La bibliotecaria

Por David Sierra

Nunca supo que sería su vocación. Cayó en el puesto por una de esas casualidades que tiene la vida. De estar en el lugar y a la hora adecuada. Y cuando decidieron que era demasiado tarde para retroceder, la eligieron. A ella, que no tenía ni puta idea. Que su único vínculo con ese cargo era que le encantaba leer. De todo. Y a todas horas. Hasta que caía rendida por las noches. En el tren, cuando el paisaje se ocultaba entre paredes de naves industriales y no había mirada con la que ganar la lejanía. Le entusiasmaban las letras que ahora la condenaban.

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