Aquel tenebroso resplandor naranja

DESALOJAN A 180 PERSONAS POR LOS INCENDIOS DE LA SIERRA NORTE DE GUADALAJARA

Incendio de Aleas, en julio de 2014. // Foto: EFE

Por Patricia Biosca

A la gente le gusta el verano por las piscinas, las terrazas, los pantalones cortos, los vestidos, los helados, la playa, las vacaciones y muchas otras cosas que puedes usar en otras estaciones pero que solo valoras durante tres meses -fin del speech del odio a las temperaturas extremas de la chica que se pirra por el entretiempo-. Pero si hay una palabra que define la estación estival es calor. Calor pegajoso que no deja dormir, sentarte en el coche o en un banco sin sombra. Calor abrasador que no solo es incómodo, sino que muchas veces, mezclado con los kilos de imprudencia de la humanidad, se torna en fuego. Un fuego que deja de hacer gracia cuando lame el campo y lo deja negro carbón. Cuando se traga siglos de historia en tan solo unas horas. Cuando incluso acaba con vidas humanas. Sigue leyendo

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No es otra estúpida película romántica alcarreña

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Concejales en las últimas elecciones. //Foto: Nueva Alcarria

Por Patricia Biosca

A mis treinta y pico de señora aún me siguen chiflando las comedias románticas adolescentes. Esas películas que siempre pasan en los pasillos de los institutos americanos entre taquillas, animadoras, deportistas con hombreras, “nerds” con gafas y que están en el grupo de matemáticas, amén del amigo gracioso que solo está ahí para aportar los chistes con un peinado horrible. Es el legado que las películas de Disney (la primera película de amor adolescente que vi fue “La princesa cisne”, y que me aspen si alguien está en contra de incluir esta maravilla del séptimo arte bizarro a la lista de comedias románticas) y las canciones punkis “light” de las sagas de “American Pie” han dejado en mi alma. Muchas veces he tratado de arrancar esta huella indecorosa que no se puede sacar a relucir cuando te acercas a la Feria del Libro o en las peleas dialécticas de títulos tan independientes que solo el director y la persona que lo menciona conocen su nombre. Como mucho, puedes hablar de que “Grease” o “Footloose” supuso el despertar sexual para muchos adolescentes que veían movimientos pélvicos frenéticos o que “Dirty Dancing” hablaba de la lucha de clases e introducía el tema de los abortos clandestinos. Pero, desde hoy, la vergüenza se terminó. Y voy a demostrar que este género ya ha inventado todas las tramas, incluidas las que no se sabe cómo terminarán, como la Alcaldía a Guadalajara. Porque montarse una película de vez en cuando debería ser ejercicio obligatorio. Sigue leyendo

La importancia de la perspectiva

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Joven en el pretil de Toledo tal y como se lo encontraron los agentes. // Foto: Sindicato Policía Local de Toledo

Por Patricia Biosca

Un día, un amigo me contó cómo en una fecha muy señalada de celebración se quedó dormido al lado de la plaza de toros al calor de los licores espirituales a los que sometió su organismo. El cansancio le venció los huesos y acomodó su espalda contra la superficie roja del coso de Las Cruces durante un buen rato. Otra jornada distinta, en un viaje propio, presencié cómo una de mis acompañantes era capaz de quedarse frita al lado de un gigantesco altavoz en una discoteca a las tantas de la mañana con los ritmos machacones del momento atronándole a unos centímetros. También sé historias de gente que se ha quedado roque tras fallar en varios intentos a meter la llave por la cerradura, vaciando la vejiga antes de dormir o debajo de coches y camiones, en algunos casos motivando denuncias por posible secuestro al no ser encontrados por sus compañeros de juerga… Todos son (somos en algún momento) protagonistas de las mejores anécdotas de cañas, de esas que no se pagan con dinero.   Sigue leyendo

El diferido de las elecciones en Guadalajara

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Emiliano García Page celebrando la victoria con un sonriente Bono a su izquierda. // Foto: La Cerca

