El duelo, los abrazos perdidos

Por Gloria Magro.

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Aún recuerdo la profunda impresión que nos produjo el fallecimiento por COVID de la primera persona cercana. Pronto hará un año. La enfermedad, imprevista y desconocida, les sorprendió implacable. A él le llevaron a hospital, ella aguantó en casa. Dos días después llegó la noticia, la desolación y el desconsuelo. No hubo velatorio posible, ni pésame o acompañamiento. El entierro fue en la más estricta intimidad por imposición legal y la familia aún hoy arrastra la soledad inasumible de aquellos días. Como ellos, los allegados de los fallecidos en este último año padecen las secuelas de la ausencia de la despedida y de un duelo público y compartido.

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