Homenaje a Gelco, lo nuestro

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Lámina con la que obsequiaban a los clientes en el antiguo hipermercado Gelco. // Foto: Forocoches

Por Patricia Biosca

SuperSol cierra el primer hipermercado que nos hizo sentirnos modernos. Cuando la tienda de barrio se quedaba pequeña, cuando los carritos con moneda eran casi cosa de magia, cuando no encontrábamos el producto que salía anunciado por la tele en el establecimiento de debajo de casa, la respuesta era pensar: “bajaré a (o “al”, depende de la familia) Gelco, que seguro que lo tienen”. Entonces, el cabeza de familia cogía el coche -que muy posiblemente luciese una pegatina en el cristal trasero con una precursora tipografía Comic Sans que rezaba “Gelco, lo nuestro”- la mujer se atusaba bien el pelo y se ponía sus segundas mejores galas y los niños intentaban buscar un hueco para sumarse a la excursión, que era lo más parecido a ir al Alcampo en la vecina Madrid que se podía hacer en Guadalajara. Y así es como el consumismo se convertía en un cohesionador familiar.

Al menos este es mi viejo recuerdo de aquel hipermercado enorme que, a la vez que yo crecía, se iba haciendo pequeño. Sin embargo, aún me es fácil rememorar la sección de pastelería, con varios metros de largo y que en poco se parecía a la tienda de chucherías del pueblo. A veces había artículos para probar gratis o te regalaban globos. Bajar a Gelco siempre era una sorpresa. Y eso que mi tío tenía la cerrajería justo al lado, por lo que podía visitar con frecuencia aquellos pasillos. Mi primo Pedro y yo nos perdíamos entre los lineales, solo mirando cajas de cereales que anhelábamos comprar, bolsas de patatas fritas que pediríamos a nuestros padres o bebidas de colorines con nombres tan exóticos como “Cherry Coke”. 

Y la influencia de aquel supermercado, que sentíamos realmente como nuestro, no quedaba solo en el momento de la compra: cada septiembre, en el desfile de carrozas de las Ferias, el más vistoso, colorido e iluminado remolque era el suyo. Coincidiendo con la vuelta al cole y la necesidad de comprar nuevos cuadernos, mochilas y lapiceros, en mi cabeza era inevitable pensar que aquel alarde con sirenas de cartón piedra o muñecos bastante cutres de Disney habían sido construidos con el material escolar que los niños no habían querido comprar.

También por esas fechas estrenaban nuevas promociones -a las que se accedía a través de unos álbumes de tediosos cupones- presumiendo de ciudad: después del enorme éxito de las pegatinas para el coche -que estaban tan cotizadas que motivaron una especie de mercado negro a su alrededor-, se lanzó una serie de láminas con imágenes típicas de la provincia y sus pueblos, desde rayos cayendo en Cabanillas del Campo hasta fotos antiguas de romerías de pueblos de Molina. Entre medias, un cartón en blanco con frases como “Guadalajara, qué guapa es”, que calaron a la altura del superhit “Guadalajara no solo está en Jalisco” -y que creo que bebió de aquella campaña amateur e inocente de la que aún muchos guardamos sus restos-. Un hipermercado, con sus estanterías matemáticamente apiladas, sus filas de productos perfectamente delimitados, sus cajeras realizando gestos mecánicos al pasar la compra por el escáner, convertido en uno de los modelos comerciales más impersonales no solo de España, sino del mundo entero (el esquema de carrito-paseo-cinta registradora-bolsa de plástico se repite en los cinco continentes) consiguió que una ciudad lo sintiera como propio y especial.

