Abriendo fronteras desde Guadalajara

2016-11-25-charla-publico

El salón de actos de la Biblioteca, abarrotado de público en el conferencia-debate “la crisis de los refugiados en los medios de comunicación” // Foto: Cultura En Guada

Por Álvaro Nuño.

Coincidiendo con la celebración del Día Universal del Niño de 2016, el pasado 20 de noviembre, medio centenar de vecinos y vecinas de Guadalajara se decidían a redactar y hacer público un manifiesto -que reproducimos a continuación- en defensa del derecho a refugio por el que claman las principales ONGs y la solidaridad humana. Se hacen llamar Grupo Abriendo Fronteras y eso es lo que realmente piden, que la vieja y huraña Europa y sus acomodados habitantes no miremos hacia otro lado frente a la tragedia que sufren diariamente millones de seres humanos como nosotros que huyen del hambre y de la guerra, y a los que les contestamos cerrándoles las puertas, poniendo más vallas y blindando nuestras fronteras.

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Derecho a refugio

2016-09-30-refugiados

Una madre abraza a su hija en uno de los campos de refugiados. // Foto: caritasurgell.cat

Por Álvaro Nuño.

Mañana sábado, 1 de octubre, tres ONG alcarreñas -ACCEM, Cáritas y Cruz Roja- saldrán a la calle en nuestra ciudad para refrescarnos una de las tragedias más terribles que se están produciendo en estos momentos en el mundo y que nos afecta muy de cerca, aunque la vieja e insolidaria Europa trate de alejar el problema fuera de sus fronteras. Cientos de miles de personas, personas como nosotros, mujeres, hombres, ancianos, niños, se han visto obligados a dejar sus hogares y embarcarse en un peregrinaje que no les lleva hacia ninguna parte que no sean vallas, alambradas y campos de reclusión en el mejor de los casos, cuando no con la muerte ahogados en el Mare Nostrum, cuyas aguas están teñidas ya con la sangre de esos seres humanos, ante la mirada esporádica de los que vivimos seguros a este lado de esas fronteras y que sólo atisbamos a reconocer la tragedia cuando los medios de comunicación aciertan a difundir imágenes de niños sufriendo, con no poco efectismo.

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De bruces con la realidad

Un hombre rebuscando entre la basura en el barrio de Los Manantiales.//Foto: Ana María Ruiz

Un hombre rebuscando entre la basura en el barrio de Los Manantiales.//Foto: Ana María Ruiz

Por Ana María Ruiz

Seguimos otra semana más hablando de pactos, acuerdos, formación de gobiernos, minorías, mayorías, alcaldías y presidencias, que por otra parte es lo que toca como mínimo hasta finales de este mes. En estos días en los que todos nos hemos convertido en improvisados analistas políticos, el Instituto Nacional de Estadística se ha encargado de devolvernos a la realidad, a la más cruda realidad que padecen miles de castellano-manchegos y cientos de vecinos de Guadalajara.

El organismo oficial ha presentado los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida 2014, que reflejan que un 22 por ciento de los españoles vive en el umbral de la pobreza. En Castilla-La Mancha el porcentaje se eleva hasta el 28,4 por ciento, lo que convierte a nuestra región en la cuarta Comunidad Autónoma con la tasa de pobreza más alta del país, sólo por detrás de Murcia (37,2%), Andalucía (33,3%) y Extremadura (33,1%). Para echarse a temblar.

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¿Más racismo?

Por Ana María Ruiz

La Federación de Enseñanza de UGT, con la colaboración del Departamento de Migraciones del Sindicado y la financiación del Fondo Europeo para la Integración Social de los Inmigrantes, ha puesto en marcha la campaña “Stop Racismo: educar para encontrarnos, educar sin exclusión”, que se va a desarrollar en los centros de Primaria y Secundaria de Guadalajara a lo largo de los próximos meses. El objetivo es promover la educación intercultural sensibilizando a los alumnos para la construcción de escuelas inclusivas y evitar el rechazo a los que vienen de fuera en busca de una vida mejor.

Ésta no es la única actividad que se lleva cabo en la provincia para fomentar el respeto mutuo entre ciudadanos de distintas nacionalidades, ya que existen numerosos programas de integración desarrollados por otras organizaciones sociales, pero me sirve como excusa para abordar un tema delicado, políticamente incómodo, en el que suele primar la hipocresía y del que se ha hablado hasta la saciedad: el racismo.

