Odiosas comparaciones

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Por Gloria Magro. La imagen que ilustra estas líneas corresponde a un centro escolar. Un centro escolar público. Un centro escolar público de Guadalajara capital. Conviene aclararlo bien porque el detalle de la pared deteriorada, el suelo viejo y la … Sigue leyendo

Despertaron de su letargo

Por David Sierra

Y despertaron de su letargo. Hace apenas unas semanas que los medios de comunicación provinciales e incluso nacionales alborotaban la provincia de Guadalajara con la buena nueva de la decisión de un macrogrupo logístico de instalarse en Marchamalo. Con errores de por medio, el anuncio provenía de un político de alta enjundia en la región, la noticia venía a desenmascarar que el ya manido proyecto de la Ciudad del Transporte gallarda vería la luz en su actividad de la mano de sus promotores.

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Ciudad del Transporte de Marchamalo.                                                             Foto: Cadena Ser.

A pesar de las cifras mareantes barajadas, en los cientos de miles de metros cuadrados que ocuparán y en la premura en los plazos, la gran aceptación a un proyecto que la sociedad alcarreña espera como agua de mayo ha minimizado los contrapuntos hasta convertirlos en inexistentes. Que el modelo no haya cambiado tanto una década después no importa tanto. De momento.

La consecuencia a un anuncio como ese estaba por llegar. Y lo ha hecho hace apenas unos días. También a bombo y platillo. Con el beneplácito de los medios de comunicación. Con el consentimiento que otorga el cuarto poder a lo que considera relevante para la opinión pública. Desde los nacionales como El País o El Mundo, pasando por los diarios online de mayor reputación tal como El Confidencial o Público y, como no, los medios locales hacían el eco necesario a la presentación de un proyecto insolidario con toda una provincia: el Marina D’or alcarreño con playa incluida.

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Proyecto de Alovera Beach.

Han hablado – lo hizo la periodista Patricia Biosca ayer mismo en este espacio – sobre la conveniencia de anunciarlo en este momento. Cuando el agua es un bien tan preciado que se asume como la única solución para hacer desaparecer la ‘boina’ madrileña. Cuando Entrepeñas, que un día fue el Mar de Castilla, está redescubriendo sus tesoros ocultos bajo la superficie hídrica. Cuando el Levante español, habido de la necesidad de agua para seguir siendo la huerta de Europa, había empezado a comprar el discurso de una nueva estrategia hidrológica para hacer frente a la escasez de unas zonas en con la abundancia de otras. E incluso a valorar positivamente las desaladoras.

Estos anuncios que han calado en la sociedad esconden otras realidades que son las que, sin grandes alabanzas, hacen prosperar paso a paso a una provincia expoliada en recursos y población. Y son muchos los ejemplos. En Membrillera, a escasos kilómetros de Jadraque, los veranos son multitudinarios, pero los inviernos se tornan gélidos y más aún lo fueron durante la época glaciar de Cospedal. Pero la ilusión ha vuelto a los ojos de su alcaldesa, de más de veinte años en el cargo. Lo cuenta con emoción, con ilusión. Que una joven que hace un tiempo decidiera instalarse en el pueblo para pasar la época estival haya optado por dar un paso adelante y plantearse la opción de fabricar cerveza artesanal. O que otro vecino esté pensando en llevar a cabo un proyecto de ocio ecuestre. Y cuenta que los inviernos ya lo son menos porque se ha incrementado el ritmo de visitas al municipio de aquellos ‘domingueros’ que antes sólo lo hacían en el periodo vacacional.

Y mientras Alovera Beach se desarrolla los regantes de Cogolludo siguen esperando la concesión de agua prometida mientras escuchan cómo ahora resulta que la culpa de la sequía la tienen los regadíos. La Confederación Hidrográfica del Tajo se sustenta en el argumento principal del Partido Popular para denostar un proyecto por el que nunca habían dado un duro. De nuevo el agua, que sobra para la playa campiñera, echa el freno a toda una comarca.

Tampoco los medios de comunicación nacionales han considerado relevante que los productores del espárrago verde en la provincia, que recuerdo se exporta en su mayor parte a Europa, estén recapacitando la idea de crear una marca de calidad con la que dotar de alto valor añadido a un producto que se manifiesta como ‘oro verde’ por la elevada rentabilidad que deja a quienes lo producen y comercializan. O que una zona como es el Valle del Ungría, por donde Cela discurrió en buena parte para narrar sus andanzas, esté a un paso de declararse paisaje protegido. Y que eso, bien aprovechado turísticamente, puede ser un filón económico para este territorio, siempre y cuando los visitantes, de camino, no decidan apearse en la fina arena aloverana. En Taragudo, el rugido de los ultraligeros está más cerca de escucharse a pesar de los retrasos. Y el trasiego de aficionados a esta actividad no caerá en saco roto.

