En busca de una identidad necesaria

José Luis Verde, arquitecto

José Luis Verde, arquitecto

Por José Luis Verde Rubio*

Me gustaría proponerles un ejercicio de interacción como se hace en las modernas ciencias de inteligencia emocional. Es muy sencillo. Ustedes únicamente deben responder a la siguiente pregunta: ¿Conocen alguna capital de provincia española con un casco histórico que tenga menos actividad que el nuestro? Responder con un sí o un no será suficiente, pero si el interaccionante reflexiona sobre el monosílabo que le ha venido a la cabeza encontrará sentido a lo que sigue.

Antes, cuando las ciudades eran más estrechas, se podría decir que no habías estado allí si no conocías su plaza Mayor. La mayoría de las que conozco y son bastantes, gozan de este espacio representativo como punto de referencia de su ciudad. En la nuestra no es así; está completamente abandonada, aunque ya se va viendo un tímido haz de luz con el resurgimiento de dos establecimientos hosteleros, aunque uno de ellos ya existía décadas atrás. Aun así es todo un logro para nuestra ciudad que se siga manteniendo operativo.

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Los Adarves y el casco urbano de Molina

Vista del casco urbano de Molina de Aragón. // Foto: minube.com

Vista del casco urbano de Molina de Aragón. // Foto: minube.com

Por Raquel Gamo

Molina de Aragón atesora uno de los cascos medievales más importantes de Castilla, que es tanto como decir de España y también de la Península Ibérica. Las huellas históricas de un pasado marcado por su ubicación estratégica, en el paso de los antiguos reinos de Castilla y de Aragón, y por la influencia notable de su antiguo Señorío, han dado como resultado una población de extraordinario interés histórico y artístico. Sin embargo, la conservación de este legado no siempre se ha hecho de forma correcta, y para ello basta echar un vistazo dentro y fuera de la provincia.

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Soberanía popular

ayto guada

El Ayuntamiento de Guadalajara es uno de los lugares a los que los vecinos puede hacer llegar sus propuestas. // Foto: cedida

“El estado experimental debe asegurar no sólo la igualdad de oportunidades entre los distintos proyectos de institucionalidad democrática, sino unas pautas mínimas de inclusión que hagan posible una ciudadanía activa capaz de controlar, acompañar y evaluar la valía de los distintos proyectos. Estas pautas son necesarias para hacer de la inestabilidad institucional un ámbito de deliberación democrática”

(Reinventar la democracia, Boaventura de Souza Santos)

Por Borja Montero

El Ayuntamiento de Guadalajara ha puesto en marcha dos iniciativas que pretenden tener en cuenta la opinión de los ciudadanos en la gestión municipal. Aunque algo lejos de las siempre adelantadas propuestas del sociólogo que encabeza estas líneas, es una buena noticia que una administración pública, máxime el Consistorio capitalino, habitualmente reacio a contar demasiado con la voz de sus gobernados, dé la oportunidad a los vecinos de hacerle llegar negro sobre blanco cuáles creen que son los problemas más urgentes o las líneas de actuación más interesantes para la ciudad. Sigue leyendo

Decisiones ‘estratégicas’

Un momento de la primera reunión mantenida por Carnicero con los agentes implicados en este plan. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Un momento de la primera reunión mantenida por Carnicero con los agentes implicados en este plan. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Por Borja Montero

Un Ayuntamiento que no preocupara por su Casco Histórico sería un irresponsable, mucho más si se da la circunstancia de que éste no pasa por sus mejores días y muestra evidentes síntomas de no poder “mantenerse por sí mismo”. Es por ello que la nueva legislatura, como las anteriores, también tendrá el centro de la ciudad como la niña de los ojos de los distintos grupos políticos, ya sea por acción propia o inacción de los contrarios. Y es que estas calles han de ser obligatoriamente protagonistas de los quebraderos de cabeza de los responsables municipales, como deben serlo todos los centros de todas las ciudades del mundo, ya que en ellos es donde todos los vecinos han de verse representados y en los puedan satisfacer sus necesidades (ahora ya tenemos gigantescos centros comerciales y de ocio a las afueras, incluso no dudamos en conducir varias decenas de kilómetros para pasar la tarde, pero en otros tiempos era la plaza o calle mayor de la villa la que se encargaba de surtirnos de productos y diversiones). Que eso vuelva a ser así es complicado, máxime en una ciudad como Guadalajara, que ha ido viendo cómo sus vecinos perdían la conexión con el centro, ya fuera por desarraigo previo, por dificultad para aparcar, por desaparición de las alternativas de ocio, por despoblación de sus calles o por falta de oferta comercial. Sigue leyendo

El casco histórico de Guadalajara: ¿dinamizarlo de verdad o dejarlo morir?

