¡Muerte al verano!

Las temperaturas a nivel infierno están a la vuelta de la esquina. //Foto: CLM 24

Las temperaturas a nivel infierno están a la vuelta de la esquina. //Foto: CLM 24

Por Patricia Biosca

La pregunta que lleva rondando semanas no es por qué Pedro Sánchez es el nuevo presidente del Gobierno, ni cómo ha llegado el Real Madrid a ganar otra vez la Champions (o como quiera que se llame ahora a esa competición europea; perdonen que me haga un Maxim Huerta, pero no me han llamado de ningún Ministerio), ni siquiera quién será el nuevo cabeza visible (y “punching ball”) del PP. La cuestión que tiene a todo el mundo en vilo es: “¿cuándo demonios va a llegar el verano?” Sigue leyendo

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Donceles de mentirijilla

El sepulcro del falso doncel de Sigüenza. // Foto: Wikicommons

El sepulcro del falso doncel de Sigüenza. // Foto: Wikicommons

Por Patricia Biosca

En un relato de aventuras (ya sea en forma de película, serie o libro) muchas veces se busca algún refuerzo histórico con el fin de dar una mayor verosimilitud al relato. Con mayor o menor acierto (hay veces que la historia se retuerce tanto para que encaje con un guión que queda en triste parodia innecesaria), se impregna en el imaginario colectivo si la obra ha adquirido cierta popularidad, y obtiene credibilidad en la misma medida que la creación artística gana lustros; por ejemplo, mucha gente asume que el eterno personaje de Drácula está inspirado en la leyenda de Vlad Tepes, un sanguinario conde que empalaba a sus pobres víctimas. Y en parte sí, en parte no. Si le preguntan a alguien en Rumanía le contará que Tepes es un héroe nacional que luchó con uñas y dientes por su pueblo y que incluso plantó cara a los “stragoi” (los “chupasangre” primigenios, esos que no tenían ni melenas largas y cuidadas, ni tesoros escondidos, ni harenes de tres novias, pero se pirraban por un rechupeteo de sangre), raza que Bram Stoker otorga a su protagonista. ¡Qué caprichoso es el curso del tiempo que una sola mente puede cambiar la percepción de millones con un bonito envoltorio! Sigue leyendo

El peliculón del “Caso Fraguas”

Manifestantes que apoyan a los encausados por el "Caso Fraguas". // Foto: Henares al Día

Manifestantes que apoyan a los encausados por el “Caso Fraguas”. // Foto: Henares al Día

Por Patricia Biosca

Todo el mundo conoce a algún “bienqueda”. Es esa clase de personas que prefiere dar largas o contestar con silencios incluso aunque su pan esté en juego: el miedo a enemistarse con alguien es tan grande que le paraliza en el campo de la reacción, incluso en el terreno de la necesidad física básica. Es un rasgo de la personalidad que provocaría que, en su fiesta de cumpleaños, el bienqueda invitase tanto a Batman como al Joker (Dos Caras ya pasa de él tras cansarse de su tibieza, así que eso que se ahorra en cubierto). Y luego, si la montan en los postres, dirá que no se esperaba una reacción así por parte de ambos (aunque el “Gotham Observer” publicase días antes un extenso reportaje de cómo la pareja afilaba la cubertería de casa). La misma sensación que se me queda con la película del “Caso Fraguas”: el “bienquedismo” protagoniza el largometraje de la mano del guión del PSOE, que busca convertir la acción y la mala leche de “Malditos Bastardos” en los problemas cotidianos que se resuelven con la sonrisa de una chiquilla en “La casa de la pradera”. ¡Luces, cámaras y acción! Sigue leyendo

OTorero, el concurso definitivo

José Manuel Latre, presidente de la Diputación de Guadalajara, en la presentación de "Guadalajara busca torero". // Foto: La Crónica

José Manuel Latre, presidente de la Diputación de Guadalajara, en la presentación de “Guadalajara busca torero”. // Foto: La Crónica

Por Patricia Biosca

Buceando por los diarios digitales locales a veces una se encuentra joyas que parece haber puesto el destino a sus pies, como el encuentro de un determinado astado con un determinante matador en una plaza de toros en la que la suerte se echa con la primera verónica. Y el símil taurino no es casualidad, como comprenderán. La III edición de “Guadalajara busca torero” me pareció en la lectura una joya en todos sus sentidos: fondo, forma y padrino protector. Para los que como yo no supieran de su existencia (a pesar de que no se trata de la primera cita) les contaré que se trata de un concurso donde jóvenes de entre 16 y 21 años, cuya máxima aspiración es convertirse en una figura del toreo, dan clases prácticas ante los becerros y novillos para demostrar su pericia y arrojo, pasando por la valoración de un jurado popular y otro profesional que les otorgarán el pase a hombros hasta la final, que se celebrará en Yunquera de Henares a finales de septiembre. Todo esto, repartido en un periplo por once pueblos de Guadalajara y bajo la atenta mirada de su padrino: José Ortega Cano, que se erige como ejemplo para los chavales. Ahí es nada. Pero desgranemos por tercios. Sigue leyendo

