Entre verbenas y bailes regionales

 

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Así serán las noches de agosto en muchos pueblos. /Foto cedida por Orquesta Nexia

Por Míriam Pindado

Cecilio va camino del huerto como casi todas las mañanas. Por estas fechas la tierra ya hace gala de su suerte y los tomates y pimientos empiezan a coger el color que más tarde mezclará en los pistos de final de mes. Camina más despacio que hace años, con sus manos cruzadas a la espalda y la gorra con el logo de la empresa donde trabaja uno de sus sobrinos. Mira a un lado y a otro. Curiosea por las calles del pueblo en las que por fin se ve algo de movimiento. A lo lejos pita la furgoneta del panadero y algunas mujeres se asoman a la puerta para ver por dónde anda. El yerno de la Maxi va camino de la fuente para llenar varias botellas de agua y los nietos de Tía Pilar  se acercan a la puerta de enfrente a llamar a sus amigos que seguramente ya han acabado de desayunar. Hay bicis en las entradas de las casas y coches aparcados por las estrechas calles del pueblo.

-“Esta gente aparca donde quiere y ya han cortado la calle…¡A ver ahora por dónde pasa el panadero!”, gruñe Cecilio con resignación. Pero él, aunque más cascarrabias que antes, está contento. El pueblo está vivo, la gente sigue viniendo como todos los meses de agosto y las fiestas están a la vuelta de la esquina.

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