El vicealcalde Jaime Carnicero ha presentado un nuevo plan de medidas para la  dinamización del casco histórico. Foto: J. Ropero.

El vicealcalde Jaime Carnicero ha presentado un nuevo plan de medidas para la dinamización del casco histórico. Foto: J. Ropero.

Por María José Establés

No sé si alguna vez lo he reconocido en este blog, pero a mí me gusta pasear mucho por el casco histórico de Guadalajara. Cuando salgo muchas tardes con mi marido y amigos a sacar a la calle a los perros raro es el día que no pisemos la calle Mayor, Miguel Fluiters, Ramón y Cajal o Ingeniero Mariño. A veces, cómo no, cambiamos de ruta, pero siempre que puedo les incito a ir por el centro. Lo hago porque me gusta comprobar por mí misma los cambios que sufren algunas calles, si se abren o cierran negocios o si de verdad no hay gente en el casco histórico. Es algo similar a esos experimentos en los que un persona se hace fotos a sí misma todos los días a una hora determinada para ver los cambios que sufre a lo largo del tiempo. A nosotros nos falta la cámara, pero muchas imágenes se quedan en nuestras memorias y realmente nos cabreamos cuando vemos, que poquito a poquito, muchos edificios se marchitan o que los solares van aumentando y parece que tienen previsto quedarse ahí por mucho tiempo.

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Arte a golpe de spray

En La Chopera, un edificio municipal se ha convertido en "territorio grafiti".//Foto: Ana María Ruiz

En La Chopera, un edificio municipal se ha convertido en “territorio grafiti”.//Foto: Ana María Ruiz

Por Ana María Ruiz

Hace unos días, viendo un informativo, quedé gratamente sorprendida por una de esas piezas que suelen colarse hacia el final para dejarnos buen regusto después de tantas informaciones electorales, de desgracias, miserias y guerras. Las imágenes mostraban una iniciativa que se lleva a cabo por segundo año consecutivo en el madrileño barrio de Lavapiés. Se trata de la Muestra CALLE (Convocatoria Artística Libre de Lavapiés Emergente), organizada por la Asociación de Comerciantes, que hasta el próximo día 21 convierte a esta popular barriada de Madrid en una gran galería de arte callejero en la que varios de los mejores artistas urbanos del panorama nacional, junto a nombres emergentes, plasman sus obras de pintura, escultura, intervenciones y fotografía sobre las fachadas de bares, farmacias, heladerías y demás comercios, lo que además de embellecer el barrio, atrae a numerosos visitantes y curiosos a la zona.

Según avanzaba el reportaje, me vino a la cabeza que en mis paseos mañaneros a la orilla del río he podido observar un edificio de titularidad municipal, ubicado en el parque de La Chopera, que se ha convertido desde hace tiempo en un gran lienzo en el que conocidos grafiteros de la ciudad plasman sus creaciones, algunas de ellas –en mi modesta opinión- verdaderas obras de arte.

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Piel de poliuretano

Ricardo Clemente

El periodista Ricardo Clemente, autor de este artículo

Por Ricardo Clemente (*)

La costumbre de transitar a diario por los mismos sitios nos impide apreciar el calado de las huellas que imprime el tiempo. Acabamos por trivializar hechos inusuales, como si la alteración de algo debiera por fuerza ser su estado natural cuando no es así.

La crisis, que explica todo lo malo que nos pueda suceder y más, está sirviendo de coartada para una terrible y crónica enfermedad que padece Guadalajara: su galopante amputación urbanística. Aunque la observamos como un mal de ahora, de estos tiempos inciertos en los que nos resignamos a ir perdiendo casi cualquier conquista mientras no pasemos hambre, es muy anterior. Tanto, que es tan difícil de situar en el tiempo, como sencillo ubicarla en el espacio: el centro.

De repente, un día vas caminando por la calle Mayor y reparas en el hueco del edificio que quedó junto a la antigua sede de Telefónica. Observas el bosque que intuyes ha prendido en el interior, intuyes que dentro anida “La fauna ibérica”, contemplas el andamio de al lado, ese que cubre el cascarón que quedó del bloque de la pescadería “Maragato”, y tratas de hacer memoria. Una década, quizá dos. Da igual.