Imagen de uno de los programas de atención lleva a cabo Cáritas en la provincia. //Foto: Cáritas

Imagen de uno de los programas de atención lleva a cabo Cáritas en la provincia. //Foto: Cáritas

En los últimos meses, me ha llamado la atención que cada vez nos da menos miedo decir lo que realmente pensamos del fenómeno de la inmigración. No sé ustedes, pero yo cada vez oigo a más personas que en conversaciones de colegio, barra de bar o de calle afirman: “Cada vez me estoy haciendo más racista”. Comentarios como “nos están quitando el trabajo”, “se quedan con todas las ayudas”, “se las saben todas para pedir” y “que se vayan”, van tomando mayor fuerza conforme avanza la crisis y este país y esta provincia no ven salida al grave problema económico que padecen cientos de familias.

Desde las organizaciones que tratan directamente con los inmigrantes se viene llamando la atención sobre el creciente rechazo que la sociedad española tiene hacia este colectivo. Incluso la ONU, en las conclusiones del décimo aniversario de la Declaración de Durban (Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en septiembre de 2011 en Nueva York) reconoce que “la xenofobia en sus diferentes manifestaciones es una de las principales fuentes y formas contemporáneas de discriminación y conflicto y para combatirla los estados y la comunidad internacional tienen que prestarle urgente atención y adoptar rápidamente medidas”.

Por ello, cobran más importancia campañas como la que está llevando a cabo FETE-UGT, aunque soy de la opinión de que son precisamente los niños los menos excluyentes, fundamentalmente porque conviven a diario con compañeros extranjeros en las aulas con toda normalidad, juegan con ellos en el recreo o en el parque y no dan más importancia a su lugar de procedencia, a sus creencias o al color de su piel porque su trato con ellos viene desde las edades más tempranas, por lo que todavía no están “contaminados” de los prejuicios de los adultos.

Rechazo. Personalmente no creo que todos los que se consideran cada vez más xenófobos o racistas lo sean en el sentido estricto de la palabra. Me inclino a pensar que lo que sienten es rechazo, miedo e incertidumbre ante las nuevas realidades que se imponen en un mundo cada vez más globalizado en el que la interculturalidad es un hecho. Por ello es necesario cambiar el chip y abordar esta nueva realidad desde otra perspectiva diferente a la de considerarnos los dueños del cortijo, porque nosotros también nos estamos convirtiendo en inmigrantes, especialmente nuestros jóvenes, obligados a marcharse de un país que no les ofrece ninguna posibilidad de futuro. Y nos gustaría que estos jóvenes fuesen tratados como iguales en los países que los acogen.

El proceso de adaptación debe ser mutuo. Los autóctonos debemos dejar de creer que este país nos pertenece en exclusiva y los inmigrantes no pueden pensar que llegan a España únicamente para beneficiarse de los múltiples recursos sociales a los que tienen acceso, sino que deben saber que esta nación además de proporcionar derechos, también está dotada de normas y leyes de obligado cumplimiento para todos, vengan de donde vengan y sean cuales sean sus circunstancias personales.

Sé que lo que voy a decir me va a granjear no pocas críticas, pero trataré de ser sincera. Para mí existen dos tipos de inmigración. La primera es la que aglutina a los extranjeros que vienen a trabajar y a convivir pacíficamente con nosotros. Estudian, trabajan, participan de la vida de la comunidad, se integran, son emprendedores, se forman, se interesan por conocer mínimamente el idioma, respetan las normas y contribuyen con sus impuestos al desarrollo de este país y de esta provincia. Bienvenidos sean. Pero también está la “otra inmigración”, la que no se integra, la que vive a costa de ayudas oficiales o parroquiales sin ninguna motivación ni ganas de trabajar, la que encuentra en la delincuencia su modo de vida, la que no tiene ningún interés ni ninguna intención de convivir con los autóctonos, la que crea sus propios guetos en los barrios, la que no se preocupa por conocer las costumbres ni el idioma, la que no participa en acciones formativas, la que no paga alquileres ni créditos y tan sólo consume recursos que hoy en día son escasos para todos. Esta inmigración es la que no queremos. Al menos yo no.

