Yo tampoco voté

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Monumento a la Constitución de 1978 // Foto: GuadalajaraDiario.es

Por Álvaro Nuño.

Efectivamente, yo no voté la Constitución de 1978. Evidentemente con mis ocho años recién cumpliditos, no tenía edad para participar en aquel lejano referéndum celebrado ayer hace cuatro décadas como hicieron 81.355 vecinos de la provincia. Dicen los viejos del lugar -perdón, los más veteranos que lo pudieron seguir– que Guadalajara fue uno de los lugares donde la Carta Magna recibió más apoyo, un 81,43 por ciento de síes, lo que nos convirtió en la quinta provincia de España más constitucionalista de España. Por contra, un 14,14% de los que metieron su papeleta en la urna, dijeron que no la querían, lo que nos colocó como la séptima provincia del país donde más rechazo suscitó, lo que nos colocó en el mismo grupo que las tres provincias vascas y Navarra.

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¿Crisis de los 40?

Por Borja Montero

Hoy es 6 de diciembre, Día de la Constitución Española. Para los que hemos nacido después de la muerte de Franco, esta festividad ha estado siempre ahí y si hemos sabido de su significado, más allá de la confección de minivacaciones invernales junto a la celebración festiva de origen religioso de dos después, ha sido porque hemos querido tomar conciencia de nuestra idiosincrasia política y ciudadana. En la cuadragésima celebración de este 6 de diciembre con valor añadido, si bien no fue festivo hasta 1983, parece un buen momento para mirar a aquello que se homenajea en este día, la Constitución, pieza central del ordenamiento jurídico español, que fue votada en referéndum tal día como hoy de 1978 y entró en vigor tres semanas después.

Precisamente el paso de estas cuatro décadas de servicio, y la maduración que en este tiempo deberían haber sufrido nuestras entendederas democráticas, ha hecho que muchos vean cada más cercana la posibilidad de modificar la carta magna, este sacrosanto documento que otros, por su parte, ven intocable. Es cierto que la Constitución establece las bases de algunos de los pilares fundamentales de la organización del país, precisamente por lo cual es un tema tan delicado que no puede ser impuesto por una sola opción política sino que requiere de una visión poliédrica de los asuntos y de un talante de diálogo y acuerdo de los que el mundo político español en la actualidad adolece (y no soy muy optimista en que los próximos años).

A pesar de que su reforma esté más bien lejos, y con la perspectiva y el cambio de enfoque que nos dan cuarenta años de existencia y el hecho de que la mayoría de la población a la actualmente afecta siempre ha vivido a su amparo, en el articulado de la Constitución, encontramos algunas cuestiones que podrían estar sujetas a revisión, algunas por la pérdida de la utilidad social que pudieron tener en su momento, otros por tratarse de conceptos pasados de moda y otros por ser preceptos que no se aplican, si bien esto tendría más que ver con la falta de desarrollo legislativa posterior que por la propia redacción del texto constitucional.

Sea cual sea el diagnóstico de cada uno y de las mejoras que cada uno pueda pretender (el PP es el único partido que no ha propuesto ninguna modificación a la carta magna, mientras que el resto de partidos, desde todos los ámbitos de la izquierda hasta la derecha más radical, sí incluyen en sus programas puntos a revisar), este cuadragésimo aniversario de la ratificación ciudadana de la Constitución Española parece venir a decirnos que tengamos paciencia y aprendamos a vivir con los preceptos y mandatos de nuestra viaje amiga de 1978, ya que parece poco probable que un Gobierno, ni siquiera el Ejecutivo interino y muy aficionado a la grandilocuencia en sus gestos e iniciativas, se atreva a iniciar un proceso tan sofocante como puede ser el pactar una modificación de cierto calado en el texto constitucional en un ambiente político tan fragmentado y lleno de egocentrismos.

La sociedad española debería estar madura para afrontar las correcciones que impone la vida adulta, pero puede que la política española, en lugar de madurar, haya regresado a una etapa infantil.

Legitimidad constitucional

Por David Sierra

Apenas contaba con un par de meses de vida cuando en agosto de 1977 tenía lugar la primera reunión de la Ponencia que habría de redactar el anteproyecto para un marco normativo común que sirviese de ordenación de aquel esperanzador presente que trataba de escapar de las fauces dictatoriales desarrolladas a lo largo de cuarenta años. Presidida por Emilio Attard, estaba formada por Gabriel Cisneros (UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), José Pedro Pérez Llorca (UCD), Manuel Fraga (AP), Gregorio Peces-Barba (Socialistas del Congreso), Miguel Roca Junyent (Minoría Catalana) y Jordi Solé Tura (Grupo Comunista) y entre esa fecha y diciembre del mismo año mantuvo casi una treintena de encuentros hasta que vio la luz el texto el 5 de enero de 1978.