Pero no fue suficiente. La llegada de otros gigantes con escaleras mecánicas, nombres vascos y valencianos, tiendas de mascotas, ofertas con marcas blancas que ganaban respeto y, finalmente, gigantescos centros comerciales, fueron eclipsando a nuestro Gelco, que dejó de regalar láminas. Y acabó perdiendo también el nombre, en pos de la ambiciosa cadena SuperDiplo -que luego cambiaría de manos tantas veces que es difícil seguir el rastro-. Así es como fue primero Hiperdino y, tiempo después, Supersol, nomeclaturas que ya no tenían la misma música al ser pronunciadas. Los pasillos hacían recordar la gloria de antaño a pesar de la nueva imagen, pero la competencia surgió alrededor como setas, llegando marcas internacionales que tenían ofertas mucho más suculentas que unas pegatinas, cada vez menos visibles en el parque automovilístico de la ciudad, que se renovaba a la misma velocidad que los bancos daban créditos y crecía el ladrillo por doquier: a la de Usain Bolt.

Aún así, aguantó el tirón, e incluso nos dio trabajo a nuestra generación durante los primeros veranos con mayoría de edad. Pero todos sabíamos que aquello era la crónica de una muerte anunciada, porque la gente más joven ni siquiera sabe qué es Gelco o lo que significó para toda una ciudad de provincias que tenía un poco de complejo si miraba unos kilómetros más allá en la A2. En los próximos meses, una treintena de trabajadores, la mayoría mujeres, se quedan sin trabajo, una pena mucho más urgente que la nostalgia. Aún así, un cachito de todos aquellos que contamos por la calle aquellas pegatinas también termina con el cierre de aquel hipermercado que nos hizo sentir unos modernos.

 

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Un ‘sunday’ cualquiera

Por Borja Montero

La noticia no es nueva, sino que lleva ya unos días siendo la comidilla de muchas conversaciones, sobre todo entre los GTV (de Guadalajara de Toda la Vida). Sin embargo, hoy es un día muy apropiado para comentarla, en este grisáceo thursday más de otoño que antecede al Black Friday. El pasado domingo, un sunday cualquier también, las pastelerías Hernando echaban la persiana de forma definitiva después de más de un siglo de servicio (alrededor de 140 desde que se inició el primer negocio con ese nombre, y unos 120 desde que se convirtió en pastelería) a los vecinos de Guadalajara (posteriormente también en Azuqueca y Alovera) y a los visitantes, que podían llevarse los bizcochos borrachos de esta veterana confitería. Sigue leyendo

Buenas fechas para la logística

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Imagen del polígono de Alovera. / Foto: M.P

Por Míriam Pindado

Comienza la locura de las compras. Primero el importado Black Friday de este 27 de noviembre, después las navidades con papel de regalo y lentejuelas y para rematar las rebajas de enero con descuentos (y productos de otras temporadas). Sean cuales sean sus opiniones respecto a estos hábitos de consumo, lo cierto es que algo comprarán (es inevitable). Y podrán hacerlo por la vía tradicional o bien aprovechándose de las comodidades y la internacionalidad de las compras online.

Durante los próximos días se colapsarán algunos portales de Internet y se llenarán los comercios. Veremos más camiones de logística y distribución por las carreteras y muchas de las empresas ubicadas en el Corredor del Henares intensificarán su actividad mientras los almacenes se colmarán de palés. Son buenas fechas para el comercio, la industria y el transporte… aunque no tanto para nuestros bolsillos.

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Mil maneras de dinamitar el centro

El alcalde Román muestra el proyecto del Cívico al exalcalde Bris, también del PP. // Foto: Jesús Ropero / Ayuntamiento de Guadalajara.

El alcalde Román muestra el proyecto del Cívico al exalcalde Bris, también del PP. // Foto: Jesús Ropero / Ayuntamiento de Guadalajara.

Por Rubén Madrid

Alguna vez se habrán visto ustedes en la tesitura de tener que organizar una fiesta a toda prisa. Habrán salido corriendo hacia unos chinos o hasta la tienda de una gasolinera en busca de hielos y bebidas, unas banderitas, unas servilletas de papel y quién sabe si algún matasuegras para darle color a la improvisada sala de fiestas. Lo mismo también se ha animado con unos abanicos de flamenca. Pero sin ponerse exquisitos: cualquier cosa con tal de salir del paso.