También creo que existen varios perfiles de ciudadanos autóctonos según su respuesta al fenómeno migratorio. Están los tolerantes: los que acogen al extranjero, le ayudan, le consideran como igual, se relacionan con total normalidad y conviven pacíficamente con ellos en pueblos y ciudades. Y están los intolerantes: los de “los españoles primero”, los que no soportan la presencia de los inmigrantes, les desprecian, no quieren que sus hijos acudan a los mismos colegios que “los de fuera”, fomentan la economía sumergida dándoles trabajo sin ningún tipo de relación contractual, los que les explotan en el ámbito laboral y, en definitiva, quisieran verles de vuelta a sus países de origen.

Propaganda electoral de la formación España 2000, que cuenta con un concejal en la vecina localidad de Alcalá de Henares.//Foto: www.alcalainos.es

Propaganda electoral de la formación España 2000, que cuenta con un concejal en la vecina localidad de Alcalá de Henares

Yo, sinceramente, no sé en qué bando me encuentro. Porque a veces soy tolerante, pero reconozco que otras muchas, dependiendo de las circunstancias, me vuelvo muy intolerante.

Los datos. Según los datos de la Secretaría General de Inmigración y Emigración del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, a 31 de diciembre de 2013 el número de extranjeros residentes en España con certificado de registro o tarjeta de residencia en vigor, es decir, con papeles, ascendía a más de 4,9 millones de personas, el 11,7% de la población total. De ellos, 206.748 viven en Castilla-La Mancha y 35.181 en Guadalajara. La provincia se sitúa por encima de la media regional en porcentaje de población inmigrante, que representa un 15,5% del total, con especial presencia en la capital, Sigüenza, la zona de Molina y en municipios del Corredor del Henares, situándose Azuqueca a la cabeza con un 22,7% de extranjeros. Por nacionalidades, la mayor parte son rumanos, seguidos de los marroquíes, colombianos, ecuatorianos y peruanos. Como curiosidad, en los últimos dos años se ha producido un incremento de llegadas de ciudadanos procedentes de Asia, especialmente de China, Pakistán y Bangladesh.

A estos números hay sumar el dato de los inmigrantes irregulares. La cifra no está contabilizada pero las ONG estiman que existen entre 15.000 y 20.000 personas sin papeles en la provincia.

En cuanto a su situación socioeconómica, tomo como referencia el último estudio del Observatorio Permanente de la Inmigración de Guadalajara (OPEGU) referentes al año 2012, a lo largo del cual se atendió a más de 3.000 personas, en su mayoría de entre 25 y 34 años, con hijos a su cargo, procedentes de Iberoamérica (35%), Asia (22%) y Marruecos (21%). Cabe destacar que el 73% entró en España de forma irregular. Sólo el 50% de los atendidos tenía regularizada su situación. En prácticamente la mitad de los inmigrantes atendidos, los únicos recursos de que disponía su unidad familiar provenían de prestaciones o subsidios o no tenían recursos. Según los datos del INE existen en la provincia 6.286 demandantes de empleo extranjeros y 2.881 perciben algún tipo de subsidio por desempleo o cobran la Renta Activa de Inserción. El 53% vivía en situación precaria de alquiler o realquiler en habitaciones o pisos en los llegan a hacinarse hasta tres y cuatro familias, detectándose una importante rotación de vivienda. Casi la mitad estaba en situación de desempleo o inactivos y el resto con ingresos derivados de alguna actividad relacionada con la economía sumergida en los sectores del servicio doméstico, la hostelería y el turismo. Dos de cada diez no tenía tarjeta sanitaria y habían perdido el derecho a tenerla por no poder renovar el permiso de trabajo, por lo que la mayoría acude a los servicios de Urgencias cuando padece algún problema de salud. Y destaca que un 88% de la totalidad de extranjeros objeto del estudio afirma no participar en el tejido asociativo de la ciudad o municipio donde reside pero sí toma parte en actividades religiosas o deportivas de su comunidad de pertenencia.

