Una fiesta con poca ‘Historia’

La toma de la ciudad por Alvar Fáñez, la cita de este fin de semana en la capital. // Foto: R.M-www.culturaenguada.es

La toma de la ciudad por Alvar Fáñez, la cita de este fin de semana en la capital. // Foto: R.M-www.culturaenguada.es

Por Abraham Sanz

Guadalajara, aunque a veces nos empeñamos en menospreciarla quienes vivimos en esta ciudad, goza de mucha historia y mucha de ella parece que desconocida para el gran público, especialmente para quienes son oriundos de esta tierra. Gracias a dos recientes conmemoraciones, el 550 aniversario de la otorgación del título de ciudad a nuestra capital y, el 900 aniversario de la muerte de Alvar Fáñez –quien liberó  la ciudad del dominio musulmán en aquella noche estrellada que preside nuestro escudo-; se ha logrado acercar dos hitos históricos por los que Guadalajara pasó y que hizo que gozará de una notable relevancia tanto en la época musulmana como en la Edad Media.

Acercar la Historia de la localidad donde residimos es algo fundamental para conocer nuestras raíces y valorarlas así como para lograr una mayor y mejor identidad con el terruño que nos vio nacer. Cada vez, desde los centros educativos, se ejercita más este afán de dar a conocer nuestro pasado más próximo y con citas, como la que se celebró este fin de semana sobre Alvar Fáñez, se consigue despertar el interés y la curiosidad por quienes, un día, fueron quienes guiaron los designios de esta ciudad.

Si bien, file, se echó de menos una rama que no sólo se ciñera a lo lúdico, sino que también quisiera ahondar en este interés histórico que pudiera despertar esta efeméride. Alguna charla o conferencia de diferentes historiadores –que los tenemos y muy buenos- que hayan investigado sobre el personaje y su época, hubiera dado un mayor empaque a esta cita y un mayor valor social.

Hay quien me puede decir que para tal fin se optó por la recreación teatral de la toma de la ciudad, pero para poder entenderla, haber podido tener un conocimiento más en profundidad de la época, nos hubiera permitido conocer los porqués de la batalla, sus entresijos más singulares así como las formas de asedio que se utilizaban en el Medievo. Por otra parte, he de apuntar que la representación no pasó de un aprobado raspado ya no sólo porque faltaban actores que llenasen el escenario –la zona situada entre el torreón de Alvar Fáñez y el muro del Palacio Infantado, donde discurría la muralla de la ciudad en el año 1.100 y de la que hoy no queda ni rastro-; sino porque el sonido no invitaba a introducirse en situación y no dejó de ser más que un mero teatro que sí, estuvo animado, pero que no logró entusiasmar al público.

Una lástima desaprovechar la ocasión, cuando en Guadalajara gozamos de importantes referentes en este tipo de recreaciones y que ya gozan de un éxito más que notable como son el festival medieval de Hita o las jornadas medievales de Sigüenza. Espejos en los que hay que mirarse para lograr esa sintonía con el espectáculo, que no se logró el pasado sábado.

Y sí, fue una lástima, porque el resto de actividades, sin salirse del guión de lo que ofrecen este tipo citas que buscan que retrocedamos en el tiempo, funcionaron con buena asistencia de público y dio vida a una de las zonas más bellas de la ciudad, pero más deprimentes. No es otra que el entorno del Palacio del Infantado, que usarle como telón de fondo del habitual mercado, fue, es y sigue siendo la mejor opción no sólo para dotarle de ese aire añejo al mismo; sino porque es el mayor tesoro de la ciudad y debe ser explotado en mayor medida turísticamente.

Sin embargo, confío en que esta cita no sea un punto y final; sino que el cierre del mercado del domingo se haya convertido en un punto y seguido para que, poco a poco, esta conmemoración del aniversario de Alvar Fáñez, se convierta en una cita con estancia propia en el calendario que nos permita adentrarnos cada vez más en diferentes pasajes de la historia de la ciudad. Y ya no sólo aprovechar el entorno del Palacio del Infantado, es una buena oportunidad para dar a conocer todo el legado de los Mendoza que aún se conserva por el casco histórico de la ciudad y, por qué no, puede ser un acicate para que los proyectos entorno al Alcázar de Guadalajara vuelvan a ser desempolvados y replanteados de nuevo para poner en valor uno de los monumentos más añejos y de mayor importancia que aún se conserva en la ciudad.

Lo ideal es que este tipo de eventos medievales, además de ser un buen lugar para el comercio artesanal y volver a revivir antiguos estilos de vida, se conviertan en una pequeña fiesta de la historia de Guadalajara en la que, se logre implicar más a la ciudadanía a participar, aprender y a recrear ese ambiente de la Edad Media a través de los más pequeños.