Por Patricia Biosca

Por si no lo saben, hay veces que los periodistas nos dejamos textos preparados a falta de poner el último párrafo con la incógnita central de la historia. Si hacemos la crónica de un concierto, buscamos playlist de anteriores citas con el artista o frases de canciones que nos puedan servir para hilar el artículo; cuando se cubren actos institucionales en los que hay un riguroso horario y en la que solo en el caso de que que una de las personalidades se diera de bruces contra el suelo o que algún invitado acudiera vestido como el payaso de “It” dando volteretas, podría llevar al traste el calendario; incluso todas las redacciones guardan una carpeta con los obituarios de gente que aún está viva, pero de la que todos sospechamos que por poco tiempo -no se escandalicen, que luego bien que quieren leer las noticias según ocurren-. Cada maestrillo con su librillo, que dirían. Pues bien, este artículo será algo parecido, pero haciéndoles partícipes a todos del momento exacto en el que fueron escritos los párrafos. Porque ahora mismo son las 18.39 horas del domingo y no tengo ni idea del resultado de las próximas horas, decisivas para tantos españoles. Bienvenidos a lo que acabo de bautizar como “experimento bioscalectoral”. Sigue leyendo

El debate a seis: “Juego de tronos” alcarreño

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De izquierda a derecha, Antonio de Miguel (Vox), José Morales (UP), Antonio Román (PP), Rosa San Millán (moderadora), Alberto Rojo (PSOE), Rafael Pérez Borda (CS) y Jorge Riendas (AIKE). // Imagen: Guadalajara Media (Twitter)

Por Patricia Biosca

Llegué al debate local “Like a virgin”, que diría Madona en sus tiempos de pechos picudos. Pongo la televisión hastiada de las generales: después del empacho del 28A, el 25M me da tanta pereza como la alarma del despertador por la mañana -a pesar de esta frase sea  políticamente incorrecta y más aún viniendo de una periodista-. Me agarro a una pizca de curiosidad y sintonizo Guadalajara Media. A las 20 horas exactas saluda una impecable -y así seguirá hasta el final- Rosa San Millán, encargada de liderar el enfrentamiento cara a cara de los seis candidatos a la Alcaldía de Guadalajara. Conclusión a grandes rasgos: una película más coral de lo imaginado -a pesar de algún actor que parecía haberse equivocado de género-; con más “chicha” y debate más o menos improvisado de lo esperado; pero con un guion poco original en cuanto apuestas. Vamos, como la octava temporada de “Juego de Tronos” en versión alcarreña. Sigue leyendo

Homenaje a Gelco, lo nuestro

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Lámina con la que obsequiaban a los clientes en el antiguo hipermercado Gelco. // Foto: Forocoches

Por Patricia Biosca

SuperSol cierra el primer hipermercado que nos hizo sentirnos modernos. Cuando la tienda de barrio se quedaba pequeña, cuando los carritos con moneda eran casi cosa de magia, cuando no encontrábamos el producto que salía anunciado por la tele en el establecimiento de debajo de casa, la respuesta era pensar: “bajaré a (o “al”, depende de la familia) Gelco, que seguro que lo tienen”. Entonces, el cabeza de familia cogía el coche -que muy posiblemente luciese una pegatina en el cristal trasero con una precursora tipografía Comic Sans que rezaba “Gelco, lo nuestro”- la mujer se atusaba bien el pelo y se ponía sus segundas mejores galas y los niños intentaban buscar un hueco para sumarse a la excursión, que era lo más parecido a ir al Alcampo en la vecina Madrid que se podía hacer en Guadalajara. Y así es como el consumismo se convertía en un cohesionador familiar.

Al menos este es mi viejo recuerdo de aquel hipermercado enorme que, a la vez que yo crecía, se iba haciendo pequeño. Sin embargo, aún me es fácil rememorar la sección de pastelería, con varios metros de largo y que en poco se parecía a la tienda de chucherías del pueblo. A veces había artículos para probar gratis o te regalaban globos. Bajar a Gelco siempre era una sorpresa. Y eso que mi tío tenía la cerrajería justo al lado, por lo que podía visitar con frecuencia aquellos pasillos. Mi primo Pedro y yo nos perdíamos entre los lineales, solo mirando cajas de cereales que anhelábamos comprar, bolsas de patatas fritas que pediríamos a nuestros padres o bebidas de colorines con nombres tan exóticos como “Cherry Coke”. 

