Las bacanales de Cospedal

Cospedal, en una instantánea de la Cumbre del  Vino del año pasado. // Foto: JCCM:

Cospedal, en una instantánea de la Cumbre del Vino del año pasado. // Foto: JCCM:

Por Rubén Madrid

En el Olimpo de la mitología griega vivían doce dioses y diosas que “pertenecían a la misma grande y pendenciera familia”, según relataron los aedos y, más tarde, Robert Graves en su fascinante ‘Dioses y héroes de la antigua Grecia’. Aquellos seres que se elevaban por encima de todos los mortales, no sin signos de menosprecio, “vivían todos juntos en un enorme palacio erigido entre las nubes, en la cima del monte Olimpo, la cumbre más alta de Grecia”, continúa Graves. Aunque tenían la encomienda de trazar los designios de los mortales, casi siempre andaban más bien enfrascados “en sus propias disputas y pleitos”.

Un día Zeus anunció que un hijo que había tenido con una mortal llamada Semele debía ocupar un lugar en el consejo del palacio. Dionisos, que así se llamaba, había hecho méritos: era el inventor del vino. Su ingreso puso fin a la paridad en los cielos griegos –una diosa, Hestia, le ofreció su lugar– e inauguró la muy preciada costumbre por parte de las civilizaciones venideras de divinizar el vino. Tras los griegos, los romanos humanizaron la cogorza: Baco es el nombre que dieron a Dionisos y bacanales a las juergas que se corrieron en su nombre. Hubo de hecho una suerte de sociedades que celebraban en secreto estas reuniones, hasta cinco en el mes de marzo. Y siempre a puerta cerrada. Ahora Cospedal es la heredera de esta tradición en nuestra tierra. Sigue leyendo