Son pequeños pasos que permiten avanzar a los municipios sin desestabilizarse, sin perder su esencia, sin acabar atados de pies y manos a las promesas sobre papel mojado de algunos visionarios interesados en convencer de su sueño a todos.

El bando

Por David Sierra

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Suspiraba fatigado. Lo había advertido por activa y por pasiva cada verano a través de una infinidad de sistemas y mecanismos de información que superaban la imaginación humana. El más habitual, en forma de bando, no tenía ninguna atención a pesar de grapar los panfletos por todas las calles y en los lugares más insospechados. Un poste de luz, una pared, una ventana, e incluso en el tablón municipal. Es la batalla pérdida a la que hacen frente los Consistorios y que lleva a sus ediles a frecuentes disputas vecinales por tratar de hacer cumplir la ley que, en forma de ordenanzas, regulan desde hace algún tiempo la vida cotidiana de cada núcleo urbano en pro de una mejor convivencia.

Es el reclamo sobre el que los responsables municipales siempre tienen palabras que transmitir. Es como un punzón que apuntilla sus sienes y les enerva la sangre ante la indiferencia. Pasear por las calles de su pueblo, el que gobiernan, y comprobar que todo funciona más o menos razonablemente bien; y encontrarse con esa jungla de matojos que rompe la armonía; o esa colina de enseres viejos; o esos restos de la última reforma de la casa del pueblo: esa del tejado que dejó a la deriva una montaña de adobes descuartizados, paja y cañizo para convertirse en refugio de otras especies animales más duchas en el arte de habitar recovecos.

“Es el segundo bando ya que publico y si no consigo que limpien sus parcelas, el Ayuntamiento va a advertirles por escrito y de manera individualizada a ver si así se dan por aludidos” comentaba el regidor de un pueblo de esos que linda con la serranía guadalajareña. Un mes después, seguía en sus trece, pero sin resultados. Los operarios municipales le habían elaborado un informe con las parcelas susceptibles de ser limpiadas. Las misivas fueron enviadas, en el tono amenazador que sólo se puede conseguir desde la administración. Apenas unos pocos vecinos entraron en razón. El resto… ni puto caso.

Son solares y parcelas abandonadas al destino. Bien porque a los propietarios no les sale rentable que permanezcan en buen estado; bien porque los dueños consideran que la distancia a la que están de su propiedad es mayor que su responsabilidad; o bien porque ese destino quiso que el espacio tenga tantos benefactores que ninguno quiera serlo. Son algunos ejemplos. Como el de aquella promotora urbanística que pensaba levantar un barrio y se fue al otro. A ello hay que sumar que antes, en nuestros pueblos, no eran necesarias tantas ordenanzas para regular la convivencia vecinal pues la costumbre y el sentido común eran suficientes para que la vida fluyese sin sobresaltos.

En Cabanillas del Campo su Ayuntamiento no ha querido dar más treguas. Y ha abierto casi un centenar de expedientes sancionadores por infringir estas ordenanzas al considerar que la situación había alcanzado “cotas inadmisibles”, apuntaba el concejal delegado en esta materia. Los peligros a los que se enfrentaban no son diferentes a los del resto de poblaciones que también reclaman el cumplimiento de esta normativa, a grandes rasgos, genérica en cada población. La proliferación de insectos y ratones y, sobre todo, el riesgo de incendios dentro del propio núcleo urbano son razonamientos también comunes. Sin embargo, éste último ha incrementado su consideración tras los recientes incendios vividos en Galicia el mes pasado llegando hasta el propio casco urbano de la ciudad de Vigo donde las parcelas más descuidadas fueron una amenaza real y constante.

