El cuento de Ascensión Mendieta

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Titular y artículo escrito por The New York Times. // Imagen: Juan Medina / Reuters/ The New York Times

Por Patricia Biosca

A pesar de su pelo totalmente blanco y su figura arrugada, Ascensión Mendieta poseía aún una mirada con unos ojos abiertos de par en par, de esos que ponen los niños cuando escuchan un cuento. La misma sensación daba el contraste de su ropa: el sobrio abrigo de visón marrón y la mullida bufanda morada y blanca chocaban con el multicolor de sus rayados guantes de algodón, que apretaban sus antiguos dedos de costurera. Ascensión era así: la normalidad que, de repente y por un pequeño detalle, se hace excepcional. E incluso a su muerte ha conseguido mantener esta dicotomía que ella nunca pidió, pero que la vino a encontrar. Y así es como un periódico como The New York Times se hizo eco de la muerte y triunfo de una “modesta mujer de pueblo que no buscaba ser el centro de atención, pero que se convirtió en una heroína para muchos”.  Sigue leyendo

En el recuerdo, Ascensión Mendieta (1925-2019)

No Crónica de una memoria que intentan borrar.

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FOTO / IGNACIO IZQUIERDO

 

Ascensión Mendieta se convirtió en símbolo de la lucha por la memoria histórica en España por la lucha que mantuvo por la recuperación del cadáver de su padre, Timoteo Mendieta, asesinado en 1939 por las tropas franquistas, tropas del ejército español alzado contra el legítimo gobierno de la II República Española, y enterrado en una fosa común en el cementerio de Guadalajara. Ascensión Mendieta protagonizó el primer caso de lo que se denominó “querella argentina” contra los crímenes del franquismo y fruto de ello logró exhumar a su padre en 2017. (Wikipedia)

 

Por Ignacio Izquierdo (*). 

Acompañé a Ascensión Mendieta las dos veces que se intentó exhumar los restos de su padre, Timoteo. Recuerdo que la tensión se podía respirar en todo el equipo forense que estuvo trabajando en la primera excavación, quizá preocupados por no defraudar a Ascensión, que a sus 91 años, había hecho de la búsqueda de su padre, el motor de su vida. Sigue leyendo

Descanse en paz

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Ascensión Mendieta, en el entierro de su padre. //Foto: Público

Por Álvaro Nuño.

“Gracias por venir a este acto tan triste”. Las palabras de Ascensión Mendieta en el entierro de su padre, el pasado domingo en el cementerio civil del Este (o de La Almudena, como quieran llamarlo), reflejan el sentimiento de esta valiente mujer de 92 años, que ha luchado sin descanso hasta poder darle una sepultura, velarle y llevarle flores sobre una lápida con su nombre, reconocible. Su lucha ha sido una batalla continua contra los elementos, contra la historia, contra el olvido, contra un estado de las cosas que prefiere olvidar y no reabrir viejas heridas, un discurso, claro, que mantienen los que no las sufren. Ascensión ya ha cerrado la suya y a sus 92 años puede morir en paz después de haber encontrado el cadáver de su padre, que yació 78 años en una anónima fosa común en el cementerio municipal de Guadalajara.

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Examen de madurez

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Ascensión Mendieta supervisa en primera línea los trabajos de exhumación del cuerpo de su padre. // Foto: Twitter SER Guadalajara

“Y sentarnos todos: / los despiezados, los perdidos, los que consumen cera a la izquierda, / los sepultados sin sepultura, los que fueron ceniza, denso vacío, / los que dijeron la palabra y los que callaron y tuvieron miedo, / los avergonzados, los postergados por el amor, los heridos por el deseo, / los que esperan sin saberlo y los que saben y ya no esperan, / los que fueron luz o sonrisa, los que dejaron algo, los que apenas fueron.” (“Esta extraña fidelidad tan perruna y nuestra”, Antonio Crespo Massieu)

Por Borja Montero

Guadalajara está siendo estos días escenario de lo que debería ser un ejemplo de madurez democrática. El inicio de las labores de exhumación e identificación de los restos mortales de Timoteo Mendieta Alcalá no debería ser noticia, sino simplemente el último trámite que una familia tiene que atravesar para poder recuperar el cuerpo de su pariente represaliado. Sin embargo, el revuelo mediático que ha supuesto este caso, así como la peripecia necesaria para llegar a su resolución, indican que, lejos de que la España constitucional haya llegado a su mayoría de edad (habiendo cumplido ya los 40 años, recuerden), la verdadera reconciliación nacional, la que consiga igualar finalmente el status de los participantes en la Guerra Civil, la que quite honores a unos y, sobre todo, condenas y penas a otros, se antoja imposible de conseguir. Sigue leyendo

La lucha de Ascensión Mendieta

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Ascensión Mendieta (derecha) al fin podrá recuperar los restos de su padre fusilado en el cementario de Guadalajara en 1939. Foto: Lasexta.com.

Por María José Establés

Guadalajara vuelve a ser noticia en el programa El Intermedio del canal de televisión La Sexta. Ascensión Mendieta, natural de Sacedón, ha conseguido al fin la autorización judicial para exhumar los restos de su padre, fusilado el 16 de noviembre de 1939 en Guadalajara, y que se encuentran enterrados en una fosa común del cementerio de la capital alcarreña junto a otros 17 cadáveres. Se trata de la primera vez que un juez español da permiso para una exhumación dentro de un proceso penal.

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Las heridas abiertas

Ascensión Mendieta, retratada por Uly Martín para un reportaje publicado por El País en diciembre de 2013, a la vuelta de su viaje a Buenos Aires.

Ascensión Mendieta, retratada por Uly Martín para un reportaje publicado por El País en diciembre de 2013, tras regresar de su viaje a Buenos Aires.

Por Rubén Madrid

Ascensión Mendieta tiene casi 90 años y lleva 76 con la herida abierta. Es la hija de un sindicalista fusilado el 16 de noviembre de 1939, cuyos restos yacen en una fosa común del Cementerio de Guadalajara. La anciana se pegó hace dos años un viaje de 10.000 kilómetros hasta Argentina para prestar declaración ante una juez que investiga crímenes del franquismo y que, tras escucharla, pidió la exhumación del cadáver. Así que Ascensión Mendieta estaba ya muy cerca de rescatar por fin los huesos de su padre para ponerlos a descansar junto a los de su madre. A esto, y no a otra cosa, es a lo que algunos llaman reabrir heridas. Sigue leyendo