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La ciudad con ojos de forastero

Infantado

Vista del Infantado iluminado, el pasado sábado // Foto: Pedro Ruiz

Por Concha Balenzategui

La visita de unos amigos manchegos me permitió, el pasado fin de semana, mirar con otros ojos a mi ciudad. Cuando hace mucho tiempo que no vemos a una persona, nos resulta más evidente el avance de sus arrugas, de sus canas, de sus entradas o de su delgadez que si la viéramos a diario. Lo mismo pasa con los lugares. El reencuentro con una ciudad al cabo de unos años nos hace subrayar algunos aspectos que a los que la vivimos nos pasan desapercibidos.

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Ya es Navidad en El Corte Inglés

Imagen de archivo del Centro Comercial Ferial Plaza de Guadalajara.//Foto: soloarquitectura.com

Imagen de archivo del Centro Comercial Ferial Plaza de Guadalajara.//Foto: soloarquitectura.com

Por Ana María Ruiz

Ya es Navidad. Lo ha dicho El Corte Inglés. Así que este largo puente festivo ya pueden desempolvar las guirnaldas de luces, el árbol, las bolitas de colores, el espumillón y los belenes y ponerse a la tarea de adornar sus hogares. No vaya a ser que las fiestas navideñas les pillen desprevenidos. Luego no digan que no se han enterado porque desde finales de octubre los expositores de los supermercados, llenos de turrón y polvorones, ya nos venían advirtiendo de que las navidades estaban a la vuelta de la esquina. Pero en Guadalajara parece que no nos hemos enterado.

Pues sí. Ya es Navidad en El Corte Inglés. El gigante de las compras encendió hace días su potente iluminación navideña y ha desplegado toda su artillería en el Centro Comercial Ferial Plaza, que el pasado fin de semana estuvo, literalmente, hasta los topes. Con la excusa del llamado Black Friday se daba el pistoletazo de salida al afán consumista que no sé por qué se apodera de los mortales en estas fechas. Y la operación de marketing ha dado resultado: tiendas llenas en las que se han llegado a agotar artículos en promoción, descuentos espectaculares, bares y restaurantes llenos, gente arriba y abajo con las manos repletas de bolsas y, sobre todo, mucha animación y trasiego de potenciales clientes, que es lo que busca todo comerciante que se precie. Y así va a continuar a lo largo de todas las navidades, porque este gran monumento al consumismo, con apenas siete años de vida, se ha convertido en el referente de las compras y del ocio en la ciudad.

Nada que ver con lo que sucede en el centro de Guadalajara, donde la Navidad se resiste a entrar. Las calles que hace años eran el foco comercial – calle Mayor, plaza Mayor y Virgen del Amparo- se convierten en zonas desérticas en cuanto cesa la actividad administrativa matutina. Da lástima –y hasta miedo- pasear por el casco histórico los fines de semana a partir de las seis de la tarde. La oferta de ocio brilla por su ausencia, los bares y restaurantes resisten como pueden con sus incondicionales y cuatro clientes despistados y los comerciantes no pueden competir con las grandes superficies porque no saben, no quieren o no entienden que los consumidores han cambiado completamente sus hábitos en los últimos años. Tampoco ayuda en nada un Ayuntamiento que ha tenido patas arriba toda la zona centro desde que en verano decidió que las zanjas y las calles cortadas iban a ser el escenario que se iban a encontrar los guadalajareños que quisieran salir de compras o de copas al centro. Los perjuicios que se han generado al comercio tradicional han sido enormes y las pocas iniciativas se que han llevado a cabo para revitalizar el casco histórico apenas han servido de nada.

Y llega la Navidad y da todavía más pena ver cómo agoniza nuestro centro. Por mucho que se instalen el Mercadillo Navideño, el Belén Monumental y la Feria de Artesanía, por muchos “pinazos” y “palmerazos” luminosos que se pongan en Santo Domingo y la plaza Mayor, una salida navideña en la ciudad puede completarse en apenas una hora. Justo lo que se tarda en recorrer el tramo entre El Jardinillo y el Ayuntamiento parándose en los puestos o en tomarse un café o una caña en un establecimiento que nos cobra la cerveza y el pincho a precio de caviar ruso.

Con la campaña de compras navideñas encima, el centro todavía está empantanado por las obras.//Foto: Ana María Ruiz

Con la campaña de compras navideñas encima, el centro todavía está empantanado por las obras.//Foto: Ana María Ruiz

Novedades. Parece que este año se han incorporado algunas novedades en el programa de actos navideños, casi todas ellas impulsadas por los propios comerciantes que se han unido en la Asociación Paseo Comercial Miguel Fluiters. Han diseñado varias actividades que incluyen también la zona del Infantado y la plaza de Los Caídos en un intento por fomentar las visitas de los guadalajareños y animar el consumo en el comercio tradicional. Las propuestas incluyen pasacalles, concursos, sorteos, música, decoración especial, actos solidarios e incluso unas campanadas infantiles para la mañana del 31 de diciembre.

