Por un beso en un clavel

Por David Sierra

Hubo un tiempo en el que los pueblos, nuestros pueblos, contaban con dos aficiones que estaban estrechamente ligadas a su esencia. Una de ellas era la caza. La otra, la tauromaquia. Manifestarse en contra de cualquiera de ellas suponía una grave ofensa a todo un conjunto de valores socialmente enraizados, que implicaba incluso llegar a la marginación y exclusión social dependiendo del entorno y el lugar.

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