Las constantes vitales del encierro

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Servicios de Emergencia en la atención a un herido del encierro de 2016. // Foto: @guadaque

 

Por Gema Ibáñez

No seré yo quien se cargue la tradición de los encierros de Guadalajara. Ésa mochila no es mía. Y no porque les tenga una querencia especial, sino por respeto a todos aquellos que ponen su piel y su alma en un festejo que probablemente esté en las pesadillas nocturnas de la mayoría de los ediles de la ciudad. Les he visto respirar por fin cada vez que el último de los toros es encerrado ya en la Plaza. El color vuelve a sus caras, sus músculos se relajan, su saturación sube, su frecuencia cardíaca baja y sus inspiraciones y expiraciones se ralentizan y por fin son profundas.

Sí. Reconozco que monitorizaría las constantes de alcalde y concejales. Curiosidad no más. Porque siempre andamos pendientes del estado anímico de los corredores. Pero ojo con la tensión arterial que deben gastar estos días los responsables municipales. La de nuestra querida Policía Local ya la doy por alta en sistólica, fijo.

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Sobre sueldos y alcaldes

Por Celia Luengo

Antonio Román volverá a cobrar del Ayuntamiento de Guadalajara, 60.491€ anuales, liberado al 90% tal como acordó el pleno municipal el pasado 30 de junio. Los concejales de Ciudadanos apoyaron la decisión, los de PSOE y Ahora Guadalajara votaron en contra. Hasta aquí todo correcto, la propuesta de Román no sólo es legal, también es legítima y razonable, nadie debe trabajar sin cobrar, tampoco el Alcalde de Guadalajara. Sigue leyendo

Cien días que saben a poco

El Alcalde y su equipo haciendo balance de sus primeros cien días de gobierno // Foto: Europa Press

Por Álvaro Nuño

Quizás mientras que usted, amigo lector, esté leyendo este articulo, el Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara esté celebrando la sesión ordinaria del último viernes de cada mes (en este caso, del primero). Por mi trabajo como periodista local, cubrí durante muchos años largos y en demasiadas ocasiones tediosos plenos municipales en los que el guión estaba más que escrito antes de que el Alcalde de turno abriera si quiera la sesión. Así ocurría siempre que un equipo de Gobierno estaba respaldado por su propio grupo político detentando una indiscutible mayoría absoluta. Ese rodillo -democrático pero rodillo-, funcionaba prácticamente a piñón fijo y así, todas las propuestas presentadas por el grupo que mantenía esa mayoría se aprobaban con el voto en contra de la oposición, y, por contra, las mociones presentadas por los grupos minoritarios eran rechazados casi automáticamente. Menos de las deseables eran las ocasiones en las que una de las dos bancadas se saltaba el guión y el debate terminaba en acuerdo por cesión de una de las partes o de ambas. Sigue leyendo