Condenados a entendernos. Lo cierto y verdad es que esa Guadalajara que hace años acogía con los brazos abiertos a los extranjeros se está volviendo poco a poco más intolerante. Los propios inmigrantes no contribuyen a su propia integración ya que apenas participan en la vida comunitaria de su lugar de acogida. Así, cada día es más notoria la división y la falta de espacios comunes de relación social. Existen zonas de “acceso único” y “reservadas” para los españoles, hay parques de Guadalajara literalmente tomados por latinoamericanos, colegios que se han convertido en reductos de musulmanes y calles comerciales plagadas de negocios asiáticos. Y esta división puede llegar a ser muy peligrosa porque fomenta el rechazo mutuo. Nos guste o no estamos condenados a entendernos. Si no ponemos todos de nuestra parte estaremos desandando un camino que hace años parecía muy prometedor por los enormes beneficios y en enriquecimiento cultural, social y económico que se generan en una sociedad multicultural, plural y globalizada.

Los niños de la recesión

Imagen de la campaña contra la pobreza infantil llevada a cabo por la ONG Educo.//Foto: Educo

Imagen de la campaña contra la pobreza infantil llevada a cabo por la ONG Educo.//Foto: Educo

Por Ana María Ruiz

Cojo prestado como titular para mi artículo el nombre que Unicef ha dado al estudio que hizo pública la pasada semana sobre “El impacto de la crisis económica en el bienestar infantil en los países ricos”, escrito por Gonzalo Fanjul, cuyas conclusiones son realmente descorazonadoras y preocupantes. La ONG llama la atención sobre el hecho de que en los países del llamado “Primer Mundo”, los niños son los que han sufrido y sufren la crisis más que cualquier otro grupo social y quienes padecerán sus consecuencias por más tiempo. Así, en 23 de los 41 países objeto de estudio -entre ellos España- la pobreza infantil ha aumentado de forma alarmante desde 2008: alrededor de 76,5 millones de niños viven en situación de pobreza en los países más ricos. En España se ha pasado de una tasa de pobreza infantil del 28,2% en 2008 al 36,3% en 2012, conviertiéndose en el cuarto país de la UE con la tasa más alta sólo por delante de Grecia (40%) y Letonia (38,2%).

Y si estos datos le dejan a uno verdaderamente helado, los publicados por la ONG Educo ponen los pelos de punta porque no auguran un futuro nada esperanzador: la tasa de riesgo de pobreza en España está creciendo a pasos agigantados llegando al 31,9% y al 36,9% en Castilla-La Mancha, que encabeza la lista nacional. Desde la organización se informa que 2,5 millones de niños españoles viven en contexto de pobreza, medio millón más que en 2007. El 25% de ellos están malnutridos y 200.000 no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado. Además, un 39% de las familias con hijos no llegan a fin de mes y hay niños en España que no reciben ni una comida saludable al día. Según los datos de la última Encuesta de Condiciones de Vida del INE, en Castilla-La Mancha hay 200.000 niños que no comen adecuadamente, 20.000 de ellos en la provincia de Guadalajara.

No hay que olvidar que detrás de estas cifras hay niños y niñas para los que la vida se ha convertido en pocos años en una verdadera carrera de obstáculos. Niños y niñas que han pasado de tener una vida confortable a cambiar el comedor familiar en el que a diario se compartían risas y conversaciones despreocupadas por la silla de un comedor escolar o social, que se ha convertido en el único lugar en el que recibir una comida medianamente saludable al día. Niños y niñas que han pasado de las meriendas que anunciaban una divertida salida al parque por unas tristes bolsas de plástico en las que un bocadillo y un zumo proporcionados por una ONG o un ayuntamiento pasarán a ser la cena y el desayuno del día siguiente.

Y estos niños y niñas no sólo padecen las consecuencias de una escasa y pobre alimentación que tiene nefastas consecuencias para su salud, sino que además se ven inmersos en una espiral de problemas derivados de su situación de pobreza: tensiones y problemas familiares a causa del paro y de la falta o reducción de ingresos, fracaso escolar, estrés, rechazo, soledad, incomprensión y un largo etcétera que, según alertan las organizaciones que trabajan más de cerca con ellos, tendrán consecuencias irreparables en su desarrollo futuro. En definitiva, un sufrimiento al que no podemos permanecer ajenos. No por ser niños asisten indiferentes y sin preocupaciones a esta situación. Sienten la crisis, la padecen y son sus víctimas más inocentes.

Como madre, no soy siquiera capaz de imaginar qué ocurriría si un día no tuviera qué dar de comer a mi hija, no pudiera pagarle el material escolar y me viera obligada a decirle que no puede realizar actividades extraescolares o ir a una excursión con sus compañeros o que vamos a pasar frío este invierno porque en casa el dinero no llega para la calefacción. Cómo le explico que nos van a echar de nuestro hogar porque nos han deshauciado, que tiene que meter todos sus libros y sus juguetes en una caja de cartón y que no sé dónde vamos a vivir. Me pongo en el lugar de esos padres y se me rompe el corazón.

