Un plan para Villaflores

2018.10.05 villaflores

Poblado de Villaflores, a 5 kilómetros de Guadalajara // Foto: Lista Negra/ABC

Por Álvaro Nuño.

El último Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara aprobaba por unanimidad el Plan de Especial Protección del Poblado de Villaflores, una herramienta urbanística con la que cuentan los municipios y que pretende dar solución a un problema concreto del término capitalino, como es, en este caso la salvaguarda de esta joya histórico-artística declarada ya por la Junta de Comunidades como Bien de Interés Cultural en 2014, pero no por ello más abandonada ni desprotegida por sus propietarios, en este caso el propio Ayuntamiento de Guadalajara y la constructora Hercesa.

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Una joya sólo para VIP

El Monasterio de San Bartolomé está declarado Bien de Interés Cultural desde 1931.//Foto:zankyou.es

El Monasterio de San Bartolomé está declarado Bien de Interés Cultural desde 1931.//Foto:zankyou.es

Por Ana María Ruiz

Guadalajara posee numerosos encantos turísticos, tanto naturales como monumentales, que convierten a la provincia en un destino cada vez más demandado por visitantes de toda España. Sin desmerecer a ninguno, mi preferido es el Monasterio de San Bartolomé de la localidad de Lupiana, un espectacular monumento, cuna de la Orden de los Jerónimos, cuyo claustro del siglo XVI, obra de Alonso de Covarrubias, está considerado como una de las más importantes joyas del Renacimiento español. El conjunto arquitectónico goza de la declaración de Bien de Interés Cultural como Monumento Histórico Nacional desde el año 1931. Sin embargo, continúa siendo un gran desconocido tanto para los turistas como para los guadalajareños.

Reconozco que siento un cariño especial hacia este imponente edificio y, sobre todo, a su maravilloso y privilegiado entorno natural, ya que fue el escenario de los veranos de mi niñez y mi adolescencia en los que compartía risas, juegos, aventuras, trastadas y confidencias con mis hermanos y mis primos. Explorábamos aquel gran Monasterio, entonces abandonado y rodeado de enormes bosques de pinos y encinas, en los que olía a espliego, romero y tomillo. A campo, a vida. Recuerdo que en aquellos años la zona siempre estaba atestada de familias que acudían a sus praderas y a la Fuente de los Siete Caños pertrechadas con sus mantas y neveras para pasar los sábados y los domingos en un paisaje que parecía sacado de un cuento. El frondoso bosque que rodeaba al monumento ofrecía buena sombra y los arroyuelos ayudaban a sofocar el calor en verano. Había incluso una coqueta casa de guardeses al final de un pasaje cerrado por tupidos cipreses en la que grupos de scouts de Madrid solían organizar excursiones de fin de semana.

Hoy en día no queda rastro de esa casona, ni de las familias domingueras, ni de las praderas, ni del bullicio infantil. A pesar de que el bosque continúa allí, salvaje, está sumido en el más absoluto abandono.

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El tiempo, en espiral

Guitarra

Por Marta Perruca

La guitarra, encima de la cama sobre su funda y un montón de partituras con canciones nuevas, dispuesta a cualquier minuto que se escape en el reloj y quiera arrancarle algunas notas; el vaso de Coca-cola ocupa el lugar que en otro tiempo perteneció al cenicero, porque  mañana hace un mes que volví a dejar de fumar – qué vicio más perverso-. Y aquí estoy otra vez, delante del ordenador, tratando de comprobar hacia dónde me llevará esta reflexión. Sigue leyendo