Sospechosos habituales

Por Borja Montero

En una sociedad que presume de ser un Estado de Derecho ordenado y coordinado por una Constitución nacida del acuerdo entre representantes de una amplia variedad ideológica, no se entendería que una Ley aprobada en el Congreso de los Diputados y que hubiera seguido todos los trámites legales fuera incumplida de forma manifiesta y sistemática durante once años después de su entrada en vigor sin ninguna consecuencia para los que se saltan la norma. Y son casi 700 los presuntos infractores conocidos, según datos del Ministerio de Justicia. La Ley de Memoria Histórica, en vigor desde diciembre de 2007, no se tomó en su momento como un texto de obligado cumplimiento a rajatabla y, a pesar de que se han ido llevando a cabo medidas al respecto a lo largo de los años, no todos los afectados se han movido de la misma forma por situarse dentro de la legalidad, en parte debido a la inexistencia de sanciones por parte del Estado, habiendo quienes directamente no han hecho nada en absoluto.

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Los sapos de Román

Antonio Román, ayer, en la clausura de los talleres de empleo. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara. Jesús Ropero

Antonio Román, ayer, en la clausura de los talleres de empleo. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara. Jesús Ropero

Por Concha Balenzategui

A mediados del mes de febrero Antonio Román confirmaba a la prensa su intención de presentarse a las Elecciones Municipales, poniendo fin a meses de incertidumbre en los que el alcalde se dejaba querer, pero nunca daba por sentada su continuación en la política municipal. En aquella ocasión -ya lo destacábamos en un artículo titulado “El candidato converso”– Román confesaba que el partido le había convencido para que encabezara nuevamente el cartel del PP.

Ocho meses y medio después, me pregunto cuántas veces, desde las elecciones de mayo, nuestro alcalde se habrá arrepentido de ceder ante quien le convenció, que damos por hecho que fue María Dolores Cospedal. Sí, me figuro a Román pensando qué necesidad tenía él, después de ocho años como alcalde en mayoría absoluta y manteniendo su vocación por dedicarse más a fondo a la Medicina, de meterse en este “fregado”. Me lo imagino -porque confieso que todo esto es pura elucubración- acariciando la idea de la tranquilidad de la que ahora gozaría si hubiera rechazado la oferta de aquel “caramelo envenenado”. Me pregunto, por último, si la satisfacción del deber cumplido -el partido le necesitaba, explicó entonces- hará disipar estos pensamientos con la suficiente rapidez.

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