Y no piensen que es mera sensiblería. Son situaciones que se producen a diario en cientos de hogares de toda España. Seguro que recuerdan el anuncio del “bocadillo mágico” de Educo que se ha emitido por televisión, en el que una madre le dice a su hija que se imagine lo que hay dentro del pedazo de pan que le da para comer. Pues bien, está basado en un caso real ocurrido en un colegio de Gerona, donde una niña de una familia catalana con dificultades económicas sacó en el recreo un trocito de pan y cuando la profesora le preguntó si no llevaba nada dentro ella le contestó que estaba relleno de algo mágico que debía imaginar. Así de simple y así de duro.

 

Plan Integral. Tanto desde Unicef como desde otras organizaciones como Cáritas, Educo, Intermón-Oxfam o Save The Children se está llamando la atención ante las graves consecuencias del crecimiento de la pobreza infantil. Se insiste en que las administraciones han de redoblar esfuerzos porque España está a la cola de Europa en la adopción de políticas sociales dirigidas a paliar este problema. Aseguran que los recortes en este área por parte del Gobierno español han incrementado la desigualdad y el riesgo de exclusión social. El porcentaje del presupuesto destinado a la protección de las familias y la infancia se redujo del 5% al 3,5% entre 2008 y 2011. Durante los tres últimos años, en Castilla-La Mancha la tijera se ha llevado por delante 300 millones de euros anuales en políticas sociales destinadas a ayudar a las familias más necesitadas.

Todas las ONGs claman por la urgencia de alcanzar un pacto nacional contra la pobreza infantil con un planteamiento integral, en el que se destinen recursos no sólo a programas de alimentación, sino educativos, socio-sanitarios, de integración, de inserción laboral, etc. En la actualidad estas organizaciones se encuentran desbordadas por las solicitudes de ayuda y no olvidemos que es al Gobierno a quien compete poner freno a esta situación vía presupuestos.

Por poner un ejemplo, a nivel local, Cáritas de Guadalajara atendió en 2012 a cerca de 7.500 personas. De ellas, 3.000 a través de su restaurante solidario y 1.000 en el supermercado solidario. Su perfil: desempleados, inmigrantes y, casi la mitad, familias con hijos: “Hace cinco años, Cáritas atendía a transeúntes e inmigrantes principalmente, ahora cada vez más a padres de entre 35 y 50 años, sin trabajo desde hace más de dos años, que no pueden pagar la hipoteca y están a punto de quedarse en la calle con sus hijos. Hoy, cualquiera puede acabar en esta situación”, afirma el vicario de Pastoral Social de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara y presidente territorial de Accem, Braulio Carlés.

En cuanto a las administraciones, el Ayuntamiento de Guadalajara, a través de las concejalías de Familia y Bienestar Social, desarrolla también varios programas de ayuda familiar. Así, de las 4.000 citas atendidas a través de sus Servicios Sociales, 335 fueron de familias con hijos menores de 16 años, beneficiarios del programa de los desayunos solidarios saludables que se lleva a cabo en colaboración con los centros escolares de la ciudad. Estas ayudas se complementan con 304 tarjetas monedero para la adquisición de productos frescos, perecederos y de higiene en Mercadona, Eroski y El Corte Inglés. Y como el de Guadalajara, la práctica totalidad de los ayuntamientos de la provincia dispone de programas de apoyo a las familias. Sin embargo, se ha demostrado que esto no es suficiente. Las instituciones públicas deben tomar conciencia de que la pobreza infantil es una realidad creciente. La solución no puede reducirse a la política de la caridad ni a la vuelta a la “cartilla de racionamiento”. Nuestros gobernantes tienen que bajar de su pedestal y comprobar a pie de calle el drama que se vive a diario en cientos de hogares de España, de Castilla-La Mancha, de Guadalajara.

Precisamente este fin de semana se celebra en la capital el III Consejo Estatal de la Infancia y la Adolescencia en España, organizado por la Plataforma de la Infancia, Unicef, el Ayuntamiento y la Diputación. Participan más de 3.000 niños llegados de todo el país. Señores políticos, no vayan sólo a hacerse la foto. Escúchenles. Seguro que a ellos se les ocurren muchas formas para empezar a diseñar un futuro mejor para los niños y niñas de este país.