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Reformar el Estatuto

El Pleno de las Cortes debe aprobar la modificación del Estatuto por mayoría absoluta. // Foto cortesclm.es

Por Álvaro Nuño.

Hasta el próximo lunes, 15 de mayo, todos aquellos ciudadanos que quieran dar su opinión sobre la futura reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha vigente desde 1982 pueden hacerlo a través de una encuesta colgada en la página web regional. Se articula así un proceso participativo que se inició mediante una Resolución firmada por el vicepresidente de la región, José Luis Martínez Guijarro, el pasado 13 de marzo, pero que ya impone el propio Estatuto a los poderes públicos en su artículo 4.2, obligándoles a “facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política. Este mandato cumple una función importante de integración de la ciudadanía en el proceso de elaboración de la reforma estatutaria”. Las nuevas tecnologías hacen el resto, “democratizando” la posibilidad de aportar su opinión a todos los ciudadanos con cualquier aparato conectado a internet, algo muy extendido hoy en día, aunque sin duda la Junta deberá facilitar también durante este proceso la participación de colectivos que no puedan o no quieran hacerlo por este medio, como personas mayores o simplemente ciudadanos que no tengan acceso a internet, algo muy común en nuestro ámbito rural.

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El acueducto

Ambiente y decoración navideña en la plaza Mayor, el año pasado. // Foto culturaenguada.es

Hoy viernes, a las 18:30, se encienden las luces navideñas en Guadalajara. // Foto culturaenguada.es

Por Álvaro Nuño.

Cuando uno se pone a escribir, evidentemente piensa en quién le irá a leer y, en muchos casos, en qué circunstancias, dónde, cuándo o qué estará haciendo el lector en ese momento. La tecnología ayuda sin lugar a dudas puesto que la configuración de este blog permite leer sus artículos en todos los dispositivos electrónicos -diseño “responsive” le llaman los que entienden del asunto-, desde el teléfono móvil hasta el ordenador pasando por la tableta o los más modernos y variopintos aparatos enchufados a internet. Normalmente, los viernes en que me toca publicar son días laborables pero en los que ya los que más y los que menos tenemos la vista puesta en el fin de semana, tiempo de relajación para algunos, viaje y ocio para otros o escapada al pueblo para muchos. Pero la cosa hoy, 9 de diciembre, se complica por ser el último día de la semana de este macropuente de La Constitución, entre dos días festivos como son la Inmaculada y el sábado (que me perdonen los trabajadores del comercio y la hostelería), además de fiesta escolar en la vecina Madrid y día del pistoletazo de salida al programa de Navidad aquí en la capital.

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El respeto al procedimiento

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La casa de Pioz donde se cometió el crimen. Foto: ABC.

Por Julio Martínez

Uno de los principales problemas que surgen a la hora de informar sobre Tribunales es la realización de juicios paralelos. Muchas veces es difícil no ponerse del lado del más débil. Apoyar a la víctima es inevitable –e incluso humano– en multitud de casos, como el terrorismo o la violencia de género. En ejemplos como éstos la equidistancia roza la inmoralidad. Sigue leyendo

El discurso de la caspa

La cabra de la Legión. / Foto: El Mundo Today.

La cabra de la Legión. / Foto: El Mundo Today.

Por Rubén Madrid

“Ese discurso político es el discurso de la caspa, porque es antiguo y rancio”.

Cuando ayer escuché estas palabras en boca del ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, pensé de pronto que estaba poniendo letra a la música marcial que me venía rondando desde que el lunes presencié atónito el anuncio de nuestras autoridades locales, provinciales y militares convocando a una jura de bandera a todos los guadalajareños de bien.

Jurar bandera. Asimilen: será en octubre y en La Carrera –tal vez en homenaje al capitán golpista que da nombre a esta plaza, Boixareu Rivera–, con una parada militar: para que a nadie se le olvide de qué lado están las armas en este país, pero con un amor democratizado a la patria, porque cualquier civil podrá rendir homenaje a la Constitución que algunos de ustedes votaron… hace ya casi cuarenta años, cuando el coronado Felipe VI tenía sólo diez años y cuando Chani, fíjense si ha llovido, corría delante de los grises y no detrás, como ahora.

Jurar bandera… ¿Puede haber algo más casposo que una jura de bandera abierta al público? Esa era, insisto, mi pregunta. Y esta otra, como digo, la respuesta que me escupía el televisor: “Ese discurso político es el discurso de la caspa, porque es antiguo y rancio”. Lo curioso es que el ministro, en cambio, escupía sus palabras contra Podemos, que todos menos sus votantes saben que es ETA. Miren si será verdad que lo ha confirmado Esteban González Pons.