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El Ayuntamiento de Cabanillas no se ha andado con chiquitas imponiendo sanciones económicas de entre 500 y 1.000 euros en función de la gravedad de cada caso detectado; en total más de 60.000 euros si todas las multas prosperan. No obstante, y a pesar de la trascendencia informativa que ha podido tener la aplicación de la normativa, es una solución que muchos regidores de otros municipios que comparten el mismo problema son reticentes a poner en práctica ante el temor de que ello pueda influir en la convivencia vecinal, sin atender a que su dilación pone en entredicho su autoridad. Sin embargo, la legislación sigue siendo demasiado garantista con los particulares y deja a la administración local un escaso margen de maniobra si pretende actuar de oficio mediante la ejecución subsidiaria, es decir, que el propio Consistorio llevase a cabo las tareas cargando los gastos a los propietarios. En cualquier caso, vuelven a ser los Consistorios más endebles a la hora de hacer cumplir la ley los más pequeños y con menos recursos, quedando al amparo de sus propios y limitados medios.

Ya nadie en los pueblos barre su puerta. Los operarios municipales, quien los tiene, hacen ya ese trabajo. En otros lugares más modestos, los planes de empleo regionales han permitido a los Consistorios respirar. Al menos, las parcelas municipales están presentables. Para las privadas sin limpiar, el invierno ofrece un respiro. Cada vez menos extenso. De aquí a unos meses los riesgos volverán a aflorar. En Cabanillas más de uno, seguro, se lo va a pensar.

El práctico

Por David Sierra

Llevaba tiempo esperando esa oportunidad que le abriera las puertas de la independencia económica. Aún dependía de un examen. De tres cuartos de hora al volante, callejeando por las calles de la capital con una breve salida por la autopista. Durante las semanas previas, había ensayado ya tantas veces los posibles trayectos que el fracaso no formaba parte del resultado final. Su maestro contaba con informaciones extraoficiales, de primera mano, que le permitían intuir que esta vez no habría cancelación.

Se presentó a primera hora de un martes. Repetía esta misma rutina por cuarta vez desde que a finales de julio le dieran el visto bueno para hacer la prueba práctica. En la teórica no había tenido problemas, superando casi todas las cuestiones con una mezcla de sapiencia y azar. Los tres fallos existentes no le impedían continuar. Con agosto de por medio y la actividad paralizada, más aún en ciudades como Guadalajara, lo tenía todo planeado para que septiembre fuera su mes.

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Alejandro había estado trabajando durante casi un año como cajero de supermercado con el único propósito de obtener el carnet de conducir. Eso y también el acceso a la enseñanza universitaria y a la ingeniería mediante la que quería ganarse la vida. Emplearse para formarse es la única solución, a día de hoy, para aquellos jóvenes que no tienen mecenas familiares. Septiembre era su mes.

Con todo a punto y los nervios a flor de piel, testimonio de esa primera vez en la que alguien es calificado en la manera en la que dirige los mandos, acudió a su primera cita. Con la mosca detrás de la oreja. Ya en su autoescuela le habían advertido de que el colectivo examinador estaba en confrontación laboral con quienes deben retribuir su trabajo. Y la amenaza de paros en días consecutivos venía haciéndose realidad desde el día 2 de junio.

La confianza en que los servicios mínimos sacarían el trabajo adelante, como ya había sucedido en otras ocasiones de protestas funcionariales, motivaron que su espera se prolongase más de la cuenta. Hasta regresar con la desolación de tener que aguardar una nueva fecha. Por segunda ocasión lo intentó, pero septiembre dejó de ser su mes.

Con octubre iniciado, más clases prácticas en su haber y en las cuentas de la autoescuela una luz se abría en el túnel. Los examinadores lanzaban una propuesta a la Dirección General de Tráfico para acercar posturas en favor de consensuar sus reivindicaciones, a saber, una subida salarial de acuerdo con el compromiso adquirido en 2015. Para esas fechas, la cifras de damnificados ya superaba el millar en Guadalajara, entre ellos Alejandro. Y para las propias autoescuelas que, a causa de los paros habían visto reducida su actividad de manera drásticas a medida que el conflicto se eternizaba.

El acuerdo no llegó. Desde Asextra, la Asociación de Examinadores de Tráfico, tacharon además la respuesta dada por el director general de la DGT de “ser un cúmulo de falsedades, inexactitudes y medias verdades con el único fin de confundir a la opinión pública y a las empresas que viven del sector y esconder así su propia ineptitud a la hora de solucionar un problema que como gestores están obligados a resolver y es que además cobran por ello y muy bien”. Sin dialogo a la vista – la última reunión data del 20 de agosto – y sin la voluntad por haberlo, los examinadores ya han anunciado que seguirán con la huelga durante los meses de noviembre y diciembre.