Y estos “señores”, ¿de qué se ríen?. En el año en que se cumple el 25 aniversario de la Declaración de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, el horizonte podría ser esperanzador. Sin embargo, algunos políticos se empeñan día tras día en demostrarnos su total falta de sensibilidad. Durante el turno de intervención del líder del PSOE en el debate de los Presupuestos Generales del Estado para 2015, Pedro Sánchez llamó la atención sobre el problema de la creciente pobreza infantil en nuestro país. En la bancada del PP, del partido en el Gobierno, muchos de sus diputados comenzaron a reírse y a mofarse con un “Oooooh” ante estas afirmaciones, una actitud que, personalmente, me provocó naúseas. Estos “señores” y “señoras”, muchos de ellos padres de familia, se burlaron sin ningún pudor de una realidad que a ellos les queda muy lejos y que no ven desde sus fiestas llenas de confeti, sus lujosas viviendas y sus potentes vehículos con chófer. ¿Qué podemos esperar de estos personajes? Lamentablemente, nada.

 

Voluntad de Guitián, voluntad de Román

Antonio Román, con los 18 párrocos de la capital. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Antonio Román, con los 18 párrocos de la capital. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Por Concha Balenzategui

Su nombre lo llevan una importante avenida, paralela a la Autovía de Aragón, y el Centro Municipal Integrado del barrio de Aguas Vivas. No se puede decir que haya caído en el olvido este importante personaje, que murió hace ya 130 años, y que apenas residió los tres últimos de su vida en nuestra ciudad. Eduardo Guitián es noticia de vez en cuando en Guadalajara porque su vasta herencia todavía está dando de sí y dedicándose a diferentes asuntos sociales u obras de caridad. Elijan el término que quieran, que enseguida entramos en el meollo de la cuestión.

Esta misma semana, el Ayuntamiento de Guadalajara ha firmado un convenio con 18 parroquias de la ciudad para dedicar 80.000 euros a atender a familias necesitadas de Guadalajara. Puede parecer mucho dinero, pero lo cierto es que, según la nota oficial, hay 803 solicitudes de familias necesitadas, con lo que tocarían a apenas 100 euros cada una. Así visto, ya se hace poco, si pensamos en la necesidad que pueden estar padeciendo esas personas: Tradúzcanlo ustedes en facturas de electricidad, alquileres o en la cesta de la compra.

Ver a los 18 párrocos en la fotografía junto al alcalde, Antonio Román, me ha suscitado mis dudas. Y les aseguro que no soy la única, porque ya he leído comentarios al respecto en las redes sociales y en los propios medios de comunicación que han divulgado la noticia. No voy a arrojar una sola sombra sobre la labor que realiza Cáritas con los más desfavorecidos, no. Pero yo me pregunto si no tiene el Ayuntamiento sus propios Servicios Sociales, con trabajadores formados y experimentados en atender a estos colectivos, con criterio, garantías y justificaciones, como para tener que echar mano de las parroquias.

Puedo admitir las palabras del alcalde de que “estos centros desarrollan una gran labor social”, pero no creo que sean el “punto de referencia en la atención cercana en los barrios”, como también ha dicho el alcalde. No es así. Ese papel deberían ejercerlo los Servicios Sociales a través de los centros municipales. Dicho de otro modo, ¿por qué se encargan los curas y los voluntarios de cuestiones que bien pueden hacer los funcionarios? Ya sé que Cáritas también cuenta con trabajadores sociales, pero no es necesario convocar a los pobres en las sacristías para darles alimentos. A no ser que hablemos de caridad, y no de solidaridad.

Primera página del testamento de Eduardo Guitián (1884). // Archivo Municipal de Guadalajara

Primera página del testamento de Eduardo Guitián (1884). // Archivo Municipal de Guadalajara

El Ayuntamiento asegura que estos convenios se firman en consonancia con los criterios del testamento de Guitián, por cierto, una auténtica joya en su género, que se conserva en el Archivo Municipal. El quid de la cuestión puede estar en que no es el Consistorio el que decide en solitario el reparto del legado. En su testamento, este militar madrileño nombraba sus albaceas a tres personas: el alcalde, el juez (ejercido por el juez decano) y el arcipreste de la ciudad, que suelen mantener reuniones para determinar el destino que mejor cumpla la última voluntad del benefactor.