Y la influencia de aquel supermercado, que sentíamos realmente como nuestro, no quedaba solo en el momento de la compra: cada septiembre, en el desfile de carrozas de las Ferias, el más vistoso, colorido e iluminado remolque era el suyo. Coincidiendo con la vuelta al cole y la necesidad de comprar nuevos cuadernos, mochilas y lapiceros, en mi cabeza era inevitable pensar que aquel alarde con sirenas de cartón piedra o muñecos bastante cutres de Disney habían sido construidos con el material escolar que los niños no habían querido comprar.

También por esas fechas estrenaban nuevas promociones -a las que se accedía a través de unos álbumes de tediosos cupones- presumiendo de ciudad: después del enorme éxito de las pegatinas para el coche -que estaban tan cotizadas que motivaron una especie de mercado negro a su alrededor-, se lanzó una serie de láminas con imágenes típicas de la provincia y sus pueblos, desde rayos cayendo en Cabanillas del Campo hasta fotos antiguas de romerías de pueblos de Molina. Entre medias, un cartón en blanco con frases como “Guadalajara, qué guapa es”, que calaron a la altura del superhit “Guadalajara no solo está en Jalisco” -y que creo que bebió de aquella campaña amateur e inocente de la que aún muchos guardamos sus restos-. Un hipermercado, con sus estanterías matemáticamente apiladas, sus filas de productos perfectamente delimitados, sus cajeras realizando gestos mecánicos al pasar la compra por el escáner, convertido en uno de los modelos comerciales más impersonales no solo de España, sino del mundo entero (el esquema de carrito-paseo-cinta registradora-bolsa de plástico se repite en los cinco continentes) consiguió que una ciudad lo sintiera como propio y especial.

Pero no fue suficiente. La llegada de otros gigantes con escaleras mecánicas, nombres vascos y valencianos, tiendas de mascotas, ofertas con marcas blancas que ganaban respeto y, finalmente, gigantescos centros comerciales, fueron eclipsando a nuestro Gelco, que dejó de regalar láminas. Y acabó perdiendo también el nombre, en pos de la ambiciosa cadena SuperDiplo -que luego cambiaría de manos tantas veces que es difícil seguir el rastro-. Así es como fue primero Hiperdino y, tiempo después, Supersol, nomeclaturas que ya no tenían la misma música al ser pronunciadas. Los pasillos hacían recordar la gloria de antaño a pesar de la nueva imagen, pero la competencia surgió alrededor como setas, llegando marcas internacionales que tenían ofertas mucho más suculentas que unas pegatinas, cada vez menos visibles en el parque automovilístico de la ciudad, que se renovaba a la misma velocidad que los bancos daban créditos y crecía el ladrillo por doquier: a la de Usain Bolt.

Aún así, aguantó el tirón, e incluso nos dio trabajo a nuestra generación durante los primeros veranos con mayoría de edad. Pero todos sabíamos que aquello era la crónica de una muerte anunciada, porque la gente más joven ni siquiera sabe qué es Gelco o lo que significó para toda una ciudad de provincias que tenía un poco de complejo si miraba unos kilómetros más allá en la A2. En los próximos meses, una treintena de trabajadores, la mayoría mujeres, se quedan sin trabajo, una pena mucho más urgente que la nostalgia. Aún así, un cachito de todos aquellos que contamos por la calle aquellas pegatinas también termina con el cierre de aquel hipermercado que nos hizo sentir unos modernos.

 

Kiko Rivera y los 50 guadalajareños

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Diferentes perspectivas del concierto de Kiko Rivera el pasado sábado. Arriba, la imagen que difundió el artista en sus redes sociales; abajo, la publicada por algunos usuarios de Twitter. // Foto: Kiko Rivera / La Crónica, Instagram / Twitter

Por Patricia Biosca

Mi princesa eres tú / La que aparece en mis sueños / Linda piel morada / Que despiertas pasión”. Estos cuidados versos en los que se habla de una “chica mulata” -por si lo de “piel morada” ha despistado a alguno pensando que trataban sobre la película Rocky o de los reptilianos- son de Kiko Rivera (Breve biografía: el artista antes conocido como Paquirrín, hijo del torero Paquirri e Isabel Pantoja). Su espectáculo fue el encargado de llenar el inmenso vacío dejado por el festival “I love 90’s” -con los cabeza de cartel Chimo Bayo y Rebecca, la de “Duro de pelar”-, que canceló por misteriosos “motivos técnicos de fuerza mayor”. Y por si al cóctel base le faltaba una pizca de surrealismo, llegó un playback defectuoso, diez chavalas en el escenario intentando cantar sin saberse una balada del dj, cantante, concursante y “mi pequeño del alma” delante de un aforo casi vacío y Telecinco. Y esta historia con la que a servidora se le hace la boca agua ocurrió el pasado sábado en Guadalajara. ¿Alguien da más?