El tuit que

El tuit que “dinamitaba la economía”, uno de los lapsus más divertidos de la cuenta del Ayuntamiento

Eso parece haberle ocurrido al equipo de Román. Después de legislatura y media haciendo oídos sordos al clamor sobre la ausencia de vida en el centro, intentando justificar que el plan de aceras bastaba como único plan para el casco antiguo, de un tiempo a esta parte le han entrado las prisas por dar ambiente, por dinamizarlo –que no dinamitarlo, como hace poco en un divertido lapsus de la cuenta de Twitter del Ayuntamiento–. Y ahora, en campaña electoral, más que nunca todo vale en este empeño, incluso abandonarse a la cultura de bazar, a las celebraciones con baratijas, al ocio de pandereta. Sigue leyendo

La ciudad con ojos de forastero

Infantado

Vista del Infantado iluminado, el pasado sábado // Foto: Pedro Ruiz

Por Concha Balenzategui

La visita de unos amigos manchegos me permitió, el pasado fin de semana, mirar con otros ojos a mi ciudad. Cuando hace mucho tiempo que no vemos a una persona, nos resulta más evidente el avance de sus arrugas, de sus canas, de sus entradas o de su delgadez que si la viéramos a diario. Lo mismo pasa con los lugares. El reencuentro con una ciudad al cabo de unos años nos hace subrayar algunos aspectos que a los que la vivimos nos pasan desapercibidos.

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Lo que el viento se llevó

Esther Cabezas

La periodista Esther Cabezas // Foto: Conrado Berlinches

Por Esther Cabezas de Vicente *

Cada vez que tengo un poco de tiempo libre y mis obligaciones familiares me lo permiten me gusta darme un paseo. Ese tiempo robado a los quehaceres diarios deambulando sin llegar a ningún lugar concreto y sin reloj de por medio es una válvula de escape que me conecta las pilas. Hacía mucho tiempo que no paseaba por el centro de Guadalajara, y hace unos días decidí recorrer una de las partes que para mí tiene más encanto de la capital: la Calle Mayor.

Escenario de rodajes cinematográficos, de videoclips de cantantes de moda o recorrido de novela, gracias al paseo por sus aceras que inmortalizó Cela en su “Viaje a la Alcarria”, las calles Mayor y Miguel Fluiters siempre han sido para mí la esencia de la capital alcarreña. Ese recuerdo de la vieja Guadalajara que intenta adaptarse a los nuevos tiempos, pero que todavía guarda su sabor de antaño.

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Los ‘otros’ centros comerciales

Los comercios de La Llanilla le dan color al barrio con sus alfombras. // Foto: R.M.

Los comercios de La Llanilla le dan color al barrio con sus alfombras. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Los nuevos centros comerciales de Guadalajara tienen joyerías, lencerías, ópticas, peluquerías, librerías, agencias de viajes, tiendas de artículos de regalos, de deportes y fotografía, de alimentos de la tierra o de disfraces, y también bares y restaurantes. Aunque en esta oferta no se distinguen de los centros comerciales al uso como el Ferial Plaza –tampoco tienen motivos para envidiarla–, estos nuevos centros comerciales, pongamos por caso los de La Llanilla, Bardales o el eje Calle Mayor-Fluiters, tienen una virtud. Como dice la campaña de uno de ellos, “hacen barrio”. Y si hacen barrio, también hacen ciudad.

En Guadalajara habíamos vivido muchos años arrastrando la pesadumbre de no tener un centro comercial en condiciones, con un déficit de estatus que parecía afectar a la autoestima como comunididad. Luego vino el Ferial Plaza y por fin tuvimos El Corte Inglés. Sigue leyendo