Por su parte, el Ayuntamiento poco ha innovado y vuelve a presentar un programa repetitivo y anodino en el que la mayor apuesta es la Cabalgata de Reyes, que este año volverá a pasar por la calle Mayor y Miguel Fluiters. Este acto es el “niño mimado” del concejal de Fiestas, Jaime Carnicero, y el que se lleva buena parte del presupuesto municipal destinado a las fiestas navideñas a pesar de que es un modelo de cabalgata que lleva años estancado, ofrece muy pocas novedades y se hace demasiado larga para los niños y los sufridos padres. Este año, como novedad, se ha adelantado el encendido de las luces navideñas, que adornan la ciudad desde ayer viernes. Un adelanto solicitado por los propios comerciantes con toda lógica porque la Navidad hace muchos días que llegó al otro lado de la A-2 y deslumbra con su brillo a un apago centro.

Confío en que este año la tradicional salida navideña por Guadalajara que tengo por costumbre realizar con mi familia y amigos sea más atractiva porque en otras ocasiones nos hemos vuelto a casa con la decepción en el rostro. Quiero que, de una vez por todas, esta ciudad tenga ambiente festivo y nos anime a dejarnos unos cuantos euros en el comercio tradicional y la hostelería del casco antiguo. Quiero el centro repleto de gente, hacer cola en bares y restaurantes, quiero sentir espíritu navideño, escuchar música y, si me apuran, hasta adornar mi cabeza con esos estrafalarios gorros con motivos navideños que lucen cientos de madrileños en una Plaza Mayor que sienten como suya y que abarrotan niños, jóvenes,adultos y turistas en estas fechas. Quiero estar orgullosa de invitar a gente de fuera a disfrutar de nuestro casco histórico y a comprar en nuestros comercios de toda la vida, quiero deleitarme con las tapas, pinchos y buenos caldos de nuestra tierra, quiero escuchar por las calles villancicos alcarreños tradicionales. En definitiva, quiero celebrar la Navidad en mi ciudad.

Pero mucho me temo que al final tendré que escaparme un día a los madriles o quedar a tomar algo en el Centro Comercial Ferial Plaza, donde sí que tienen claro que ya es Navidad. Lo ha dicho El Corte Inglés. Qué pena ¿no?

Un bar de Antonio en Guadalajara

Fotograma del último anuncio de la Lotería de Navidad

Fotograma del último anuncio de la Lotería de Navidad

Por Óscar Cuevas Moral

Si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara a lo mejor también nevaba un 22 de diciembre. Pero seguramente no. Lo que sí que es bastante probable es que si eso fuera así, el Manolo alcarreño estaría también en paro, como el Manolo del anuncio de la Lotería de Navidad de este año. No es difícil que ocurriera en una provincia donde entre un 20 y un 25 por ciento de quienes deberíamos estar trabajando no lo estamos porque no podemos. Uno de cada cinco, casi uno de cada cuatro. Un drama para caldear la Navidad y ponernos blanditos con un “spot”. Qué les voy a decir, si ustedes ya lo han visto porque no se habla de otra cosa.

Claro que si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara es muy probable que nuestro Manolo, como el del anuncio, tampoco le hubiera comprado Lotería a su amigo. Y no sólo por el dichoso desempleo, sino porque la nuestra es una de las provincias españoles donde menos jugamos en el Sorteo de Navidad, según dice la estadística oficial. Un dato: apenas 42 euros por habitante en la última ocasión, cuando el 62.246 no nos tocó ni con un palo largo.

Tanto es así, que si el bar del anuncio estuviera en nuestra provincia, la ilusión que defiende el hostelero televisivo ante la desesperación laboral de su amigo tendría muy poco fundamento. No sólo porque las malditas leyes de la probabilidad dicen que, como cantara Pepín Tre, “lo más importante es tener salud”; sino porque, por estos lares -por aquello de que somos pocos y jugamos menos- los premios golosos no se asoman ni por invocación divina. Hay que remontarse a 1970, 44 años, para encontrar la última vez que el Gordo se vendió en nuestra tierra. Dicen que hubo otra ocasión, a mediados del siglo XIX, cuando cayó en Molina en un frío día de 1852. Pero de eso no se acuerdan ni los muertos del cementerio, claro.