La contrarreforma. El resurgimiento de la izquierda real con un 20% de los votos en las europeas y la oleada republicana en las calles en vísperas de la proclamación de Felipe VI como rey han desatado una reacción casi comparable a la contrarreforma en tiempos de Lutero. Los defensores del desorden establecido tenían dos opciones ante el descontento social expresado primero con el 15-M, más tarde con las mareas ciudadanas y ahora también por cauces políticos: podían haber aceptado el debate abierto con quienes exigen cambios en aquellos puntos donde realizan propuestas; o podían cerrar filas apelando además a la testosterona de nuestros héroes militares de ayer, de hoy y de siempre.

Han elegido lo segundo.

En esta lógica de la contrarreforma la Constitución de 1978 resulta innegociable. Y se pretende presentar a Felipe como símbolo de una modernización en las formas, perdiendo de vista que cada vez más ciudadanos señalan la necesidad de meter el bisturí algo más profundo. No somos pocos quienes no entendemos que en un asunto histórico se nos niegue una consulta (perfectamente constitucional, por cierto) y se nos invite, en cambio, a jurar bandera, tomándonos por palmeros de la democracia en vez de por auténticos protagonistas.

Se niega el referéndum, el plebiscito, la democracia directa o como queramos llamarlo, pero el asunto se lleva a pleno esta misma semana en el Ayuntamiento y en la Diputación, “en defensa de la Constitución Española de 1978 y de la forma política del Estado español en ella establecida, la Monarquía Parlamentaria”, reza el enunciado de la moción del PP. Si leen entre líneas descubrirán que la moción reconoce el problema de legitimidad de la Corona, pero este recurso a las votaciones en foros locales resulta todo un contrasentido para solucionarlo cuando se está escatimando la vía más democrática, que no es una votación consistorial sino una consulta popular.

Alvar Fáñez ‘matamoros’. También la celebración del IX Centenario de Alvar Fáñez en la ciudad de Guadalajara ha reforzado el discurso de la caspa. Coincido con la lectura del evento que hacía aquí mismo mi compañero Abraham Sanz. No sólo fallaron detalles como el sonido, el limitado plantel actoral y el guión justito para teatralizar los hechos más allá de arengas militares, sino que fundamentalmente se caía el planteamiento: desde el mensaje (niños: los moros son muy malos) hasta la supuesta misión de dar a conocer mejor nuestro pasado como ciudad.

Recreación del sábado: Alvar Fáñez celebra la toma de la ciudad rodeado de cadáveres musulmanes. // Foto: R.M.

Recreación del sábado: Alvar Fáñez celebra la toma de la ciudad rodeado de cadáveres musulmanes. // Foto: R.M.

De hecho, apenas disiento con el artículo de ayer en que confío en que esta edición haya sido una cita puntual que no se repita hasta el décimo centenario. Además, andamos saturados de mercados medievales y a la concejala Nogueroles no le gusta la competencia en la oferta cultural: se la haríamos a Hita y Sigüenza, y por menos que esto ella misma justificó el cierre del Teatro Moderno.

Entonces, ¿por qué este despliegue tan espléndido para este ‘sarao sin mucha historia’ en una tierra que se olvida tanto de insignes figuras que representan el poder de la palabra en vez del lenguaje de las armas?

Sólo encuentro una respuesta convincente si acudo de nuevo al discurso de la caspa. Lo que se reivindicó este fin de semana a tenor del mensaje de la recreación histórica fue el canto a una banda de fanáticos religiosos tomando una ciudad musulmana que destacaba por la riqueza de su industria y de sus artes. Unos bárbaros arrebatando las llaves de la ciudad a un pueblo culto. Pero en esta remembranza a capricho vale cualquier cosa, aunque fuese una adaptación libre de la historia, con tal de resucitar el mito del Cid Campeador de las escuelas de ‘El Florido Pensil’ y el Santiago Matamoros a lomos de su blanco caballo derramando sangre infiel. El discurso de la caspa exige volver sobre el eterno enemigo llegado del otro lado del Estrecho y admirar en carne y hueso a los héroes salvapatrias.

La Guadalajara de la Monarquía 2.0 (consigna: un rey moderno para los nuevos tiempos) le pone un poco de caspa a nuestras vidas, una estatua a Juan Pablo II en el Fuerte, el cambio de un festival de títeres magnífico por unos guiñoles y unas matrimoniadas en la Plaza Mayor, una alfombra roja y barra libre a la procesión del Corpus, un capítulo de serie B de moros y cristianos… y una jura de bandera para militares y civiles. ¿Qué será lo próximo? ¿Un ciclo de cine de verano dedicado a los Ozores? ¿Tirar una cabra desde el campanario de Santa María? Ya puesos, que tiren dos, siempre que no sea la cabra de la Legión.