Todo comenzó hace unos meses. El Ayuntamiento presentaba el cartel “más ambicioso desde 2008” de “Música en primavera”, lo que antes se conocía como “La Semana de la Música de Guadalajara”. Cantajuegos y espectáculos familiares para niños y padres resignados; Manolo García, Los Secretos o Love of Lesbian venían a contentar a los grupos “selectos”; y OBK, Chimo y sus secuaces a los que añoraban los ritmos machacones de los noventa -principios, medios y finales, para que nadie se sintiese desplazado-. Se vendió el espectáculo “I love 90’s: Viva la fiesta” como un revival en toda regla con entidad propia.

Poco importaba que la semana siguiente se celebrase en el antiguo Palacio de Deportes de Madrid un evento del mismo corte (y mismo promotor) pero con artistas internacionales noventeros y rompepistas como los injustamente (o no) olvidados Vengaboys – “boom boom boom boom I want you in my room” está a la altura de los versos de Kiko, sin lugar a dudas- y que repitiese el inmortal Chimo Bayo y el incombustible Paco Pil. Ni tampoco que el primer fin de semana de mayo fueran fiestas en la mitad de la provincia y que Marchamalo consiguiese a la Orquesta Panorama -como meses antes lo hizo Almoguera. Respect- y Cabanillas a los Trogloditas. La cosa estaba tan segura (o no) que incluso se invirtió en anuncios en radiofórmulas en las que la palabra sale al precio del salmón: se puede, pero hay que hacer el esfuerzo.

La noticia bomba llegaba a tan solo seis días del evento: se suspendía por causas de fuerza mayor de carácter técnico, aunque no se especificaba cuáles. Aún así, el Ayuntamiento aseveraba que ya se encontraba en negociaciones para suplir este concierto con una oferta parecida. Y qué mejor que el hijo de una de las tonadilleras más laureadas de los “noventa hasta hoy” (por seguir con la coña de las radiofórmulas) y el hermano de Juan Magán -que estuvo hace apenas dos semanas en el mismo escenario aunque con mucho más éxito de público, según afirmó el Consistorio-. Todo queda en familia de artistas -no, no era un error de cartel: Víctor Magán existe y también se dedica a la industria musical y canta cosas como “Mami, no me la pongas en China / piña / guineo (que es como se dice al plátano en  República Dominicana, pero este barcelonés es muy internacional) / melón / mandarina” (solo esta canción me da para todo un post, pero me voy a moderar. Si tienen tiempo para procrastinar, no duden en escuchar sus delicadas rimas).

Y, como era de esperar -y seguramente se olieron los promotores de “I love 90’s”- poca alma fue al recinto ferial, ni aunque fuera un evento gratuito. Kiko Rivera a los platos en una carpa vacía recordaba a los momentos finales de una discoteca móvil entre semana de las ferias, muy lejos del ambiente verbenero registrado en muchos otros puntos de la provincia. Ni Paquirrí Junior (uno de ellos, porque recordemos que el torero puso su mismo nombre a dos de sus hijos) saltando entre el público, ni sentándose al borde del escenario para ponerse íntimo, ni sacando a diez chicas a cantar una balada que ninguna se sabía. Ni siquiera el playback acompañó, jugándole algunas malas pasadas en las que se escuchaba su verdadera voz de tenor.

Lo siento, mi cabeza no está al 100%”, se excusaba el artista que apenas acaba de salir de un reality, a ver si por la rama televisiva podía agarrar algo de épica sabiendo que las redes sociales mueven montañas. Y así ocurrió: al día siguiente, Telecinco se hacía eco de su concierto “fail”, dándole unos minutos de gloria, asegurando que uno de los escasos asistentes había informado a un programa de “chumeteo” de que “no cantaba del todo bien”. Con Chimo Bayo y Rebecca esto no hubiese pasado. ¿O sí?