Hacerse oír sin pisar la calle

Por Sonsoles Fernández Day

Las manifestaciones feministas del 8 de marzo del año pasado, solo unos días antes de que el coronavirus se llamara pandemia, fueron autorizadas e incluso alentadas desde el Gobierno, aun conociendo el peligro de contagio. Es cierto que en ese fin de semana se celebraron eventos igualmente multitudinarios, pero también otros se cancelaron. Justificarse diciendo que nadie imaginaba lo que nos esperaba, cuando ya en Italia la situación era extrema, no fue ni responsable ni inteligente. Desde el Ministerio de Sanidad se llegó a decir que el virus atacaba más a los hombres, y como a estas movilizaciones acudían principalmente mujeres, no era grave. Que fueran con cuidado, no se tocaran mucho y si tenían tos, mejor no fueran. Ya saben, Fernando Simón dixit. Fue una imprudencia, una locura o un riesgo innecesario, llámenlo como quieran, aunque oficialmente nadie lo ha reconocido. Un año de agotadora pandemia después, cuando aun estamos a expensas del virus, ahora Sars-Cov-2 , el 8M vuelve a traer polémica.

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