Guadalajara, provincia de Moderdonia

De izquierda a derecha, Quequé, David Broncano e Ignatius, creadores de Moderdonia. // Foto: Ayuntamiento de Moderdonia

De izquierda a derecha, Quequé, David Broncano e Ignatius, creadores de Moderdonia. // Foto: Ayuntamiento de Moderdonia

Por Patricia Biosca

Si mis predicciones no se equivocan (y no suelen hacerlo, porque soy asidua a leer horóscopos y eso me otorga cierta titularidad cósmica por el simple hecho de invertir mi tiempo en este entretenido y lúdico pasatiempo), cuando lean estas líneas estaré camino del evento más multitudinario que recogerá un pueblo de Guadalajara este año. Un encuentro que viene a encumbrar toda la chorrada “millennial” (adjetivo que se aplica a todo lo relativo a la generación de mediados de los ochenta, finales de los noventa, quienes convivieron con la cinta de casete, el vídeo VHS, el programa “Vídeos vídeos”, “El juego de la Oca” presentado por Emilio Aragón, el walkman, el discman, las boy bands, las Spice Girls, el disquete, el DVD, los smartphones y ahora les ha dado fuerte con los “wereables” y el aguacate -así que imagínense cómo están nuestras cabezas de perdidas-) en un solo concepto que está muy de moda últimamente: un país propio. ¿Les suena acaso Moderdonia? Sigue leyendo

Querido maestro

El maestro junto con los chicos de Cabanillas que se quedaron estudiando en la Biblioteca Municipal. // Foto: @lauripeco

El maestro junto con los chicos de Cabanillas que se quedaron estudiando en la Biblioteca Municipal. // Foto: @lauripeco

Por Patricia Biosca

Llevo la mayoría de mi vida estudiando. 25 de mis 31 años siempre tenía algún examen que aprobar, algunos apuntes que pasar, alguna clase que no me podía perder (y eso que mi debilidad por el sueño ha ganado en mucho a mi compromiso con la escuela). Conozco de primera mano casos en los que el colegio, las aulas, los libros, los profesores y/o los compañeros han sido un viacrucis bíblico, un tránsito equiparable al de Frodo y Sam de camino al Monte del Destino, un picor agudo en la espalda de esos que no resuelves si no te ayudas con algún artilugio o con una mano amiga. Sin embargo, mi experiencia no ha sido así y, aunque todo no fue un camino de rosas (maldita adolescencia, que crea inseguridades que se contagian como la gripe en invierno), en general, guardo muchas lecciones.Tuve la suerte de contar con bastantes maestros del tipo que se refleja en las películas y se suben encima de sillas para enseñar pensamientos libres; de esos cuya vocación sobrepasa el trabajo y sientes su cariño por el mero hecho de ser su alumno; aquellos cuya huella imborrable permanece en mi personalidad grabada a fuego, junto con sus costumbres y sus lecciones. Esas “doñas” y “dones” a los que a veces la inercia hacía que les llamases “papá” o “mamá”, seguida de un enrojecimiento de mejillas comparables a la lava de la montaña de Mordor. Sigue leyendo

“¿Pero en tu pueblo hay semáforos?”

Uno de los semáforos instalados en la CM-9100 a la altura de Cabanillas del Campo. // Foto: P. B.

Uno de los semáforos instalados en la CM-9100 a la altura de Cabanillas del Campo. // Foto: P. B.

Por Patricia Biosca

Si son gente de pueblo (me valen tanto nacidos como residentes y un combo de ambos), seguramente les suene esta situación. En una gran urbe, de esas que coleccionan coches, asfalto, hormigón, gente cosmopolita y moderna y muchas lucecitas que tintinean, a alguien se le ocurre decir que pertenece a una localidad de menos de 10.000 habitantes y sin título oficial de ciudad. Al aclarar el nombre de su municipio, apunta a que pertenece a tal provincia, pongamos, Guadalajara. “Pero allí las ovejas van por medio de la calle ¿no?”, responde la otra persona que, se supone, escucha. El interlocutor -ya identificado como persona de pueblo y, por lo tanto, un “paleto”- responde un “no”, acompañado de la explicación de por qué la Edad Media dejó de llevarse en su pueblo hace siglos. “¿Pero tenéis médico?” “¿Y agua potable?” “¿No os laváis en el río?” “¿Tiráis cabras desde el campanario en las fiestas?”. El entrevistador intenta encontrar, como si fuese un arqueólogo, las huellas del pasado en el pueblo del presente. Yo, que soy de pueblo de toda la vida, siempre conseguía sortear entre indignada y divertida todos los embites de las gentes de la capital por hacerme sentir de los años en los que el charlestón triunfaba en los 40 Principales. Hasta que llegaba la pregunta: “¿Y semáforos?”. Entonces mis defensas caían como la Armada Invencible a manos del ejército inglés, porque la civilización no es tal si no tiene semáforos. Sigue leyendo