El comentario

Por David Sierra

Las tardes de supermercado de barrio en el mes de agosto se vuelven soporíferas y tediosas. La afluencia de clientela es menor de lo habitual y la música de fondo, pausada y suave, da pie a que haya ese intercambio de miradas previo entre empleado y comprador que precede a una posible conversación. En la mayor parte de las ocasiones, el diálogo es banal. Pero a veces deja perlas.

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