La historia en el suelo

Panteón de la familia Cuesta con escultura de Manuel Garnelo. //Imagen: P. B.

Panteón de la familia Cuesta con escultura de Manuel Garnelo, en el cementerio de Guadalajara. //Imagen: P. B.

Por Patricia Biosca

El cementerio de Guadalajara es un paseo nostálgico. Romántico a veces, crudo otras muchas más, es un fiel reflejo de la historia de una ciudad pequeña y orgullosa, que guarda con recelo sus más insignes tesoros. Pocos conocen la grandiosidad de sus patios más antiguos construidos en el siglo XIX, salpicados por imponentes mausoleos, estatuas y tumbas borradas por el paso de los siglos. Seguramente menos aún se hayan parado a mirar nombres y fechas de personas que, como tú y yo, tuvieron familia, amigos, risas, llantos. Personas que estuvieron mucho tiempo, personas que se fueron pronto. Personas que ahora reposan en una tierra que también utilizaron judíos y musulmanes para enterrar a sus muertos mucho antes que todos ellos. Por encima, huesos de los que fueron obreros, políticos, cerrajeros, amas de casa, militares, secretarias, médicos, historiadores, enfermeras, espías. Porque la historia viva de Guadalajara transcurre paralela a la de sus muertos, los que yacen en el cementerio. Sigue leyendo

Verdad, justicia y reparación.

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977 nombres escritos en folios y expuestos cada 1 de noviembre, la única memoria de lo sucedido en las tapias del cementerio de Guadalajara ochenta años después.

 

Aquí en Guadalajara hay una fosa común con cientos de compañeros ejecutados por defender la justicia, la democracia y la libertad. Las hermanas de Luz, luchadoras por la Memoria Histórica, han confeccionado una bandera tricolor con tanto cariño que la extienden cuando nos reunimos… ¡que a mí me salen las lagrimas cuando veo los nombres de los muchos compañeros que allí están! El ayuntamiento del PP se niega a poner sus nombres, en cambio puso allí una placa ofensiva y amenazante “En recuerdo de los fallecidos que yacieron aquí por causa de sus ideas. Para que sirva de memoria a todos los hombres…”

Emilia Cañadas Dombriz.(*)

Por Gloria Magro.

Aunque la lluvia se tomó un descanso y el día amaneció soleado, el cementerio resulta en estas fechas un lugar húmedo y frío, y este año si cabe más. Quizá por eso el pasado jueves algunos de los familiares que cada 1 de noviembre acuden a dar visibilidad a sus muertos sin sepultura, sin lápida, sin nombre y sin justicia, este año faltaron a su cita. Quizá también porque el tiempo pasa por los hijos y los nietos de los represaliados, cada vez más mayores. El paso del tiempo es inmisericorde, como también lo es la falta de justicia y de reparación. Y de dignidad. Cientos de familias de Guadalajara siguen a día de hoy, en 2018, llevando flores a una fosa donde no hay nombres, ni sepulturas, ni monolitos, ni nada que recuerde con rigor histórico lo sucedido en las tapias del cementerio de Guadalajara durante la represión que siguió a la Guerra Civil. Rodeados de familias que SI pueden honrar a sus muertos, los familiares de los represaliados por el franquismo sólo pueden dirigirse a un trozo de césped sin identificar. Allí yacen sus abuelos, procedentes de pueblos de toda la provincia, a cuatro metros bajo tierra, para vergüenza del grupo municipal Popular.  Sigue leyendo

La factura

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Varios operarios de la ARMH trabajan en la exhumación de los cuerpos de los fusilados en la fosa común del Cementerio en busca de los restos de Timoteo Mendieta. // Foto: eldiario.es 

Por Borja Montero

A Guadalajara le ha tocado ser pionero en una materia tan sensible como es la recuperación de la memoria de muchas familias separadas por la Guerra Civil y, lo que es más grave, por la arbitrariedad del régimen totalitario que surgió de la contienda, cuarenta años de franquismo que han dejado demasiadas cicatrices sin restañar. La doble exhumación de cuerpos en busca de los restos de Timoteo Mendieta ha sido un hito en este camino, acrecentado por la épica de la perseverancia de su anciana hija, del viaje al otro lado del Atlántico y de la implacabilidad de la jueza María Servini para conseguir la necesaria colaboración de los juzgados españoles. El carácter primerizo y de posible marca de tendencia de este caso para futuras reclamaciones similares hace que cualquier novedad al respecto sea una noticia de gran alcance y, por tanto, sea acogido con atención y analizado por familias y colectivos implicados. La última ha sido bastante sonrojante para lo que concierte a los guadalajareños: el Ayuntamiento de la capital ha envíado a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, entidad que se encargó de la excavación para recuperar los cadáveres, una notificación para el pago de 2.057 euros en concepto de tasa de uso del Cementerio Municipal por la exhumación de Timoteo Mendieta y otros 27 cuerpos. Sigue leyendo

Descanse en paz

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Ascensión Mendieta, en el entierro de su padre. //Foto: Público

Por Álvaro Nuño.

“Gracias por venir a este acto tan triste”. Las palabras de Ascensión Mendieta en el entierro de su padre, el pasado domingo en el cementerio civil del Este (o de La Almudena, como quieran llamarlo), reflejan el sentimiento de esta valiente mujer de 92 años, que ha luchado sin descanso hasta poder darle una sepultura, velarle y llevarle flores sobre una lápida con su nombre, reconocible. Su lucha ha sido una batalla continua contra los elementos, contra la historia, contra el olvido, contra un estado de las cosas que prefiere olvidar y no reabrir viejas heridas, un discurso, claro, que mantienen los que no las sufren. Ascensión ya ha cerrado la suya y a sus 92 años puede morir en paz después de haber encontrado el cadáver de su padre, que yació 78 años en una anónima fosa común en el cementerio municipal de Guadalajara.

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Examen de madurez

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Ascensión Mendieta supervisa en primera línea los trabajos de exhumación del cuerpo de su padre. // Foto: Twitter SER Guadalajara

“Y sentarnos todos: / los despiezados, los perdidos, los que consumen cera a la izquierda, / los sepultados sin sepultura, los que fueron ceniza, denso vacío, / los que dijeron la palabra y los que callaron y tuvieron miedo, / los avergonzados, los postergados por el amor, los heridos por el deseo, / los que esperan sin saberlo y los que saben y ya no esperan, / los que fueron luz o sonrisa, los que dejaron algo, los que apenas fueron.” (“Esta extraña fidelidad tan perruna y nuestra”, Antonio Crespo Massieu)

Por Borja Montero

Guadalajara está siendo estos días escenario de lo que debería ser un ejemplo de madurez democrática. El inicio de las labores de exhumación e identificación de los restos mortales de Timoteo Mendieta Alcalá no debería ser noticia, sino simplemente el último trámite que una familia tiene que atravesar para poder recuperar el cuerpo de su pariente represaliado. Sin embargo, el revuelo mediático que ha supuesto este caso, así como la peripecia necesaria para llegar a su resolución, indican que, lejos de que la España constitucional haya llegado a su mayoría de edad (habiendo cumplido ya los 40 años, recuerden), la verdadera reconciliación nacional, la que consiga igualar finalmente el status de los participantes en la Guerra Civil, la que quite honores a unos y, sobre todo, condenas y penas a otros, se antoja imposible de conseguir. Sigue leyendo