Y las cifras de perjudicados en toda España comienzan a ser preocupantes con unas 200.000 pruebas suspendidas, unas pérdidas por parte de las autoescuelas de en torno al 40% de su facturación y una ausencia de ingresos para el Estado en forma de tasas cifrados ya en 1,5 millones de euros, tal y como revela el diario El Mundo en una información reciente.

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Y es que aunque gran parte del conflicto esté centrado en la retribución salarial y en los incentivos para los examinadores, en el trasfondo se advierte una déficit de profesionales decididos a llevar a cabo esta labor, con la existencia de denuncias de establecimiento de cupos entre la Administración y las autoescuelas como medida para solventar el problema en varias provincias españolas. Las reticencias del Gobierno del Partido Popular a incrementar las plantillas de examinadores han comenzado a generar un clima de incertidumbre en el que las teorías basadas en el deterioro del sistema para justificar su posterior privatización comienzan a calar hondo a pesar de los compromisos del director general de Tráfico y el ministro de Interior en la Comisión de Seguridad Vial, de no hacerlo.

Que prácticamente todos los grupos de la oposición e incluso el Defensor del Pueblo hayan tirado de las orejas al Gobierno por su inacción no ha sido suficiente para mediar en una solución.  El talante inmovilista del Ejecutivo de Mariano Rajoy se ha instalado en todos los ámbitos institucionales siendo la premisa, por encima del diálogo, la espera hasta que el devenir de los acontecimientos requieran medidas excepcionales. Cataluña es el mayor de los ejemplos.

Se presentó a primera hora de un martes. Hace unos días, Alejandro había recibido la respuesta que llevaba varias semanas esperando. Por fin, una conocida empresa del Corredor se interesaba en su aún incipiente perfil profesional y proponía una oferta de empleo que se adaptaba a sus horarios de estudio, permitiéndole combinar ambas actividades. El carnet de conducir era obligatorio.

Niños descarriados

Por David Sierra

Era uno de esos niños descarriados. Pertenecía a ese grupito de tres o cuatro que había en cada aula cuyos padres habían optado por salirse de la regla dominante preestablecida, para inscribirlos en algo que se conocía como la Ética, una asignatura de las considerada “maría” que de alguna manera permitían diferenciarte del resto. Los desafortunados debían acudir a un aula aparte, donde se juntaban con otros estudiantes herejes del mismo curso para completar el grupo. Como los garbanzos negros que se apartan en un cocido. La figura de Don Juan Carlos ya imperaba en las paredes de la escuela pública – que no laica -, junto con el Cristo crucificado, símbolo de la trascendencia que aún tenía la religión en la vida social.

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En el patio, los devotos utilizaban el vocabulario insertado en sus mentes para dotar de calificativos tan despectivos como “comunista” o “ateo” a quienes sus tutores habían orientado hacia esa formación errónea en la materia de valores cívicos. En esos pupitres se aprendía a respetar a los demás, a concebir los sustentos constitucionales como normas para el buen funcionamiento de la sociedad, a la igualdad entre hombres y mujeres, a la aceptación del ser humano sin importar su color de piel o condición, a ayudar a los que más lo necesitan. E incluso a perdonar. Estipulaba cuáles eran las obligaciones y deberes que las personas tenían como seres individuales y colectivos. También había un apartado incipiente donde el término ciudadanía adquiría un sentido más extenso que trascendía fronteras. Y ni la virgen o ningún Dios les salvaba de reproducir unos cuántos cientos de veces, a modo de castigo, la frase correcta a la transgresión de alguno de estos postulados. Pero era una “maría”. La alternativa a los carentes de devoción divina.

A lo largo de la historia reciente de nuestro país, esta conflictiva materia – por ser alternativa a la religión – ha pasado por el calvario de diversas modificaciones en cuanto a su contenido y relevancia en el peso académico del estudiante en función de las alternativas políticas dominantes en cada momento. Del ostracismo a una importancia trascendental para recalar de nuevo en el olvido. La adaptación de esta asignatura al modelo educativo tendente en la Unión Europea sobre los principios y valores regidos en el ámbito de la generación de una concienciación más europeísta tuvo como resultado la polémica Educación para la Ciudadanía surgida del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.

