La loca historia de Jane Goodall en Cogolludo y el periodista que pasaba por allí

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La primatóloga Jane Goodall. // Foto: Archivo/Europa Press

Por Patricia Biosca

¿Conocen el “efecto arrastre”? En mi época de estudiante se utilizaba para crear una ola imparable de adolescentes diez minutos antes de que tocase el timbre de la última clase. Alguien ejercía de interruptor: hacía ruido con sus enseres, movía la silla y, llegado el caso, se ponía el abrigo. Era una jugada arriesgada, pues el parte siempre estaba en el aire. Pero normalmente, el resto, ansioso por salir de aquella jaula académica con olor a humanidad, le seguía el juego, y el profesor de turno quedaba con cara de besugo al ver cómo el torrente hormonado se iba por la puerta sin que él o ella hubiese dado la orden. El mecanismo funcionó a la perfección todas las veces hasta que cambié a un instituto mucho más civilizado en el que no se permitía que un solo pelo se moviese hasta que no lo dijese el responsable mayor de edad de aquella tribu: es más, aunque sonara el timbre, si el maestro en cuestión no daba permiso, de allí no salía ni Dios. Y allí la cosa se ponía seria, y al profesor no le temblaba el pulso para enviarte al despacho del director. No se imaginan lo frustrante que fueron esos primeros días en los que el efecto arrastre dejó de ser una ley invariable, inmutable e incontestable para convertirse en un vago recuerdo más allá de las dos de la tarde mientras la profesora anunciaba con un severo “cetonas” que la clase de química no había terminado. Sigue leyendo

Inundados

Por David Sierra

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Inundación provocada por el río Cañamares.

Si hay una época del año en la que el paisaje alcarreño es realmente bello es en primavera. Más aún cuando las lluvias han arreciado en cantidad y la vegetación, tanto agrícola como silvestre abunda, convirtiendo el territorio en un gran manto de colores agradecidos a la vista. Las consecuencias, sin embargo, cuando el temporal no amaina pueden ser desastrosas si los caminos, las sendas, las acequias, las regueras, los arroyos, los barrancos y las riberas de los ríos no han tenido una adecuada limpieza.

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El martirio del regadío de Cogolludo

Por David Sierra

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El consejero de Agricultura reunido con la Asociación de regantes. Foto: http://www.nuevaalcarria.com

Más de 15 años han pasado ya desde que en abril de 2002, el regadío de Cogolludo fuera incluido en el Plan Nacional de Regadíos Sociales de ese año mediante el Real decreto 329/2002, firmado por el entonces Ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, sin que aún los regantes involucrados en este proyecto hayan podido hacer uso de las infraestructuras. Durante el proceso, aún sin finalizar, han quedado en la cuneta proyectos de vida y muchas esperanzas de revitalización de una comarca donde los intereses políticos se han impuesto al general de los ciudadanos.

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Ordenar las setas

Por Raquel Gamo

Tan ligadas al otoño como la caída de la hoja, los colores pardos y los primeros fríos, las setas se han convertido en Guadalajara no sólo en un reclamo para salir al campo sino en una actividad económica que hace tiempo que conviene fiscalizar y regular. Hay dos formas de escarbar en el monte para disfrutar de la micología: hacerlo por puro placer, alrededor de una jornada familiar o entre amigos; o con un interés crematístico. Ambas opciones tienen consecuencias para la conservación del entorno natural, pero la segunda es, además, lesiva para la actividad común de los pueblos ricos en aprovechamientos de setas y hongos.

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El lenguaje, la norma y la decencia

El exalcalde de Cogolludo, Jaime de Frías, junto a Juan Pablo Sánchez, secretario de organización del PP, en una comparecencia de prensa.

El exalcalde de Cogolludo, Jaime de Frías, junto a Juan Pablo Sánchez, secretario de organización del PP, en una comparecencia de prensa. // Foto: PP

Por Concha Balenzategui

Hasta el próximo 6 de diciembre, día en que entra en vigor la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, podemos seguir llamando “imputadas” a todas las personas a las que se les atribuya un delito, independientemente de la fase del procedimiento en que se encuentren. A partir de entonces, se diferenciará entre los que son “investigados” por su relación con los hechos en la fase de instrucción, de los “encausados” una vez que sean imputados por el juez de cara al juicio. Es posible que con estas nuevas denominaciones seamos más precisos -los periodistas, los primeros- al definir la posible implicación de una persona en unos hechos, por mucho que atribuir a alguien una mala acción no signifique necesariamente que sea su autor.

Lo que no sabemos es si, con el tiempo, el uso de estas nuevas palabras irán tomando carga peyorativa de manera que ensucien el nombre del denominado desde el minuto cero. En realidad, para malpensantes y tergiversadores, basta con decir el “denunciado”, por mucho que la denuncia pueda carecer de fundamento y archivarse a los tres días. Disculpen esta introducción de terminología leguleya, pero me viene al pelo para reforzar mi impresión de que el personal sabe perfectamente diferenciar qué es un sospechoso, un procesado y un condenado, y si me apuran, si la condena es firme o no.

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