Guitián, que murió sin descendencia y aseguraba en el documento haber meditado mucho las cláusulas de su testamento, establecía un entramado de usufructos sobre sus vastas posesiones, a lo largo de sus familiares, y fijaba claramente en qué punto habían de venderse “de inmediato” las tierras en pública subasta. Las ganancias debían dedicarse, entonces, a “pobres enfermos, hospitalidad domiciliaria y asilados de Nuestra Señora de las Mercedes”.

Por circunstancias de la vida, pasó mucho tiempo desde la muerte de Guitián, en junio de 1884, hasta la del último heredero con derechos sobre sus posesiones, en 1996. Luego se dieron otros avatares más, que retrasaron la venta de las parcelas, que no ha sido ni mucho menos inmediata, como estaba estipulado. Pero finalmente se pudo “hincar el diente” a este goloso regalo. En todo este tiempo, el concepto de ayuda, desde la beneficiencia o el auxilio social, a la atención a los desfavorecidos, ha cambiado mucho. Las necesidades también. Y yo me pregunto si debe respetarse la literalidad del legajo 130 años después.

Pongamos por caso que somos estrictos. Entonces, quizá debería dedicarse el dinero a los pobres, pero solo a los que además estuvieran enfermos. Incluso debería transferirse una parte de los fondos a la Junta de Comunidades, para que lo destinara a los ingresados en el Hospital de la Merced, que vuelve a llamarse así (porque el Ortiz de Zárate, siendo exquisitos, tampoco nos valdría). Incluso habría que dilucidar si es el servicio de Teleasistencia o el de Ayuda a Domicilio el que ejerce actualmente lo que Guitián citó como “hospitalidad domiciliaria”.

Evidentemente, no podemos tomar términos escritos a finales del XIX en su literalidad. En primer lugar, porque en tiempos de este terrateniente no existía un sistema público de salud que garantizara la atención médica a los enfermos, y ahora sí… Salvo los casos en que se carece de tarjeta sanitaria, que los hay (que se lo cuenten al Colegio de Médicos). Además, ni el militar habría adivinado en su época cuáles serían los efectos a largo plazo del consumo de substancias como la cocaína y la heroína, por lo que nunca hubiera sido posible derivar dinero a Proyecto Hombre, como se ha hecho en alguna ocasión. Podría entenderse, con amplitud de miras, que los drogodependientes cumplen sobradamente la condición de “pobres enfermos” a la que aludió el benefactor. Pero ¿quién puede afirmar a día de hoy que Guitián hubiera dado su beneplácito a que recibiera su herencia la Asociación contra el Cáncer, fundada más de medio siglo después de su muerte, o el Albergue Betania, que en otras ocasiones han recibido estos recursos?

Lo que sí está demostrado es que, en 1884, cuando el comandante de Infantería redactó su última voluntad, ya existían el clero y las parroquias. Y si este personaje hubiera querido dejar sus posesiones a la Iglesia, no me cabe duda de que lo hubiera hecho, como tantos otros lo han hecho antes y después de él. Pero lo cierto es que, a pesar de ser un hombre de fe «católica apostólica y romana», como confiesa en su testamento, no lo hizo, y no sabemos por qué. Quizá porque aún no había nacido la gran labor social de Cáritas, fundada unos años después. O tal vez porque no consideraba a las iglesias un punto de referencia en la atención cercana, como ahora las ve Román. También pudiera ser.

Podríamos seguir hasta el infinito para concluir que el destino del legado de Guitián no puede ser unívoco: caben muchas interpretaciones y deliberaciones. Quizá lo más sensato fuera crear una fundación que, además de los tres albaceas, incluyera asesores en la materia que estudiaran detenidamente el destino de los fondos, para evitar que se usen recursos extraordinarios en asuntos ordinarios. La idea no es mía. ¿Saben quién la propuso? Pues nada menos que el PP, en una moción defendida por el entonces concejal Jesús Orea, cuando empezaban a percibirse los dineros de esta testamentaría, en el año 2006. Precisamente, cuando quien se hacía la foto con los colectivos beneficiados era otro alcalde, el socialista Jesús Alique. Maldita desmemoria; dichosas hemerotecas…