunos casos los propios dueños de los perros que con su falta de respeto y de comprensión hacia aquellos a los que no les gustan los animales o incluso les tienen miedo generan un rechazo que luego pagamos todos. Hay mucho trabajo que hacer en los dos sentidos para encontrar un verdadero entendimiento y hacer de Guadalajara una ciudad amable con los animales.