Quizá lo más cruel de nuestra historia transportada es que si Antonio viviera en Guadalajara muy probablemente hace meses, años, que habría bajado las persianas del bar. Como tantos hosteleros lo han hecho en nuestra ciudad desde que la crisis asomó sus garras por la puerta que abrió “Lehman Brothers”. No lo digo por decir. He leído en estos días una información sacada del último Anuario Económico de España que edita La Caixa,  donde se dice que Guadalajara es, fíjate, la provincia de España que tiene menos bares. Y no en términos absolutos, sino relativos. No llegan ni al millar las instalaciones hosteleras que se reparten por nuestra provincia. En concreto son 985, lo que hace que tengamos 1 bar por cada 260 habitantes. Que viene a ser la mitad de negocios hosteleros que la media española (uno por cada 132 personas).

Dice este mismo estudio que son más de 50.000 los bares españoles cerrados entre 2008 y 2012, periodo en el que se registró una caída de ventas del 22% a nivel nacional. Y estoy seguro que los datos de Guadalajara son incluso peores. Y lo son, porque aquí nada ayuda. Porque esta es, lo saben, una de las provincias donde con más virulencia se ha cebado la recesión económica, multiplicando por 7 y por momentos hasta por 8 esa tasa del 3’7% de paro que llegamos a tener en los días de vino y rosas, allá por el tercer trimestre de 2007.

Reciente derribo de una casona típica en plena cuesta del Reloj // Foto: CulturaEnGuada

Reciente derribo de una casona típica en plena cuesta del Reloj // Foto: CulturaEnGuada

Pero, si a pesar de todo, el bar de Antonio estuviera en Guadalajara capital y hubiera logrado seguir abierto, es probable que estuviera en un casco histórico asolado por la tristeza, vacío de vida, plagado de solares, dejado de la mano de Dios, en el que las autoridades miran para otro lado, cuando no facilitan, cuando no directamente fomentan la desaparición de nuestros mejores edificios. No podría ser “El Boquerón” el bar de Antonio, por ejemplo.

Obras en la calle Miguel Fluiters // Foto: Guadaqué

Obras en la calle Miguel Fluiters // Foto: Guadaqué

Y digo que en el hipotético caso de que el bar de Antonio estuviera en Guadalajara, siguiera abierto, y se ubicara en el centro de la capital, probablemente llevaría meses padeciendo zanjas, maquinaria pesada, cascotes, polvo y pasarelas de fortuna, para culminar unas obras que están mejorando ciertamente el aspecto de las calles, pero que a nuestro casco le llegan con décadas de retraso. Porque es tarde. Porque al muerto no lo revive un masaje cardíaco en corazón necrosado. Y poco importa que ahora corran un poco más para salvar “la campaña de Navidad”. Lo perdido no tiene remedio.

Cartel de la enésima Ruta de la Tapa, que empieza este fin de semana // Imagen: CEOE

Cartel de la enésima Ruta de la Tapa, que empieza este fin de semana // Imagen: CEOE

Si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara, en fin, a lo mejor se había apuntado a la enésima edición de una Ruta de la Tapa impulsada por la patronal y las administraciones. Una ruta que ya se antoja cansina y repetitiva, y que ha perdido cualquier impacto de novedad, por cuanto lleva años siendo lo mismo. Como si la gente quisiera tapas en los bares un par de fines de semana al año. Y es que, lamentablemente, si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara posiblemente no habría querido apostar por la combinación gastronómica de calidad. Y siempre, de continuo, no a empujones ruteros. Pero no seamos derrotistas, porque a lo mejor nuestro Antonio alcarreño es alguna de esas honrosas excepciones que sí están ofreciendo en nuestra provincia pinchos creativos a diario, de gratis o de pago, pero con oferta apetecible. Ejemplos hay varios, pero como no quiero dejarme a nadie fuera, me van a disculpar que no cite a mis favoritos. Ellos saben quiénes son.

Afirmo, y concluyo, que si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara las cosas serían diferentes a las del anuncio, pero hay algo que sería igual; calcado a esas historias paralelas que han surgido alrededor del spot navideño. Porque en el hipotético caso de que cayera el Gordo en nuestro bar alcarreño imaginario, en esta tierra nuestra no iba a faltar el especulador fastidiado por no haber logrado echar a Antonio del local, ni el banquero avariento que buscara ávido los clientes recién premiados para venderles un plazo fijo, dos preferentes, un producto financiero buenísimo o a su madre si hiciera falta. Que es que esa gente sí que está muy repartida, coño.