Entre verbenas y bailes regionales

 

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Así serán las noches de agosto en muchos pueblos. /Foto cedida por Orquesta Nexia

Por Míriam Pindado

Cecilio va camino del huerto como casi todas las mañanas. Por estas fechas la tierra ya hace gala de su suerte y los tomates y pimientos empiezan a coger el color que más tarde mezclará en los pistos de final de mes. Camina más despacio que hace años, con sus manos cruzadas a la espalda y la gorra con el logo de la empresa donde trabaja uno de sus sobrinos. Mira a un lado y a otro. Curiosea por las calles del pueblo en las que por fin se ve algo de movimiento. A lo lejos pita la furgoneta del panadero y algunas mujeres se asoman a la puerta para ver por dónde anda. El yerno de la Maxi va camino de la fuente para llenar varias botellas de agua y los nietos de Tía Pilar  se acercan a la puerta de enfrente a llamar a sus amigos que seguramente ya han acabado de desayunar. Hay bicis en las entradas de las casas y coches aparcados por las estrechas calles del pueblo.

-“Esta gente aparca donde quiere y ya han cortado la calle…¡A ver ahora por dónde pasa el panadero!”, gruñe Cecilio con resignación. Pero él, aunque más cascarrabias que antes, está contento. El pueblo está vivo, la gente sigue viniendo como todos los meses de agosto y las fiestas están a la vuelta de la esquina.

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Estampas de verano

La III Muestra Internacional de Timelapses

La III Muestra Internacional de Timelapses “El Castillo” cubrió aforo en sus dos sesiones. // Foto: http://muestratimelapses.socumo.es/

Por Marta Perruca

El estío empieza a marcharse  sigilosamente de los pueblos del Señorío de Molina, cuando agosto llega a sus últimos estertores. Quizá ahora no nos demos cuenta, pero dentro de unos días empezaremos a notar el silencio que ha dejado tras de sí: el mismo con el que decidió marcharse. Es el silencio de los fantasmas que desaparecen de las puertas de la carnicería, la frutería, la pescadería o  las cajas de los supermercados;  de las sillas de las terrazas de los bares y las mesas de los restaurantes;  de las calles y plazas y los aparcamientos vacíos.

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Cultura contra el calor

Citas, como las jornadas medievales de Almonacid, son un buen ejemplo de como dotar de vida a un pueblo.

Citas, como las jornadas medievales de Almonacid celebradas este fin de semana, son un buen ejemplo de como dotar de vida a un pueblo.

Por Abraham Sanz

Cuando el sol aprieta en agosto, la huida de la ciudad parece la mejor opción. De ahí que sea tan habitual ver las calles de Guadalajara vacías, sin apenas tráfico ni viandantes y muy lejos del ritmo estresante en el que se sume nuestra ciudad cuándo se encuentra a pleno rendimiento durante el año. En este mes, la ciudad vive en calma y son los pueblos, esos pequeños lugares que durante el invierno apenas moran unos cientos de valientes; los que ahora asumen esa viveza y dinamismo que poseen las ciudades durante el resto del año.

Y más ahora que, desde que la situación económica entró en barrena, la salida al pueblo se ha convertido en una salida veraniega que ya nadie descarta tanto porque sirve para desconectar del día a día, como porque se trata de una opción más económica que buscar otro destino turístico por España. Aunque, lo cierto es que a pesar de que todas las pequeñas poblaciones se han acostumbrado durante este tiempo a acoger estos incrementos poblacionales en la época estival, cierto es que no todas logran dotar de contenido a los días para que sus nuevos pobladores, puedan no sólo disfrutar, sino volver a retomar ese apego al pueblo que tiempo atrás tuvieron sus padres.

La salida a la piscina, al bar de turno con los amigos y una ruta por el campo suelen ser las opciones en las que se sostiene un verano rural que, si bien, para unos días está bien; pero para aquellos que deciden prolongar durante más tiempo esas vacaciones, puede que al final terminen teniendo morriña de su ciudad. Es por esta razón, que cualquier cita cultural –alejada de las tradicionales fiestas municipales-, resulta de lo más agradecida en estos entornos donde, escasean. Si bien, hay un camino que trata de suplir estas carencias y logra aunar artesanía, diversión y teatro. No son otras que las manidas ferias medievales. Y aunque manidas, lo cierto, es que crean un más que notable impacto en las ciudades donde tienen lugar. No sólo a nivel económico, sino a nivel turístico e incluso cultural, puesto que son días en los que ese retroceso en el tiempo, nos inspira a conocer más partes de nuestra historia o a recordar viejas costumbres.

No digo que se deba poblar la provincia de este tipo de citas; sino que es preciso afianzar las que ya existen para que,  año tras año, logren incrementar sus niveles de calidad y puedan convertirse en focos de turismo que, a la par vayan aparejadas con citas culturales que permitan ver a todos que además de música y toros; se puede disfrutar con cultura y naturaleza. Caminar en este sentido nos hará  que la filosofía de centro comercial y McDonald’s; no se traslade al ámbito rural a la de bar y más bar.

Que ir al bar, no está mal; pero no puede ser casi la única opción de ocio en los pequeños pueblos, por lo que, asociaciones, ayuntamientos y gente que aún mantiene amor a sus pueblos, han de promover citas o eventos en los que se cuente con la implicación de los propios vecinos. Que sean ellos quienes organicen y a su vez, sean partícipes de un calendario de actos que permitan ir dotando de vida y ‘vidilla’ a los pueblos, aprovechando ese pequeño resurgir que han vivido con la crisis.

Y en la ciudad, más de lo mismo. Es evidente que la ciudad se vacía, pero hay muchas familias para las que el verano se ciñe a Guadalajara donde, la falta de animación es tal que lo más interesante, es contemplar el avance de las múltiples obras que hay abiertas y en marcha por la ciudad. Cierto es que, durante el mes de julio, fueron diversas las actividades promovidas para los más pequeños junto con el campamento urbano; pero en agosto el calendario se vuelve árido ya sólo pensando en las próximas Ferias. Una pizquita para agosto no estaría de más para lograr que, entre todos, el mes más largo del año para los que no tienen vacaciones, se haga más llevadero.