Revuelta en el ALSA

Placa de advertencia en los autobuses ALSA. // Foto: P. B.

Placa de advertencia en los autobuses ALSA. // Foto: P. B.

Por Patricia Biosca

Es jueves. Son las 8.45 horas y ya estoy esperando en una exasperante cola. “No tendría que estar aquí”, pienso mientras la parsimonia de la señora que tengo delante y que le cuenta en verso su vida a la taquillera está agotando mi poca paciencia recién levantada. Me ha llevado hasta allí un cúmulo de catastróficas desdichas, empezando por ese momento en el que mi veinteañero coche -es joven de espíritu, aunque sus achaques digan lo contrario- me dejó tirada en la A2 ayer. A partir de ahí una cascada de circunstancias, un torrente de infortunio, ha causado que esté en aquella cola, aguardando para sacar un billete de ida hacia mi trabajo. Como las oscuras golondrinas de Bécquer, como la Navidad, como los cuñados, como la salsa rosa de los entrantes que hace tu madre en Nochebuena… Yo acabo de regresar al ALSA una vez más. Y así fue el reencuentro con mi vieja amiga “tragahoras” antes conocida como Continental. Sigue leyendo

En Guadalajara no vamos a por el pan en tractor

Escena de la película

Escena de la película “Señales”. //

Por Patricia Biosca

¿Recuerdas esa escena de “Señales” en la que el personaje interpretado por Mel Gibson entra por la puerta y se encuentra a sus dos hijos pequeños y a su hermano con gorros de papel de aluminio en la cabeza? Es exactamente la misma cara que se le queda a la gente de tu trabajo en Madrid cuando les cuentas que vives en Guadalajara. Que vas y vuelves todos los días y que no tienes pensado cambiar tu lugar de residencia por múltiples motivos, incluido el de que no te da la real gana. Ellos lo flipan de forma muy fuerte y lo comentan con otros compañeros. Enhorabuena, eres un extraterrestre guadalajareño. Sigue leyendo

Promesas que se cumplen (poco a poco)

Por Borja Montero

Las buenas noticias son, en la mayoría de los casos, las que más se hacen esperar. Tanto es así que el proceso de maduración del ser humano consiste, en gran medida, en aprender a esperar, en acallar la impaciencia propia de la juventud. Así, las cosas terminan llegando en su debido momento y, suele ocurrir, ese momento es cuando uno ha hecho todo lo posible para conseguirlas. Como siempre, estas peroratas pretendidamente reflexivas y aleccionadoras tienen una aplicación práctica y ésta se puede encontrar en la actualidad guadalajareña. Sigue leyendo