Palabras y conceptos como adoctrinamiento, ideología de género, sexualidad o afectividad han formado parte de la retahíla de argumentos sobre los que han basado su crítica aquellos sectores más conservadores interesados en frenar una materia fundamental para garantizar la convivencia en un entorno social cada vez más expuesto a los cambios favorecidos por el proceso globalizador imperante en la mayor parte de los ámbitos. Asignaturas que hablen al alumno sobre la vida y el modo de organizarse del ser humano son fundamentales, más aún si se atiende a la eliminación de materias que fomentan el espíritu reflexivo tal como la Filosofía. El resultado es evidente y desemboca en una banalización de la sociedad amplificada por la presencia de redes sociales que ensalzan más la cubierta que el trasfondo.

La puesta en marcha de una iniciativa piloto por parte del Gobierno regional para implantar la asignatura Educación para la Igualdad, la Tolerancia y la Diversidad es un nuevo intento para dotar a los alumnos del presente y del futuro las herramientas precisas para formar parte de ese nuevo modelo de convivencia que, desde hace algunos años, vienen promoviendo instituciones como la Fundación para la Cultura Europea, de la mano de asociaciones comprometidas con la tolerancia, la responsabilidad y la autocrítica.

En la provincia de Guadalajara, los centros de Primaria elegidos donde se impartirá esta nueva materia son: ‘Rufino Blanco’, ‘José Maldonado y Ayuso’ de Mondéjar, ‘Badiel’, ‘Río Henares’, ‘Pastrana’, en Pastrana, ‘Las Castillas’, de Torrejón del Rey Guadalajara, ‘La Arboleda de Pioz’, en Pioz, y en el ‘María Montessori’ de El Casar. Mientras que en Secundaría estará presente en el ‘San Isidro’ de Azuqueca de Henares, ‘Mar de Castilla’, de Sacedón y  ‘Clara Campoamor’, de Yunquera de Henares.

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Como era de esperar, ya ha habido varias asociaciones de marcado carácter impositivo ideológico – incluso en su denominación -, tal como la Concapa (Confederación Católica de Padres), la Asociación de profesores Educación y Persona y la Federación España Educa en Libertad que han puesto el grito en el cielo utilizando las expresiones de costumbre.

Hasta la fecha, la ampliación de centros educativos donde desarrollar esta experiencia pone de manifiesto la voluntad del ejecutivo autonómico de apostar de manera fuerte y decidida por una escuela de futuro alejada de las creencias, las supersticiones y los estereotipos para fundamentarse en los valores del civismo y la integración en la diversidad como motores del bienestar social e individual. Y sólo falta que la Administración dote a las aulas de los recursos necesarios y profesionales adecuadamente formados y capacitados para que esta gran apuesta no se trunque antes de empezar. En sus manos está.

El multiusos

Por David Sierra

La llegada del mes de octubre marca el punto de inicio de muchas de las competiciones y torneos que se desarrollan en la capital y la provincia a nivel local y provincial en una gran variedad de deportes. Es a partir de esas fechas cuando las piscinas municipales y los polideportivos reinician su actividad, abandonada de manera provisional durante el periodo vacacional veraniego. Los equipos de fútbol sala, baloncesto, voleibol o balonmano comienzan a definir sus calendarios de entrenamiento, en función de las solicitudes que llevaron a cabo en su día y de las concesiones arbitrarias de los responsables municipales encargados de esta materia.

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Salón del automóvil de Guadalajara.  Foto: ABC.

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Pensiones dignas

Por David Sierra

Bajo la alfombra del conflicto generado por las voluntades independentistas de algunos sectores de la sociedad catalana interesada en seguir manteniendo ocultas sus ‘vergüenzas’  con la participación voluntaria de un ejecutivo que acoge orgulloso el auge nacionalista de la derecha española con esa mano en alza y sin consecuencias, quedan sepultados aquellos derechos que tanto costó conseguir y que el saqueo de las arcas públicas disfrazado en forma de crisis ha ido esquilmando en la última década. Que con casi veinte años de siglo XXI ya cumplidos aún haya marchas por la lucha de unas pensiones dignas y que estas sean multitudinarias dice mucho de la lejanía existente entre la actualidad presentada detrás del plasma y la ambiental.

La Puerta del Sol madrileña acogía el pasado lunes a miles de manifestantes procedentes de todos los puntos del país, llegados en cuatro columnas que nueve días antes habían partido con el objetivo de sumar apoyos para reclamar unas pensiones dignas para el presente y para el futuro. La marcha que partió de Cantabria pasó por nuestra provincia el viernes y a ella se fue sumando gente comprometida con la causa.

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